Clases esenciales: El Miedo del Hombre

El Miedo del Hombre – Clase 7: Amando a Dios y al prójimo

Artículo
24.10.2017

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Clase esencial
El Miedo del Hombre
Clase 7: Amar y Servir en lugar de temer y necesitar


ORACIÓN

Introducción

El día de hoy finalizamos nuestro estudio de siete semanas sobre el miedo al hombre. Hemos estudiado las diferentes maneras en que tendemos a luchar con el miedo al hombre y mediante nuestro panel de discusión, la semana pasada reflexionamos acerca de cómo empezar a ver a Dios como más grande que el resto de la gente. Entonces, ¿ese es el final de la historia? ¿Ver a Dios como superior a las personas, temerle, y dejar de temer a la gente? Bueno, no precisamente, la respuesta opuesta de temer a las personas no es simplemente dejar de hacerlo, sino amarlas.

A medida en que correctamente temamos al Señor, creceremos en nuestro deseo y capacidad de amar a Dios y a nuestro prójimo. Mientras consideramos lo que significa amar a Dios y al prójimo, te animaría a pensar incluso ahora mismo en las situaciones o en aquellas personas a las que tiendes a temer. Sé específico, no pienses en quince situaciones o en quince personas, piensa en una. ¿De qué manera puedes crecer en demostrar amor y no miedo en esa relación o situación?

Recuerda, crecer en el temor del Señor y en el amor hacia otros no es un proceso instantáneo. Lo que debería quedarte del panel de discusión de la semana pasada es que el miedo al hombre puede ser una tentación que dure toda la vida. Deberíamos buscar arrepentirnos regularmente, mantener nuestros ojos fijos en Cristo, seguros de que él completará la obra que ha comenzado en nosotros.

Antes de sumergirnos en nuestra lección, ¿hay alguna pregunta importante en respuesta al panel de discusión de la semana pasada o alguna forma en que el panel de discusión te ayudó a ver lo que significa trabajar con el miedo al hombre?

Con eso, veamos el primer aspecto de vivir con esta nueva visión para la vida.

Reorientación a Dios que proviene de Dios

Solamente podemos entender lo que significa amar a los demás en lugar de temerles cuando comprendemos y vivimos en la realidad de nuestra restaurada relación con Dios.

Porque él nos amó, le amamos y tememos.

Porque él nos amó, necesitamos amar a otros; tenemos una deuda de amor hacia los demás.

Necesitamos a otras personas, pero no necesitamos algo de ellas: Las necesitamos para poder amarlas.

Ve a 1 Juan 4. Este es uno de los textos cruciales para entender el amor de Dios hacia nosotros, nuestro amor por Dios, y la necesidad de nuestro amor hacia otros y la relación al miedo. Iniciaremos con el versículo 7, y luego leeremos el 5:3. Al leer este pasaje, piensa en cómo Juan describe el amor de Dios por nosotros y en el ejemplo que brinda para meditar en cómo amar a los demás. Observa lo importante que es comprender la manera en que Dios ha actuado para con nosotros si vamos a relacionarnos adecuadamente con los demás, y nota la conexión entre el amor y el miedo.

«7Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros».

El amor de Dios fue costoso. El amor de Dios envió a Jesús a la cruz a morir. En su encarnación y en su obra expiatoria, Jesús provee el máximo ejemplo de alguien que amó a otros de la manera más costosa, difícil y dolorosa. Al pensar en lo que significa amar a los demás en lugar de temerles, primero debemos aprender a comprender el amor de Dios.

Al ser reorientados a Dios, reconocemos su elección llena de gracia en amarnos—esto no aumenta nuestra autoestima, esto destruye nuestro orgullo. En Efesios 1:5-6 Pablo dice, «en amor [Dios]  habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,  para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado». Luego, Pablo dice que por la obra de gracia de Dios en la elección y la fe, no tenemos de que jactarnos. Si Dios ha actuado así con nosotros, ¿cómo podemos actuar con algo que no sea amor hacia otros? Si Dios ya nos ha aceptado en Cristo, ¿por qué todavía nos dejamos esclavizar por un deseo de ser aceptados por los demás? Con esta reorientación, ya no buscamos la aceptación de la gente, en cambio, buscamos amarles de tal forma que ellos vean la aceptación que sólo puede encontrarse en Cristo.

Finalmente, cuando somos reorientados a Dios, podemos alegrarnos en el Dios que nos ha aceptado, protegido y cubierto. Ed Welch dice, «Dios nos llena. Él derrama su amor en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado. Dios realmente se vierte sobre nosotros. No está disponible para nosotros cuando adoptamos la forma de una copa de necesidades psicológicas. Es decir, si queremos ser llenos para poder sentirnos felices y mejores con nosotros mismos, entonces jamás seremos verdaderamente empapados con el amor de Dios. La copa de nuestros propios deseos nunca puede atrapar el torrente del amor y las bendiciones de Dios… Cuando esta copa de los ‘yo quiero’ se quiebra, nos deja con una serie de formas e identidades que Dios nos ha dado: sacerdotes, embajadores, hijos de Dios, y cristianos… Creemos que es más seguro y efectivo mirar a otras personas para aliviar nuestro vacío… el amor que deseamos, sin embargo, sólo puede encontrarse en el Dios viviente».

El amor de Dios para con nosotros es tan radical, escandaloso y transformador que no solamente cambia nuestra relación con él, también cambia nuestra relación con los demás.

Reorientación a otras personas: Amar y servir, no temer y necesitar

Y gracias al costoso amor de Dios hacia nosotros, podemos tomar grandes riesgos en nuestras relaciones con otras personas. ¿Por qué? Porque estás tan arraigado en el amor de Dios en Cristo, que la aceptación y la aprobación de los demás no es el fundamento que te sostiene.

Esto es clave. Nuestra reorientación a Dios nos ayuda a ver el verdadero valor y la verdadera función de otros. Los demás no fueron creados para ser temidos, sino para ser amados. Esto es distinto a lo que oirás en nuestra cultura donde escuchas: «Necesitas cuidar de ti primero, necesitas que tus necesidades sean suplidas». La definición mundana del éxito no se enfoca en el número de personas a las que sirves, sino en el número de personas que te sirven. ¿Cuán diferente es esto de lo que significa ser como Cristo?

Entonces, ¿cuáles son algunas de las diferencias entre amar/servir vs. temer y necesitar? Amar a otros no es necesariamente lo mismo que ser amable con otros, sacrificarse por otros o decir sí a los demás. De hecho, a veces, la bondad, el sacrificio y el decir ‘sí’ pueden ser las vestiduras en las cuales se esconde nuestro miedo al hombre. En ocasiones, amar a otras personas significa hacer cosas que ellas no percibirán inmediatamente como algo bueno: Amar a otros significará decir no. Amar a otros ciertamente implicará sacrificio, pero como veremos más adelante en 1 Corintios 13, el sacrificio por sí solo no es necesariamente equivalente al amor, y no es necesariamente alimentado por éste. Así que, quizá sientas un intenso deseo de dar a otros y de sacrificarte por ellos, pero es un deseo que en el fondo busca mantenerlos contentos y evitar que te rechacen. Tal vez te sacrificas y das a aquellos que deberían aprender a asumir más responsabilidades; de nuevo, esto puede ser completamente opuesto a lo que significa amar a los demás. Ora por sabiduría y busca consejo para discernir la diferencia.

Amar a otros no será fácil. Welch dice, «Amar a otros hace que la vida sea menos cómoda. Significa que renuncio a mis planes de un sábado por la mañana para ayudar a un vecino. Significa que salgo lastimado cuando alguien se aleja. Significa que habrá gente hospedándose en nuestra casa cuando preferiría estar rodeado sólo de mi familia. ¿No se parece a la palabra de Dios? Justo cuando pensamos que nos hemos adaptado a un cómodo estilo de vida de clase media, lo arruina todo. Nos dice que debemos amar a los demás de la misma manera en que hemos sido amados por Dios».

Pregunta: De la Escritura, da una característica del amor de Dios que comunique la manera en que deberíamos amar a otros.

¿A quién tenemos que amar y servir?

La Biblia brinda varias categorías de aquellos a los que deberíamos mostrar amor.

A Dios: Como ya hemos considerado la reorientación que tenemos hacia Dios, ahora podemos hacer como dijo Cristo en Mateo 22:37-38, «Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento».

A diferencia de la cultura secular y terapéutica en la que nos encontramos que no conoce la orientación a Dios y enfatiza una orientación interna, «conócete a ti mismo, sé fiel a ti mismo»,  la Palabra nos señala otro camino. Ella dice, «conoce a tu Dios, conoce y ama tu prójimo, sólo entonces sabrás lo que realmente significa conocerte a ti mismo».

A los enemigos: [Welch] estos podrían caracterizarse por aquellos que quieren lastimarte o que ya lo han hecho en el pasado. En Lucas 6:27,33 Cristo dice, «Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo».

Este es un estándar alto. Amar a los enemigos duele, no es seguro y es aterrador. Sin embargo, si debemos obedecer a Jesús y amar como él nos lo ha ordenado, si debemos amar a los demás en lugar de temerles, extenderemos este amor incluso a los que están en nuestra contra.

Ed Welch tiene varias cosas excelentes que decir sobre amar a los enemigos. Él dice, «Cuando nos enfrentamos con enemigos, debemos ir directamente a los Salmos  si no estamos seguros de cómo sentirnos o qué decir… Cuando estamos dispuestos a tomar el asunto en nuestras propias manos, los Salmos nos enseñan a confiar en Dios. Cuando nos aislamos por el dolor, ellos nos enseñan a confiar en Dios. En lugar de jurar que nunca más nos acercaremos a otra persona, aprendemos a confiar en Dios. En lugar de extinguir la esperanza, los Salmos nos enseñan a confiar en Dios… [en los Salmos] la misión de David era la gloria de Dios, no su propia vindicación».

Welch vuelve a describir cómo es amar a nuestros enemigos y dice, «Dios dice que trates a los enemigos de la misma manera en que tratas a tus amigos y familiares… Para amar de este modo, necesitamos poder y discernimiento. Necesitamos poder porque nosotros no somos capaces de amar como Cristo nos ha amado. Necesitamos discernimiento porque algunas veces es difícil saber que forma debería tener el amor. Como resultado, cada vez que seamos conscientes de que tenemos enemigos específicos, debemos buscar el consejo de la iglesia a fin de discernir como expresar ese amor».

Este es un punto importante: El amor por los enemigos puede tomar medidas distintas al amor por los amigos. Amar a un enemigo puede implicar entregarlos a las autoridades terrenales si han quebrantado la ley, puede implicar una separación física para evitar mayores daños. Si luchas con saber cómo debería ser el amor por tus enemigos, habla con los ancianos y con amigos cristianos más sabios.

A los incrédulos: Las personas no cristianas podrían entrar en varias de estas categorías. No obstante, creo que es importante tomar un tiempo para reflexionar sobre cómo amar a los perdidos. Deberíamos orar por ellos. Deberíamos estar preparados para hablar de la esperanza que está en nosotros. Deberíamos ser considerados con ellos y no tratarlos como proyectos evangélicos. En un cultura que cada vez más es más hostil a los cristianos y al evangelio, nuestros amigos, vecinos y enemigos inconversos necesitan nuestro amor y no nuestro miedo de ellos, incluso cuando no perciben su necesidad. ¿Hay alguna persona incrédula con la que necesites compartir el evangelio, necesitas primero empezar a vivir una vida de amor y cuidado hacia él o ella así como Cristo te ha amado?

Al prójimo: En Mateo 22:39, Jesús dice, «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Así como Jesús enseña en la parábola del buen samaritano, esta es la categoría donde todos entran. No hay edad, origen, posición socioeconómica, política, personal u otro límite categórico de quien se espera que amemos como prójimo.

A nuestras familias: Es en el contexto de la familia donde primero aprendemos a mostrar amor y preocupación, y es en este contexto donde a menudo encontramos la mayor dificultad en mostrar el verdadero amor.

A los hermanos y hermanas: El Nuevo Testamento está lleno de textos que nos hablan de cómo debemos relacionarnos con la familia de Dios. En Gálatas 6:10 Pablo dice, «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe». Una de las mejores herramientas evangelísticas que tenemos es el amor por los hermanos y hermanas.

Cada vez más, debería disminuir el miedo que caracteriza nuestras relaciones con los demás. Welch dice, «He hablado con muchas personas que quieren conocer sus dones espirituales… Mi impresión es que esta perspectiva representa una caída en la iglesia. Refleja a una iglesia donde correteamos como individuos autorealizados en lugar de unirnos como una comunidad que glorifique a Dios». La iglesia es el lugar donde deberíamos demostrar a un mundo expectante lo que significa vivir en amor y no en temor.

¿Cómo cobra forma este amar y servir?

1 Corintios 13 es uno de los mejores textos para entender que forma debería cobrar nuestro amor y servicio hacia otros:

Lee 1 Corintios 13:3-7

Esta tarde, siéntate con 1 Corintios 13 y un pedazo de papel, y comienza a pensar en estas descripciones del amor, piensa de qué manera puedes empezar a aplicar estas características hacia las personas a quienes temes. Escríbelas. Ora por ellas. Pídele a alguien que te ayude a ser responsable. Piensa específicamente en cómo esto se aplica a tu vida en la iglesia.

Siguiente: ¿De qué modo cobra esto forma en la iglesia y sirve para mostrar el evangelio?

Si eres miembro de esta iglesia, considera el pacto que hemos hecho mutuamente. Nos hemos comprometido a amarnos y cuidarnos los unos a los otros en el contexto de esta iglesia en particular:

«Caminaremos juntos en amor fraternal, como los miembros de una iglesia cristiana; ejerceremos un cuidado afectuoso y una vigilancia mutua y nos amonestaremos fielmente y suplicaremos los unos a los otros cuando la ocasión lo requiera… Nos regocijaremos en la felicidad del otro y nos esforzaremos con sensibilidad y solidaridad por llevar las cargas y pesares de los demás».

Amamos porque él nos amó. Los contornos del amor cristiano por los demás están cuidadosa y completamente formados y moldeados por el amor de Cristo por nosotros.

Desarrollando un verdadero corazón de siervo—¿Cómo podemos tener un corazón de amor? ¿Cómo es amar en lugar de temer y necesitar?

Somos llamados a vivir vidas y relaciones que serán complicadas. No somos llamados a vivir en aislamiento. Amar y servir a otras personas significará involucrarnos en las vidas de otros de muchas maneras que pueden ser difíciles e inconvenientes para nosotros.

  1. Considera tu motivación incluso cuando se trata de amar y servir a otros. Incluso en nuestro deseo de amar a otros, a veces nuestro deseo de amar puede nacer del deseo de ser amados. ¿Cómo saberlo? ¿Cuál es tu respuesta cuando alguien no responde a tu amor del modo que desearías? ¿Cuando haces algo por amor a alguien y él o ella responde con indiferencia, o peor, con enojo? Si tienes claras expectativas de cómo quieres que una persona responda a tu amor, ella no responde así, y quedas devastado… Hay una gran probabilidad de que no estuvieras actuando principalmente por un corazón genuino de amor por ella.
  1. Mira a Jesús. En Filipenses 2:3-7, Pablo dice, «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres». Estudia la vida de Cristo, observa la manera en que él amaba y servía a los demás. Cuando consideramos cómo Cristo se humilló a sí mismo para amar a otros, para amarnos, quedamos sin excusas en nuestras relaciones con otras personas.

Los déficits presupuestarios son malos, pero los déficits en amor son buenos. Welch dice, «Cuando el reino de Dios gobierna nuestros corazones, aspiramos más servir que ser servidos, honrar más que ser honrados y amar más que ser amados. Esto no quiere decir que no nos interesa ser amados; simplemente significa que siempre queremos sobrepasar a otros en amor. ¿Corremos el riesgo de una relación desigual? Absolutamente. Esa es la relación que tenemos con Dios—él siempre ama primero y más… Él siempre da el primer paso. Él anuncia su extravagante afecto por nosotros».

  1. Aprende cómo orar por otras personas regularmente… Ora por su relación con Dios. Ora para que el Señor te de un corazón de amor para con ellos, ora para que él remueva un corazón impulsado por el miedo, y haz que otros oren para que realmente ames a los demás. Si eres como yo y no has amado bien a otros, confiesa esto a Dios y a otras personas que no amas como deberías.
  1. Piensa en cómo puedes ministrar a otros en maneras específicas. Haz un esquema por el bien de otros. Te animo a sentarte y a planear cómo puedes servirles amorosamente. Esto será bueno para tu alma, y por otro lado luchará contra el orgullo.

Cuando comenzamos a amar a otros en lugar de temerles, podemos ver a Dios obrar verdaderos frutos nosotros.

Resultados de amar y servir en lugar de temer y necesitar

Unidad: Cuando procuramos amar y servir en lugar de temer y necesitar, somos capaces de perseguir y experimentar la unidad que debería estar presente en el cuerpo de Cristo. La unidad no significa simplemente llevarnos bien, significa vivir de tal manera que todos estemos enfocados ante todo en Cristo. Cuando fijamos colectivamente nuestros ojos en Jesús, encontramos la unidad entre nosotros. Es imposible abordar adecuadamente nuestras relaciones horizontales hasta que hayamos establecido una perspectiva relacional vertical apropiada.

Respeto y aprecio genuinos por otros: Cuando crecemos en amor por otros, significa que llegamos a conocerlos de manera más íntima. Es interesante que a menudo tememos a personas que en realidad no conocemos. A medida que buscamos amar a otros, a medida que buscamos aprender sobre ellos más hondamente para poder servirles más efectivamente, cuando salimos de nuestras pequeñas burbujas egoístas y autodefensivas, empezamos a ver  a los demás de maneras profundamente nuevas. Comenzamos a darnos cuenta de que en lugar de adorar a otras personas como ídolos/dioses falsos, empezamos a ver las formas en que ellas portan la imagen de Dios. ¡Comenzamos a ver a los demás como distintivos portadores de la imagen de Dios a los que hemos sido llamados a amar y cuidar así como Cristo nos ha amado!

Paz, gozo, paciencia, amabilidad—el fruto del Espíritu: Cuando vivimos en el temor del Señor, empezamos a entender más completamente lo que significa ser controlados por el Espíritu de Dios.

Conclusión: ¿Debemos temer a Dios sólo porque sí? ¿Y amar a los demás sólo porque sí? No, hay cosas más importantes en juego. La gloria de Dios está en juego. Dios nos ha creado para que le conozcamos y adoremos como el majestuoso Rey, el Señor de gloria, como el único Dios verdadero y Salvador de la humanidad. Por tanto, cuando le tememos, mostramos su incomparable grandeza y suprema excelencia. Dios es glorificado cuando le tememos correctamente, como si estuviéramos mirando el Gran Cañón completamente sorprendidos. Las autoridades celestiales en todos los ámbitos espirituales saben cuando el puedo de Dios le teme. En lo que respecta al amor, escucha estas palabras de nuestro salvador, «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». El testimonio público de nuestro amor mutuo es la vindicación de que vale la pena vivir para Jesús. Así que, cristiano, si estás cansado de hacer el bien, ánimo. Tu trabajo honra a Dios y trae fama a su nombre.