Clases esenciales: El Miedo del Hombre

El Miedo del Hombre – Clase 4: Tememos ser rechazados

Artículo
24.10.2017

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Clase esencial
El Miedo del Hombre
Clase 4: Tememos ser rechazados


ORACIÓN

Introducción

¿Cómo te describirías? ¿Qué es lo que te define? ¿En qué encuentras tu sentido más profundo de identidad? Nos definimos por nuestras relaciones, posición social, ingresos, posesiones y experiencias. A medida que pensamos en dónde encontramos nuestra identidad y significado, encontramos lugares en los que somos más sensibles al rechazo y a la aprobación de otras personas.

En el libro Cuando la Gente es Grande y Dios es Pequeño, Ed Welch dice, «Estrechamente relacionado al temor de que la gente nos exponga, se encuentra tal vez la razón más común por la que somos controlados por otras personas, ellas pueden rechazarnos, ridiculizarnos o despreciarnos (rechazo-miedo). No nos invitan a la fiesta. Nos ignoran. Les disgustamos. No están contentas con nosotros. Niegan la aceptación, el amor o la importancia que queremos de ellas. Como resultado, nos sentimos inútiles».

A menudo, en mi corazón, haré un cálculo rápido de lo que me hará lucir mejor, de lo que me hará parecer más importante y respetable en un determinado ambiente social.

Durante los primeros dos o tres años trabajando en Capitol Hill, tenía un cargo que creía estaba por debajo de mí, y que no describía correctamente donde yo debía estar o lo que en realidad hacía. Aunque no hay nada malo en comparar lo que haces con el cargo que posees, yo lo estaba haciendo porque sentía que sería rechazado o menospreciado por causa de mi puesto.

Un ejemplo más vergonzoso de este miedo está arraigado en el orgullo espiritual. En el contexto de la iglesia, algunas veces pienso, «¿Seré llamado a servir de esta manera?». Si me olvidan pienso, «¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué otros sí fueron llamados?». O me llaman e inmediatamente mis pensamientos  comienzan a fluir, «¿Qué pensará la gente de la forma en que realizo esta tarea u obligación?, ¿qué pasa si decaigo?, ¿pensarán que he actuado de un modo espiritualmente sano?» Asimismo, en lo que respecta a la iglesia, puedo ver el mismo cargo/puesto de deseo llenando mi corazón. Sirvo como un diácono, un líder de un grupo pequeño, un profesor en un seminario. Sin embargo, mi corazón es inteligente en este punto, porque reconoce que hay una gran ironía en ser engreído por ser un siervo, por lo que puede que no aparezca directamente para presumir o imponerme. En cambio, haré las cosas para obtener cumplidos. Puedo humillarme o minimizar lo que hago en presencia de aquellos que «saben más» esperando que ellos «corrijan mi expediente» apropiadamente.

El miedo al rechazo y el deseo de aceptación es uno de los medios más importantes de Satanás para socavar lo que significa ser cristiano, porque va directamente opuesto a lo que Cristo ha dicho que significaría seguirle.

El puritano Richard Baxter en «Direcciones opuestas al desordenado hombre complaciente», hablando casi 350 años atrás, podría estar hablándonos hoy sobre el fracaso de vivir por la aprobación de otras personas cuando dice, «Recuerda que eliges una vida de inquietud y continuos disgustos, si colocas tu paz o felicidad en la buena voluntad o palabra del hombre. Por haberle mostrado cuán imposible es una tarea que emprendes, la búsqueda de ella debe seguir una vida de tormento. Comprometerte con grandes preocupaciones, cuando estás seguro de ser decepcionado; para hacer de ese tu fin, el cual no puedes alcanzar; para encontrar que trabajas en vano, y diariamente te topas con el descontento, en lugar del favor que esperabas; debe ser una vida muy penosa. Eres como aquel que habita en la cima de una montaña, y sin embargo, no puede soportar el viento que sopla sobre él, o como el que habita en el bosque, y aun así, se asusta del temblor de una hoja. Habitas en un mundo de mentes ulceradas, egoístas, contradictorias, mudables, desagradables, y con todo, no puedes soportar su disgusto. ¿Eres magistrado? El pueblo murmurará contra ti, y los que son más incompetentes e incapaces serán  los primeros en censurarte, pensando que podrían gobernar mucho mejor que tú. Aquellos que llevan las cargas necesarias de la seguridad y defensa común, dirán que los oprimes, y los malhechores que son castigados, dirán que los tratas sin compasión; y los que tienen una causa injusta, dirán que estás equivocado, si no estás de su lado. ¿Eres pastor o profesor? Parecerás demasiado duro para uno y demasiado suave para otro; pero demasiado duro para éste último cuando por reproche o censura corrijas sus actos. Ningún sermón que prediques agradará a todos tus oyentes; ni todas tus obras ministeriales. ¿Eres abogado? Los clientes que perdieron su caso, hablarán a tus espaldas y te llamarán despreciable, alegando que los traicionaste; y los que prevalecieron, te llamarán codicioso, y hablarán de cuánto dinero les quitaste y de lo poco que hiciste por ello, de modo que no es de extrañar que entre el vulgo de tu profesión, se encuentre el problema de tu oprobio».

Por tanto, todo esto tiene sentido para nosotros como cristianos, deberíamos ser capaces de darle la espalda a las opiniones de otros fácilmente, a su rechazo o a su falta de aceptación, y caminar en el temor del Señor, ¿cierto? Bueno, eso no es precisamente así de fácil. ¿Por qué?

La gente sí nos rechaza.

Nuestra experiencia nos dice que hay algo a lo que debemos temer o al menos de lo que debemos ser cuidadosos. Las personas nos rechazan por las cosas que hacemos o decimos, por cosas que se relacionan con quiénes somos. No siempre es un rechazo directo, a veces es no aceptarnos tanto como nosotros quisiéramos. Piensa en cómo has sido rechazado o en cómo te has sentido rechazado o desaprobado en el último mes, en la última semana, incluso hoy.

 Pregunta: ¿Cuáles son algunas de las maneras en que has sido rechazado en el pasado?

El rechazo duele: No se siente bien recibir el comentario desaprobatorio de un amigo o la sensación de no satisfacer las expectativas de tus padres para ti. El propósito de esta sesión no es animarte a poner un estoicismo cristiano… El rechazo duele emocionalmente y psicológicamente. Pero nuestro propósito como cristianos no es ante todo sentirnos bien, sino estar bien con Dios, creer correctamente y finalmente vivir bien. Esta es una gran diferencia en la manera en que los cristianos enfrentan el miedo al rechazo y la manera en que el mundo lidia con este miedo. El mundo busca sobrellevar y tratar los síntomas. El cristiano reconoce que los síntomas son reales, pero que cambiar los síntomas sin atacar el problema de raíz es superficial y, en última instancia, dañino.

¿De qué manera temes que la gente te rechace, y cómo te manifiestas y lidias con este miedo?

Tememos que nos rechacen por quiénes somos: Personalidad, educación, trabajo, posición socioeconómica, género, raza, experiencias, relaciones. Cambias tu personalidad porque piensas que le caerás mejor a la gente. Buscas cierto tipo de título o trabajo con el fin de ser aceptado. Temes ser discriminado por tu raza o género. Temes ser rechazado por ciertas personas por causa de los amigos que has escogido.

El miedo al rechazo se manifiesta por un deseo indescriptible de aprobación. Mientras más grande es la expectativa y el deseo de ser aprobado, mayor será el temor y la sensación de rechazo a medida que esas expectativas se cumplan cada vez menos. ¿De quién es la aprobación que estás buscando actualmente o sin la cual no te puedes imaginar vivir?

Buscar complementos es una manera sutil de temer el rechazo de los demás: A menudo me encuentro luchando con esto. Me encanta recibir halagos de otras personas, y me veo tentado a parecer humilde en lugar de ser humilde. ¿Cómo hacemos esto? Lou Priolo en People Pleasing [Gente Complaciente] da varios ejemplos: Al humillarnos intencionalmente con la esperanza de que otros nos corrijan o no estén de acuerdo con nosotros; al pedir constantemente ser evaluados o criticados esperando que eso resulte en elogios; al traer a la mesa temas que te harán ser alabado o al evitar cambiar esos temas; y al alabar cosas sobre otros que ves en ti mismo con la esperanza de que sea recíproco. Sin embargo, Proverbios 25:27 nos dice: «Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria».

El perfeccionismo es otra expresión del miedo al rechazo. La necesidad de ser el mejor en todo lo que haces. Debo estar involucrado en todo y ser el mejor en cada uno de esos lugares. O te extralimitas para excusarte por ser menos que excelente, te dices a ti mismo o a otros, «Pude haberlo hecho mejor, pero sabes, tenemos que priorizar». Veo que esto se vuelve mucho más fácil en mi vida, que lidiar con el rechazo cuando siento que no di el 100%.

En la ropa que vestimos demostramos nuestro miedo al rechazo. ¿Qué pensará él/ella si uso esa marca o si no uso esta otra marca? O vestirse a la última moda. Ahora bien, algunos de ustedes podrían servirnos a todos nosotros con un poco más de miedo al hombre en esta área. Pero en serio, ¿encuentras identidad en tu ropa? ¿Qué hay de la modestia? ¿Piensas que debes vestirte de cierta manera, incluso si es un poco más revelador, para atraer la atención y la aprobación de alguien más?

Una de las experiencias más comunes que enfrentamos del miedo al rechazo es la tentación de seguir al grupo, la presión social. Y ese grupo no tiene que ser grande. Reflexionando en la cita de Lewis al inicio, ¿hay cosas que hagas simplemente porque otra persona se ha convertido en la definición de genial, aceptable o apropiado? Padres, es bueno para ustedes resistir la presión de sus hijos para que los dejen tener las cosas que sus amigos tienen o para que los dejen hacer las cosas que otros hacen. Hijos, confíen en sus padres. Déjame decirte que lo que ahora parece súper, no lo será en 10 años. Es mucho más importante que hoy aprendas lo que significa vivir en el temor de Dios, y no en el de tus compañeros, incluso si eso significa no ser la persona más popular.

En Washington, este miedo se manifiesta frecuentemente en nuestro deseo de ser parte de un «círculo íntimo», y la expresión pública para esto es, «soltar nombres». Este es un pecado aun más destructivo cuando lo llevamos a la iglesia. ¿Encuentras orgullo, identidad o valor en el hecho de que vienes a esta iglesia, que Mark Dever es nuestro pastor, que animamos a otras iglesias a ser sanas? Esto también es tonto porque siempre hay alguien que puede defraudarte, y al final todo en esta vida es pasajero. Si luchas con esto, da un paseo por la ciudad y observa algunos de los monumentos más oscuros o nombres en los museos… Estudia la historia antigua o la historia moderna, nombra a todos los presidentes, luego cada vicepresidente, y el resto del gabinete de funcionarios de cada presidencia.

Otra gran manifestación del miedo al rechazo en D.C. es la demostración de favoritismos. Nuevamente, la Biblia es clara sobre cuán destructivo es esto para una clara expresión del evangelio. Santiago nos dice que no debemos mostrar favoritismo para con el rico o el poderoso que llegue ante nosotros. Esto es lo que hace el mundo porque anhela la aprobación y teme el rechazo. La comunidad cristiana es diferente. La membresía en una iglesia local nos ayuda a superar este miedo al rechazo, mientras nos reunimos con personas que pueden ser o no igual que nosotros en muchas maneras terrenales, sin embargo, nuestra identidad en Cristo lo supera todo.

Demostramos este miedo al rechazo cuando fallamos en compartir el evangelio por temor a cómo responderá la persona. Ed Welch dijo acertadamente, «Algunas veces preferiríamos morir por Jesús en lugar de vivir para él… No obstante, si tomar una decisión por Jesús significa que podríamos pasar años siendo impopulares, ignorados, pobres o criticados, entonces hay muchísimos cristianos que ponen temporalmente su fe en la repisa… En otras palabras, mátame, pero no impidas que sea querido, apreciado o respetado. ¿No son más populares los viajes misioneros que nos llevan lejos de nuestro propio vecindario? Rusia es fácil, nuestro propio vecindario es un desafío constante».

No confrontamos el pecado o lo confrontamos de diferentes maneras dependiendo de la persona a quien estemos enfrentando. Esto es especialmente tentador para aquellos de nosotros que buscamos involucrarnos en las vidas de otros. En tus relaciones de discipulado, ¿hay algunos con los que serías más reservado a la hora de amonestar, no porque creas que necesiten ser tratados con más cuidado, sino porque deseas su aprobación o respeto de un modo distinto?

Demostramos este miedo al rechazo en nuestra pasividad hacia ellos, esperando que ellos inicien—el amor, la reconciliación, el liderazgo, las decisiones y la justicia. Esto no quiere decir que ignoramos las señales sociales y seguimos nuestro camino, en nombre de la iniciación, porque eso también falla en amar y cuidar de otros como debe ser. Pero, ¿hay ocasiones en las que te abstendrías de hacer algo que sabes es lo correcto porque temes ser rechazado?

En un nivel más amplio, la gran mayoría de lo que entra en los programas y servicios de las iglesias evangélicas se basa en el miedo al rechazo y el deseo de aprobación. Creemos que necesitamos dar a las personas lo que ellas quieren, darles lo que la investigación dice que ellas prefieren, para que nuestras iglesias estén llenas, los presupuestos sean alcanzados y tengamos el ministerio deseado. En esta filosofía de ministerio se encuentra implícito un deseo por la aceptación de otros.

¿O quizá eres miembro de esta iglesia y haces ciertas cosas, dices ciertas cosas, o pasas tiempo con ciertas personas porque crees que eso es lo necesario para ser un buen miembro ante los ojos de otras personas? Quiero ser cuidadoso aquí y decir que la respuesta no es dejar de hacer las cosas correctas, sino orar por un corazón que desee la obediencia emanada de un corazón lleno de amor, y no de un corazón que teme al rechazo y desea la aprobación del hombre.

La política se alimenta con frecuencia de un pragmatismo que desatiende ciertos principios, por temor al rechazo de los votantes.

Muchos tipos de lenguaje en los que participamos demuestran miedo al rechazo. El chisme, decir a espaldas de alguien algo que jamás dirías en su cara. O su equivalente gemelo malvado y más sutil, la adulación, decir en frente de alguien algo que jamás dirías a sus espaldas. Mentir, eludir responsabilidades, el lenguaje autojustificativo, la manipulación, cambiar el tema de conversación o mantenerlo—todos estos son tipos de comunicación que fluyen del miedo al rechazo y del deseo de ser aceptados.

Pregunta: ¿De qué manera vemos el miedo al rechazo en nuestra cultura y en nuestras propias vidas?

 Cómo nos lastima el miedo a ser rechazados y el deseo de ser aprobados

Aparte del hecho de que ceder ante el miedo al rechazo es lo opuesto al temor del Señor, ¿de qué manera podemos ver que es peligroso para nosotros temer a otras personas y desear complacerlas?

  1. Nos esclaviza otros. Priolo dice, «Ser alguien que complace a las personas es como tener un pequeño mango en la espalda que otros pueden agarrar para empujarte y tirarte en todas las direcciones».
  2. El amor por los elogios en realidad mina nuestro recibimiento. Priolo, una vez más, dice, «Aquellos de los que deseas recibir honor y aquellos a los que deseas impresionar eventualmente serán ofenderán (o hastiarán) por el orgullo que genera tu lujuria».
  3. Se pierden las recompensas celestiales.
  4. Nos hace cada vez más ciegos a nuestros propios pecados.
  5. Nos hace más susceptibles a ser engañados por la adulación y la mentira.
  6. Nos hace más susceptibles al pecado de otros, lo que no es de extrañar, cuando degradamos a Dios del máximo lugar de temor y confianza en nuestros corazones. Cuáles son algunos de los pecados que fluyen por miedo al rechazo, miremos algunos de los anteriores: la hipocresía, el descontento, la avaricia, la timidez, la inutilidad, la indecisión, etc.
  7. Puede tener un impacto físico y psicológico: Problemas estomacales, estrés y tensión, dolores de cabeza, fatiga, depresión, cambios de humor, etc.

Cómo el orgullo alimenta nuestro miedo al rechazo

Si el miedo al hombre es el fuego que arde en nuestros corazones, entonces el orgullo es la leña y el oxigeno que avivan esa llama. ¿De qué manera el orgullo alimenta el temor al hombre, cómo proporciona la base para temer al hombre?

El orgullo puede hacer una variedad de cosas diferentes en relación con el miedo al hombre:

  1. Puede hacernos distorsionar nuestros pecados y faltas, bien sea maximizándolos o minimizándolos.
  2. Nos tentará a obtener la adulación de otros.
  3. Puede hacernos emplear erróneamente el elogio que recibimos… «Mira qué genial soy, dijeron esto de mí».
  4. Nos tentará a sobrevalorar nuestras fortalezas y minimizar nuestras debilidades o pecados.
  5. Nos tentará a cambiar nuestro comportamiento y no nuestro corazón.
  6. Nos tentará a descartar la confrontación por el pecado o una debilidad… «Debe ser su opinión». El orgullo no puede tolerar la crítica.

Pregunta: ¿De qué otra manera ves el orgullo avivar el miedo al hombre en tu vida?

 ¿Cuándo es apropiado complacer a otras personas?

Hicimos esta pregunta rápidamente en la primera semana, ahora sería correcto volver a esta pregunta.

Hemos pensado en todas las maneras en que tememos el rechazo y anhelamos ser aprobados y aceptados. Bien, ¿acaso no hay ocasiones y circunstancias en las que no solamente sea bueno, sino correcto buscar ser aprobados? SÍ. Veamos algunos ejemplos. La Biblia describe la manera en que deberíamos buscar complacer a otros o ganar su aprobación.

  1. Un deseo de honor que no sea mayor al amor por otros, al amor por Dios y al deseo de obedecerlo. Proverbios 15:33, La Escritura no dice que recibir honor, respeto y aprobación sea malo, de hecho, a menudo es una bendición que acompaña a una vida justa.
  2. Tanto como sea necesario para el ministerio y la proclamación del evangelio, 1 Timoteo 3:2,7. Como cristianos, deberíamos procurar tener una buena reputación ante las personas que nos rodean, pero nuevamente, esto debe ser neutralizado con la compresión de que es para la gloria y alabanza de Dios, no para la nuestra, y finalmente no estamos encontrando nuestra identidad o valor en este tipo de aprobación. Pablo también dice en 1 Corintios 9:19-23, que sea hecho siervo de todos. Pablo reconoce que en asuntos que no son pecado, está bien adaptarse a nuestra audiencia de una manera que embellezca al evangelio apropiadamente.
  3. En relación a complacer y respetar a los padres y a las autoridades, no sólo es correcto, también es un mandamiento. De nuevo, esto es dentro del contexto de no complacer, confiar y temer a estos individuos por encima de Dios. Entonces, ¿estás dispuesto a desobedecer al Señor por complacer a estas personas? Ex. 20:12, Pr. 16:14-15 y Tito 2:9-10. Con respecto a tu jefe… No hay nada pecaminoso en hacer ciertas cosas porque sabes que esto lo contentará. De hecho, si sabes que a tu jefe le gustaría que hicieras algo de cierta forma (y no es pecado), sería pecaminoso para ti escoger no realizar tu tarea de ese modo.
  4. Si estás casado, es correcto para ti buscar complacer a tu cónyuge. Si estás casado, si estás por casarte, esta relación sobrepasa a todas las demás. Ahora eres responsable de agradar a tu cónyuge, no a tus padres. Esto puede implicar abandonar ciertas creencias, actividades y tradiciones. El deseo de obtener la aprobación de tus padres ya no debería ser una preocupación, y esto no significa una falta de respeto hacia ellos. En cuanto a la naturaleza de cómo deberíamos procurar debidamente la aprobación de nuestro cónyuge según 1 Corintios 7:32-34, Priolo dice, «La palabra griega usada en el versículo 33, que se traduce como ‘agradar’, es un palabra que tiene diferentes matices de significado. Su raíz significa ‘encajar con’. También puede significar ‘conformarse’, ‘adaptarse’, ‘satisfacer’, ‘suavizar el corazón’, ‘alcanzar la aprobación de alguien’ o ‘acomodarse’».
  5. La palabra implica una relación preexistente entre el que complace y el complacido. Mientras que un cristiano soltero debería tener su mente enfocada casi exclusivamente en como él/ella puede agradar al Señor, la atención de un cristiano casado debe estar enfocada no solamente en agradar al Señor, sino también en complacer a su esposo o esposa. La Biblia asume que todas las personas casadas tendrán intereses divididos entre complacer a Cristo, que siempre es la prioridad principal, y complacer a sus cónyuges.
  6. Está bien privarte de tus libertades cristianas para no ofender al hermano más débil. Pablo en Romanos 15 describe lo que realmente significa servirse y amarse mutuamente, al no exigir practicar la totalidad de tu libertad en su presencia. De nuevo, cada situación requiere de discernimiento y de una examinación de tus propios motivos. ¿Niegas tu libertad para que ellos no tropiecen o cambias tu comportamiento cerca de alguien porque temes ser rechazado como Pedro con los judaizantes en Gálatas?

Nuevamente, al buscar hacer una distinción entre el deseo correcto de complacer a otros y el miedo al rechazo, es importante estar en una relación transparente con otros cristianos: Sé honesto sobre tus pensamientos y motivos lo mejor que puedas.

El miedo al rechazo en la Escritura

Ya hemos ido a la Biblia hoy, pero ahora veamos a varios que lucharon con esto.

En primer lugar, vemos que el miedo al hombre entra en la categoría de idolatría expuesta por Pablo en Romanos 1:25. Los hombres y las mujeres a lo largo de la Palabra, y nosotros actualmente, convertimos a otras personas en ídolos. Esto sucede cuando empezamos a pensar que la gente puede darnos algo que necesitamos que Dios no nos está dando; cuando creemos que otros pueden protegernos en formas que Dios no puede, tal vez de la soledad, del descontento o de la falta de control; cuando añadimos a personas en nuestro portafolio de adoración. Dios es bueno hasta cierto punto, pero necesitamos temer a otros para «defender nuestras inversiones». Adorar a alguien o a algo además de Dios es tan perverso como un completo sustituto; adoramos a otras personas por causa del pecado y de la vergüenza. Anhelamos un dios más domesticado, y los demás pueden fácilmente ajustarse a eso.

Deuteronomio 1:17, «No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré». Moisés reconocía la tendencia de aquellos en autoridad de tratar a la gente con parcialidad.

1 Samuel 15:18,  el miedo de Saúl por la ascendencia de David, él temía el rechazo del pueblo al cambiar de lealtad.

Juan 12:42-43, «Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.  Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios». En una de las declaraciones más tristes de los Evangelios, muchos líderes judíos habrían creído en Cristo, pero por miedo al hombre.

1 Corintios 2:15, «En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie». Pablo nos está diciendo que el cristiano no está sujeto a la sabiduría de este mundo, sabiduría que proclamaría que el evangelio es una locura. Mientras más vivimos en esta realidad, menos temeremos las opiniones de otros y sus efímeras aprobaciones.

Gálatas 2:11-12,  «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión». Aquí vemos otra vez a Pedro, en esta ocasión cediendo ante el miedo al rechazo, deseando la aprobación de este grupo de judaizantes, y en el proceso sirviendo para confundir el evangelio entre sus amigos gentiles.

En Éxodo 32, Aarón facilitó y alentó la idolatría del pueblo por miedo a no conservar su aprobación. Todas las personas que tomaron parte en esta idolatría fueron juzgadas por el Señor. Cuando los líderes ceden ante el miedo al hombre y desean la aprobación de aquellos a los que dirigen, eso resultará en consecuencias desastrosas para el líder y para los seguidores, porque el Señor no deja que nadie se salga con la suya. En este relato vemos a Aarón temer al hombre no sólo en el acto de facilitar la creación del becerro de oro, sino también en la manera en que evadió su responsabilidad y se justificó cuando Moisés exigió una explicación.

Marcos 15:15, «Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado». A pesar de saber que Jesús no había cometido crimen alguno, Pilato prefirió complacer a la multitud, y de esa manera se convirtió en el custodio de la mistral más grande en la historia. Él deseó popularidad, paz y aprobación más de lo que temía a Dios.

Lo que nos lleva a nuestro último punto al pensar en cómo somos tentados por el miedo al rechazo y cómo superamos este miedo al hombre.

Jesús fue y es rechazado por el hombre.

Isaías 53:3 dice, «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos». Esto comienza a poner nuestro miedo al rechazo en perspectiva. Jesús, el inocente, experimentó la forma más severa de rechazo. Él fue rechazado por el hombre y por Dios, para que nosotros no fuésemos rechazados por Dios, y para que ya no fuésemos esclavos del miedo a aquellos creados por Dios.

Entendemos que por causa del rechazo que Jesús soportó por nosotros, cualquier rechazo que seamos llamados a enfrentar en esta vida será temporal; así como la aprobación que tan desesperadamente buscamos obtener es fugaz, así también cualquier rechazo que experimentemos desaparecerá y será rápidamente olvidado. ¿Ya no has visto esto en tu vida? ¿Puedes recordar cómo temías ser rechazado cuando tenías 10 años? ¿Todavía temes aquellas mismas cosas? Es poco probable.

En Efesios 2, Pablo describe cómo es que en Cristo ahora somos aceptados por Dios. Cristiano, has recibido la más grande aprobación y aceptación que necesitarás.

Finalmente, como vimos la semana pasada, según Hebreos 4:14-16, porque Jesús fue rechazado, él puede solidarizarse con nuestros rechazos. No sólo eso, por su suprema función sacerdotal, podemos ir a él con nuestros miedos y pedirle confiadamente que reemplace nuestros insuficientes miedos hacia otras personas con un temor robusto y completo por él.

Responde: ¿De qué manera el evangelio intercepta nuestro miedo al rechazo?

Qué significaría para ti empezar a vivir en la realidad de seguir al que ha sido olvidado y rechazado por el hombre a causa de nosotros.

En el hogar:

En el trabajo:

En la iglesia: