Clases esenciales: El Miedo del Hombre

El Miedo del Hombre – Clase 2: El Temor a Dios

Artículo
24.10.2017

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Clase esencial
El Miedo del Hombre
Clase 2: El Temor a Dios


ORACIÓN

Introducción

La semana pasada consideramos:

– Qué significa temer al hombre

– Cómo esta lucha permea nuestras vidas y nuestra cultura

– Quién teme al hombre

– Por qué tememos al hombre

– Qué dice la Escritura sobre el temor al hombre

Y que tememos al hombre porque no tememos a Dios o no le tememos lo suficiente.

Así que, el día de hoy continuamos en este seminario básico acerca de cómo superar el miedo al hombre estudiando el temor a Dios.

En el folleto podrás observar que estaremos haciendo una serie de preguntas sobre el temor a Dios. Intentaremos definir el temor a Dios en una oración. Luego, preguntaremos por qué deberíamos temerle. Después de preguntar POR QUÉ deberíamos temerle, regresaremos a la Escritura y preguntaremos, «¿cómo es temer al Señor?». ¿Qué pasa cuando se pierde el temor a Dios? Por último, examinaremos algunas formas para poder comenzar a caminar en el temor del Señor.

Entonces, ¿quién debería temer a Dios? Este es el primer punto en nuestro folleto. Definición corta: Sumisión reverente que conduce a una confianza y adoración obedientes.

Observemos algunos versículos que hablan del temor al Señor. Salmos 33:8 dice, «Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo». Temer al Señor es algo que todos deberían hacer. Nadie queda exento de temer al Señor. Sin embargo, el malvado se rehúsa a temerle. Salmos 36:1, «La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos». Por tanto, todos DEBERÍAN temer a Dios pero el malvado no lo hace. Finalmente, leemos en Romanos 14:11 que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor, de alguna manera u otra, todos temerán a Dios en el juicio final.

Avancemos al punto número dos. ¿Por qué deberíamos temer a Dios? Como portadores de la imagen del Dios verdadero, fuimos diseñados para temer a Dios.

Génesis 1:26-27 dice, «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Fuimos creados a imagen de Dios y con el propósito de gobernar sobre la creación. Fuimos diseñados para vivir en perfecta comunión y devoción hacia él, puesto que se nos fue dada su imagen para sobrellevar su mundo. Él nos diseñó para vivir sin sentir vergüenza los unos de los otros, y sin el temor de ser expuestos o rechazados por otros hombres. Vemos en el versículo 31 del capítulo 1 que, «vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera». Él creó al hombre para ser como él, para reflejar su imagen, pero no para estar por encima de él, Dios nos creó con el fin de ser una representación suya y vivir bajo su temor.

Nuestra segunda respuesta a la pregunta «¿por qué deberíamos temer a Dios?» es: Porque él es intrínsecamente digno de nuestro temor y de nuestra obediencia y adoración.

A lo largo de la Escritura vemos que sólo Dios es digno. Solamente él es capaz de soportar el peso de la necesidad de tu alma de adorar. Consideremos su honorabilidad por un momento.

Sal. 2:10-11—El salmista advierte a los gobernantes de la tierra… «Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor». Está en el corazón de lo que significa servir al Señor.

Sal. 89:7—«Dios temible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él». —Él es más increíble que todo lo que le rodea.

Sal. 90:11—Su ira es equivalente al temor que él merece.

Sal. 27:1—«Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?». No tenemos que temer a nadie o a nada más porque Dios es nuestra salvación.

Realmente toda la Escritura proclama que nuestro Dios es digno de ser temido y adorado. Temer a Dios también nos beneficia. A menudo escuchamos oraciones que terminan con la frase, «Por nuestro bien y para tu gloria». Así es como los cristianos deberían pensar y orar. La Biblia lo afirma una y otra vez. Deberíamos temer a Dios porque es por nuestro propio bien.

Sal. 111:10/Pr. 1:7—El principio de la sabiduría y el conocimiento es el temor de Jehová.

Sal. 115:11—Él ayuda y protege a los que le temen.

Sal. 115:13—Él bendecirá a los que le temen.

Sal. 118:4— «Digan ahora los que temen a Jehová, que para siempre es su misericordia». Amén, su amor permanece para siempre.

En el folleto encontrarás muchos más versículos que resaltan las innumerables bendiciones disponibles para los que temen a Dios. A medida que pases tiempo con el Señor esta semana, te animo a meditar en alguna de ellas.

Al leer los versículos en Salmos y Proverbios, ¿observaste el gran conocimiento que nos aportan con respecto al temor del Señor? El temor del Señor está inmediatamente vinculado a nuestra felicidad y santidad. Nunca separes la santidad de la felicidad. Salmos y Proverbios en verdad predicen la realidad escatológica al retratar el reinado de Dios sobre el mundo y el destino del mundo para ser juzgado por su actual intento de desplazar a Dios como su gobernante. Salmos y Proverbios (como libros de sabiduría sapiencial) nos enseñan que la vida buena y racional es vivir en el debido temor del Señor.

Al igual que yo, muchos se preguntarán, ¿por qué alguna vez dejaríamos de temer a Dios? Si tienes ese sentimiento, es un buen tiempo para preguntarte ¿por qué? ¿Por qué no tememos a Dios como deberíamos? Si fuimos creados para temerle, ¿qué nos impide hacerlo?

Recuerda conmigo la escena de Adán y Eva en el huerto después de la caída. Los seres humanos iniciaron el primer gran intercambio. Nosotros, como dice Pablo en Romanos 1:23, «cambiamos la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles».

Y, ¿cuál fue el resultado de este intercambio que hicimos? Se perdió el temor a Dios, y ¿qué pasa cuando no tememos a Dios?

Génesis 3 nos los dice claramente. Versículo 7, «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales». NO leas esto como simplemente queriendo decir que Adán y Eva de repente se dieron cuenta de que no estaban vestidos. El versículo 7 nos dice que Adán y Eva ahora están espiritualmente muertos. Este es el relato de una tragedia. Ellos pasaron de estar en el pináculo de la creación y de haber adorado y experimentado la comunión con el Dios trino a estar físicamente muertos y separados de él. Ahora temen profundamente estar expuestos ante el Señor. Están avergonzados en su presencia (v. 10).

La creación estaba bien, pero con la Caída (la rebelión del hombre contra Dios) todo cambió. Después de la Caída, el hombre fue arrojado al temor de otros hombres. Con la Caída, Adán y Eva escogieron renunciar al perfecto temor del Señor. Con la Caída conocieron un nuevo temor de Dios, un temor a su ira y juicio y conocieron el miedo al hombre, un miedo al rechazo, a la exposición y al dolor físico. Cuando renunciamos al debido temor del Señor, la única opción que nos queda es temer a otros. No hay una opción intermedia entre no temer al Señor y no temer al hombre. Cuando renunciamos al buen temor del Señor, estamos afirmando ser iguales a Dios. Esa es una alegación que debemos defender. Pero nadie puede hacerlo.

No sólo se habían alejado de Dios, también se habían alejado el uno del otro. La intimidad para la cual fueron creados en el matrimonio había sido quebrantada. Su desnudez hizo surgir un miedo al rechazo. Este rechazo es tan profundo que conducirá a los portadores de la imagen de Dios a temer que otras personas puedan lastimarlas físicamente (Génesis 4:8). En lugar de dar vida, los portadores de la imagen se darían la espalda como vemos en el primer acto de homicidio cuando Caín asesina a su hermano Abel.

Quiero que veamos la Caída como el acontecimiento cataclísmico que es. Lo cambia todo. Las criaturas ahora se encuentran desnudas y expuestas. Están vivas, pero espiritualmente muertas. Han perdido fundamentalmente lo que significa ser humanos. Siendo éste sólo el comienzo de la narrativa bíblica. Ya puedes intuir lo desolada que debió quedar la tierra cuando bruscamente los portadores de la imagen rechazaron al buen y justo rey del huerto, para en cambio afirmar su propio gobierno.

Esto es desesperadamente trágico. Con todo, Dios en su gracia promete redención. Y esto es lo que necesitamos desesperadamente. Jesucristo trae la redención que nuestros corazones buscan. En el pecado, vivimos vidas subhumanas. Jesucristo viene y vive completamente la vida del hombre. Teme a Dios el Padre. Hace por nosotros aquello para lo cual fuimos creados. Al igual que en Adán, todos pecamos. En Cristo, los que se arrepienten y creen, son justificados.

En Génesis 3, Moisés usa el lenguaje de la desnudez. Así como estamos desnudos como pecadores ante Dios, así también en Cristo estamos revestidos de justicia. Estamos vestidos de la justicia de Cristo (2 Co. 5:21), ya que su justicia nos es atribuida mediante la justificación. De esta manera, así como nos despojamos de la imagen perfecta en la Caída, por medio de la redención llena de gracia obtenida a través de Cristo, somos vestidos nuevamente con su perfecta justicia. Su muerte y resurrección hacen posible que aquellos que se arrepienten y creen, empiecen a temer a Dios del modo en que originalmente fueron diseñados para temerle.

Como dijo un profesor, cuando tratamos de cubrirnos y protegernos temiendo a otros, es como si sostuviéramos pequeñas rocas para escondernos detrás de ellas. Mientras que hay un Monte Everest para cubrirnos ofrecido a nosotros en Cristo.

Creyente,  medita en la justicia y redención provistas por medio de Cristo. Esto te liberará de vivir la vida subhumana a la cual nos entregamos con tanta facilidad.

Reflexiones sobre cómo es el temor a Dios en acción como se presenta en la Escritura.

La Escritura tiene mucho que decir y numerosos ejemplos acerca del temor a Dios en acción. No los leeré todos, pero sí ofreceré un breve resumen. ¿Qué implica temer al Señor? Implica rendir adoración, escuchar la verdad, permanecer en calma y con la disposición de aprender, tener un corazón íntegro, seguir sus preceptos, esperar en su Palabra, entender sus estatutos, permanecer en asombro ante su ley, caminar en sus sendas, ser humildes, odiar la maldad, y andar en rectitud…

 El temor del que habla la Biblia se manifiesta en las vidas de las personas.

¿Puedes pensar en buenos ejemplos de personas en la Biblia o en la historia que temieron a Dios más que al hombre?

Ejemplos de aquellos que temieron a Dios

Noé (Génesis 6:22), aunque no tenemos declaraciones específicas de lo que los hombres podrían haber estado diciendo a Noé, podemos imaginar el grado en que Noé temía a Dios por encima de lo que el hombre pudiera pensar, para trabajar durante décadas y construir un gran arca en su patio.

Daniel (y Sadrac, Mesac y Abed-nego), hay ejemplos a lo largo de este libro: La decisión de no participar de la comida y la bebida del rey, la decisión de no postrarse ante un ídolo falso (3:16-18), la decisión de Daniel de desafiar el edicto que prohibía adorar a Dios, la valentía de Daniel al interpretar los sueños.

Ester (Ester 5:1-8), ante el malévolo plan de Amán para destruir al pueblo de Dios, Ester entró al aposento del rey Asuero, sabiendo que sus acciones podían provocarle la muerte.

Rut (Rut 2:11-12), cuando Rut se fue a trabajar al campo, se estaba exponiendo al abuso físico/sexual.

Rahab (Josué 2) trabajó para esconder a los espías israelitas, y no cedió ante el mismo miedo que había controlado al resto de las personas en Jericó. Tampoco temió a las autoridades de la ciudad; ella temió al Dios de Israel.

María (Lucas 1:46-55) alaba al Señor mientras describe su bondad y haba de su temor al Señor y de su alegría por llevar al mismísimo Hijo de Dios en su vientre.

Pablo sigue fielmente al Señor desde su conversión hasta su muerte en manos de Nerón mientras demuestra lo que significa temer al Señor al proclamar el evangelio a los gentiles.

La mujer que fue al sepulcro.

Pedro [más adelante] (Hechos 10:9 – 11:18), Dios transforma a Pedro de un individuo complaciente y temeroso de los hombres, en alguien que desafía todo lo que anteriormente le hubiera definido, y se dirige a casa de Cornelio. (1 Pedro 3-4) Pedro, el que antes temía, ahora exhorta a los creyentes a lo largo de los años a no temer, y a confiar en el Dios que él ha venido a ver como sumamente fiel, digno de confianza y digno de ser temido por encima de todo.

Jesús.

Lee Hebreos 11, el escritor relata los héroes de la fe desde el Antiguo Testamento que temieron a Dios como lo demostró su fe. Sin embargo, no termina con las Escrituras. La historia de la iglesia está repleta de hombres y mujeres que han seguido fielmente a Dios para el avance de su reino.

Policarpo y otros mártires de la iglesia primitiva enfrentaron con aplomo la muerte y proclamaron la bondad y dulzura de Cristo ante sus verdugos.

Lutero permaneció valientemente ante las autoridades eclesiásticas de su tiempo para anunciar la gran verdad de la justificación SÓLO por fe.

Jim Elliot fue heroicamente a las selvas de Suramérica y dio su vida para proclamar el evangelio a tribus indígenas nativas completamente alejadas de la civilización.

Hermanos y hermanos alrededor del mundo incluso hoy están siendo asesinados por su fe.

Podríamos seguir y seguir. Lee biografías cristianas.

Seamos un poco más prácticos. ¿Cómo podemos empezar a aplicar el temor del Señor? Esta es nuestra última pregunta por el día de hoy.

Sólo un temor mayor desplazará a un temor menor [más adelante habrá una sesión dedicada a esto]. Nuestra principal preocupación no debería ser «encontrar soluciones» para nuestro miedo al hombre, sino procurar un temor más profundo del Señor. Pienso que esta orientación es tan importante. Permíteme repetirlo mientras puedes leerlo en el folleto. No estamos tratando simplemente de «encontrar soluciones» para nuestro miedo al hombre, estamos procurando un temor más profundo del Señor. Si terminas esta clase sintiéndote menos controlado por lo que puedan decir otras personas, pero sin un mayor temor del Señor, ¡has perdido el punto!

Entonces, ¿cómo podemos aplicar el temor al Señor todos los días?

Primero, medita en el evangelio. La batalla comienza cada día cuando despertamos y llevamos nuestros corazones y mentes a la realidad del evangelio: Dios ha actuado con gracia a través de Cristo para reconciliar a los pecadores con él. El Rey ha venido. El Rey reina. Ya no tenemos que ser súbditos del gobernante del reino de este mundo. Por medio de Cristo, somos súbditos del buen Rey. Reflexiona y cree en el evangelio y en lo que éste logra.

Estudia el carácter de Dios. Dios es glorioso y digno de ser temido. El conocimiento de Dios es el conocimiento más grande que puedes poseer. Él es perfectamente bueno en todos los aspectos. Sus caminos son más altos que nuestros caminos, y sus pensamientos más que los nuestros (Isaías). Podemos confiar en él. No escuches las mentiras de tu carne que acusan a Dios de ser menos de lo que realmente él es. A medida que estudiemos el carácter de Dios, seremos conformados más y más a su carácter y seremos capaces de temerle como deberíamos.

El Dios de la Biblia se revela como:

  1. Santo
  2. Majestuoso
  3. Soverano
  4. Omnipotente – todo lo puede
  5. Omnisciente – todo lo sabe
  6. Omnipresente – está siempre presente en todo lugar
  7. Misericordioso
  8. Bondadoso
  9. Fiel
  10. Amoroso
  11. Celoso
  12. Justo e iracundo

Algunos libros, aparte de la Escritura, que proporcionan grandes puntos de partida para conocer y comprender mejor a Dios son: Hacia el Conocimiento de Dios de J.I. Packer y Los Deleites de Dios de John Piper.

Arrepiéntete del orgullo (Pr. 3:7) ¡No puedo decir esto lo suficiente! Nuestro orgullo va más profundo de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar. Está arraigado en el tejido mismo de nuestros seres como rebeldes contra Dios. Aprende a dudar de tus propios deseos y a confiar en Dios. Renuncia al orgullo. Distorsiona completamente la realidad mientras intenta engrandecernos y empequeñecer al Dios soberano.

Conclusión

Temer a Dios es someternos reverentemente a él de tal manera que seamos conducidos a obedecerle y adorarle. Es seguir sus mandamientos de forma alegre y gozosa. Temer a Dios es el principio de la sabiduría. Sólo Dios puede llevar el peso de tus anhelos más profundos. Sólo él puede recibir la adoración para la cual fuiste creado a dar.