Clases esenciales: El Matrimonio

El Matrimonio – Clase 9: Sexualidad Bíblica

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02.03.2017

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Clase esencial
El Matrimonio
Clase 9: Sexualidad Bíblica


Propósitos Bíblicos del Sexo en el Matrimonio

 Introducción

Cuando se trata de enseñar o hablar sobre sexo en la iglesia, especialmente el sexo en el contexto del matrimonio, es difícil imaginar un tema que es a la vez muy incomodo e importante.

Incómodo debido a la forma en que nuestra cultura ha sido sensacionalista con la experiencia sexual y ha saturado nuestras mentes con sus imágenes poco realistas y exasperantes; incómodo porque el sexo en el matrimonio es personal pero no exactamente privado—nosotros amablemente pretendemos que el sexo no sucede, ¡y al mismo tiempo estamos felices al celebrar que alguien quede embarazada y el nacimiento de un nuevo bebé!

Pero al mismo tiempo es importante. En la era del SIDA, el sexo mata; y aún sin ese tormento, tiene el poder, cuando es pervertido, de conquistar y destruir vidas. Es importante porque se encuentra en el centro de nuestra experiencia de lo que significa estar casado; es importante porque más que nada en esta vida, da expresión a la intimidad física, el placer y el gozo que en última instancia apunta más allá de sí mismo, a la intimidad, el placer y el gozo que conoceremos por una eternidad en unidad con Cristo.

Así que esta mañana, queremos pasar un tiempo hablando sobre el sexo en el contexto del matrimonio desde una perspectiva bíblica. ¿Por qué creó Dios la intimidad sexual? ¿Para qué es? ¿Y cómo protegemos y cultivamos esa intimidad en nuestro matrimonio?

Propósito de Dios para el Sexo en el Matrimonio

¿Por qué creó Dios el sexo? Algunos lo han relacionado con la procreación, y ese es ciertamente uno de sus propósitos. Consideraremos más de eso en un momento. Pero pienso que incluso antes de llegar a los hijos, Dios tiene un propósito para la intimidad sexual en el matrimonio. En Génesis 2:24, dijo Dios, “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Recuerde nuestra amplia definición de “una sola carne”—la fusión física, relacional, emocional y espiritual de la vida juntos del esposo y la esposa.

El sexo proporciona una expresión física de la unión general que crea el matrimonio. La unión matrimonial ocurre emocionalmente, relacionalmente, espiritualmente e intelectualmente. En el sexo, esto ocurre físicamente, y sirve como una señal de todo lo demás.

Durante el curso esta mañana, quiero darle tres propósitos bíblicos para el sexo en el matrimonio.

Propósito Bíblico #1: Una expresión saludable de la unión íntima

El primer propósito es que Dios pretende que el sexo en el matrimonio sea una expresión saludable de la unión íntima, en la cual cada cónyuge se da a sí mismo al otro, por el bienestar del otro.

  • Vemos este principio establecido positivamente en Cantares, donde la amada dice de su marido en 2:16-17, “Mi amado es mío, y yo suya; Él apacienta entre lirios. Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo sobre los montes de Beter.”
  • Vemos este principio establecido negativamente en 1 Tesalonicenses 4: 3-5: “la voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios.” (NVI)

Tomados en conjunto, estos versículos trazan el principio bíblico global para nuestro comportamiento y actitud sexual en el matrimonio. Dios se preocupa no solo de a quién amamos, sino también cómo amamos. No es para estar en una lujuria apasionada, que utiliza al otro para su propio placer egoísta, sino en amor apasionado, que no busca tanto su propio placer, sino que se entrega a sí mismo por el placer del otro y encuentra su placer allí.

Obviamente, esto va en contra de lo que nuestra cultura nos dice acerca del sexo. Nuestra cultura nos ha puesto en la inútil búsqueda de la vida sexual perfecta—apasionada, intensa, pornográfica; enfocada en los orgasmos simultáneos y cada vez mejor que el anterior. Y si esa no es la manera en que es nuestra relación sexual, entonces debe haber un problema. Comprometidos con lo que pensamos debe ser aburrido y ordinario, sexo ordinario, nos frustrados con nosotros mismos, nuestros cónyuges, y somos tentados a ir a otro lugar. Ya sea a la facilidad de la pornografía y la masturbación, o la irrealidad de la ficción romántica, o a otros amantes, sean otras personas, o nuestros trabajos, o nuestras responsabilidades como padres.

Pero la buena noticia es que nuestra cultura tiene ve el sexo de manera equivocada. En lugar de una búsqueda pornográfica del éxtasis, la Biblia presenta el sexo como una ilustración de nuestra unión íntima. Lo que eso significa es que existen tantos tipos diferentes de sexo estupendo, como hay aspectos en su relación. El sexo puede ser apasionado y ardiente, pero puede ser tierno y suave. Puede ser prudente y cuidadoso, o puede ser juguetón y aventurero; puede ser formal y puede ser ligero; puede ser poco intenso o vigoroso o calmado o frenético. Puede ser hasta triste. En ese sentido, el sexo es muy parecido al espejo, reflejando físicamente todos los diferentes aspectos y estados de ánimo y expresiones de la unión. Y esas son las buenas noticias, porque significa que el sexo tiene un lugar en su unión aún cuando usted no se sienta como un ciervo en las colinas, sino que sólo quieren estar juntos.

Si el sexo es una ilustración de la unión matrimonial, entonces eso tiene otra implicación importante: el sexo no es tanto una solución a los problemas en el matrimonio (que no sea un problema de tentación sexual), es una muestra del estado de su unión. El sexo es más parecido a un termómetro que a un termostato. Muy frecuentemente, las parejas quieren utilizar el sexo para vencer la falta de intimidad, o el conflicto en la comunicación. Pero lo cierto es, que el sexo solamente va a mostrar lo que ya está allí. Si su unión está caracterizada por la amabilidad y el respeto, el entendimiento y la intimidad, entonces eso es lo que va reflejar su vida sexual. Pero si su unión está empañada por la aspereza, el egoísmo, la falta de comunicación y la distancia, entonces no debería ser ninguna sorpresa si el sexo se siente también igual.

¿Cómo entonces cultivamos una buena vida sexual en el matrimonio? En lugar de darnos un manual de cómo hacerlo que se enfoca en la técnica, que nos hará perder totalmente el enfoque, en Cantares, la Biblia nos indica la prioridad del amor sacrificial que celebra, se deleita y aprecia al amado. Y lo que vemos cuando leemos este sorprendente poema de amor erótico, es que antes de llegar a la intimidad física, el amante y su amada han pasado un tiempo aprendiendo y deleitándose entre sí, y luego dándose el uno al otro el fruto de su estudio en palabras y acciones.

Escuche: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; Nuestro lecho es de flores.” (Cantares 1:15-16) Como dijo CJ Mahaney en su pequeño y excelente libro, Sex, Romance and the Glory of God (Sexo, Romance y la Gloria de Dios), “La comunicación y el sexo son inseparables.” Entre un esposo y una esposa, la relación sexual, la comunicación, de una forma u otra, debe estar sucediendo todo el tiempo. Si un esposo está utilizando su conocimiento de su esposa, un conocimiento que debe estar creciendo constantemente, entonces desde el momento en que él despierta en la mañana, y durante el día, él debe estar verbalmente haciendo el amor a su esposa—como CJ dice, tocando su mente y su corazón antes de tocar su cuerpo. Con sus palabras y sus acciones, él debe estar creando intimidad, acercándose a ella con entendimiento, deleitándose en ella, acariciándola.

La triste realidad es, sin embargo, que para la mayoría de los hombres la intimidad emocional y espiritual no es un preámbulo necesario para la intimidad física. Hombres, pienso que esa es una función de la caída. Nuestro objetivo en el sexo no debería ser meramente la satisfacción sexual. El objetivo del sexo es expresar el amor, la unión, que el sexo representa. Así que estudie a su esposa. Aprenda cómo seducirla, cómo hacerla sentirse amada y apreciada y deseada por usted. Y entonces haga eso todo el día—desde la forma que le habla durante el desayuno, hasta su interacción en el día por teléfono o correo electrónico, la forma en que le sirve y la atiende cuando se reúnen esa la noche. Toque su mente y su corazón antes de tocar su cuerpo. Y aún considere que tocar su cuerpo no siempre es un preámbulo al sexo. Recuerde que el objetivo no es el sexo sino la expresión de amor.

Del mismo modo, esposas ustedes también son parte de este proceso de comunicación. No es una calle de una sola dirección. ¿Cómo usted comunica a su esposo que lo desea y está allí para él? ¿Se pone atractiva para él? ¿No solo físicamente atractiva, sino emocional y personalmente? ¿Está disponible, o siempre hay cosas que hacer, siempre hay listas que deben ser completadas, siempre hay necesidades con los niños que deben ser cumplidas? Finalmente, ¿anticipa y busca la intimidad con su esposo como el Amado lo hace en el libro de Cantares? “Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; lo busqué, y no lo hallé.” (Cantares 3:1) Ese es el lenguaje del deseo, de la anticipación, de la espera.

Hay tanto que podemos decir sobre este tema de cultivar la intimidad sexual—la importancia de la sorpresa y la creatividad; la necesidad de evitar caer en la rutina; los desafíos peculiares que los hijos traen. Pero quiero terminar esta sección con dos comentarios, ambos provenientes de 1 Corintios 7:5 “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.”

Primero, si Dios creó la intimidad sexual con el fin de proveer una ilustración de la unión matrimonial, entonces no debe sorprendernos que Satanás odie esa hermosa imagen que refleja la gloria a Dios, y hará grandes esfuerzos para desfigurarla. La primera y quizás la manera más común en que lo hace es tentándonos a participar de la actividad sexual fuera del matrimonio. Esto incluye todo: desde el sexo antes del matrimonio, hasta la homosexualidad, el adulterio, el bestialismo, la monogamia en serie, etc. En cada uno de estos casos, la actividad sexual nos dice una mentira sobre Cristo y la iglesia. Y como cristianos, casados o no, queremos proteger la reputación de Cristo y la verdad que proclama la intimidad sexual dentro del pacto matrimonial. Y haremos eso de muchas maneras. No trivializamos el sexo a través de la broma grosera o una actitud arrogante, ni lo estigmatizamos por ser mojigato. No vamos a participar en una especie de infidelidad “virtual” a través de la pornografía por el internet. Tampoco vamos a poner en peligro la naturaleza exclusiva de la unión matrimonial cultivando relaciones emocionales íntimas con los miembros del sexo opuesto. En lugar de eso, como parejas casadas, ante todo nos relacionaremos con las personas del sexo opuestos como parejas casadas, dos que se han convertido en uno.

Pero el segundo comentario que quiero hacer es que la infidelidad en sus varias formas no es la única, y tal vez ni siquiera la manera principal en la que Satanás busca desfigurar esta ilustración dentro de nuestros matrimonios. Pienso que en el mundo presurizado de hoy, la manera principal en que él ataca el sexo dentro del matrimonio es a través de la negligencia. Por lo tanto, no necesito saber la frecuencia en que ustedes las parejas casadas tienen sexo para continuar animándoles a tener más. Porque sé que de entre todas las cosas necesarias, como las reuniones para padres, los deportes de los hijos y los horarios de la escuela, horas nocturnas de trabajo y hacer compras y lavar la ropa, ocuparse de los impuestos; y todas las cosas buenas, como las actividades de la iglesia y los grupos pequeños, invitar amigos a comer, o aún una cita nocturna que los mantiene fuera hasta tarde; y las cosas malas, como tener gripe, o que sus hijos tengan la gripe, en conjunto, un millón y una situaciones que simplemente hacen que el sexo salga de su vida.

Lo cual significa, parejas, que si vamos a proteger y guardar este increíble regalo de Dios, necesitamos ser vigilantes e intencionados. Necesitamos decir no a algunas buenas oportunidades, para poder estar juntos. Necesitamos planificar y desarrollar estrategias. La idea de que el único sexo bueno es el espontáneo no es verdad. Los esposos y esposas necesitan hablarse para que sus expectativas y sus planes se unan. Necesitamos tomar tiempo y esfuerzo para crear el contexto que hará que nuestras esposas se sientan apreciadas y deseadas; y esposas necesitan asegurarse de que no le han dado todo al trabajo o los hijos, para que cuando estén con su esposo tengan energías para ser su esposa. Si están casados, ¡tengan más sexo, para la gloria de Dios!

[PAUSA PARA PREGUNTAS]

Propósito Bíblico #2: Procreación

Nuestro segundo propósito para el sexo en el matrimonio es la procreación. ¿Cómo sabemos esto de las Escrituras? Tres pensamientos:

Primero, Dios nos ordena en el principio de los tiempos, durante la creación, tener hijos. Es una de nuestras primeras directrices. En Génesis 1:28, las Escrituras nos dicen, “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”

Segundo, Dios continuamente habla de los hijos como una bendición y un buen regalo que proviene de Él. En Salmos 127, el salmista escribe, “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud” (Salmos 127:3-4). Una y otra vez, el regalo de los hijos es una clara señal de la bendición y el favor de Dios.

Finalmente, la biblia está llena de ejemplos de hijos muy buscados y celebrados. Cuando Esaú le pregunta a Jacob sobre su familia, “Jacob respondió: ‘Son los niños que por gracia Dios ha dado a tu siervo.’” (Génesis 33:5b) Los hijos son constantemente celebrados en la Escritura. Como tal, el matrimonio debe incluir los hijos.

Una nota pastoral: Es muy común hoy en día que las parejas tengan dificultades para tener hijos – actualmente se de un número de parejas que están luchando con la infertilidad. No estoy hablando de esa situación. La pareja que lucha con la infertilidad está en las manos soberanas de Dios. Si ustedes desean hijos y están tratando de tenerlos entonces están obedeciendo el mandato de Dios. Algunas parejas que luchan con esto se preguntan si Dios los ha maldecido porque han tratado, y tratado, y no han podido concebir. Dios no los está maldiciendo. Puede haber un trillón de razones del por qué Dios ha decidido cerrar su vientre, y no sabremos por qué hasta que todos estemos en la gloria. Permítanme animarles a confiar en Dios, aún cuando es difícil en sus circunstancias.

Propósito Bíblico #3: Placer

La razón por la que muchas personas son atraídas a tener sexo es porque produce gran placer para aquellos lo practican. Cantares describe el deleite que viene de admirar la belleza de su cónyuge:

El amante declara, “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas.” Y la amada responde, “He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores” (Cantares 1:15-16).

También describe la satisfacción que viene de ser íntimo el uno con el otro:

La amada declara: “Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos” (Cantares 1:13) y luego más tarde, la amada declara, “Mi amado es mío, y yo soy suya; Él apacienta entre lirios” (Cantares 2:16).

Y finalmente, también vemos el deleite que viene de practicar el amor físico con tu cónyuge:

La amada proclama, “¡¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino” (Cantares 1:2).

El amante comenta, “¡¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano” (4:10-11).

Las personas tienen relaciones sexuales porque lo disfrutan; les gusta el placer que viene de estar en intimidad con su cónyuge. El sexo en el matrimonio está supuesto a ser libre de culpa. Dios le ha dado esto como un regalo para que encuentre un gran deleite dentro de su matrimonio. Esto es sexo para la gloria de Dios. Por extraño que pueda ser ajustar estas dos ideas juntas—el sexo (porque encontramos que es muy privado) y la gloria de Dios (porque es una idea teológica)—Dios pretende unir ambos dentro del matrimonio—sexo agradable, placentero y libre de culpa para la gloria de Dios.

La mayoría de nosotros asociamos el sexo con esta tercera razón. Cuando pensamos acerca de tener sexo, pensamos en el placer y la satisfacción que obtendremos de la experiencia. Pero si esa es su única disposición hacia el sexo (es decir, para obtener placer para nosotros mismos) eso es esencialmente egoísta. Si usted está entrando a la experiencia sexual solo por lo que puede obtener, — su placer y satisfacción—entonces necesita una reorientación al sexo piadoso. El sexo no debe ser egoísta, sino desinteresado; usted debe entrar a la experiencia más interesado en complacer a su cónyuge que complacerse a sí mismo. Aunque es cierto que obtendrá gran placer y satisfacción de la experiencia, ese no debe ser su objetivo principal.

[PAUSA PARA PREGUNTAS]