Clases esenciales: Masculinidad y Femineidad Bíblicas

Masculinidad y Femineidad Bíblicas – Clase 12: Confusión de Género

Artículo
20.07.2017

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Clase esencial
Masculinidad y Femineidad Bíblicas
Clase 12: Confusión de Género


La próxima vez que se enseñe la clase:

  • Cambia el lenguaje «gay/lesbiana» en el diagrama a «homosexual».
  • Quizá un comentario sobre cómo tratar el asunto de si usar el nombre nuevo o viejo de una persona – ¿Qué deberías considerar aquí?
  • Un par de oraciones lidiando con personas que tienen que llevar a cabo políticas en el trabajo con las que no pueden estar de acuerdo.

 

  1. Introducción

«Para el tiempo en que Coy Mathis tenía cuatro años, él estaba seguro de algo: él no era un niño».[1] Esa es la declaración inicial de un reciente artículo de Rolling Stone sobre un niño en Colorado que estaba convencido de que su cuerpo físico no encajaba con su verdadera identidad. En un principio, sus padres estuvieron confundidos, pero con el tiempo aceptaron el género profesado por Coy. Llenaron el closet de Coy con vestidos color rosa y se involucraron en una batalla legal con la escuela primaria de Coy sobre el derecho de Coy bajo la ley del estado de Colorado a usar el baño de niñas.

Historias como esta son comunes hoy en día. Se estima que hay 700,000 personas en los Estados Unidos que se identifican como transgéneros: Es decir, que afirman una identidad de género diferente del «sexo al que fueron asignados al nacer».[2] Justo esta semana hemos visto otro enfrentamiento legal, en Carolina del Norte, por el acceso de transgéneros a los baños. Y el viernes, el Departamento de Educación emitió una correspondencia oficial declarando que «un colegio debe tratar a sus estudiantes de acuerdo a su identidad de género, aún si sus registros educativos o documentos de identificación indican una sexo distinto».[3]

Hoy planteamos el tema sobre confusión de género, no por miedo o sorpresa a esas historias. Lo hacemos en un deseo por entender la belleza y bondad de cómo Dios nos ha hecho, y para mostrar compasión a nuestros prójimos al hablar la verdad en amor. El asunto sobre confusión de género no sólo es algo que leemos en las noticias – es algo que muchos de nosotros enfrentamos personalmente con familiares, amigos, y colegas que amamos. Hay creyentes piadosos y sinceros que han sentido incomodidad o confusión sobre el género que Dios les ha dado. Así que, esta mañana, queremos hacer dos cosas importantes: Explorar una teología bíblica del género, y luego considerar algunas implicaciones prácticas de cómo amar a aquellos que sabemos que están experimentando confusión de género. No voy a hablar mucho sobre leyes o políticas –en cambio, queremos ir más profundo y reflexionar teológicamente sobre cómo Dios nos ha hecho. Otra observación mientras iniciamos: Hoy no vamos a hablar principalmente de la homosexualidad, aunque ciertamente es un tema relacionado. Hay muchos textos bíblicos que hablan directamente al pecado de los comportamientos homosexuales que no cubriremos esta mañana. Esa podría ser una clase distinta. Nos centraremos en sentido estricto en el tema de la identidad de género: Qué significa abrazar el regalo de Dios de ser creados hombres o mujeres.

 

  1. Una teología bíblica del género

Empecemos con esta verdad bíblica fundamental:

  1. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y lo declaró muy bueno.

Génesis 1:27-28: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra». Versículo 31: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera». Ya hemos enfatizado en esta clase que los hombres y las mujeres son iguales en dignidad, valor e importancia ante Dios. Sin embargo, aquí es importante reconocer que la diferencia biológica entre los hombres y las mujeres es una parte maravillosa del diseño de nuestro Creador. Dios diseñó de forma experta a la humanidad —varón y hembra— como la joya exquisita de la creación. Estamos «coronados de gloria y honra» como dice David en el Salmo 8. Dios escogió deliberadamente exhibir su imagen en los hombres y en las mujeres. Los hombres poseen el increíble mandato de reflejar el cuidado paternal y el amor sacrificial y protector de Dios. Las mujeres representan bellamente ante el mundo otros aspectos de cómo es Dios: Él es el ayudador de su pueblo, el que da vida, el que nutre y apoya a sus hijos. Padres, cuando enseñen a sus hijos lo que significa ser un niño o una niña, comiencen aquí, con la imagen de Dios y con la masculinidad y femineidad bíblicas, no con los estereotipos culturales.

Y en Génesis 2:25 vemos que Adán y Eva estaban totalmente asentados con los cuerpos que Dios les había dado: «Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban». No había pecado. No había confusión. No había tensión en la autocomprensión o identidad.

Así que, la masculinidad o la femineidad es un regalo de Dios para cada persona. Dios la define e imparte para nuestro bien.[4] Lo que dice David en el Salmo 139 es cierto para todos: «Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras».
Creo que en este punto, puede ser útil retroceder y reconocer cuán radicalmente diferente es esta visión bíblica de la forma en que el mundo ve el sexo y el género. Mira la segunda página de tu folleto. Verás dos simples diagramas que he elaborado mostrando las diferencias.

La visión bíblica, en la parte superior, afirma que eres creado hombre o mujer. Los hombres y las mujeres tienen cosas muy importantes en común: Ese cuadro de arriba. Ambos son creados a imagen de Dios, pueden encontrar redención en Cristo, etc. En la izquierda y en la derecha se encuentran los aspectos de la masculinidad y femineidad bíblicas –las disposiciones e inclinaciones dadas por Dios– que hemos discutido en estas clases. Cada hombre y mujer tiene la obligación de acoger esos distintos roles que están en el cuadro. Luego, en la parte de abajo, están las expectativas culturales de la masculinidad y femineidad que pueden variar con el tiempo y lugar, cosas como los colores azul y rosa, la vestimenta, la apariencia, qué trabajos son apropiados. Esas cosas no están en la Biblia, generalmente. A menudo, será útil abrazar esos aspectos culturales de la masculinidad y la femineidad, pero eso necesita ser evaluado con sabiduría. Estos aspectos no son lo principal para ser un hombre o una mujer.

Compara esto con la visión secular – no expresada por todos en el mundo, aunque cada vez más por muchos. En las últimas décadas, se ha vuelto común para los académicos distinguir entre el sexo y el género – por eso, la línea firme entre ellos en el diagrama. El «sexo», dicen, es sólo biológico: O bien, tienes cromosomas, anatomía y hormonas masculinas o femeninas. El «género» es psicológico – le pertenece a tu sentido de identidad interior. Está socialmente definido e incluye cosas como el comportamiento, la apariencia, la vestimenta, los roles, etc. Muchos teoristas alegan que no hay correlación necesaria entre tu sexo físico y tu género. En esto, difieren de la visión bíblica. Un artículo reciente de Slate lo expresó de esta manera: «El género es una especie de representación… Algo que creamos activamente a partir de los limitados materiales culturales que encontramos», y respaldaron ese argumento al afirmar que los bebés y los niños pequeños «no tienen género».[5] Esta visión abre la posibilidad de tener la anatomía sexual «incorrecta» de nuestro verdadero género, y entonces, las intervenciones médicas intentan conformar nuestro cuerpo al sexo «correcto». Otros reportan una identidad de género que no corresponde en absoluto al género masculino o femenino, sino que se encuentra en un lugar intermedio. Como también puedes ver, tampoco hay una conexión necesaria entre el sexo, el género y la orientación sexual, lo que lleva al eslogan, «La orientación sexual determina con quién te quieres acostar y la identidad de género determina cómo quién te quieres acostar».[6] El lema que lo resume todo es: «La anatomía no es el destino».[7] ¿E cuanto a nuestra humanidad común? Todo lo que se puede decir es que somos miembros de la especie homo sapiens.

Aunque podría no ser popular, debemos ser claros: La Biblia rechaza esta percepción. Nuestro «género», es decir, ser creado bien sea varón o hembra y ser hombre o mujer, es un regalo de Dios, y es un regalo holístico, incluyendo nuestro cuerpo, nuestro sentido de identidad, y los roles a los que Dios nos llama.

¿PREGUNTAS?

Todo esto nos conduce a una pregunta natural: No obstante, ¿por qué algunas personas parecen experimentar confusión o conflicto interno sobre su género? Eso nos lleva a nuestro próximo punto:

  1. La caída nos ha corrompido en cuerpo y mente.

En Génesis 3, por causa del pecado de Adán y Eva, Dios maldice la tierra y la muerte entra en el mundo. De manera que, la caída es la raíz de cada enfermedad física y espiritual que aflige a la humanidad. Y todos ratificamos los efectos de la caída con nuestras libres decisiones y rechazamos a Dios.

Es posible ver cómo la caída afecta nuestros cuerpos – sabemos que la enfermedad y la muerte son resultados de la maldición. En conversaciones sobre la sexualidad y el género, a veces se plantea la pregunta acerca de las personas que tienen ambigüedad o intersexgenitalia –aquellas que poseen tanto características masculinas como femeninas, aunque por lo general una es más prominente. El cristiano puede responder que esta extraña y desafiante condición, al igual que cualquier otro desorden físico y genético, se deriva de la caída. Los doctores y pastores deben ser sabios al aconsejar a dichas personas. Romanos 8 dice que toda la creación gime en la expectativa de ser liberada de su esclavitud a la corrupción. Cuando se habla del transgenerismo, sin embargo, no hablamos de la anatomía ambigua, sino de cuando alguien es claramente hombre o mujer, y aún así, no se «siente» de esa manera en el interior.

Por eso, debemos recordar que los efectos de la caída no sólo afectan nuestros cuerpos, sino también nuestro ser interior – lo que la Biblia llama «el corazón». Romanos 1:18 dice, «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… (Versículo 21) Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido».

Lo esencial de ver para todos los pecados, incluyendo el asunto de confusión de género, es que la caída desorienta nuestra autopercepción.[8] Jeremías 17:9 lamenta, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?». Fuera de Cristo, todos nosotros nos vemos inadecuadamente de muchas maneras. Nuestros corazones no son infalibles. Por tanto, no podemos confiar en nuestra propia percepción con el fin de conocernos correctamente. Debemos escuchar a Dios para descubrir la identidad con la que hemos sido creados.

Aunque no puedo suponer que entiendo todo lo que ocurre en la mente de alguien que se identifica como transgénero, hay precedentes bíblicos claros para tener una profunda confusión en el corazón sobre su propia identidad. Y puesto que todos tenemos visiones distorsionadas de nosotros mismos de diferentes formas, esto significa que deberíamos ser capaces de responder con paciencia y amabilidad a aquellos que experimentan dicha tensión sobre su género.

Por el otro lado, debemos tener claro que rechazar el género dado por Dios es una negación particularmente fundamental y pecaminosa del diseño de Dios, y como tal, normalmente resultará en consecuencias especialmente graves.[9] El pecado no arrepentido, incluyendo abrazar el transgenerismo, conduce al dolor, al desespero, y finalmente al infierno. Debemos resistir la lógica del mundo que es: ¿Cómo puede algo ser malo si nadie parece resultar herido? Amigos, desobedecer a Dios siempre es malo. Rechazar el sexo que se te ha dado es rechazar el Señorío de Dios sobre toda la vida.

Entonces, ¿cuál es nuestra esperanza? Simplemente esta: Jesús vino para redimir a los pecadores de todos los efectos de la caída, sin importar qué tipo de autopercepciones caídas nos haya definido. Todos necesitamos el evangelio al igual que nuestros amigos transgéneros. No olvidemos que Jesús fue conocido como amigo de prostitutas y pecadores. Él no vino por los sanos, sino por los enfermos, por aquellos que como nosotros habían rechazado a Dios de maneras aparentemente obvias. Me encanta como Pablo lo pone en Tito 3: «Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia». Jesús, el hombre perfecto, vino para morir en nuestro lugar, para dar su perfecto historial de justicia a todos los que se arrepienten y creen. Y resucitó de entre los muertos. Eso nos lleva a otro punto teológico importante:

  1. La resurrección afirma la bondad del cuerpo de género.

Jesús resucitó corporalmente de los muertos, y todos los hombres y mujeres que están unidos a él por la fe también resucitarán. 1 Co. 15:42: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción». En ese capítulo, Pablo usa la imagen de una semilla siendo enterrada en la tierra que luego se levanta como una gloriosa planta. En otras palabras, aunque nuestro cuerpo de resurrección será inimaginablemente mejor que nuestro cuerpo actual, también habrá continuidad entre nuestra identidad aquí y en el nuevo cielo y en la nueva tierra. Dios nos creó varón y hembra a su imagen; lo reflejaremos perfectamente en el cielo; la teología cristiana concluye con que nosotros seguiremos teniendo el género que Dios nos ha dado en nuestros cuerpos resucitados. En contraste a esa enseñanza, un pilar clave del pensamiento transgénero es que el sentido interno de la identidad de género triunfa sobre la anatomía física. Es un caso clásico de la mente sobre la materia: La persona es reducida a dos componentes, la identidad psicológica y el sexo físico, y el componente psicológico es privilegiado. Algunas técnicas médicas intentan alterar el cuerpo para que combine con la comprensión psicológica de la persona, pero estas «intervenciones» nunca pueden recrear el cuerpo completamente – sin mencionar, que pareciera que tratasen de jugar astutamente a ser Dios.

¡El Cristianismo responde que no debemos oponer la mente contra el cuerpo de esta manera! Dios nos creó como seres unidos, cuerpo y alma. La resurrección de Jesús es la firma de Dios aprobando el hecho de que él ve el cuerpo como una parte fundamental de nuestra naturaleza humana – tanto ahora como en el mundo que está por venir. Y podemos tener la esperanza de que: En el último día, ningún hijo de Dios experimentará alguna desconexión entre su cuerpo y su sentido de identidad. No habrá más confusión, no más lucha, y la resurrección de Jesús nos ayuda a apuntar nuestra esperanza a ese día.

¿ALGUNA PREGUNTA?

III. Amar a nuestros prójimos en un mundo de confusión de género

¿Cómo es el amor en este asunto? Se necesita sabiduría: Tu respuesta probablemente será distinta si tu hermano te anuncia que es transgénero o si tu jefe lo hace. Con eso en mente, aquí hay cinco ideas de cómo reflejar el amor de Cristo a nuestros prójimos transgéneros. Por cierto, aunque todavía estamos reflexionando principalmente sobre el tema de confusión de género, muchos de estos puntos se aplicarán a cómo nos relacionamos con amigos que también han acogido la homosexualidad, debido a que hay algunas similitudes entre estos temas.

Primero, A. Adopta una postura de compasión. Cuando pensamos en alguien que conocemos que se identifica como transgénero, deberíamos reconocer humildemente que es difícil para la mayoría incluso imaginar el sentimiento de ser un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer o viceversa, que es cómo estas personas a menudo describen su sentido de la realidad. Eso no quiere decir que estén en lo correcto al abrazar una identidad de género alternativa, sino simplemente que deberíamos intentar tener tanta empatía como sea posible con lo que debe ser una experiencia radicalmente confusa. Mientras que al mismo tiempo, debemos recordar que nadie obtiene un pase libre sobre el pecado porque siente que sus propensiones pecaminosas son naturales. De ser así, todos nosotros podríamos pecar sin excusas. Deberíamos procurar mostrar empatía mientras recordamos que el pecado siempre es descabellado y nunca justificado.

Así que, para crecer en compasión, no olvides que aquellos que profesan ser transgéneros son creados a imagen de Dios. Son hermosos. Son hechos maravillosamente, incluso si se resisten al diseño de Dios. Asimismo, recuerda que otros han pecado de formas horribles en contra de muchas de las personas que abrazan una identidad de género alternativa. Quizá éstas carguen las cicatrices de un abuso verbal por su vestimenta o por la manera en que se comportaban al crecer. Debemos compartir la desaprobación de Dios al acoso e insultos que han sido pecaminosamente arrojados a los seres humanos creados a semejanza de Dios, quienes merecen respeto y dignidad.

Por último, particularmente si un miembro de la familia te anuncia que él o ella es transgénero, permíteme alentarte a que tu primera respuesta sea una afirmación de amor. Diles que los valoras y cuidas de ellos como personas. Abrázalos. Comenzar con una declaración como esta, no aprueba la decisión de la persona. Comunica nuestro compromiso de amarlos a pesar de su pecado.

Pero también deberíamos continuar: B. Habla la verdad en amor.

Si alguien que conocemos bien nos informa que planea vivir como transgénero, necesitamos orar por una oportunidad para hablar la verdad de una forma que sea apropiada a la relación. Si es un familiar o un amigo cercano, me animaría a apartar un tiempo para una significativa conversación cara a cara para habar sobre el tema. Aquí hay algunos puntos de discusión sugeridos:

  • Expresa amor y compromiso hacia la persona y la relación.
  • Se rápido para escuchar –pregunta cómo él o ella ha llegado al punto de tomar esta decisión. Quizá podrías hacer preguntas que sutilmente socaven su pensamiento: «¿Crees que realmente esto traerá felicidad duradera? ¿Por qué?»
  • Explica de manera amable y paciente lo que crees que es la verdad bíblica.
  • Aclara que te ves a ti mismo como pecador en necesidad de la gracia.
  • Comparte la esperanza del evangelio y hazle un llamado a confiar en Cristo.
  • Habla acerca de algunos detalles esenciales. Por ejemplo, con el transgenerismo, tendrás que pensar sobre qué nombre la persona ahora quiere llamarse y qué pronombres quiere sus amigos usen. Querrás mostrar respeto mientras que al mismo tiempo, querrás ser cauteloso sobre lo que comunicas o apruebas a través de tu lenguaje.
  • Pide a la persona que describa en sus propias palabras cómo puedes mostrar que te preocupas por él o ella a partir de ahora, ahora que saben que no puedes aprobar su decisión de abrazar una identidad y estilo de vida pecaminoso. Habla acerca de cómo les gustaría que fuera la relación de ahora en adelante. De nuevo, escucha. Ora y se paciente.
  1. Ofrece la esperanza suprema del evangelio.

La cosa más ofensiva que creen los cristianos no es nuestra opinión sobre el género o la sexualidad. Es la cruz. Es el hecho de que un Dios santo, que juzga el pecado, llama a las personas a recibir perdón sólo en Cristo. Si has venido esta mañana  a la iglesia y no esperabas una clase sobre género y sexualidad, déjame decirte que nos alegra que hayas venido… [Una palabra breve del evangelio…]

Y es hacia la cruz y la tumba vacía que queremos apuntar, tanto como sea posible, a medida que nos relacionamos con aquellos en el mundo que ven el género y la sexualidad de forma diferente. ¿Qué habría de bueno si persuadimos a alguien de una comprensión bíblica del género, y aún así, termina rechazando a Cristo? Nuestra esperanza principal debería ser que las personas se vuelvan a Jesús y reciban el gozo eterno. Por supuesto, eso requerirá del arrepentimiento, que nos lleva a nuestro siguiente punto:

  1. Llama al arrepentimiento realista.

Para cualquier pecador, arrepentirse es difícil. Jesús dice «toma tu cruz y sígueme». Para la persona transgénero que busca arrepentirse, venir a Cristo significará abandonar una identidad de género falsa y abrazar el género dado por Dios. Él/ella quizá pierda amigos y reciba el desprecio de la comunidad LGBT. Pero al mismo tiempo, porque Dios es soberano y se complace en salvar a los pecadores, ¡el arrepentimiento es posible! El hecho de que nosotros hayamos rendido nuestras falsas y egocéntricas identidades y nos hayamos vuelto a Cristo es un absoluto milagro. ¡Deberíamos vivir expectantes, sabiendo que Dios se complace en hacer milagros y en conseguir la gloria!

La sabiduría pastoral es necesaria aquí, para determinar cómo será el arrepentimiento en cualquier situación individual. Para la persona transgénero que ha recibido terapias hormonales o ha tenido un cambio de sexo quirúrgico, los pastores quizá tengan que trabajar con profesionales médicos para determinar las más seguras y mejores maneras para que esa persona abrace el género que Dios le ha dado. Para la mujer que tiene vello facial porque anteriormente había estado viviendo como un hombre transgénero y había estado tomando testosteronas, pero ahora está arrepentida, el lugar más seguro en el mundo debería ser… la iglesia. La familia de Dios recibe a todos a la mesa, sin importar cómo lucen ni cuál es su pasado. Russell Moore ha dicho que necesitamos estar preparados para recibir a los refugiados de la revolución sexual. Cuando la promesa de la fluidez de género no proporcione la felicidad que la gente busca, ¿estará nuestra iglesia preparada para recibir a esas personas con los brazos abiertos? Mientras oras, imagina que Dios podría conducir a tu amigo transgénero al arrepentimiento y ese amigo podría estar aquí enseñando un seminario básico un día.

También deberíamos ser realistas sobre algo más. No podemos prometer que cualquier tentación particular se irá instantáneamente cuando alguien se convierte en creyente, aunque para Dios no hay nada imposible. Aquellos de nosotros con una historia de pecado en lujuria, avaricia o chisme, puede encontrar que nuestras antiguas maneras de vivir todavía son tentadoras aún cuando estamos caminando en Cristo. De la misma forma, no deberíamos aferrar falsas esperanzas de que convertirse en cristiano traerá una resolución inmediata a cualquier experiencia de confusión de género. Es posible estar en Cristo, abrazar nuestro género dado por Dios y todavía experimentar tensión en esta área, esperando el día en el que seremos finalmente glorificados y renovados. Es posible volver a Jesús y seguir experimentando atracción al mismo sexo. La diferencia es que el cristiano toma la visión de Dios de él o ella. Él/ella no abraza las tendencias que van en contra del diseño de Dios; las somete a Dios y busca caminar en santidad diariamente.

  1. Persevera por la gracia de Dios.

Finalmente, permíteme animarte a perseverar por la gracia de Dios, a continuar en amor hacia nuestros familiares y amigos que quizá no estén de acuerdo con nosotros sobre el género y la sexualidad. Veremos a aquellos seres queridos todo el tiempo en vacaciones y otras reuniones, y Dios será bondadoso para sostenernos mientras buscamos aferrarnos a nuestras convicciones y cubrirnos a nosotros mismos en servicio y misericordia.

Recuerda que no estamos solos para lidiar con estos asuntos: Como iglesia deberíamos estar hablando de estos temas. Seamos activos en estimularnos mutuamente. Estemos orando los unos por los otros mientras buscamos amar a nuestras familias y amigos. Llegamos al final de una clase como esta y decimos con Pablo, «Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» Ninguno de nosotros – separados de Cristo. Él es nuestra suficiencia. Apuntémonos unos a otros a él.

¿PREGUNTAS Y COMENTARIOS?

[1]Sabrina Rubin Erdely, «About a Girl: Coy Mathis’ Fight to Change Gender», Rolling Stone, 28 de Octubre de 2013. http://www.rollingstone.com/culture/news/about-a-girl-coy-mathis-fight-to-change-change-gender-20131028.

[2]Sabrina Rubin Erdely, «About a Girl: Coy Mathis’ Fight to Change Gender», Rolling Stone, 28 de Octubre de 2013. http://www.rollingstone.com/culture/news/about-a-girl-coy-mathis-fight-to-change-change-gender-20131028.

[3]Ibid, 3.

[4]Pasajes posteriores como el Salmo 19 y Romanos 1 hablan de cómo la creación muestra la obra de Dios. Eso significa que nuestros cuerpos son objetos reveladores: Incluso nuestro sexo físico refleja el maravilloso diseño de Dios.

[5]Jessica Winter, «Are You a Boy or a Girl?», Slate, 11 de mayo de 2016, http://www.slate.com/articles/double_x/doublex/2016/05/gender_reveal_celebrations_for_babies_help_explain_transphobia.html

[6]Steinmetz, «Transgender Tipping Point».

[7]Allan Metcalf, «What’s your PGP?», The Chronicle of Higher Education, 2 de septiembre de 2014. http://chronicle.com/blogs/linguafranca/2014/09/02/whats-your-pgp/.

[8]Curiosamente, incluso la psicología secular reconoce la realidad de la autopercepción desorientada. Por ejemplo, la persona diagnosticada con anorexia o bulimia realmente cree que él o ella está obesa, y esta creencia influencia su comportamiento. En ese caso, la mente está equivocada sobre el cuerpo.

[9]Abrazar el género opuesto esencialmente convierte a una persona en una contradicción andante. Esto aflige a Dios, y aquellos que buscan una vida en contra de su naturaleza cosecharán dolor, dificultad y estrés –ahora y eternamente, si no se vuelven a Cristo.