Clases esenciales: Masculinidad y Femineidad Bíblicas

Masculinidad y Femineidad Bíblicas – Clase 10: Masculinidad y Femineidad Bíblicas en el Mundo

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20.07.2017

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Clase esencial
Masculinidad y Femineidad Bíblicas
Clase 10: Masculinidad y Femineidad Bíblicas en el Mundo


I. Introducción: Masculinidad y femineidad bíblicas en un mundo feminista

«Hablamos de una sociedad en la que no habrá más roles que aquellos que se escojan o ganen».[1] Con esas palabras, en 1971, Gloria Seteinem hizo un clamor por lo que se conoce como la segunda ola del feminismo. Este movimiento buscó liberar a las mujeres de lo que se veía como una cultura opresiva y patriarcal. No sólo eso: También visionó un nuevo orden en el mundo, una sociedad en la que la única diferencia entre los hombres y las mujeres sería la biológica. Aparte de las diferencias corporales, Steinem dijo que los dos sexos son exactamente iguales, y por tanto, pueden hacer las mismas cosas. Cada persona debería desempeñar el rol que él o ella desee. Alrededor de cuarenta años más tarde, el mundo en el que habitamos está cada vez más cerca del mundo que Steinem imaginó. Más adelante, hablaremos de cómo el feminismo sí produjo algunos resultados positivos. Pero como hemos visto en las últimas 10 semanas, la visión del género del feminismo está muy lejos de la forma en que Dios ve las cosas. Dios creó al hombre y a la mujer totalmente iguales, sin embargo, hermosamente distintos.

El día de hoy, abordaremos la pregunta, «¿Cómo es vivir de acuerdo a la visión de Dios de la masculinidad y la femineidad en un mundo feminista?». En las clases pasadas, hemos visto detalladamente lo que la Biblia tiene para decir acerca de los roles de los hombres y las mujeres tanto en el hogar como en la iglesia. En ambos contextos, la Escritura es directa en sus prescripciones. En el hogar, los esposos no deben ser pasivos ni apáticos o tiranos totalitarios, en cambio, deben extender un liderazgo sacrificial, amoroso y humilde. Las esposas no deben ser súbditas oprimidas ni usurpadoras autoritarias, más bien, deben extender una sumisión voluntaria, alegre, inteligente y espiritualmente alentadora a sus esposos como iguales herederos de la vida eterna. En la iglesia, los hombres y las mujeres deben ejercer sus dones y participar en la vida y obra del cuerpo de una manera que abrace su unidad en Cristo y sus roles como hombres y mujeres, incluyendo un papel distinto de liderazgo para los hombres cuando se trata de enseñar a la iglesia reunida y de autoridad al servir como ancianos.

Hoy preguntamos: ¿Qué significa todo esto para nuestras vidas en el mundo y en el lugar de trabajo secular? ¿De qué manera los hombres y las mujeres expresan su género ordenado por Dios en la sociedad y en el trabajo? Esta es una pregunta difícil, porque en realidad no hay ningún pasaje al que pueda llevarte que de una enseñanza sostenida acerca de cómo los hombres y las mujeres deben conducirse en el mundo como con la iglesia y el hogar. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Deberíamos simplemente cerrar nuestras biblias y asumir que todo encaja? No – hacemos lo que sea cuando enfrentamos un asunto que la Escritura no aborda directamente, ya sea tecnologías reproductivas artificiales o una guerra nuclear. Vamos en oración a los principios, prioridades y patrones bíblicos, y los aplicamos al tema en cuestión en el contexto en el que vivimos. Eso es lo que haremos ahora, primero un panorama del testimonio bíblico básico sobre la masculinidad y la femineidad. Luego, algunas opiniones de cómo ese patrón bíblico contrasta las suposiciones feministas que tan a menudo moldean las expectativas de los hombres y las mujeres en nuestra actualidad. Después, pasaremos a la aplicación al final.

II. Establece principios bíblicos

Primero, A. Observa el orden creado por Dios.

Eso ha sido la columna vertebral de este seminario básico. Hemos visto en Génesis 1, 2 y 3 que las diferencias entre los hombres y las mujeres se remontan a la creación. De modo que, tienen implicaciones para toda la vida.

Génesis 1: Los hombres y las mujeres son, sin duda, iguales en términos de dignidad y honor, iguales en que ambos son creados a imagen de Dios. Sin embargo, Génesis 2-3: Dios los creó para ser, en naturaleza y rol, diferentes el uno del otro. Génesis 2:15, el hombre fue diseñado para labrar y proteger el Huerto, y así, proveer para su familia; Génesis 2:18, su esposa fue diseñada para ser su ayudante; Génesis 3:9, el hombre es llamado a una postura de responsabilidad por el fracaso espiritual de la familia; Génesis 3:20, Eva es la madre de todos los seres vivientes, y hablamos de cómo la femineidad no implica tener hijos biológicos,  pero siempre se expresa en la alimentación y maternidad de otros, semejantes a las de Tito 2, por su bien espiritual. Estas son las realidades subyacentes del orden creado que los escritores del Nuevo Testamento aplicaron entonces en los contextos del hogar y la iglesia. Y seríamos sabios al aplicarlas en el mundo también.

El hecho de que la Escritura no hable explícitamente de la masculinidad y la femineidad en el contexto de la sociedad más amplia, no hace que el orden creado por Dios sea irrelevante. Sin importar qué posición tengan los hombres y las mujeres en el mundo, sin  importar los efectos de la caída, siempre sucederá en cierto nivel (aún si es subconsciente) que, en general, los hombres estarán inclinados naturalmente a proveer, proteger y liderar, y las mujeres estarán inclinadas naturalmente a nutrir y ayudar. Porque así Dios hizo a los hombres y las mujeres. De nuevo, hay muchísimas formas en las que podemos aplicar estas inclinaciones naturales en el lugar de trabajo o en la esfera cívica, y hay muchísimas formas en las que dichas inclinaciones naturales pueden salir mal por causa de la caída. Pero son reales, como parte del diseño de Dios. Ese es realmente el mensaje del libro de Proverbios: La sabiduría es reconocer a Dios como creador y temerle, así es como encontramos la alegría.

Segundo, B. Observa la enseñanza de la Escritura sobre otros contextos (el hogar y la iglesia).

En otras palabras, cuando trates de ser masculino o femenino en el mundo, fíjate en lo que dice la Escritura sobre la masculinidad y la femineidad en el hogar y en la iglesia, y aplica tanto como te sea posible. De hecho, de todas formas es un poco artificial subdividir nuestras vidas en estos círculos diferentes. Estamos llamados a ser enteramente y bíblicamente masculinos o femeninos en la totalidad de nuestras vidas, reconociendo que Cristo es Señor sobre todo, en cada momento.

Parece improbable que Dios planease que su pueblo procure la visión bíblica de la masculinidad y la femineidad en el hogar y en la iglesia, pero luego abandone esos patrones y disposiciones cuando están fuera de esos contextos específicos.

Así que, por ejemplo, hablamos extensamente sobre el atributo general de la femineidad piadosa conocido como «sumisión», o un «espíritu afable y apacible» de 1 Pedro 3. Aún cuando el contexto de 1 Pedro 3 es el matrimonio, acordamos que ese pasaje y otros recomiendan la belleza interna de un espíritu afable y apacible a todas las mujeres cristianas, estén casadas o no. Las mujeres cristianas, si están casadas, sólo están llamadas a someterse a sus esposos, y no a otros hombres. Pero cuando se trata de relacionarse con otros hombres, es consistente con esta disposición femenina, afirmar, nutrir y celebrar las cualidades de liderazgo de otros hombres en el trabajo y en su vecindario.

Ocurre igual con los hombres. La Biblia coloca ciertas responsabilidades sobre los esposos y padres para cuidar, amar y discipular a sus esposas e hijos. Lo vimos en Efesios 5-6. La Escritura, en Hechos 20, llama a los ancianos a sacrificarse por el bien de la iglesia y elogia a los hombres que aspiran a mostrar un liderazgo en la iglesia de esa forma. Estas expectativas bíblicas positivas pueden y deberían influenciar la clase de trabajo que los hombres eligen seguir, cómo pasan su tiempo libre, en qué actividades cívicas se involucran, etc. Un hombre que no está casado o no es un anciano, no debería leer estos textos y pensar, genial, me salí con la mía, no tengo que vivir sacrificialmente para proveer a otros espiritualmente, protegerlos, y tomar la iniciativa como líder para hacerles bien. Es exactamente lo contrario. Él tal debería ver la visión bíblica de un esposo y un anciano como un modelo para su propia masculinidad en todas sus relaciones. Pienso que Luke Holland es un buen ejemplo de esto. No está casado ni es pastor, pero consistentemente muestra su masculinidad al iniciar en otros chicos un bien espiritual, al ser amable e irreprochable con las mujeres en la iglesia. Ese es un ejemplo maravilloso y alentador.

El punto aquí es que la Biblia nos recomienda la masculinidad y la femineidad toda la vida. Ser hombre o mujer no es simplemente un sombrero que nos colocamos en ciertos lugares. Es lo que somos en nuestro corazón. Y cuando abrazamos eso, tendrá efectos en todos lados.[2]

[¿Preguntas?]

Entonces, hemos dicho que vivir nuestra masculinidad o femineidad en el mundo requiere integrar las categorías y los patrones bíblicos amplios, aplicándolos a nuestra situación específica. También, por otra parte, involucra estar discerniendo la forma en la que el mundo ve el género y cómo eso podría diferir con la enseñanza bíblica. En consecuencia:

III. Cultiva concientización de las suposiciones feministas – Incluyendo en tu propio corazón

Como creyentes, estamos llamados a vivir en el mundo, pero a no ser del mundo. Eso quiere decir que todos nosotros, hombres y mujeres, encontraremos el feminismo, sea que lo llamemos o no. El feminismo es como el oxígeno: es invisible y está en el aire que respiramos. Y significa muchas cosas para mucha gente. Para nuestros fines, definamos el feminismo como un amplio movimiento cultural que exige la igualdad total entre los hombres y las mujeres y pide eliminar cualquier distinción en los roles de género.

Para ver cómo el feminismo afecta nuestro mundo hoy, consideremos brevemente cómo se ha desarrollado durante las últimas generaciones.

  • Podemos resumir la primera ola del feminismo, de 1840 a 1920, como un llamado a los derechos de las mujeres. Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony defendieron el sufragio femenino, que se logró en 1920, y otros empezaron a exigir la legalización de la anticoncepción.
  • La segunda ola del feminismo, de 1960 a 1990, trataba sobre la liberación de la mujer de los roles de género tradicionales y las expectativas sexuales. Betty Friedan insistió que no todas las mujeres debían ser amas de casa felices. Kate Millett alegó que todas las diferencias de género, excepto la anatomía, son en origen culturales; y Gloria Steinem abogó por el derecho al aborto.

Y la tercera ola del feminismo, desde 1990 hasta hoy, se enfoca en una diversidad de voces femeninas, tratando de transformar el movimiento de un fenómeno principalmente de clase media blanca a un alcance multicultural. También busca aplicar los principios de la liberación de la mujer en otras áreas como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el transgenerismo.[3]

Como puedes ver, ¡el feminismo no es tan malo! Ha tenido una serie de efectos positivos para las mujeres, desde el derecho a votar, a la adquisición de una propiedad y la defensa del principio de igual remuneración por igual trabajo. También, ha abierto muchas profesiones que generaciones atrás no estaban disponibles para las mujeres. Por eso, es mucho más fácil mantenerse hoy en día como mujer soltera, y como cristianos, apoyamos la soltería como un don de Dios para ser usado para su gloria, así que, podemos ver muchas cosas buenas en eso.

Pero este es el gran problema del feminismo. Aunque la Biblia enseña que la igualdad de valor e importancia va mano a mano con la distinción complementaria en la disposición y los roles del hogar y la iglesia, el feminismo se niega a creer que esas realidades pueden coexistir. Me gusta  la manera en que Courtney Reissig lo resume en su libro The Accidental Feminist: [La feminista accidental] «Lo que hizo el feminismo fue borrar lentamente las diferencias entre los hombres y las mujeres. Igualdad ahora significa uniformidad. Si los hombres y las mujeres son realmente iguales (y creo que lo son), entonces, de acuerdo al feminismo esa igualdad no asume ninguna distinción en cómo ellos viven».[4] Atestigua el incremento de los padres que se quedan en casa, o del chico que no le comprará la cena a su cita.

Muchos de nosotros, los cristianos, como «feministas accidentales», tanto hombres como mujeres, hemos heredado esa actitud sospechosa hacia la idea de la que masculinidad y la femineidad son maravillosamente diferentes.

¿Qué significa esto para nosotros? 3 sugerencias. Primero, evalúa tu propio corazón. Evalúa la forma en que los principios del feminismo han moldeado tus suposiciones. En oración, busca alinear tu pensamiento con la Palabra de Dios. Si has comprado esta idea de que los hombres y las mujeres deben hacer todas las mismas cosas para ser enteramente iguales, entonces has aplastado el buen regalo de Dios del género. Somos gloriosamente iguales, pero no intercambiables. Nuestra igualdad no está comprometida con el que Dios nos haya dado diferentes posiciones y roles.

Segundo, abraza el llamado cristiano a la fidelidad, que a menudo significará vivir en contra de la cultura. Mientras analizas los diferentes roles que desempeñas en el mundo – en tu lugar de trabajo, familia, vecindario, incluso en las redes sociales – ora por cómo podrías vivir proféticamente, provocando que las personas noten la bondad de los caminos Dios en tu vida. Recuerda cómo la Biblia celebra la maternidad y exalta a las mujeres que están orientadas hacia el bien de su hogar. Prepárate para ser vista como rara si haces lo mismo.

Tercero, procura el gozo supremo en Jesús. Reconoce que el feminismo es una búsqueda de gozo, y que finalmente no llegará. Para resumir Colosenses 2:8-19: Cuidado con las filosofías impías, porque tienes todo lo necesitas en Cristo. El Cristianismo es la cosmovisión más pro-mujer que hay. Ninguna otra filosofía o movimiento valora a las mujeres como Jesús de Nazaret, que enseñó a las mujeres, cultivó su amistad, aceptó su adoración, y pastoreó a su rebaño para traerlas a su ciudad celestial donde no habrá pecado, opresión masculina errada, ni maldición, sólo la alegría y paz perfectas para siempre. Podemos apreciar las cosas buenas que el feminismo ha traído, pero debemos cuidarnos de sus falsas promesas y confiar sólo en Cristo.

[¿Preguntas?]

IV. Aplica las prioridades bíblicas con sabiduría

Entonces, ¿dónde nos deja todo esto con relación a las decisiones que tomamos sobre nuestras actividades seculares? Si no tenemos lo suficiente en la Escritura para decir definitivamente que tal y tal trabajo o actividad es pecado para un hombre o una mujer porque es hombre o mujer, pero estamos de acuerdo con que la masculinidad y la femineidad son verdaderas y buenas, y deberían ser procuradas de alguna forma en nuestras actividades seculares, ¿cómo deberíamos pensar detenidamente en las decisiones y conducirnos como hombres y mujeres en el mundo?

Al entender que hay gran libertad y flexibilidad en este campo, tenemos una gran oportunidad de mostrarnos cortesía mutuamente como creyentes si discrepamos en cómo aplicar estas cosas. Permíteme ofrecer dos amplios estímulos.

Primero, procura actividades seculares que parezcan consistentes con tu identidad como hombre o mujer bíblicos, en lugar de que la socaven o eliminen.

Una pregunta común es si las mujeres deberían tomar trabajos seculares que las coloquen en liderazgo y autoridad sobre los hombres. ¿No es intrínsecamente erróneo o anti-bíblico que las mujeres de Dios busquen o tengan dichas posiciones? No, no podemos decir eso. No diré que es necesariamente es malo que una mujer sea presidente, o una CEO.

Más bien, queremos pensar en el tipo de autoridad que involucra ese trabajo, y cómo afecta la expresión de la mujer de su femineidad. ¿Facilitará o dificultará que ella exprese su femineidad? Eso no quiere decir, que no debería hacerlo; pero quizá no debería. Necesitamos ser cuidadosos aquí y pensar sobre los diferentes tipos de autoridad y la forma en la que pueden ser ejercidos. Algunos tipos de autoridad son relativamente impersonales e indirectas: Una mujer que escribe políticas de recursos humanos puede ejercer una buena cantidad de autoridad en un trabajo, pero ella podría no ser la que haga cumplir esas reglas. Otros tipos de autoridad son bastante personales y directas: Un sargento instructor en el ejército, un gerente en un sitio de construcción.

Podemos decir probablemente que mientras más una mujer ejerza autoridad personal y directa sobre un hombre en una situación dada, más esa situación estará en tensión con el orden creado por Dios, y será más difícil que ambos, el hombre y la mujer, practiquen  la masculinidad y femineidad bíblicas. Por supuesto, aquí se necesita ser cuidadoso y sabio. Puedo pensar en ejemplos de mujeres cristianas que han estado en el ejército y han tenido autoridad personal y directa sobre hombres, sin embargo, la han usado de una forma que honra a esos hombres en sus inclinaciones naturales hacia la responsabilidad y el liderazgo, y que adopta un deseo claramente femenino de fomentar y alentar, mientras siguen siendo líderes efectivas, como lo requiere el trabajo.[5]

Lo que es contrario a la cultura aquí, es que cuando se trata de elegir trabajo, el mundo suele empezar con 1) qué va a ser más auto-satisfactorio, y luego 2) qué hará más dinero. El Cristianismo lo ve desde un ángulo completamente diferente. Primero, estamos en Cristo y vivimos para complacer a Cristo y hacerlo conocido. Entonces, reconocemos que Dios nos ha hecho hombres o mujeres y buscamos acoger eso como su regalo. Pensamos en si él actualmente nos ha llamado a estar solteros o casadas, y cómo nos ha llamado a servir a su iglesia durante este tiempo. También, reconocemos que difícilmente alguien tiene el lujo de escoger su trabajo ideal. La Escritura nos ordena proveer para nuestras familias, y debemos obedecer ese mandamiento aún si nuestro trabajo no es perfecto. Así que, finalmente, basados en todas estas cosas, buscamos un trabajo y estilo de vida que vaya con lo que somos en Cristo, lo que incluye quienes somos como hombres o mujeres.

Segundo, en cualquiera que sea la posición o actividad en la que te encuentres, esfuérzate por continuarla de una forma que abrace y sostenga tu masculinidad o femineidad dada por Dios.

Por ejemplo, cuando una mujer es colocada en una posición de autoridad sobre los hombres, ella debería cumplir ese papel sin renunciar—muchos menos rechazar—la femineidad que Dios le dio. Dicho de otra forma, una mujer no debería sentir que tiene que adoptar un aire de híper masculinidad para funcionar bien en su rol de liderazgo. Ella debería trabajar en contra de cualquier tentación a ser relacionalmente fría o distante con sus empleados para parecer más masculina o menos femenina.

De igual manera, cuando un hombre se encuentra bajo la dirección y autoridad de una mujer, él debería cumplir ese rol como hombre cristiano. Sobre todo, él debería realizar su trabajo con gracia y con un buen espíritu, sirviendo a su jefa, como dice Pablo «de corazón… sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Efesios 6:7). Él debería en lo posible, mostrar a su jefa el honor y cuidado que los hombres deberían mostrar a las mujeres, e incluso las cortesías que se muestran normalmente por los hombres a las mujeres en nuestra cultura. Para citar un ejemplo del trabajo de Joan Dunlop en el hospital, al revisar a un paciente que era potencialmente violento, un enfermero la siguió y permaneció junto a la puerta para asegurarse de que estuviera bien. Ahora bien, Joan tiene mucho más liderazgo y responsabilidad que este enfermero, pero él estaba expresando su masculinidad al extender una presencia protectora, y ella se sintió bien cuidada por ese gesto.

¿Preguntas?

V. Entrevista

Para cerrar nuestro tiempo, pensamos que sería útil para vosotras escuchar de una mujer de la iglesia la forma en que ella ha reflexionado sobre estos asuntos en su vida y trabajo. Jessica ha sido miembro aquí durante muchos años y ha accedido amablemente a responder algunas preguntas sobre cómo ella aplica estos principios.

  • Jessica, ¿puedes contarles de qué trabajas?
  • ¿Cuáles son los retos que enfrentas para expresar tu femineidad en tu trabajo? ¿Hay alguna responsabilidad o expectativas que debas cumplir para parecer menos «femenina» de lo que podrías desear?
  • ¿Supervisas a algún hombre? ¿Cómo lo haces de tal forma que tomes en cuenta su masculinidad, mientras ejerces tu autoridad de una manera claramente femenina?
  • Opcional: ¿Han sido útiles o alentadoras de alguna forma las enseñanzas de CHBC sobre la femineidad para ti mientras buscas seguir a Cristo todos los días?
  • Opcional: ¿Cómo podemos estar orando por ti en tu trabajo?

 

[1] Citado por Andreas J. Köstenberger y Margaret E. Köstenberger, God’s Design for Man and Woman: A Biblical-Theological Survey (Wheaton: Crossway, 2014), 305.

[2] (Sólo para usar si el tiempo lo permite) El 15 de abril marcó 104 años desde la inundación del Titanic. 1500 vidas se perdieron de un total de 2200 pasajeros. El 7 de mayo será el aniversario 101º del naufragio del Lusitania, un transatlántico de tamaño similar, en el que se perdieron 1200 vidas de las 1900 que se encontraban a bordo. Tragedias de escalas parecidas, pero que cuentan dos historias diferentes. De los que estaban en el Titanic, se salvaron el 70% de las mujeres y los niños, y sólo el 20% de los hombres. Con el Lusitania, sobrevivieron el 37% de las mujeres y el 40% de los hombres. ¿Por qué la diferencia? El Lusitania fue golpeado por un torpedo alemán y se hundió en 18 minutos. Ninguno de los pasajeros o la tripulación estaban preparados para semejante desastre. Y parece que no priorizaron salvar a las mujeres y a los niños primero. El Titanic, por otro lado, tardó horas en hundirse. Hubo tiempo para que un sentido de dignidad y conciencia se impusiera. El capitán ordenó que las mujeres y los niños fueran puestos en los botes salvavidas primero y los pasajeros siguieron sus órdenes. Incluso hoy, la mayoría de las personas piensan que esto fue noble y correcto. Y el complementarismo bíblico puede explicar el porqué, mientras que el secularismo no. John Piper twitteó poderosamente, «Cuando el Titánic se hundió, sobrevivieron el 20% de los hombres y el 70% de las mujeres. Esa  virtud profunda no fue fomentada por el igualitarismo». Más concretamente, el feminismo igualitario pide un mundo como el Lusitania, pero debemos albergar la esperanza de que el mundo en realidad terminará más como el Titanic.

[3] Köstenbergers, God’s Design for Man and Woman [El diseño de Dios para el hombre y la mujer], 294-314.

[4] Courtney Reissig, The Accidental Feminist: Restoring Our Delight in God’s Good Design [La feminista accidental: Restaurando nuestro deleite en el buen diseño de Dios], (Wheaton: Crossway, 2015), 18.

[5] Otro ejemplo es Joan Dunlop, que cuando trabajaba en la sala de emergencias como médico encargado, ella tenía que dar urgentemente órdenes a varios doctores y enfermeras. Ella fue capaz de hacerlo y no comprometer su femineidad, pero era un reto pasar de ese ambiente a su casa por las noches, donde Jamie era el que lideraba su hogar y familia. En lugar de tener esa transición discordante cada día, decidieron que sería mejor para Joan que sólo hiciera ese trabajo un día a la semana.