Evangelio

Los Cristianos deberían ser motivados a ministrar a las personas sin hogar

Artículo
11.07.2019

Este enero pasado, con la temperatura tan fría que la ventana de mi van casi no podía descongelarse, llevé a seis hombres a McDonald para que pasaran el día allí protegidos del fuerte frío.

Independientemente de donde vivas, hay hombres y mujeres que anhelan poner su cabeza en una cama que puedan considerar suyas. Frecuentemente pensamos que las personas sin hogar son un problema del centro de la ciudad. Vemos a los mendigos en la esquina de la calle o pasamos cerca de una joven con su perro sentados sobre una sábana. Esa es la imagen de las personas sin hogar que vienen a nuestra mente.

Pero en la mayoría de las ciudades, las personas sin hogar son muy diferentes. Es la madre soltera que no puede pagar un depósito para un apartamento debido al mal crédito que tiene. Es el joven que salió de la cárcel pero no puede conseguir un trabajo. Es el adicto o la persona con  problemas mentales a la que se le pidió que se fuera del hogar de su familia una y otra vez. Muchos duermen en sus vehículos, algunos dormirán en diferentes lugares mientras puedan hacerlo y otros buscarán un espacio donde puedan armar una tienda de campaña o poner una bolsa de dormir. La falta de vivienda es siempre una crisis. Pero los cristianos misericordiosos, compasivos y amorosos no pueden simplemente ignorarlo siempre. Tenemos una motivación convincente a la que tenemos que responder.

CUATRO PRINCIPIOS PARA CUIDAR DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

No siempre es obvio cuál es la mejor respuesta. Nuestra iglesia comenzó a discutir esto hace pocos años. De hecho, uno de nuestros ancianos sirve como Director Ejecutivo en un hogar de transición local para mujeres en situación de riesgo. Él está muy consciente de las necesidades de nuestra región, y llevó a nuestra iglesia responder. Lo hicimos, pero con estas cuatro consideraciones en mente: 

 

  1. Cada persona sin hogar está en una crisis: Estábamos determinados a no ver el hecho de estar sin vivienda como un problema que debe ser solucionado sino a ver al individuo como una persona en crisis. Debemos asegurarnos de que nuestros esfuerzos para responder no empeoren la crisis. Es verdad que ayudar puede herir.
  2. Cada crisis es una oportunidad: Frecuentemente es cuando se llega a la crisis que las personas pueden comenzar a responder a los asuntos que enfrentan en su vida. Adicción, asuntos de salud mental, desintegración familiar, deudas, depresión, soledad, desempleo, abuso y la lista continúa. La falta de vivienda es casi siempre un síntoma de algo más profundo. Cada persona tiene una historia, y nuestro objetivo ha sido caminar junto a alguien, escuchar su historia, y ofrecer esperanza y compasión. En última instancia, vemos esto como oportunidades evangelísticas, y le decimos a las personas con las que nos cruzamos que su mayor necesidad es reconciliarse con Dios y les rogamos que busquen su descanso a través de la fe en Jesús. Esperamos nunca avergonzarnos o ser ambiguos en establecer ese mensaje como nuestro objetivo.
  3. Cada oportunidad puede llevarnos a una relación: Mientras tenemos la oportunidad de caminar junto a alguien durante un momento de crisis, hay un potencial para una amistad. Esto sucede regularmente en iglesias que tienen una comunidad bíblica vibrante. Debemos estar listos para esto. Toma tiempo para considerar cómo se vería esto en la vida de tu iglesia mientras equipas a tu gente para discipular a alguien que tenga una adicción o una situación de salud mental. ¿Estás consciente del tiempo y los recursos que esto puede requerir?
  4. Cada relación puede terminar en una decepción: Prepárate para el fracaso. No podemos salvar a nadie—de su falta de vivienda ni de su pecado—así que debemos estar listos para fracasar. La mayoría de las personas que buscamos ministrar se irán, muchos se aprovecharán, y algunos se pondrán peor de lo que estaban cuando comenzamos. Prepárate para la carga emocional que esto trae consigo.

CUATRO MANERAS DE RESPONDER A LAS PERSONAS SIN HOGAR

Mientras nuestra iglesia consideraba estos puntos, pusimos en práctica las cuatro respuestas siguientes:

 

  1. Intervención en la Crisis: En asociación con otras iglesias de la ciudad, abrimos nuestras instalaciones como refugio de emergencia. Compramos cunas, almohadas y sábanas. Durante los meses de invierno, alrededor de doce residentes dormirán en el salón comunitario de nuestra iglesia. Los miembros de la iglesia se ofrecen como voluntarios para servir y comer con nuestros invitados. Toman tiempo para escuchar su historia. Los miembros de la iglesia también tienen un armario lleno de comida no perecedera para que nuestros invitados puedan irse con algunos alimentos que les ayuden a pasar el día.
  2. Desarrollo de Relaciones: Intencionalmente desafiamos a nuestros miembros a sentarse y comer con nuestros invitados. Queremos escuchar sus historias y compartir la nuestra. En ocasiones, tenemos la oportunidad de darle seguimiento al invitado y hemos visto algunos moverse hacia un hogar permanente. También los hemos invitado a unirse a nosotros para cenar con uno de nuestros Grupos Comunitarios.
  3. Oportunidades de Discipulado: Hemos desarrollado ministerios que buscan discipular a los que no tienen hogar en nuestra ciudad. El Centro New Life es un recurso y centro de consejería que se encuentra en el centro de Bardstown donde algunos de los miembros de nuestra iglesia sirven como consejeros. El Aprendizaje Desbloqueado es un entrenamiento en la práctica para aquellos que han experimentado pobreza, adicción o encarcelamiento. Proveemos empleo, entrenamiento, y cursos de discipulado intensivos. The Way House y Bethany Haven son hogares de transición para hombres y mujeres. Dirigimos ¿Qué es el Evangelio?, que son unos estudios bíblicos y buscamos caminar junto a los residentes.
  4. Celebrar la perseverancia: Trabajar entre los pobres y necesitados de nuestra ciudad puede ser emocional y espiritualmente agotador, sin dejar de mencionar el tiempo que consume y lo costoso que es. Debido a esto, es importante tomar tiempo para orar como iglesia, unos con otros y con aquellos que nos cruzamos que están en necesidad. Mientras más nos comprometemos a hacer esto, más dispuestos estamos a celebrar la perseverancia y la victoria de la vida de los demás.

 

CONCLUSIÓN

Todos estamos quebrantados, y todos tenemos una necesidad en común. No debemos entrar en el ministerio pensando que somos personas con nuestras vidas perfectas que buscamos arreglar a las personas quebrantadas. En lugar de eso, ministramos a partir de una posición de quebrantamiento, sabiendo que es el evangelio de Jesucristo el que lleva a las personas a una esperanza que perdura para la restauración y la recuperación.

El mayor problema del mundo es el pecado de las personas. Su mayor necesidad es Jesús. Por tanto, tenemos la responsabilidad de extender una mano de gracia y misericordia al necesitado en nuestras propias puertas.