Pastoreo

Llena a los creyentes no a los edificios: el éxito en el ministerio no es un juego de números

Artículo
11.05.2019

Pastorear una iglesia existente es como unirse a una familia. Conforme profundizas en los archivos y te sumerges en las fotos y cartas antiguas, te das cuenta de los altos y bajos que han sucedido a través de los años que son presentados con la oportunidad de reflejar la vida y carácter de aquellos que pastorearon antes que tú. Todo esto se siente un poco como relacionarse con los familiares que están distantes.

En la iglesia que pastoreo, Tremont Temple en Boston, Massachusetts, hay una gran lista de pastores hasta 1839, y no fue sino después de haber abierto la gran puerta de hierro tipo bóveda que me interesé de manera especial en Frank Ellis. Él fue pastor de nuestra iglesia cuando se llamaba Iglesia Bautista Unión Temple, de 1880 a 1884.

Guy Mitchell, historiador de Tremont, hizo un manuscrito impresionante que no fue publicado a mediados del siglo 20 titulado Historia del Templo Tremont. En él se refleja la breve permanencia de Ellis como pastor:

Aunque la mayoría de las nubes que se levantaron durante el pastorado del Dr. Ellis tenían un aspecto brillante y plateado, había una que tenía una sombra depresiva sobre el espíritu del pastor. Era la sombra de la galería superior, no iluminada por las caras de los asistentes en la adoración divina. Él deseaba mucho ver esa galería llena y plena para que este su ministerio no fuera considerado más allá del estándar requerido, si le predicaba a una casa parcialmente llena. Nadie sentía su fracaso a este respecto más de lo que él lo hacía, y después de un intento valiente de cuatro años, decidió abandonar el esfuerzo. Él renunció a su pastorado y terminó su obra el 4 de noviembre de 1884, e inmediatamente fue a Baltimore a predicar en una iglesia donde no había galería superior.

Si Mitchell está en lo correcto, Ellis fue expulsado de su puesto derrotado. El «estándar requerido» no había sido cumplido. La galería superior no había sido llenada. Él no la había llenado. Y así luego de cuatro años y medio, era tiempo de empacar el caballo y el coche y coger carretera para plantar el evangelio en un terreno más suave, en una iglesia más grande y adecuada a sus dones.

Conforme consideramos a este hombre y su ministerio, la bóveda polvorienta ofrece algunas pistas que pueden ayudarnos a entender su situación. En un documento separado del autor Mitchell llamado Historical Sketchbook (Cuaderno de Dibujo Histórico), él escribió que Ellis era «un hombre muy sensible con deseos y ambiciones muy altos y era muy fácilmente perturbado incluso por un fracaso aparente en su cumplimiento». Parece que Ellis tenía la combinación peligrosa de la ambición imponente y la susceptibilidad, como un bombero corriendo hacia las llamas sin su equipo de protección.

Aquí hay una pista más para comprender a Ellis: su predecesor era una columna pastoral. George C. Lorimer nació en Edinburgo, Escocia y vino a los Estados Unidos como aspirante a actor. Él era carismático, de apariencia llamativa y amado por la congregación. Su reputación como predicador y autor era celebrada tanto en los Estados Unidos como en otros lugares.

Por tanto, Ellis fue quien continuó luego de que este ministerio de púlpito de 21 años de peso pesado llenara el salón principal del Templo de Tremont. También está claro, según dos amplios volúmenes de minutos meticulosos de las reuniones de miembros que la membresía bajó en los días de Ellis, algo que nunca sucedió en los días de Lorimer. Es difícil ser el sucesor de un amado pastor, especialmente de uno que tenía una presencia tan dominante en el púlpito.

Pero el mayor golpe contra Ellis, según Mitchell, es la manera como él percibe su propio éxito. Para Ellis, el éxito fue como un juego de números. Pero es exactamente esta visión de productividad en el ministerio que pesa innecesariamente y hace que pastores dotados abandonen el ministerio. Y peor aún, deja a las iglesias dirigidas por pastores que son como los esposos que tienen un ojo errante: nunca están satisfechos, y siempre están viendo más allá de la novia porque ella no es suficiente.

Pastores, a continuación cinco motivos que servirán para evitarnos «presionar hacia los Ellis».

  1. Llena a los creyentes, no a los edificios

La medida de un ministerio de púlpito no es su amplitud, sino su profundidad. Cegado por el orgullo y la idolatría del éxito, frecuentemente igualamos la bendición de Dios con una congregación grande y el fracaso con los asientos vacíos. Pero nuestro mayor deseo como pastores debe ser que el corazón de nuestros oyentes sea transformado a la imagen de Cristo.

En Efesios 4, encontramos que Dios dotó a la iglesia de predicadores «para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». Para Pablo, el crecimiento que viene a partir de la Palabra de Dios se enfoca más en la profundidad que en la amplitud. La carga de los apóstoles era ver al pueblo de Dios crecer en madurez. Si nuestra medida del éxito en el ministerio está conforme a la cantidad de asientos que llenamos los domingos, nuestros objetivos son diferentes a los de Jesús y ese nunca es un lugar seguro en el que podemos estar.

  1. Llena tus propios zapatos, no el del último

Para Ellis, y para cada pastor nuevo llamado a una iglesia existente, hay expectativas sobre cómo debe lucir su ministerio. Habrán aquellos que dirán, «¡Así no es como solía hacerlo el pastor (incluya el nombre del predecesor aquí)!». Pero uno de los grandes errores que podemos cometer es compararnos con el último. Si él fue amado, nos sentiremos mal cuando nuestra gente no nos responda de la misma manera. Por el otro lado, si él fue despreciado, nuestros corazones se llenarán de orgullo cuando sintamos que las personas nos aman más a nosotros. Eso tampoco es saludable. Mira hacia adelante y hacia arriba.

  1. Pide tener una mayor resistencia

Si estamos a la defensiva porque siempre sentimos que las personas están decepcionadas por la falta de fruto en nuestro ministerio, entonces ellos se marchitarán junto con nosotros. Nadie quiere seguir a un pastor tímido. En lugar de eso debemos recibir de Dios el ministerio que él desea para nosotros y para su pueblo. ¿No es él más sabio que nosotros? Hay congregaciones de todos los tamaños,  Dios las ama a todas.

Recibe el ministerio que Dios tiene para ti y permanece firme.

  1. Alaba a Dios por el fruto y no sólo por aquel que es visible

¿Cómo podemos celebrar el ministerio fructífero de Jeremías y Judson, y luego lamentarnos cuando vemos poco fruto en nuestras propias iglesias? Estos dos hombres fueron fieles en el huerto, incluso cuando sólo algunas manzanas silvestres colgaban del árbol.

De la misma manera, la mayoría del fruto de nuestros propios huertos está escondido. Jesús habló del reino como si fuera una semilla en crecimiento. Incluso mientras dormimos, crece. No lo vemos, y ciertamente no hacemos que suceda. Pero hay algo que no sabemos: el crecimiento piadoso está frecuentemente escondido de nuestra vista. Para la mayoría de nosotros que tiende a llenarse de orgullo cuando ve alguna señal de fruto en su iglesia, el fruto escondido es parte del plan sabio de Dios para mantenernos humildes. Alaba a Dios por lo que puedes ver, pero no olvides alabarlo regularmente por todo lo que no puedes ver.

  1. Busca tu identidad en Cristo

Pastores, su identidad no está en el pastorado. Está en ser un hijo amado de Dios. Dios nos salvó de nuestros pecados al enviar a Jesús a cargar con la ira que merecíamos por nuestros pecados contra él. Nadie que tiene una crisis de identidad puede ser un pastor efectivo. Si nuestra esperanza está en todo menos en Jesús, seremos como un traje vacío (o una franela, si eres más moderno que yo).

Después que Jesús envió a setenta y dos de sus discípulos, ellos le reportaron algunas obras destacadas que habían hecho, incluyendo echar fuera demonios. ¿Pero recuerdas lo que Jesús les dijo? No se regocijen de que los espíritu se someten a ustedes, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.

Algunos predicadores llenan estadios con una biblia abierta. Y para algunos de estos «predicadores», abrir la biblia es todo lo que hacen con ella.  Así que, ¿Por qué es que nosotros, que debemos saber más, hemos caído en la idea de que mientras más grande es mejor? Arrepintámonos de nuestro orgullo, nuestra idolatría del ministerio, y nuestro descontento con el rebaño que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado. Para muchos de nosotros, la falta de fruto visible nos tienta a presionar hacia un Ellis. Pero en lugar de juzgar a nuestras iglesias por lo que podemos ver, confiemos en Dios. Hay mucho más en una iglesia que sólo números.


Traducido por Samantha Paz