Liderazgo

Las calificaciones y responsabilidades bíblicas de los diáconos

Artículo
17.01.2019

¿Quién debería ser un diácono? ¿Qué dice la Biblia que los diáconos deberían hacer?

LOS DOS OFICIOS BÍBLICOS: ANCIANOS Y DIÁCONOS

Comparar el oficio del diácono con el oficio del anciano nos ayudará a responder estas preguntas. Los principales líderes espirituales de una congregación son los ancianos, que también son llamados supervisores o pastores en el Nuevo Testamento. Los ancianos enseñan o predican la Palabra y pastorean las almas de aquellos bajo su cuidado (Efesios 4:11, 1 Timoteo 3: 2, 5:17, Tito 1: 9, Hebreos 13:17). Los diáconos también tienen un papel crucial en la vida y la salud de la iglesia local, pero su papel es diferente al de los ancianos. El papel bíblico de los diáconos es ocuparse de las necesidades físicas y logísticas de la iglesia para que los ancianos puedan concentrarse en su vocación primaria.

Esta distinción se basa en el patrón que se encuentra en Hechos 6: 1-6. Los apóstoles se dedicaron «a la oración y al ministerio de la palabra» (v. 4). Como esta era su vocación principal, se eligió a siete hombres para manejar asuntos más prácticos a fin de permitir a los apóstoles la libertad de continuar con su trabajo. Esta división del trabajo es similar a lo que vemos con los oficios de anciano y diácono. Al igual que los apóstoles, el papel principal de los ancianos es predicar la Palabra de Dios. Como los siete, los diáconos sirven a la congregación en cualquier necesidad práctica que pueda surgir.

LAS CALIFICACIONES DE DIÁCONOS

El único texto que menciona las calificaciones para los diáconos es 1 Timoteo 3: 8-13. En este pasaje, Pablo da una lista oficial pero no exhaustiva de los requisitos para los diáconos.

Las similitudes de las calificaciones para diáconos y ancianos(supervisores) en 1 Timoteo 3 son sorprendentes. Al igual que las calificaciones para los ancianos, un diácono no debe ser un adicto (v. 3), no codicioso de ganancia deshonesta (v. 3), irreprensible (v.2, Tito 1: 6), marido de una sola mujer (v .2), y un hábil administrador de sus hijos y de su hogar (vv. 4-5). Además, el enfoque de las calificaciones es el carácter moral de la persona que debe ocupar el cargo: un diácono debe ser maduro y sin reproche. La principal diferencia entre un anciano y un diácono es una diferencia en los dones y el llamado, no de carácter.

Pablo identifica nueve requisitos para los diáconos en 1 Timoteo 3: 8-12:

  1. Dignificado (v.8): Este término normalmente se refiere a algo que es honorable, respetable, estimado o digno, y está estrechamente relacionado con «respetable», que se otorga como una calificación para los ancianos (1 Timoteo 3: 2).
  2.  Sin doble lenguaje (v.8): Aquellos que son de doble lenguaje dicen una cosa a ciertas personas, pero luego dicen algo más a los otros, o dicen una cosa pero quieren decir otra. Son de doble cara y faltos de sinceridad. No se puede confiar en sus palabras, por lo que carecen de credibilidad.
  3.   No adicto a mucho vino (v.8): Un hombre queda descalificado para el oficio del diácono si es adicto al vino u otra bebida alcohólica. Tal persona carece de autocontrol y es indisciplinada.
  4.   No codicioso de ganancias deshonestas (v.8): Si una persona es amante del dinero, él no está calificado para ser diácono, especialmente porque los diáconos a menudo manejan asuntos financieros para la iglesia.
  5.  Sólido en la fe y la vida (v.9):   Pablo también indica que un diácono debe « guardar el misterio de la fe con una limpia conciencia». La frase «el misterio de la fe» es simplemente una forma en que Pablo habla del evangelio (1 Timoteo 3:16). En consecuencia, esta declaración se refiere a la necesidad de que los diáconos se mantengan firmes sin vacilar en el verdadero evangelio. Sin embargo, esta calificación no implica simplemente las propias creencias, ya que también debe tener estas creencias «con una limpia conciencia». Es decir, el comportamiento de un diácono debe ser coherente con sus creencias.
  6.  Irreprensible (v.10): Pablo escribe que los diáconos deben «ser sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles»(v. 10). «Irreprensible» es un término que se refiere al carácter general de una persona. Aunque Pablo no especifica qué tipo de pruebas se llevará a cabo, como mínimo, se deben examinar los antecedentes personales, la reputación y las posiciones teológicas del candidato. Además, la congregación no sólo debe examinar la madurez moral, espiritual y doctrinal de un posible diácono, sino que también debe considerar el historial de servicio de la persona en la iglesia.
  7.   Esposa piadosa (v.11):   Se debate si el versículo 11 se refiere a la esposa de un diácono o a una diaconisa. Por el bien de esta discusión, asumiremos que el versículo está hablando acerca de las calificaciones de la esposa de un diácono. Según Pablo, las esposas de los diáconos deben ser «honestas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo» (v. 11). Al igual que su esposo, la esposa debe ser digna o respetable. En segundo lugar, ella no debe ser una difamadora o una persona que se dedica a difundir chismes. La esposa de un diácono también debe ser sobria o moderada. Es decir, debe ser capaz de emitir buenos juicios y no debe involucrarse en cosas que puedan obstaculizar dicho juicio. Finalmente, ellas deben ser «fieles en todo» (véase también 1 Timoteo 5:10). Este es un requisito general que funciona de manera similar al requisito de que los ancianos sean «irreprensible» (1 Timoteo 3: 2; Tito 1: 6) y que los diáconos sean «irreprensible» (1 Timoteo 3:10).
  8.  Esposo de una sola esposa (v. 12):   La mejor interpretación de esta frase difícil es entender que se refiere a la fidelidad de un esposo hacia su esposa. Debe ser un «marido de una sola mujer». Es decir, no debe haber otra mujer en su vida a la que se relacione de forma íntima, ya sea emocional o físicamente.
  9.  Administre bien a sus hijos y el hogar (v. 12):   Un diácono debe ser el líder espiritual de su esposa e hijos.

En general, si  una calificación moral se enumera para los ancianos pero no para los diáconos, esa calificación todavía se aplica a los diáconos. Lo mismo ocurre con las calificaciones enumeradas para los diáconos, pero no para los ancianos. Por ejemplo, un diácono no debe ser de doble lenguaje (1Timoteo 3:8). Pablo no dice esto explícitamente sobre los ancianos, pero sin duda se aplica a los ancianos, ya que Pablo ha dicho que los ancianos deben estar «por encima de todo reproche», lo que incluiría esta prohibición.

Aún así, debemos observar las diferencias en las calificaciones, ya que o bien significan un rasgo que es particularmente apropiado para el titular del oficio para poder cumplir con sus funciones, o es algo que era un problema en el lugar donde Pablo escribe (en este caso, Efeso). Esto debería ser más claro a medida que consideramos las responsabilidades de un diácono.

LAS RESPONSABILIDADES DE LOS DIÁCONOS

Mientras que el oficio de anciano a menudo es ignorado en la iglesia moderna, el oficio del diácono a menudo es malentendido. Basado en el Nuevo Testamento, el papel del diácono es principalmente ser un servidor. La iglesia necesita diáconos que brinden apoyo logístico y material para que los ancianos puedan enfocarse en la Palabra de Dios y la oración.

El Nuevo Testamento no proporciona mucha información sobre el papel de los diáconos. Los requisitos dados en 1 Timoteo 3: 8-12 se enfocan en el carácter del diácono y la vida familiar. Sin embargo, hay algunas pistas sobre la función de los diáconos cuando se comparan sus requisitos con los de los ancianos. Aunque muchas de las calificaciones son las mismas o muy similares, hay algunas diferencias notables.

Tal vez la distinción más notable entre los ancianos y los diáconos es que los diáconos no necesitan ser «apto para enseñar» (1 Timoteo 3: 2). Los diáconos están llamados a «aferrarse» a la fe con una limpia conciencia, pero no están llamados a «enseñar» esa fe (1 Timoteo 3: 9). Esto sugiere que los diáconos no tienen un papel docente oficial en la iglesia.

Como los ancianos, los diáconos deben administrar bien su casa y sus hijos (1 Timoteo 3: 4, 12). Pero al referirse a los diáconos, Pablo omite la sección en la que compara el manejo de la casa propia con el cuidado de la iglesia de Dios (1 Timoteo 3: 5). La razón de esta omisión probablemente se deba al hecho de que a los diáconos no se les da una posición de gobierno o liderazgo en la iglesia, esa función pertenece a los ancianos.

Aunque Pablo indica que una persona debe someterse a prueba antes de que pueda desempeñar el cargo de diácono (1 Timoteo 3:10), no se incluye el requisito de que no puede ser un nuevo converso. Pablo señala que si un anciano  es un converso reciente «puede envanecerse de presunción» (1 Timoteo 3: 6). Una implicación relacionada con esta distinción podría ser que aquellos que tienen el oficio de ancianos son más susceptibles al orgullo porque poseen un liderazgo sobre la iglesia. Por el contrario, no es tan probable que un diácono, que está en un rol más siervo, caiga en este mismo pecado. Finalmente, el título «obispo» (1 Timoteo 3: 2) implica una supervisión general sobre el bienestar espiritual de la congregación, mientras que el título «diácono» implica a alguien que tiene un ministerio orientado al servicio.

Más allá de lo que podemos deducir de estas diferencias en las calificaciones, la Biblia no indica claramente la función de los diáconos. Sin embargo, basado en el patrón establecido en Hechos 6 con los apóstoles y los Siete, parece mejor ver a los diáconos como siervos que hacen lo que sea necesario para permitir que los ancianos cumplan con el llamado dado por Dios de pastorear y enseñar a la iglesia. Así como los apóstoles delegaron responsabilidades administrativas a los Siete, los ancianos deben delegar ciertas responsabilidades a los diáconos para que los ancianos puedan enfocar sus esfuerzos en otra parte. Como resultado, cada iglesia local es libre de definir las tareas de los diáconos en función de sus necesidades particulares.

¿Cuáles son algunos de los deberes que los diáconos podrían ser responsables hoy? Podrían ser responsables de cualquier cosa que no esté relacionada con la enseñanza y el pastoreo de la iglesia. Tales deberes pueden incluir:

  • Instalaciones: Los diáconos podrían ser responsables de administrar la propiedad de la iglesia. Esto incluiría asegurarse de que el lugar de adoración esté preparado para el servicio de adoración, la limpieza o el funcionamiento del sistema de sonido.
  • La benevolencia: Similar a lo que sucedió en Hechos 6: 1-6 con la distribución diaria a las viudas, los diáconos pueden estar involucrados en la administración de fondos u otra ayuda a los necesitados.
  • Finanzas: Mientras que los ancianos probablemente deberían supervisar el negocio financiero de la iglesia (Hechos 11:30), lo mejor es que los diáconos se encarguen de los asuntos cotidianos. Esto incluiría recopilar y contar las ofrendas, mantener registros, etc.
  • Ujieres: Los diáconos podrían ser responsables de distribuir boletines, sentar a la congregación o preparar los elementos para la santa cena.
  • Logística: Los diáconos deben estar disponibles para ayudar de diversas maneras, de modo que los ancianos puedan concentrarse en la enseñanza y el pastoreo de la iglesia.

CONCLUSIÓN

Mientras que la Biblia demanda a los ancianos las tareas de enseñar y dirigir la iglesia, el papel de los diáconos está más orientado al servicio. Es decir, deben cuidar de las preocupaciones físicas o temporales de la iglesia. Al manejar estos asuntos, los diáconos liberan a los ancianos para concentrarse en el pastoreo de las necesidades espirituales de la congregación.

Sin embargo, a pesar de que los diáconos no son los líderes espirituales de la congregación, su carácter es de suma importancia, razón por la cual los diáconos deben ser examinados y respetados por las calificaciones bíblicas establecidas en 1 Timoteo 3.


Traducido por Renso Bello.