Teología bíblica

La sana doctrina sirve para la vida en la iglesia (Parte 1)

Artículo
26.02.2015

Cuando era niño jugué durante varios años al baloncesto, al béisbol y al fútbol. Disfruté de todos ellos bastante a fondo aunque era un jugador bastante mediocre. Mi deporte favorito —si se puede llamar así— no debería sorprenderte: es el surf.

Es muy divertido compartir el surf con otros —especialmente con amigos y familiares—, pero el acto en sí mismo es básicamente individual. Una persona se sienta en la tabla, se dirige hasta una ola, se pone de pie, cabalga hacia la orilla y después repite esta secuencia tanto tiempo como su brazo pueda aguantar. Observar cómo otros atrapan buenas olas o —lo que más gusta a los surfistas— que otros te observen, enriquece la experiencia sin duda. Pero eso difícilmente lo convierte en un deporte de equipo.

Por otro lado, deportes como el baloncesto y el fútbol son intrínsicamente colectivos. Podemos colmar de dinero y elogios a nuestro escolta favorito o a la estrella goleadora, pero el juego se juega como equipo. Se gana o se pierde como equipo. No existe tal cosa como un equipo de un solo hombre.

He sacado esto a colación porque creo que muchos cristianos estadounidenses tratan su cristianismo más bien como surf en vez de como fútbol. Pensamos en nuestro caminar con el Señor como algo básicamente individual: Yo oro. Yo leo la Biblia. Yo asisto a una reunión de adoración para tener un encuentro con Dios y crecer en el conocimiento de la Escritura. Yo amo a mi prójimo. Yo comparto el evangelio con otros. Está claro que asistir a la iglesia y tener amigos cristianos nos beneficia. Pero lo que estructura nuestras prioridades, lo que define el perfil de nuestro discipulado, lo que usamos como sistema para tomar decisiones es —muy a menudo— simplemente Jesús y yo.

Pero la Escritura enseña que el cristianismo se parece mucho más a un deporte de equipo. Es verdad que cada uno de nosotros debe arrepentirse del pecado y confiar en Cristo para ser salvo (Ro. 10:9-10). Cada uno de nosotros dará cuentas a Dios de sí mismo (Ro. 14:10). Cada uno de nosotros es responsable por lo que hace (Gá. 6:5). Aun así —y a diferencia del surf— la naturaleza misma de la vida cristiana es colectiva.

  • Convertirse en cristiano significa ser añadido a la iglesia (Hch. 2:41).
  • Ser bautizado significa ser bautizado en el cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13).
  • Venir a la fe en Cristo significa ser traído cerca, no solo de Dios, sino del pueblo de Dios (Ef. 2:17-22).
  • Clamar a Dios como Padre y obedecerle significa tener a los cristianos como tus hermanos y hermanas (Mt. 12:46-50)

El crecimiento como cristiano es constantemente definido en términos colectivos. ¿Cuántos de los frutos del Espíritu (Gá. 5:22-23) puedes practicar tú solo en una isla desierta?

Seguiremos con la parte 2…

Bobby Jamieson es un estudiante PhD de Nuevo Testamento en la Universidad de Cambridge. Anteriormente sirvió como editor asistente para 9Marks. Puedes encontrarle en Twitter: @bobby_jamieson