Teología bíblica

La hermenéutica y la teología bíblica

Artículo
12.10.2014

En nuestro artículo anterior, donde introdujimos el concepto de teología bíblica, decíamos que, a diferencia de los diccionarios, que contienen un glosario de palabras ordenadas alfabéticamente e incomunicadas entre sí, la lectura de la Biblia debe ser integral. Cada versículo está cruzado y enlazado con los demás para entre todos dar el significado canónico de la revelación del único Dios vivo y verdadero. También hablamos sobre la necesidad y la autoridad de la Biblia. El hombre, al ser creado a imagen y semejanza de Dios, necesita la autoritativa e infalible revelación escrita de Dios para poder entender correctamente la realidad de este mundo. Y esto es importante a la luz de lo que vamos a tratar en este artículo. Nuestra visión de la Palabra de Dios, de Dios mismo, y del ser humano, juegan un papel fundamental en la interpretación del texto bíblico.

Usted lo crea o no, cada persona tiene una hermenéutica. Nadie puede negar el hecho de que en cada intento de leer la Biblia hay un ejercicio de interpretación, lo que técnicamente se llama hermenéutica. Los problemas vienen cuando nuestra hermenéutica niega lo que afirmamos sobre la Biblia. Muchas personas que se hacen llamar cristianas, leen e interpretan la Biblia en una forma que niega la verdad del texto y desmantelan su autoridad. Es común escuchar a individuos decir yo soy cristiano o cristiana, “pero no estoy de acuerdo con esto que dice la Biblia”. El problema es que quien dice eso automáticamente se coloca como autoridad por encima de la Palabra de Dios. Es por eso que si decimos que la Biblia es la revelación escrita de un ser infinito a seres finitos, y nos colocamos como críticos y evaluadores de dicha revelación, estamos diciendo que nosotros podemos ser jueces sobre Dios.

El famoso escritor inglés, C. S. Lewis reflexionando sobre las motivaciones de esa actitud, decía: “el hombre antiguo se acercaba a Dios como el acusado se acerca al juez. Pero para el hombre moderno [y postmoderno] los roles han sido reversados. Él es el juez, y Dios está en el banquillo de los acusados. En ese juicio es probable que Dios termine condenado. Pero lo importante es que en la realidad el hombre está en el banquillo y Dios es el Juez”. [1] Muchas veces el “problema hermenéutico” no es entender el significado del texto, sino la aplicación del mismo. Entienden lo que Dios dice en el texto, pero tratan de darle la vuelta al texto o justificarse ante el texto, porque en él, el Señor demanda algo que ellos no están dispuestos a obedecer. Y hay otros que leen la Biblia como si fuera un libro mágico que provee soluciones para problemas personales y terminan creando un “dios” que genera emociones y pasiones, pero no corrige, no enseña, no habla, y no salva.

En este sentido es bueno recordar la palabras de Dios a través del profeta Isaías: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Is. 55:8)”. Es por eso que afirmamos que la función del cristiano (una persona que se ha arrepentido de sus pecados y ha puesto su fe en la obra salvadora de Jesucristo), no es decidir qué acepta o qué no acepta de la Palabra de Dios, tampoco quitarle o añadirle (Dt. 4:2; Ap. 22:19), sino someterse a su autoridad con la ayuda del Espíritu Santo.

Pero también debemos ser cuidadosos entendiendo que no hacemos hermenéutica en el vacío. Vivimos en sociedades diversas donde interactuamos con diferentes cosmovisiones contrarias al texto bíblico. La mayoría de los miembros de nuestras iglesias no leen libros de filosofía, pero sí ven películas como “Avatar”, o series de televisión como “The Big Bang Theory”, o música de Joaquín Sabina o Lady Gaga, a través de las cuales son bombardeados con ideas panteístas, wiccas, naturalistas, unitarias, relativistas, y llenas de misticismo. [2] De ahí surgen múltiples formas de sincretismo que corrompen y distorsionan la Verdad escrita de Dios. Y es por tal razón, que muchas veces imponemos en el texto bíblico ideas y significados que no están en el texto. Nuestra interpretación debe ser intra-texto, no extra-texto; debe surgir del texto no venir de fuera del texto.

Con esto en mente, pasamos a discutir algunos puntos importantes para nuestra hermenéutica.

EL CARÁCTER PROGRESIVO DE LA REVELACIÓN DIVINA

Cuando nos referimos al carácter progresivo de la Palabra de Dios estamos diciendo que Dios no reveló su Palabra en un todo o completa en un momento específico de la historia, sino a través de hechos y acontecimientos sucesivos en la historia. La Biblia fue escrita a través de mucho siglos. El libro de Hebreos nos ayuda a entender la naturaleza progresiva de las Escrituras y su culminación en la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo. En Hebreos 1:1-2 leemos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Es importante entender que la revelación progresiva de Dios no debe ser vista como un proceso meramente lineal o mecánico, donde verdades son sumadas hasta completar una montaña de verdad. Más bien, debe ser vista como la progresión de la interpretación de eventos salvíficos que apuntan hacia el verdadero y perfecto evento de salvación (la cruz de Cristo). Las Escrituras fueron escritas con un nivel de auto-conciencia de los primeros textos apuntando a futuras revelaciones que complementarían la revelación dada. Primeras revelaciones esperaban otras revelaciones (ej.: Gn. 3:15; Dt. 18:15-22; 2 S. 7; Sal. 2, 110; Dn. 12:4; Mal. 4:2). Y esto es lo que hace la teología bíblica, estudiar y entender el desarrollo y la unidad de esta progresión a través del canon.

Esta progresión y unidad orgánica es lo que nos comunican los primeros versículos del libro de Hebreos: el Dios que llamó a Abraham y que se reveló a través de los profetas del Antiguo Testamento es el mismo Dios que se reveló en la Persona de Jesucristo, con un mismo mensaje de salvación. En resumen, en la persona de Cristo Dios ha concluido lo que Él empezó en los primeros tiempos. [3]

Es por este carácter progresivo que nosotros –al igual que los discípulos en Pentecostés– entendemos la resurrección de Cristo de manera más clara que aquellos a quienes se la explicaron antes de que ocurriera. En la medida en que la historia de redención se desarrolla con un mayor testimonio de la gloria de Dios, en la misma medida se va aclarando la interpretación de la misma. Nosotros vivimos en un marco teológico post-resurrección y pre-segunda venida. [4] Richard Lints lo dice de esta forma: “la revelación bíblica progresa porque refleja la naturaleza progresiva de redención, la historia del involucramiento de Dios en la redención de su pueblo a través de diferentes etapas de la historia”. [5]

TIPOLOGÍA, UN CONCEPTO IMPORTANTE EN LA HERMENÉUTICA

Uno de los medios a través de los cuales se desarrolla y se desencadena el plan histórico de redención es por medio de la tipología. El término viene de la palabra griega tupos que la Reina-Valera traduce como “figura” en Romanos 5:14. La tipología bíblica se refiere al estudio de tipos o figuras –personas, eventos e instituciones– en el Antiguo Testamento que Dios ordenó como prefiguraciones que apuntaban y tienen su cumplimiento en la persona y obra de nuestro Señor Jesucristo. [6] La primera persona o evento o institución es llamada tipo, mientras que la última es llamada anti-tipo. Lo menor apunta a lo mayor. Este concepto está relacionado con el tema promesa-cumplimiento y con la unidad orgánica de la Biblia. Lo primero tiene su cumplimiento en lo último. Es por esto que Cristo es llamado el verdadero Sacerdote. En Él se cumple lo que el sacerdote en el antiguo pacto representaba, el perdón de pecado de una vez y para siempre (Hebreos 8-10:18).

Otro ejemplo que la Biblia presenta de tipo y anti-tipo es el contraste Adán-Cristo. Adán es presentado como una figura de Cristo (Ro. 5-12-21; 1 Co. 5:21-49). Cristo a diferencia de Adán no pecó; y logra lo que Adán no pudo lograr, la salvación del pueblo de Dios (todo aquel que se arrepienta y crea en Él). Este tema de la tipología es un poco más largo, pero aquí solo lo estamos introduciendo; lo desarrollaremos en futuros artículos cuando discutamos el tema de los pactos. Antes de pasar a nuestro próximo punto es importante enfatizar lo siguiente: la tipología no es alegoría o paralelismo. Hay personas que por su deseo de ver a Cristo en el Antiguo Testamento, desarrollan figuras de Cristo donde la Biblia no lo enseña. La tipología bíblica está enraizada en realidades históricas mostradas en el texto bíblico, que tienen su culminación en la persona y obra de Cristo Jesús, con la correspondiente referencia en el Nuevo Testamento.

LOS TRES CONTEXTOS DE INTERPRETACIÓN

En círculos cristianos se reconoce la importancia del contexto en la interpretación del texto. Por esto la conocida expresión que dice: “todo texto usado sin contexto es un pretexto”. El mismo texto bíblico nos enseña como un texto puede ser abusado de la manera más perversa posible. Un ejemplo es la tentación de Cristo por parte de Satanás en el desierto (Mt. 4:1-11). El diablo citó varios textos del Antiguo Testamento para tratar de parar la obra perfecta de nuestro Señor Jesucristo. Esto nos enseña que Satanás puede usar la verdad si esta le sirve para sus propósitos; pero es un uso manipulador de la verdad. De ahí la importancia del contexto.

El diccionario define contexto como el entorno del cual depende el sentido y el valor de una palabra. Es por eso que decimos que la Biblia no se puede leer como un diccionario, y ahí la importancia de una clara teología bíblica que nos ayude a entender un determinado texto a la luz del evangelio y del plan histórico de redención. Hay personas que no están familiarizadas con el texto bíblico y en ocasiones abren un libro cualquiera y empiezan a leer en medio de cualquier capítulo. Lo irónico es que esa misma persona no lee una carta o un email de esa forma, y tampoco empieza a leer una noticia en el periódico por el cuarto o el quinto párrafo. Pero sí lo hace con la Biblia.

Es por esto que decimos que entender el contexto es una parte vital de la hermenéutica. Y en términos de la hermenéutica bíblica no es solo necesario entender el contexto inmediato, sino también el contexto histórico y el contexto canónico. En lo que queda de este artículo introduciremos los tres contextos [7] que nos permitirán hacer una teología bíblica correcta, y así poder entender lo que el Señor nos comunica a través de su Palabra. Es fundamental que tomemos cada contexto de manera seria, si queremos entender el texto bíblico de manera correcta.

El contexto inmediato

El contexto inmediato busca interpretar y entender lo que el autor humano quiso comunicarle a su primera audiencia a través de ese texto y, por lo tanto, cuál es el mensaje que Dios comunicó a través del autor humano antes de que saquemos cualquier aplicación para nosotros hoy día. Es importante recordad dos en este punto: primero, La Biblia tiene diversos autores, pero al mismo tiempo solo tiene un Autor (Dios); y segundo, recuerde que el texto originalmente no fue escrito a un grupo de personas en Lima o Barcelona o Santo Domingo en el siglo XXI, sino que fue primeramente escrito a un grupo de creyentes en un momento específico de la historia y en una cultura muy particular. De ahí la importancia de entender el contexto cultural-histórico en que el texto fue originalmente escrito. Por ejemplo: Nosotros no podemos leer Ezequiel 34 hablando de los malos pastores y decir que se estaba dirigiendo a los rabinos de la sinagoga; en ese momento no existían las sinagogas. Lo mismo que el libro de Romanos. Si no entendemos la situación de la Iglesia en Roma después de la muerte del emperador Claudio es muy probable que no entendamos muy bien por qué Pablo hace tanta referencia a “judíos y griegos”.

En el contexto inmediato también es fundamental entender el genero literario que se esta usando. Usted no lee una poesía repleta de metáforas e hipérboles de la misma forma en que usted lee una biografía de José Martí o Máximo Gómez. Así mismo usted no puede leer un poesía bíblica (ej. Eclesiastés) como usted lee una narrativa histórica (ej.1 Reyes); o leer una carta (ej. Efesios) como usted lee literatura apocalíptica (ej. Apocalipsis). No nos podemos preguntar qué significa esto para nosotros, sin antes preguntarnos qué significó esto para sus primeros lectores. Y para esto necesitamos estudiar la estructura literaria del texto, las figuras literarias empleadas, las referencias culturales y el tipo de lenguaje que el autor está empleando. Cualquier texto sobre hermenéutica cubre estos puntos. Lo que nos lleva a nuestro segundo contexto.

El contexto histórico

Como dijimos anteriormente, el texto bíblico no nos fue dado en un solo momento de la historia. Dios, en su soberanía y sabiduría, fue revelando su plan de salvación de manera progresiva a través de la historia hasta culminar en la persona y obra de Cristo Jesús. Su revelación fue progresando en diferentes épocas de la historia de redención. Estas épocas no representan cambios de planes de parte de Dios, más bien nos apuntan hacia la naturaleza progresiva del plan de redención, y es por eso que existe una unidad orgánica entre cada una de estas épocas. [8] Es por ello que debemos leer un texto a la luz de la revelación que le precedió. Por ejemplo, no podemos leer el llamado de Abraham sin tener presente lo que pasó antes (e.g. La Caída y el pacto con Noé).

Esto significa que cuando leemos un texto, debemos buscar y entender en qué momento del plan histórico de redención reveló Dios este texto. Esto no significa que debamos saber la fecha en específico del texto, sino saber en qué contexto histórico se dio y bajo qué pacto. Por ejemplo, la situación de Adán es muy diferente antes de la Caída (Gn. 3) que después de la Caída. Tampoco es igual leer un texto del Antiguo Pacto que del Nuevo Pacto. Geerhardus Vos decía –de manera acertada– que la progresión histórica del proceso de revelación se manifiesta más claramente en las diferentes épocas registradas en las Escrituras. [9]

Un buen ejemplo del contexto histórico es la hermenéutica del apóstol Pablo en Romanos 4. En este capítulo el apóstol dice que Abraham sirve como ejemplo, tanto para judíos como griegos, de que somos justificados por gracia a través de nuestra fe en Cristo. Pablo prueba su argumento citando Gn. 15:6 donde Dios declara a Abraham justo en base a su fe en la promesa de Dios. Algunos judíos a lo interno de la iglesia argumentaban que la justificación de Abraham estaba ligada al acto de la circuncisión (salvación por obras). Pero el apóstol le corrige y le dice: ¡no! Abraham fue justificado por fe, fíjense que él es justificado en Génesis 15 y la circuncisión se da en Génesis 17. O sea que él fue justificado por creer la promesa de Dios, no por la circuncisión. En resumen, Romanos 4 nos enseña que para poder sacar conclusiones bíblicamente correctas, debemos interpretar los textos teniendo en cuenta qué viene antes y después de ellos. [10]

El contexto canónico

El contexto canónico enfatiza la importancia de leer e interpretar los textos a la luz de toda la Biblia. La interpretación de un versículo en particular no puede ser contraria a lo que leemos en el resto del canon (39 libros del A.T. y 27 del N.T.). El Dios que se reveló en el Éxodo y en los Salmos es el Verbo hecho carne (Juan 1:14), y el mismo Dios que el apóstol Pedro llama el Príncipe de los pastores (1 P. 5:4). Hay versículos que por sí solos quizás no tienen sentido para nosotros hoy día, pero cuando los leemos a la luz de toda la revelación sí los entendemos. En este punto es importante recordar la naturaleza progresiva de las Escrituras y el tema promesa-cumplimiento que vemos a través de la historia de redención.

Graeme Goldsworthy lo dijo de esta forma: “la conclusión lógica es que si la unidad de la Biblia tiene algún significado, el contexto correcto de un texto bíblico es la Biblia entera. Cualquier texto en particular tendrá mayor significado no solo cuando se relacione con su contexto inmediato, sino también cuando se relacione con todo el plan de redención revelado en toda la Biblia”. [11]

CONCLUSIÓN

En este artículo hemos introducido algunos conceptos hermenéuticos que nos permiten desarrollar una teología bíblica que busca interpretar todo el consejo de Dios a la luz del evangelio de Cristo Jesús. La naturaleza de los tres primeros artículos es un poco más conceptual, pero es lo que nos permitirá desglosar de una forma bíblica los diferentes pactos y cómo estos nos ayudan a tener un mejor entendimiento de la unidad de la Palabra de Dios y poder ver a través de ella la belleza, la gloria y la dulzura del Dios vivo y verdadero.

Nuestra oración es que a través de estos artículos –con la ayuda del Espíritu Santo– podamos entender y conocer mejor al Dios revelado en la Biblia, y así poder amarle más.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

[1] Lewis, C. S., God in the Dock, Essays on Theology and Ethics, (Grand Rapids: Michigan, W. B. Eerdmans Publishing Company, 1970), 244; traducción nuestra.
[2] En este artículo, por un asunto de espacio, no podemos discutir todo el tema filosófico y su impacto en la hermenéutica. Para una buena introducción lea los capítulos 2 y 3 del libro Amordazando a Dios de D. A. Carson.
[3] O’brien, Peter T., The Letter to the Hebrews, The Pillar New Testament Commentary, (Eerdmans, 2010), 48
[4] Lints, Richard, The Fabric of Theology, A Prologomenon to Evangelical Theology, 77
[5] Ibid., 262
[6] Davidson, Richard M., Typology in Scripture, A study of hermeneutical τύπος structures, (Andrews University Press, 1981), 95-111 y 397-408
[7] Esta idea de 3 contextos es una modificación de lo que Richard Lints, en su libro “The Fabric of Theology,” llama los 3 horizontes: textual, epochal y canonical. Nosotros solo hemos cambiado los términos, los conceptos y la ideas son la misma.
[8] Estas épocas son mejor entendidas en relación a los pactos bíblicos y esto es algo que estaremos desarrollando en los próximos artículos.
[9] Vos, Geerhardus, Biblical Theology, (The Banner of Truth, 1992, First Edition-1948), 16
[10] Stephen Wellum & Peter Gentry usan este mismo ejemplo en su libro “Kingdom through Covenant” (Crossway, 2012), 97-8.
[11] Goldsworthy, Graeme, Gospel and Kingdom, (Paternoster Press, 1981), 31

Edgar R. Aponte es el Director de Desarrollo de Liderazgo Hispano en el Southeastern Baptist Theological Seminary en Wake Forest, NC donde cursa su Ph.D. en Teología Sistemática, y donde vive junto a su esposa y dos hijos. Edgar puede ser seguido en Twitter: @EdgarRAponte