Teología bíblica

Introducción a la predicación y a la teología bíblica

Artículo
16.08.2017

Nota del editor: En esta serie de artículos, el Dr. Schreiner comparte qué significa estar llamado a presentar todo el consejo de Dios y cómo pueden los predicadores usar la teología bíblica para cumplir con esa gran responsabilidad.

 

DIAGNÓSTICO: EL PROBLEMA CON MUCHO DE LA PREDICACIÓN DE HOY

En el marco de la asociación de iglesias a la que pertenezco, la Convención Baptista del Sur, la batalla por la inerrancia de la Escritura puede haberse ganado. Sin embargo, ni nosotros, ni otras iglesias o denominaciones evangélicas que han ganado batallas similares debemos felicitarnos muy pronto. Las iglesias conservadoras pueden abrazar la inerrancia de la Escritura, pero en la práctica todavía niegan la suficiencia de la Palabra de Dios. Podemos decir que la Biblia es la inerrante Palabra de Dios, y aun así dejar de proclamarla fielmente desde nuestros púlpitos.

De hecho, hay un hambre por la Palabra de Dios en muchas iglesias evangélicas hoy. La serie de sermones característica lleva en sus títulos series de televisión. La predicación a menudo se concentra en medidas para un matrimonio feliz o cómo criar hijos en nuestra cultura. Los sermones sobre asuntos de familia, por supuesto, son relevantes y necesarios, pero dos problemas surgen con frecuencia. En primer lugar, lo que las Escrituras dicen acerca de estos temas se descuida a menudo. ¿Cuántos sermones has escuchado sobre el matrimonio fiel y que urgentemente establecen lo que Pablo dice acerca de los roles del hombre y la mujer (Ef. 5:22)? ¿O nos avergonzamos por lo que dicen las Escrituras?

En segundo lugar, lo que es más grave, tales sermones son casi siempre predicados en el plano horizontal. Ellos se convierten en los ganchos semanales de la congregación y la cosmovisión teológica que impregna la Palabra de Dios y que es el fundamento de toda la vida, pasa desapercibido. Nuestros pastores se han convertido en moralistas, dando consejos de cómo vivir una vida feliz semana tras semana.

Muchas congregaciones no se dan cuenta de lo que está sucediendo porque la vida moral que esas predicaciones elogian concuerda, al menos en parte, con las Escrituras. Habla a las aparentes necesidades de creyentes tanto como no creyentes.

Los pastores también creen que deben llenar sus sermones con historias e ilustraciones, de manera que las anécdotas fortalezcan los puntos morales. Todo buen predicador usa ilustraciones. Pero los sermones pueden llegar a estar tan llenos de historias que han quedado privados de toda teología.

He oído a evangélicos decir con mucha frecuencia que las iglesias evangélicas lo están haciendo bien con respecto a la teología porque las congregaciones no se están quejando de lo que se les enseña. Esta observación es bastante aterradora. Nosotros como pastores tenemos la responsabilidad de anunciar «todo el consejo de Dios» (Hch. 20:27). No podemos depender del sentir de la congregación para determinar si estamos cumpliendo con nuestra vocación. Tenemos que confiar en lo que las Escrituras demandan. Puede darse el caso que una congregación no ha sido enseñada con seriedad en la Palabra de Dios, de modo que no se dan cuenta de cómo nosotros, los pastores, estamos fallando.

Pablo nos advierte que «entraran en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño» (Hch. 20:29). Y en otros lugares dice que «vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias» (2 Ti. 4:3). Si evaluamos nuestra predicación por lo que desea la congregación, podemos estar cocinando una receta para obtener herejía. No estoy diciendo que nuestras congregaciones sean heréticas, sólo que la palabra de Dios y no la opinión popular debe ser la prueba de nuestra fidelidad. Es el llamado de los pastores alimentar el rebaño con la Palabra de Dios, no complacer a las personas con lo que desean escuchar.

Muy a menudo nuestras congregaciones están mal formadas por aquellos que predicamos. Piensa en lo que ocurre cuando le damos de comer a la congregación una dieta constante de predicación moralista. Los niños pueden aprender a ser amables, a perdonar, a amar y a ser un buen marido o esposa (¡todas cosas buenas por supuesto!). Su corazón puede ser motivado y aun edificado. Pero en la medida en que el fundamento teológico se descuida, el lobo de la herejía se disimula cada vez más y se acerca con gran peligro. ¿Cómo? No porque el pastor mismo sea herético. Él puede ser plenamente fiel y ortodoxo en su teología. Sin embargo, infiere teología en todas sus predicaciones, pero descuida el predicar a su congregación la historia y teología de la Biblia. En la próxima generación o dos, por lo tanto, la congregación sin querer y sin saberlo, instala a un pastor más liberal. Este nuevo pastor también predica que la gente debe ser buena, amable y amorosa. También recalca la importancia de un buen matrimonio y relaciones dinámicas. La gente de las bancas no puede discernir la diferencia, ya que su teología suena como la teología conservadora del pastor que lo precedió. Y en un sentido es así, porque el pastor conservador nunca proclamó o predicó su teología abiertamente. El pastor conservador cree en la inerrancia de la Escritura pero no en su suficiencia, porque no proclamó todo lo que las Escrituras enseñan a su congregación.

Nuestra ignorancia de la teología bíblica surge a la superficie constantemente. Dos veces en el curso de los últimos diez años (una de ellas en un gran estadio con un orador cuyo nombre no recuerdo) vi al predicador invitar a las personas al altar. El sermón en el estadio estaba destinado a ser un sermón evangelístico, pero puedo decir honestamente que el evangelio no fue proclamado en absoluto. Nada se dijo acerca de Cristo crucificado y resucitado, o por qué él había sido crucificado y había resucitado. Nada se dijo acerca de por qué la fe salva en lugar de las obras. Miles de personas pasaron al altar, y sin duda se registraron debidamente como conversiones. Pero rasco mi cabeza y me pregunto qué realmente estaba sucediendo. Oré para que por lo menos algunos de ellos se hubieran convertido realmente, tal vez porque ya conocían el contenido del evangelio por haberlo escuchado en otras ocasiones. Lo mismo es cierto en un servicio en la iglesia donde estuve. El predicador extendió una invitación para «pasar al altar» y «ser salvo», pero no les dio ninguna explicación del evangelio.

Esta predicación puede llenar nuestras iglesias con no convertidos, lo que es doblemente peligroso: se les ha garantizado por los pastores que se han convertido y no pueden perder su salvación, pero están aún perdidos. Después, desde ese día en adelante, estas mismas personas son exhortados semana tras semana con el nuevo evangelio para estos tiempos postmodernos: se bueno.

 

DESCUBRIMIENTO: ¿QUÉ ES LA TEOLOGÍA BÍBLICA?

La solución a los problemas de la predicación superficial descritos en la primera parte es muy sencilla: los pastores deben aprender a utilizar la teología bíblica en su predicación. Sin embargo, aprender a hacer esto nos obliga a preguntar, ¿qué es la teología bíblica?

 

Teología bíblica y sistemática

La teología bíblica, a diferencia de la teología sistemática, se centra en la historia bíblica. La teología sistemática, aunque está sustentada por la  teología bíblica, es intemporal. Don Carson afirma que la teología bíblica está más cerca del texto que la teología sistemática, apunta a lograr una verdadera sensibilidad con respecto a la especificidad de cada cuerpo, y busca conectar los diversos cuerpos utilizando sus propias categorías. Por lo tanto, lo ideal es la teología bíblica que se erige como una especie de puente entre la exégesis y la teología sistemática responsable (aunque cada una de estas influye inevitablemente las otras dos).[1]

En otras palabras, la teología bíblica se limita más conscientemente al mensaje del texto o cuerpo en consideración. Esta pregunta qué temas son centrales a los escritores bíblicos en su contexto histórico, así como los intentos de descubrir la coherencia de esos temas. La teología bíblica se centra en la historia de la Escritura, el desarrollo del plan de Dios en la historia de la redención. Como vamos a examinar más detenidamente en la parte 3, esto significa que debemos interpretar y predicar cada texto en el contexto de su relación con el conjunto de la historia bíblica.

La teología sistemática, por otra parte, plantea preguntas sobre el texto que reflejan las preguntas o inquietudes filosóficas de la época. También puede, al final, explorar los temas que están implícitos en escritos bíblicos pero que no reciben atención sostenida en el texto. Aun así, debe ser evidente que toda la teología sistemática digna de este nombre se basa en la teología bíblica.

El acento peculiar de la teología bíblica, como Brian Rosner observa, es que «permite que el texto bíblico establezca la agenda».[2] Kevin Vanhoozer articula el papel específico de la teología bíblica al decir que «la “teología bíblica” es el nombre de un método de interpretación de la Biblia en la que se supone que la Palabra de Dios es textualmente mediada a través de las diversas obras literarias, e históricamente condicionada a las palabras de los seres humanos»[3] o «de manera más positiva, la teología bíblica corresponde a los intereses de los propios textos».[4]

Carson expresa bien la contribución de la teología bíblica: idealmente, la teología bíblica, como su nombre lo indica, incluso en momentos en los que funciona por inducción de los diversos textos de la Biblia, trata de descubrir y articular la unidad de todos los textos bíblicos en su conjunto, recurriendo principalmente a las categorías de los propios textos. En este sentido, es teología bíblica canónica, teología bíblica de toda la Biblia.[5]

La teología bíblica puede limitarse a la teología del Génesis, el Pentateuco, Mateo, Romanos o incluso a la totalidad de los escritos de Pablo. Sin embargo también puede comprender todo el canon de la Escritura, en la que se integra la trama de las Escrituras como un todo. Muy a menudo los predicadores expositivos se limitan a Levítico, Mateo o Apocalipsis sin considerar el lugar que ocupan en la historia de la redención. Así aíslan una parte de la Escritura de otra, y por lo tanto predican de manera dividida en lugar de proclamar todo el consejo de Dios. El Dr. Gerard Hasel enfatiza que tenemos que hacer teología bíblica de manera que «hagamos justicia a todas las dimensiones de la realidad a la que los textos bíblicos atestiguan».[6] Tal teología no es simplemente la tarea de profesores del seminario, ¡es la responsabilidad de cada predicador de la Palabra!

Meditemos una vez más sobre las diferencias entre la teología bíblica y la sistemática para lo cual Carson traza la línea.[7] La teología sistemática considera la contribución de la teología histórica, y, por ende, las fuentes de la labor de Agustín, Aquino, Lutero, Calvino, Edwards y un sinnúmero de otros a la hora de formular la enseñanza de la Escritura. La teología sistemática busca hablar la Palabra de Dios directamente a nuestro entorno cultural y nuestros días. Entonces, obviamente, cualquier buen predicador debe tener sus raíces en la teología sistemática para hablar con una profunda y poderosa palabra a sus contemporáneos.

La teología bíblica es más inductiva y fundamental. Carson afirma con razón que la teología bíblica es una «mediación», en tanto que la teología sistemática es un «proceso que culminó en disciplina». Podemos decir, entonces, que la teología bíblica es el intermedio, funcionando como un puente entre el estudio histórico y literario de la Sagrada Escritura y la teología dogmática.

La teología bíblica, entonces, funciona desde el texto en su contexto histórico. Eso no quiere decir que la teología bíblica es puramente neutra u objetiva. La noción de que podemos separar perfectamente lo que significa de lo que pretende, como afirma Krister Stendahl, es una quimera. Scobie dice lo siguiente acerca de teología bíblica:

«Sus afirmaciones, basadas en un compromiso de fe cristiano, incluyen la creencia de que la Biblia transmite la revelación divina, que la Palabra de Dios en la Escritura constituye la regla de fe y vida cristiana, y que todo el diverso material en el Antiguo y Nuevo Testamento puede, de alguna manera, relacionarse con el plan y propósito del Dios de la Biblia. Este tipo de teología bíblica se sitúa entre lo que la Biblia “pretende” y lo que “significa”».[8]

Se desprende, entonces, que la teología bíblica no se limita sólo al Nuevo Testamento o al Antiguo Testamento, sino que considera ambos Testamentos juntos como la Palabra de Dios. De hecho, la teología bíblica trabaja la noción de que el canon de la escritura funciona como la norma, y, por tanto, ambos Testamentos son necesarios para descubrir la teología de las Escrituras.

 

Equilibrio entre el Antiguo y el Nuevo Testamento

Existe una maravillosa dialéctica entre el Antiguo y el Nuevo Testamento al hacer teología bíblica. El Nuevo Testamento representa la culminación de la historia de la redención iniciada en el Antiguo Testamento, y por lo tanto la teología bíblica es, por definición, una teología narrativa. Captura la historia de las obras salvíficas de Dios en la historia. El desarrollo histórico de lo que Dios ha hecho puede ser descrito como la historia de la salvación o historia de la redención.

También es útil considerar las Escrituras desde el punto de vista de promesa y cumplimiento: lo que se prometió en el Antiguo Testamento es cumplido en el Nuevo Testamento. Debemos tener cuidado de borrar la particularidad histórica de la revelación del Antiguo Testamento para erradicar el contexto histórico en que nació. Por otro lado, tenemos que reconocer el progreso de la revelación del Antiguo Testamento en el Nuevo. El progreso de la revelación reconoce el carácter preliminar del Antiguo Testamento y la palabra definitiva que viene en el Nuevo Testamento. Decir que el Antiguo Testamento es preliminar no anula su función primordial, pero sólo podemos entender el Nuevo Testamento cuando hemos comprendido el significado del Antiguo Testamento, y viceversa.

Algunos se resisten a abrazar la tipología, pero este tipo de enfoque es fundamental en la teología bíblica, ya que es una categoría empleada por los escritores bíblicos. ¿Qué es la tipología? La tipología es el divino propósito de establecer correspondencias entre los eventos, personas y las instituciones en el Antiguo Testamento y su cumplimiento en Cristo en el Nuevo Testamento,[9] como cuando Mateo se refiere en su Evangelio al regreso de Egipto de María, José y Jesús en el lenguaje de la salida de Israel de Egipto (Mt. 2:15; Ex. 4:22-23; Os. 11:1). Por supuesto, no sólo autores del Nuevo Testamento observan estas «correspondencias divinas», autores del Antiguo Testamento también lo hacen. Por ejemplo, Isaías y Oseas al predecir un nuevo éxodo que tomó como modelo el primer éxodo. De la misma manera, el Antiguo Testamento espera un nuevo David, que será aún mayor que el primer David. Podemos ver en el Antiguo Testamento, entonces, una escalada en la tipología, por lo que el cumplimiento de este tipo siempre es mayor que el propio tipo. Jesús no es sólo un nuevo David, sino el mayor David.

La tipología reconoce un patrón divino y un propósito en la historia. Dios es el autor final de la Escritura – la historia es un drama divino. Y Dios conoce el fin desde el principio, de modo que los lectores pueden ver esbozos de su cumplimiento en el Antiguo Testamento.

 

DIRECCIÓN: ¿CÓMO HACER TEOLOGÍA BÍBLICA CUANDO PREDICAS?

Cuando se predican las Escrituras es de vital importancia entender el rumbo que el libro que estamos estudiando tiene en el tiempo de la historia de redención. Con el riesgo de simplificar demasiado, afirmaremos que hacer buena teología bíblica cuando predicamos consta de dos pasos básicos: mirar hacia atrás y, entonces, mirar el conjunto.

 

Mirar atrás – teología antecedente

Walter Kaiser nos recuerda que debemos considerar la teología antecedente de cada libro mientras predicamos las Escrituras.[10]

Por ejemplo, cuando nos predican del libro del Éxodo, apenas se interpreta el mensaje del Éxodo correctamente si lo leemos fuera de su contexto precedente. Y el anterior contexto de Éxodo es el mensaje transmitido en el Génesis. Aprendemos en el Génesis que Dios es el Creador de todas las cosas, y que hizo a los seres humanos a su imagen, por lo que los seres humanos extenderían los mandatos del Señor en todo el mundo. Adán y Eva, sin embargo, fallaron en confiar en Dios y obedecer el mandato divino. La creación fue seguida por la caída, introduciendo la muerte y la miseria en el mundo. Sin embargo, el Señor prometió que la victoria final vendría a través de la simiente de la mujer (Gn. 3:15). Se produciría un intenso conflicto entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Pero prevalecería el primero. Podemos ver en el resto del Génesis la batalla entre la descendencia de la mujer y la simiente de la serpiente, y nos enteramos de que la semilla de la serpiente es muy poderosa: Caín mató a Abel; los impíos abruman a los justos hasta que sólo Noé y su familia sobreviven; los seres humanos conspiran para hacer un nombre para sí mismos en la construcción de la torre de Babel. Aun así, el Señor sigue siendo soberano. Él juzga a Caín. Destruye todo excepto a Noé y su familia en el diluvio. Y frustra los designios de los seres humanos en Babel.

El Señor hace un pacto con Abraham, Isaac y Jacob, en el que promete que la victoria prometida en Génesis 3:15 vendrá a través de sus descendencias. El Señor conceda a las descendencias la tierra y bendición universal. Génesis se enfoca especialmente en la promesa de las descendencias. En otras palabras, Abraham, Isaac y Jacob no poseen la tierra de la promesa, ni bendicen al mundo entero durante su generación. Pero Génesis concluye con el relato de los doce hijos que el Señor concede Jacob.

Por lo tanto, ¿cómo es que esta «teología antecedente» del Génesis es crucial para la lectura del libro del Éxodo? Es fundamental, porque cuando Éxodo se abre con Israel multiplicado excesivamente, de inmediato reconocemos que la promesa a Abraham de muchos descendientes en Génesis se está cumpliendo. No sólo eso, pensando por Génesis 3, nos damos cuenta de que Faraón es la simiente de la serpiente, mientras que Israel representa la simiente de la mujer. El intento del Faraón de matar a todos los bebés de sexo masculino representa los diseños de la simiente de la serpiente, la batalla entre las simientes, que se predijo en Génesis, continúa.

En la tarea de seguir a través del Éxodo y en el resto del Pentateuco, podemos ver que la liberación de Israel de Egipto y la promesa de conquistar Canaán también representa un cumplimiento del pacto de Jehová con Abraham. La promesa de la tierra ahora está comenzándose a cumplir. Por otra parte, Israel ahora funciona, en cierto modo, como un nuevo Adán en una nueva tierra. Igual que Adán se van a vivir en fe y obediencia en el lugar que el Señor les ha dado.

Si tuviéramos que leer Éxodo sin haber sido informados del mensaje antecedente de Génesis, no podríamos percibir la importancia de la historia. Queremos leer el texto aparte de su contexto, y caemos víctimas de una lectura arbitraria.

La importancia de la teología antecedente es evidente en todo el canon, y tenemos que contentarnos con algunos otros ejemplos. Por ejemplo:

  • La conquista de Josué debe interpretarse a la luz del pacto con Abraham, para que la posesión de Canaán sea entendida como el cumplimiento de la promesa a Abraham.
  • Por otra parte, el exilio del reino del norte (722 a.C.) y el reino del sur (586 a.C.) profetizada en los profetas y en varios libros representa el cumplimiento de las maldiciones del pacto de Levítico 26 y Deuteronomio 27-28. Si los predicadores y congregaciones no conocen la teología antecedente del pacto mosaico y las maldiciones descritas en ese pacto, apenas serán capaces de discernir la importancia de que ambos, Israel y Judá, fuesen enviados al exilio.
  • La promesa del nuevo David refleja el pacto con David que su dinastía duraría para siempre.
  • El Día del Señor, el cual es tan prominente en los profetas, debe ser interpretado a la luz de la promesa hecha a Abraham.

 

Y lo mismo es cierto en el Nuevo Testamento, por supuesto.

  • Apenas podemos comprender la importancia del reino de Dios en los Evangelios sinópticos si no conocemos la historia del Antiguo Testamento, o ignoramos los pactos de Dios y las promesas a Israel.
  • La importancia de que Jesús es el Mesías, el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios tiene todas sus raíces en la revelación anterior.
  • El libro de los Hechos, según el mismo Lucas indica en su introducción, es una continuación de lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar, y por lo tanto se informó de ambas fuentes, el Antiguo Testamento y el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús.
  • Las epístolas se fundamentan también en la gran obra de salvación realizada por Jesucristo, y clarifican y aplican el mensaje de salvación y el cumplimiento de las promesas de Dios a las iglesias establecidas.
  • Por último, el Apocalipsis tiene sentido como la culminación de la historia. No es sólo un poco al final para proporcionar a algunos algo de emoción con los tiempos del fin. Las numerosas alusiones al Antiguo Testamento demuestran que el Apocalipsis se esboza en el contexto de la revelación del Antiguo Testamento. Tampoco tendría el libro ningún sentido a menos que uno no vea que está como la culminación de todo lo que Jesucristo enseñó e hizo.

Esto no quiere decir que la historia de la redención tiene la misma importancia en todos los libros del canon. Podríamos pensar en los libros de sabiduría como Cantar de los Cantares, Job, Eclesiastés, Proverbios y Salmos. Sin embargo, incluso en estos casos, los autores bíblicos presuponen las verdades fundamentales de la creación y la caída en el Génesis, así como el rol especial de Israel como pueblo del pacto de Dios. A veces incluso articulan este papel, como cuando en los Salmos se refieren a la historia de Israel. Aun así, se nos recuerda de la diversidad del canon, y reconocemos que no todas las piezas de la literatura tienen la misma función.

La verdad principal para los predicadores es que se debe predicar de tal manera que puedan integrar sus sermones en la mayor historia bíblica, la historia de la redención. Quienes se sientan a escuchar las predicaciones tienen que ver el panorama general de lo que Dios ha hecho, y de la manera en que cada parte de la Escritura contribuye a la calidad de esa imagen. Lo cual nos lleva a…

 

Mirar el conjunto – predicación canónica

Como predicadores, no debemos limitarnos sólo a la teología antecedente. También debemos considerar el conjunto de la Escritura, el testimonio canónico que tenemos ahora en el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Si sólo nos predican teología antecedente, no trazaremos con precisión la Palabra de Verdad; ni podremos presentar el mensaje del Señor a la gente de nuestros días.

Cuando predicamos de los primeros capítulos del Génesis, entonces, también debemos proclamar que la simiente de la mujer es Jesucristo, y que la caída de la creación en inhabilidad se invierte a través de la obra de Jesucristo (Ro. 8:18). Nuestros oyentes deben ver que la vieja creación no tiene la última palabra, sino que hay una nueva creación en Cristo Jesús. Debemos mostrarles en el libro de Apocalipsis que el final es mejor que el principio, y que las bendiciones de la creación original serán mucho mayores (por así decirlo) en la nueva creación.

Así también, ¿qué podemos decir como predicadores cuando predicamos de Levítico si no lo predicamos a la luz del cumplimiento que ha llegado en Jesucristo? No cabe duda de que debemos proclamar que los sacrificios del Antiguo Testamento se han cumplido en la obra de Jesucristo en la cruz.

Además, la normativa relativa a las leyes de la alimentación y la limpieza deben interpretarse canónicamente, para que se entienda que el Señor no nos llama a seguir las leyes de la alimentación o la limpieza. Estos reglamentos apuntan a algo más: a la santidad y la nueva vida que estamos viviendo como los creyentes (1 Co. 5:6; 1 P. 1:15).

Tampoco es el caso que los creyentes estén todavía bajo la ley mosaica, ya que el Nuevo Testamento lo enseña claramente, (Gá. 3:15 – 4:7; 2 Co. 3:7). El antiguo pacto fue destinado a estar en vigor durante un período determinado de la historia de la salvación. Ahora que el cumplimiento en Cristo ha comenzado, ya no estamos bajo el pacto que el Señor ha instituido con Israel. Por lo tanto, es un error pensar que las leyes vinculantes para Israel como una nación deberían servir como paradigma de los estados-nación en la actualidad, según promulgada por los reconstruccionistas en nuestros días. Tenemos que reconocer en nuestra predicación la diferencia entre Israel como pueblo de Dios y la iglesia de Jesucristo. Israel era el pueblo teocrático de Dios, que han de representar tanto al pueblo del pacto de Dios como a una entidad política. Pero la iglesia de Jesucristo no es una entidad política con una carta de leyes de los estados nacionales. La iglesia está compuesta de personas de cada pueblo, tribu, lengua y nación. La incapacidad para apreciar la diferencia entre el antiguo y el nuevo pacto podrían causar estragos en nuestras congregaciones.

Si no entendemos las diferencias entre el antiguo pacto y el nuevo, vamos a tener dificultad, por ejemplo, al predicar sombre la posesión de las tierras en Josué. Sin duda, la promesa de la iglesia de Jesucristo no es que vamos a poseer la tierra de Canaán. Más bien, al leer el Nuevo Testamento, nos enteramos de que la promesa de la tierra se entiende tipológicamente y también llega a tener su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Hebreos explica que la promesa de descanso dada bajo Josué nunca tuvo la intención de ser el descanso final para el pueblo de Dios (He. 3:7 – 4:13). Pablo explica que la tierra prometida a Abraham no puede limitarse a Canaán sino que se ha universalizado para incluir todo el mundo (Ro. 4:13). Descubrimos en la epístola a los Hebreos que nosotros, como creyentes, no estamos en espera de una ciudad terrenal sino de una ciudad celestial (He. 11:10, 14-16; 13:14), una ciudad futura. O, como dice Juan en Apocalipsis 21-22, esperamos la Jerusalén celestial, la cual no es otra cosa que una nueva creación. En otras palabras, si predicamos de Josué, y a continuación no hacemos hincapié en nuestra herencia en Cristo y de la nueva creación, hemos fracasado miserablemente para comunicar la historia de la Escritura al exponer el libro. Hemos condensado el mensaje y nuestras congregaciones no han de ver cómo toda la Sagrada Escritura es cumplida en Cristo, y cómo todas las promesas de Dios son «sí» y «amén» en Cristo Jesús (2 Co. 1:20).

Si predicamos las Escrituras canónicamente, utilizando la teología bíblica, entonces proclamaremos a Cristo tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo. Debemos evitar el peligro, por supuesto, de alegorías simplistas o forzar las conexiones entre los dos Testamentos. No volveremos a caer presa de tales errores, si hemos realizado correctamente el trabajo de teología bíblica y hemos seguido la hermenéutica de los propios escritores apostólicos. Los escritores apostólicos, después de todo, creyeron que el Antiguo Testamento señalaba a Cristo y que fue cumplido en él. Y quien les enseñó hermenéutica fue el mismo Cristo nuestro Señor, al igual que le enseñó las Escrituras a Cleofas como a sus amigos en el camino a Emaús (Lc. 24).  En este sentido, algunos han afirmado que la hermenéutica de los apóstoles fue inspirada pero no debe ser imitada hoy.[11] Ese punto de vista es erróneo porque sugiere que el cumplimiento que los apóstoles han visto en el Antiguo Testamento no concuerda con lo que los textos significan realmente. Si este fuera el caso, las conexiones entre los Testamentos son arbitrarias, y los apóstoles (y Cristo mismo) no sirven como modelos para interpretar el Antiguo Testamento hoy.

Si creemos, sin embargo, que los apóstoles fueron inspirados y sabios lectores del Antiguo Testamento, entonces, tenemos un patrón de lectura de todo el Antiguo Testamento a la luz del cumplimiento en Jesucristo. La historia y las estructuras del Antiguo Testamento apuntan hacia él y se completan en él.[12] Cuando leemos acerca de la promesa de Abraham en el Antiguo Testamento, es cuando nos damos cuenta de que se cumple en Cristo Jesús. Las sombras de los sacrificios del Antiguo Testamento encuentran su sustancia en Cristo. Por ejemplo:

  • Fiestas como la Pascua, el Pentecostés y los Tabernáculos apuntan a Cristo como el sacrificio de la Pascua, al don del Espíritu y a Jesús como la luz del mundo, respectivamente.
  • Los creyentes ya no están obligados a observar el sábado, ya que es también una de las sombras del antiguo pacto (Col. 2:16; Ro. 14:5) y pertenece a la alianza del Sinaí que ya no está en vigor para los creyentes (Gá. 3:15 – 4:7; 2 Co. 3:4; He. 7:11 – 10:18). El sábado prefiguraba el descanso que ha comenzado para nosotros ahora en Cristo y que será consumado en el cielo en el último día (He. 3:12 – 4:11).
  • El templo anticipaba a Cristo como el verdadero templo, mientras que la circuncisión encuentra su consumación en la circuncisión del corazón anclada en la cruz de Cristo y por la obra del Espíritu Santo.
  • David como rey de Israel, y un hombre conforme al corazón de Dios no representa el ápice de la monarquía; David es un tipo de Jesucristo. Cristo, el mayor David, vivió sin pecado. Él es el rey mesiánico que, a través de su ministerio, muerte y resurrección ha inaugurado las promesas que Dios ha hecho a su pueblo.

Si no predicamos el Antiguo Testamento en términos de todo el canon, nos limitaremos a las lecciones morales en el Antiguo Testamento, o, lo que es muy probable, rara vez predicaremos desde el Antiguo Testamento. Como cristianos sabemos que gran parte del Antiguo Testamento ya no habla directamente a nuestra situación actual. Por ejemplo, Dios no ha prometido librarnos de esclavitud política como liberó a Israel de Egipto. La tierra de Israel es hoy políticamente inestable, pero los cristianos no creen que su alegría sea vivir en Israel, ni tampoco creemos que la adoración consista en ir al templo para ofrecer el sacrificio. Sin embargo, si no predicamos canónicamente el Antiguo Testamento, a la luz de la teología bíblica, demasiado a menudo lo pasaremos por alto en la predicación cristiana. De este modo, no sólo nos despojan de increíbles tesoros de la Palabra de Dios, sino que también dejamos de ver la profundidad y el carácter multifacético de la revelación bíblica. Tenemos que colocarnos en una posición donde leamos el Antiguo Testamento como Jesús y los apóstoles lo hicieron, y por lo tanto veamos que las promesas de Dios son «sí» y «amén» en Cristo Jesús.

Leer el Antiguo Testamento canónicamente no significa que el Antiguo Testamento no sea leído en su contexto cultural e histórico. La primera tarea de cada intérprete es leer el Antiguo Testamento en su propio contenido, discernir el significado bíblico del autor cuando se escribió. Además, como hemos explicado anteriormente, cada libro del Antiguo Testamento debe ser leído a la luz de su teología antecedente, por lo que la historia de la Escritura es confirmada. Pero también debemos leer toda la Sagrada Escritura canónica, por lo que el Antiguo Testamento se lee a la luz de toda la historia de la redención que ha llegado en Jesucristo.

En definitiva, debemos considerar siempre el punto de vista del autor divino al hacer teología bíblica y en la predicación de la Palabra de Dios. Debemos leer las Escrituras de delante a atrás y volver al principio. Siempre deberíamos considerar la historia en desarrollo, así como el fin de la historia.

 

CONCLUSIÓN

Nuestra tarea como predicadores es proclamar todo el consejo de Dios. No cumplimos con nuestro llamado si como predicadores dejamos de hacer teología bíblica. Puede que tengamos muchas felicitaciones de nuestra congregación por nuestras lecciones de valores y por nuestras ilustraciones, pero no estamos sirviéndoles fielmente si no acaban de entender cómo toda la Escritura señala a Cristo, y si no adquirimos una mejor comprensión de la historia de la Biblia. Que Dios nos ayude a ser fieles maestros y predicadores, de modo que cada persona bajo nuestro cuidado sea presentado perfecto en Cristo.

[1] D. A. Carson, “Systematic and Biblical Theology” [«Teología bíblica y sistemática»] en New Dictionary of Biblical Theology [Nuevo diccionario de teología bíblica] (eds. T. Desmond Alexander and Brian S. Rosner; Downers Grove: InterVarsity, 2000), p.94. Otra definición es presentada por Charles H. H. Scobie: “La teología bíblica se puede definir como el estudio ordenado del entendimiento de la revelación de Dios en las escrituras canónicas del Antiguo y Nuevo Testamento” (“The Challenge of Biblical Theology” [«El desafío de la teología bíblica»] Tyndale Bulletin 42 [1991]: p.36).

[2] Brian S. Rosner, “Biblical Theology” [«Teología bíblica»] en New Dictionary of Biblical Theology [Nuevo diccionario de teología bíblica], p.5.

[3] Kevin J. Vanhoozer, “Exegesis and Hermeneutics” [«Exégesis y hermenéutica»] en New Dictionary of Biblical Theology [Nuevo diccionario de teología bíblica], p.56.

[4] Ibíd., p.56.

[5] Carson, “Systematic and Biblical Theology” [«Teología sistemática bíblica»], p.100.

[6] Gerhard Hasel, “Biblical Theology: Then, Now, and Tomorrow” [«Teología bíblica: ayer, hoy y mañana»], Horizons of Biblical Theology 4 [Horizontes de la teología bíblica] (1982): p.66.

[7] Para seguir la discusión, vease a Carson, “Systematic and Biblical Theology” [«Teología sistemática y bíblica»], p.101-102.

[8] Scobie, “The Challenge of Biblical Theology” [«El desafío de la teología bíblica»], p.50-51.

[9] Para una introducción a la tipología, vease a David L. Baker, Two Testaments, One Bible [Dos Testamentos, una Biblia] (IVP, 1976), capítulo 7.

[10] Walter Kaiser, Jr., Toward an Exegetical Theology: Biblical Exegesis for Preaching and Teaching [Hacia una teología exegética: exégesis bíblica para la predicación y la enseñanza] (Grand Rapids: Baker, 1981), p.134-140.

[11] Richard N. Longenecker, Biblical Exegesis in the Apostolic Period [Exégesis bíblica en el período apostólico] (2nd ed.; Grand Rapids: Eerdmans, 1999).

[12] Para considerar la importancia de la centralidad de Cristo en nuestras predicaciones vease: Graeme Goldsworthy, Cómo predicar de Cristo usando toda la Biblia: cómo aplicar la teología bíblica en una predicación expositiva (Torrentes de Vida, 2012); Sidney Greidanus, Preaching Christ from the Old Testament: A Contemporary Hermeneutical Method [Predicando a Cristo desde el Antiguo Testamento: un método hermenéutico contemporáneo] (Grand Rapids: Eerdmans, 1999); Edmund P. Clowney, Predica a Cristo desde toda la Escritura (Andamio, 2015).