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Historia de la Iglesia – Clase 8: La Reforma inglesa (1500-1564)

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23.08.2019

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Clase esencial
Historia de la Iglesia
Clase 8: La Reforma inglesa (1500-1564)


«Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» Génesis 50:20.

  1. Introducción

Un reconocido adúltero, lascivo, y homicida comenzó la Reforma en Inglaterra. ¿Qué vamos a hacer con esto? El rey Enrique VIII merece el duro juicio de la historia como uno de los monarcas más reprochables de Inglaterra. Tuvo varias esposas, de las afortunadas se despidió y divorció, mientras que hizo que otras dos fueran ejecutadas. Sin embargo, fue este mismo sinvergüenza el que desafió la autoridad de la Iglesia católica romana y estableció la base para que la Reforma comenzara en la Iglesia inglesa.

Como cristianos, no debemos huir de estos hechos desagradables. Las Escrituras y la historia presentan numerosos ejemplos de cómo Dios produce buenos resultados de las malvadas acciones de la humanidad. No en vano Romanos 8:28 nos promete: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien». Pablo no dice aquí: «todas las cosas buenas», sino: «a los que aman a Dios todas las cosas les ayuden a bien». De ahí, nuestro versículo temático de hoy, cuando José comunica a sus hermanos cómo sus malas acciones al venderle como esclavo fueron usadas por Dios cumplir sus buenos propósitos. ¿Cuán liberador es esto para nosotros como cristianos? Podemos condenar las malas acciones por lo que son, sin dejar de confiar en que la obra soberana del Señor en la historia prevalecerá para bien.

Veremos lo mismo hoy, al considerar cómo Dios usó las pecaminosas acciones del rey Enrique para llevar a cabo sus justos propósitos.

También veremos los considerables costos de llevar la Reforma a Inglaterra, especialmente en las vidas humanas. Además de su fe común en el Dios bíblico, muchos héroes de la Reforma inglesa compartieron un destino común: el martirio. Tyndale, Crammer, Latimer, Ridley, y muchos otros fueron enviados a la hoguera por sus convicciones.

También debería comentar nuestra línea de tiempo. Como habrás notado, en esta semana y en las dos semanas anteriores, nuestras clases se han centrado en los  acontecimientos momentáneos de la Reforma en el siglo XVI. Este enfoque proviene en parte de la aparente aceleración de la acción de Dios durante este tiempo de la historia. Sin embargo, esto también marca un punto de partida para nuestra propia línea de tiempo. Hasta ahora, nuestra narrativa ha intentado cubrir la totalidad de la historia de la Iglesia desde el inicio hasta el siglo XVI. A partir de este momento, la historia de la Iglesia despega en varias direcciones. Nuestra clase se centrará en esos hilos de la historia que conducen a nuestra tradición particular, y eventualmente a nuestra iglesia. Considéralo como una especie de «árbol familiar»; ya que estaremos rastreando el linaje de Capitol Hill Baptist Church, simplemente no podremos seguir a los innumerables primos segundos, terceros y cuartos, ni a las tías y tíos excéntricos perdidos hace mucho tiempo, que se ramifican en diferentes direcciones desde nuestra raíz hace siglos. Como una rápida mirada a nuestro stand de libros revelará, y sobre todo la asistencia a uno de nuestros servicios de adoración, nuestra iglesia desciende directamente de la Reforma inglesa, particularmente del puritanismo inglés.

  1. La Reforma de Inglaterra

Lo primero que debemos recordar acerca de la Reforma es que no nació completamente de Martín Lutero. La Iglesia católica romana no limitó sus corrupciones y errores a la Alemania de Lutero; tampoco los movimientos para la Reforma provienen únicamente de Alemania. Por supuesto, Lutero se erige como una figura de singular importancia, pero como vimos la semana pasada, y como veremos hoy nuevamente, los movimientos para la Reforma surgieron de manera algo independiente, algo espontánea, y algo simultánea en otras áreas de Europa.

Califico todos estos un «algo» porque nada ocurre en el vacío, y las ideas de Lutero influyeron a muchos otros reformadores. La Reforma representa una extraña convergencia de valientes cristianos en varias tierras diferentes todos luchando por recuperar el evangelio y reformar a la Iglesia. Pronto se dieron cuenta de que no estaban solos. Comenzaron a animarse entre sí, a influenciarse unos a otros, a menudo unos y, a veces, separados. Aunque la Reforma tuvo sus excesos y errores, creo que todavía podemos verla como uno de los momentos más claros de la mano de Dios actuando en la historia de la humanidad, en lugares como Wittenburg, Zúrich, Ginebra e Inglaterra.

Como vimos hace un par de semanas con John Wycliffe y sus seguidores, los «lolardos», la iglesia en Inglaterra había comenzado a experimentar murmuraciones de su propia reforma a finales de los años 1300. En el mismo siglo, el parlamento inglés aprobó una serie de leyes destinadas a brindarle al rey autoridad sobre las decisiones papales en Inglaterra. Aunque estas medidas fueron empleadas solo esporádicamente y con poco efecto, Enrique VIII las resucitaría dos siglos más tarde en su propia enemistad con Roma.

Mientras tanto, a inicios de los años 1500, un pequeño grupo de teólogos ingleses y pastores en la Universidad de Cambridge comenzó a discutir la reforma de la Iglesia. Para el año 1520, estas reuniones se volvieron enérgicas y urgentes cuando este grupo encontró los escritos de Lutero, que aunque habían sido declarados ilegales, continuaban infiltrándose en Inglaterra. Las reuniones de Cambridge se llevaban a cabo en un pub llamado el White Horse Inn, que pronto se conoció en toda la ciudad como la «Pequeña Alemania» debido a los encuentros de aficionados de Lutero allí. Futuros héroes de la Reforma inglesa tales como Crammer, Ridley, Latimer y Tyndale pasaron tiempo juntos en Cambridge durante esos días, y probablemente frecuentaron el White Horse Inn.

Algo debería animarnos aquí. Considera el fruto que el Señor a menudo produce cuando creyentes se reúnen para un propósito específico. La historia de la Iglesia presenta innumerables ejemplos de grandes movimientos de evangelismo, vida intelectual o reforma social que crecieron a partir de pequeñas reuniones de cristianos para la oración, el compañerismo y la discusión acerca de un fin común. Deberíamos pensar en formas en que podamos reunirnos intencionalmente con un grupo pequeño de creyentes y «estimularnos… a las buenas obras» (Hebreos 10:24).         El Señor no necesariamente nos llama a todos a revoluciones masivas que cambien el mundo, pero podría ser que estemos llamados a pensar y orar deliberadamente con otros para mejorar el ambiente de nuestro lugar de trabajo, compartir el evangelio en nuestro vecindario, estudiar una idea en particular, o iniciar un pequeño ministerio nuevo para los necesitados.

Estas mismas décadas trajeron un mayor desarrollo de la Biblia en inglés, un esfuerzo liderado por William Tyndale. Tyndale recibió su título del Magadalene College, en Oxford (igual que C. S. Lewis), y luego estudió en Cambridge. Estaba convencido de la necesidad de una correcta traducción de las Escrituras al inglés del hebreo y griego originales. La versión de Wycliffe de 120 años antes no solo había sido prohibida en Inglaterra, sino que también era imprecisa o incluso inexacta en algunas partes, ya que había sido traducida de la Vulgata Latina, que era la única versión permitida por la Iglesia católica. Y una traducción incorrecta podía poseer graves problemas teológicos. El ejemplo más notorio proviene de la interpretación de la Vulgata de Mateo 4:17, la cual hace que Jesús diga: «Haced penitencia, porque el reino de los cielos se ha acercado». Tanto Lutero como Tyndale descubrieron en el texto griego original, que la traducción más correcta de esto es: «Arrepentíos…». Podemos ver fácilmente cómo este cambio en una palabra tuvo consecuencias tremendas; ahora los creyentes aprenden que Cristo ofrece su perdón a quienes se «arrepienten y creen» en lugar de aquellos que intentan expiar sus pecados realizando obras de penitencia.

Por tales razones, Tyndale comprendió que las personas necesitaban leer una versión correcta de la Biblia en su propio idioma. Las autoridades de la Iglesia prohibieron esto, por lo que Tyndale buscó exilio en el continente europeo para hacer su traducción, la cual completó en 1525. Según los estándares de la época, su versión era un modelo de exactitud y elegancia, tanto así que 100 años después, la King James Version usaría el 90% del texto de Tyndale. Mientras tanto, estas biblias inglesas comenzaron a abrirse paso de vuelta a Inglaterra y se hicieron tan utilizadas que para el año 1537, Edward Fox, obispo de Hereford le dijo a sus compañeros sacerdotes: «No se hagan el hazmerreír del mundo; ha surgido la luz y está dispersando todas las nubes. Los laicos conocen las Escrituras mejor que muchos de nosotros».

Tyndale pagó el máximo costo por sus esfuerzos. Un ilustre historiador describe el violento fin de este valiente hombre, mientras vivió en el exilio en Bélgica:

«En mayo de 1535, Tyndale… fue tentado por el escuálido traidor Henry Phillips (quien fingió ser uno de sus convertidos) para aprobar la inmunidad de la Casa Inglesa en Amberes. Inmediatamente fue capturado por agentes de la [corona católica] y encarcelado… Después de largas disputas, fue condenado en agosto de 1536 por herejía obstinada y en el siguiente octubre fue estrangulado, su cuerpo fue enviado a las llamas».

En medio de estos esfuerzos de reforma, el inglés luchó con muchos de los mismos problemas en la Iglesia que plagaron Alemania y otros lugares. Muchos sacerdotes y monjes eran libertinos y corruptos, y descuidaban sus deberes religiosos. El reinado del cardenal Wolsey exacerbó estos requerimientos. Designado por el papa, Wolsey tenía poderes sin procedentes en Inglaterra, tanto en la iglesia como en el Estado. Como lo describe un erudito: Wolsey «combinó en su persona a la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Roma y el reino de Inglaterra, porque era el arzobispo de York, cardenal y legado del papa, y canciller del reino». En nuestros días, esto es como ser vicepresidente de los Estados Unidos, el cardenal católico de Washington y el pastor principal de Captiol Hill Baptist Church. Wolsey podía nombrar o destituir obispos, otorgar títulos en teología, arte y medicina, deshacerse de las limitaciones a las órdenes sagradas, y absolver a una persona de ser excomulgada. Los ingleses retrocedieron ante esta extraordinaria muestra de autoridad, pero aún más del exuberante e indulgente estilo de vida Wolsey. Como el símbolo más destacado de Roma, Wolsey se convirtió en el objetivo de gran parte del sentimiento anticlerical en el país.

  1. La reforma de Enrique VIII

Tal era la situación cuando un frustrado rey inglés comenzó a experimentar graves problemas maritales… Las complicaciones familiares de Enrique VIII se remontaban hace mucho tiempo atrás. Se había casado con Catalina de Aragón cuando su primer marido, el hermano mayor de Enrique falleció, y la familia había obtenido una dispensación especial del papa para que Enrique se casara con la viuda de su hermano mayor, que de lo contrario hubiese sido una violación a las leyes de la Iglesia. El papa, políticamente experto concedió el permiso,  pero entonces Enrique VII y Caterina enfrentaron más problemas. Aunque tuvieron cinco hijos, todos menos uno murieron en la infancia, y solo María sobrevivió. Si bien Enrique ya había adoptado a un hijo ilegítimo de una de sus amantes, deseaba desesperadamente que su reina tuviera un hijo para traer un heredero a su trono.

Por lo que decidió que la solución era anular el matrimonio con Catalina y casarse con Ana Bolena, quien ya había llamado su atención. Solicitó a Roma la anulación de su matrimonio con Catalina, alegando que la anterior dispensación que le permitió casarse en primer lugar era inválida porque había violado el mandamiento bíblico de Levítico 20:21. El papa se negó a otorgar la anulación, en parte debido a la renuencia de cambiar la decisión de su antecesor, y en parte debido a que el Sacro Emperador Romano Carlos V, que había invadido y capturado Roma, también era sobrino de Catalina, y no quería que su tía sufriera semejante desgracia. En 1528, Enrique frustrado de que el cardenal Wosley no pudiera asegurarle un mejor resultado de Roma, hizo que el parlamento acusara a Wosley de una serie de delitos. Wosley sorprendentemente accedió y fue destituido, dándole a Enrique su primera victoria sobre las autoridades de la Iglesia. Y quiso más.

Para este tiempo, Enrique había dejado embarazada a su amante Ana Bolena, y necesitaba desesperadamente una salida. El parlamento hizo su parte aprobando una resolución que declaraba que el papa no tenía poder para otorgar la dispensación para que Enrique se casara con Catalina en primer lugar. Y Thomas Cranmer, nuevo arzobispo de York y cabeza de la Iglesia en Inglaterra, concedió la anulación y accedió a oficiar la ceremonia de matrimonio de Enrique y Ana Bolena. Hombre devoto y piadoso que había sido parte de la multitud de reformadores de Cambridge décadas antes, Cranmer tenía una agenda mucho más noble más allá de haber ayudado a un monarca lascivo. Vio esto como una oportunidad de liberar a la Iglesia inglesa de la autoridad de Roma y de llevar a cabo una reforma muy necesaria.

Al año siguiente, en 1534, el  parlamento aprobó el Acta de Supremacía, una medida radical de tremendas consecuencias, que le otorgó al rey autoridad absoluta sobre la Iglesia de Inglaterra. Esto es solo una parte del Acta, que demuestra lo radical que era:

«Nuestro Señor soberano, sus herederos y sucesores, reyes de este reino, tendrán de vez en cuando pleno poder y autoridad para visitar, reprimir, reparar, reformar, ordenar, corregir, restringir y enmendar todos esos errores, herejías, abusos, ofensas, desprecios y enormidades, cualesquiera que sean, que de cualquier manera la autoridad o jurisdicción espiritual deban o puedan legalmente reformar, reprimir, ordenar, reparar, corregir, restringir o enmendar, principalmente para el placer del Dios Todopoderoso, el aumento de virtud en la religión de Cristo, y para la conservación de la paz, la unidad y la tranquilidad de este reino»3 .

La ruptura con Roma se completó. ¿Qué significaba esto? Hasta aquí en la Reforma, el pueblo de Inglaterra había notado poco o ningún cambio en su adoración o vida eclesial. Enrique todavía ese consideraba a sí mismo un católico fiel en cuestiones de doctrina; solo había rechazado la máxima autoridad de Roma. Continuaba asistiendo a misma, e incluso antes había escrito un libro contra la teología de Martín Lutero. El parlamento aprobó medidas adicionales que afirmaron en gran medida las doctrinas católicas. La miseria marital de Enrique continuó, ya que se casó y se divorció o asesinó cuatro esposas más hasta que murió en 1547. Sin embargo, durante estos años el arzobispo Cranmer colocó biblias en inglés en las iglesias de manera silenciosa y persistente, ayudó a nombrar obispos reformistas y difundir nociones ortodoxas por toda la tierra.

  1. Eduardo VI (1547-1553)

Después de la muerte de Enrique (1547), su hijo de 9 años de edad (hijo de la tercera esposa de Enrique, Jane Seymour) asumió la corona. Ahora que el rey no estaba y su educado hijo protestante había llegado al trono, el protestantismo pudo avanzar. Aunque el niño-rey parece haber tenido una fe genuina, también era bastante joven, y dos consejeros adultos conocidos como «protectores» lo ayudaron a implementar el cambio hacia el protestantismo. El parlamento derogó sus leyes que establecían la doctrina católica, muchas imágenes fueron removidas de las iglesias, y se les permitió a los sacerdotes casarse. En 1549, se publicó la primera edición del Libro de Oración Común, escrito por Thomas Cranmer.  Con este libro, Cranmer comenzó a alejar a la Iglesia anglicana de las doctrinas católicas sobre la comunión, los pasos continuaron en una segunda edición publicada en 1552. Al «altar» se le llamaba «la mesa», a los «sacerdotes» se les llamaba «ministros», y a los cristianos se les decía en la comunión que «se alimentaran de [Cristo] en su corazón con fe por acción de gracias», en contraste con la visión romana de la transubstanciación, donde los elementos se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo.  Al año siguiente, Cranmer escribió los 42 artículos, que eventualmente, con algunas revisiones se convirtieron en los 39 artículos, la confesión fundamental para la Iglesia anglicana. Los seis años del reinado de Eduardo representaron un tiempo de gran florecimiento para el protestantismo inglés.

  1. María I Tudor «Bloody Mary» (1553-1558)

Los tiempos pueden cambiar rápidamente. En el año 1553, Eduardo, de 16 años, murió sin dejar heredero al trono. Según el historiador y teólogo inglés J. C. Ryle, la oración moribunda del joven rey fue: «Oh Señor Dios, defiende este reino de la papistería y preserva tu verdadera religión». Sin duda, Eduardo sabía que su media hermana María, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, era la siguiente en la fila al trono. Esta perspectiva horrorizaba a los protestantes ingleses, y por buenas razones. La reina católica María tomó el trono decidida a restaurar el catolicismo como religión oficial de la nación por cualquier medio necesario, y pronto se embarcó en un alboroto que le valió el dudoso apodo de «Bloody Mary», que en español quiere decir «la sangrienta María».

María reinó por poco más de cinco años, e hizo todo lo posible para que Inglaterra volviera a estar bajo la autoridad del papa. Hizo que el parlamento derogara todas las leyes eduardianas, desterró el Libro de Oración Común, restauró los días festivos de los santos y ordenó al clero casado a que se separara de sus esposas. En noviembre de 1554, Reginald Pole llegó a Inglaterra como nuevo arzobispo de Canterbury y representante papal. Pole absolvió a Inglaterra de la división y la acogió nuevamente en el abrazo de Roma. Pole también tenía un rencor personal contra los protestantes, ya que Enrique VIII había asesinado a su madre. Muchos protestantes, temiendo represalias por su negativa a someterse al Papa, huyeron. Esto, sin duda, les ahorró muchas vidas.

Deberíamos reflexionar por un momento sobre la fugacidad de la seguridad terrenal. Cuán repentinamente se llevaron la libertad y la prosperidad que los protestantes disfrutaron con Eduardo, y qué tan rápido llegaron los juicios. En cuestión de semanas, encontraron su mundo al revés. Como cristianos, siempre debemos estar agradecidos por las bendiciones de la libertad, la paz y la prosperidad, sin embargo, debemos hacerlo sin aferrarnos a ellas, dándonos cuenta de que las mismas pueden no durar. Esto parece en parte lo que Pablo quiso decir cuando escribió en Filipenses 4:11-13:

«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

Es probable que estas palabras hayan alentado a muchos protestantes ingleses durante las próximas pruebas. María inició sus infames quemas a principios del año 1555, atacando a fieles protestantes que no se retractarían. En total, unas 300 personas fueron ejecutadas por orden de la reina. La mayoría de los mártires eran gente común: granjeros, herreros y comerciantes. Algunos líderes eminentes de la Iglesia también fueron a la hoguera. Los obispos Nicholas Ridley y Hugh Latimer habían estado entre las figuras más famosas e influyentes en traer la fe reformada a Inglaterra; Ridley como obispo de Londres y una mente teológica brillante, Latimer como un predicador extraordinario y amado. Pronto incurrieron en la ira de María, quien los sentenció a ser quemados juntos en la hoguera en Oxford el 16 de octubre de 1555. Mientras estaba encarcelado y reflexionando sobre su destino, Latimer envió una carta conmovedora a Ridley:

«No hay remedio… sino paciencia. Mejor es sufrir la crueldad que nos infligirán, que incurrir en la gran indignación de Dios. Por tanto… confíe en el Señor, teniendo debidamente en cuenta lo que él requiere de usted y lo que le promete. Nuestro enemigo común no hará más de lo que Dios le permitirá. Dios es fiel, no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas…». 

Mantuvieron su valentía hasta el final. Cuando el verdugo ató a Latimer y Ridley a la estaca y acercó la antorcha, Latimer se volvió hacia su amigo y pronunció lo último: «Tenga consuelo, Maestro Ridley, y actúe como hombre; hoy, por la gracia de Dios, encenderemos una vela en Inglaterra,  que confío, nunca se apagará».

Como herederos de este legado de fe, espero que seamos dignos de su ejemplo.

La masacre asesina de María aún no había terminado. Thomas Cranmer, exarzobispo de Canterbury y padre de la reforma de la Iglesia inglesa, había sido encarcelado por negarse a jurar lealtad a Roma, y ​​había visto a sus amigos Ridley y Latimer ir a la hoguera. La reina María también pudo haber tenido una venganza personal contra Cranmer, ya que él había visto favorablemente la anulación del matrimonio de su madre Catalina con el rey Enrique. No contenta con simplemente encarcelar o incluso martirizar a Cranmer, la reina buscó hacer un ejemplo de este destacado líder al obligarlo a retractarse de sus convicciones protestantes. Bajo extrema presión, y por razones inciertas, Cranmer finalmente firmó una retractación, que el reino de María publicó alegremente y distribuyó por toda Inglaterra, y que, según los informes, causó gran angustia a muchos protestantes. Sin embargo, esto apenas salvó la vida del pobre obispo, ya que de igual manera recibió una sentencia de muerte.

No obstante, el anciano y valiente clérigo aún no había terminado. Antes de su ejecución, que tuvo lugar en la Iglesia de Santa María en Oxford, muy cerca de donde habían muerto Ridley y Latimer, Cranmer fue llamado a hablar. Después de confesar sus propios pecados y debilidades, se arrepintió de su retractación:

«[Mis palabras] fueron escritas en contra de la verdad que creía en mi corazón, y escritas por temor a la muerte, para salvar mi vida si pudiera ser… Y por cuanto he escrito muchas cosas contrarias a lo que creo en mi corazón, mi mano primero será castigada; porque si puedo venir al fuego, primero será ésta calcinada. En cuanto al papa, lo rechazo, por ser el enemigo y anticristo de Cristo, con toda su falsa doctrina».

Con su conciencia limpia y su honor restaurado, Cranmer se volvió para enfrentar su destino. Cuando las llamas se arrastraron hacia él, extendió su mano ofensiva y la mantuvo firme hasta que el fuego la consumió. Este puede ser uno de los pocos casos en la historia de la Iglesia en que un cristiano tomó literalmente la advertencia de Cristo en Mateo 5:30, que dice: «Si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno». Mientras J. C. Ryle consideraba la vida de Cranmer, sus grandes logros y fallas significativas, Ryle concluyó: «En resumen, nada en toda su vida le hizo tanto bien, que como la manera en que partió. En gran medida había pecado, pero en gran medida se arrepintió».

  1. Isabel (1558-1603)

Este resurgimiento católico fue dramático, intenso y breve. María, sin hijos e infeliz, nunca gozó de buena salud y murió en 1558, después de un reinado de solo cinco años. En las alas esperaba Isabel, segunda hija de Enrique VIII y primogénita de Ana Bolena, y media hermana de María. El emperador Carlos V en el Continente había instado reiteradamente a María a que asesinara a Isabel, para que ésta quedara fuera como heredera del trono, pero incluso «Bloody Mary» no llegó tan lejos.

Como reina, Isabel se movió de inmediato para revertir las políticas de su hermana. Parece haber adoptado el protestantismo tanto por conveniencia política como por convicción; Después de todo, si aceptaba el catolicismo, también tendría que admitir que su propio nacimiento era ilegítimo y su corona inválida, ya que su madre, Ana Bolena, solo se había convertido en reina después de que Enrique desafiara con éxito al papa. Pero la convicción también pudo haber estado presente. Criada en gran parte por su madrastra, Catalina Parr (última esposa de Enrique) en una cálida atmósfera evangélica y humanista, Isabel leía el Nuevo Testamento en griego todos los días. Y así, independientemente de las motivaciones complejas, Isabel comenzó a restaurar el protestantismo en Inglaterra. El Acta de Supremacía fue recreada, el Papa repudiado, y con el Acta de Uniformidad, el Segundo Libro de Oración de Cranmer fue reinstalado como el estándar para la Iglesia inglesa. Los protestantes alegres comenzaron a regresar a Inglaterra de su exilio europeo.

Sin embargo, la nueva reina dudó en llevar su protestantismo muy lejos. Su principal prioridad era restaurar y mantener la unidad nacional, y buscó crear una iglesia nacional teológicamente amplia e inclusiva, al menos para los estándares de la época. Sus políticas, conocidas como el asentamiento isabelino, buscaron trazar una «vía intermedia» entre las preguntas doctrinales, una ética que caracteriza gran parte del anglicanismo hasta el día de hoy. Algunos estudiosos han descrito la iglesia que ella alentó como «protestante en doctrina, católica en la práctica», ya que todavía incluía velas, túnicas sacerdotales, arrodillarse durante la comunión, etc.

Durante los primeros años de su reinado de casi medio siglo, Isabel ordenó la ejecución de algunos católicos por su disensión del trono y su lealtad al papa. En un triste comentario acerca de la naturaleza humana y el lado oscuro de la historia de la Iglesia, algunos protestantes consideraron oportuno responder en especie a la persecución que habían sufrido a manos de los católicos. Hacia el final de su reinado, Isabel y los católicos ingleses restantes parecen haber acordado distinguir entre su lealtad religiosa al Papa y su lealtad civil a su reina inglesa. Esto anticipó uno de los legados eventuales de la Reforma, el desarrollo de la tolerancia religiosa. Mientras tanto, más adelante en el siglo XVI, algunos protestantes ingleses buscaron purificar la Iglesia anglicana y restaurarla más completamente a las raíces bíblicas. Estos fueron los puritanos, y de ellos escucharemos mucho más la próxima semana.

  1. Conclusión

Al inicio de nuestra clase, consideremos el hecho de que Dios usó a un hombre malvado, Enrique VIII, para producir un buen resultado: la Reforma de la Iglesia inglesa.  También vemos que el Señor permitió que hombres buenos como Tyndale, Ridley, Latimer, Cranmer y muchos otros, sufrieran para reformar a la Iglesia. En ambos casos, el Señor de la historia cumple sus propósitos eternos. Nosotros, a su vez, podemos entenderlo y apreciarlo mejor desde una perspectiva eterna. Otro mártir de la Reforma inglesa lo expresó mejor. Mientras John Hooper estaba siendo conducido a la hoguera, un viejo amigo se le acercó y le rogó que se retractara de su fe y le perdonara la vida. El angustiado amigo le recordó a Hooper que «la vida era dulce y la muerte amarga». El valiente Hooper se mantuvo firme, respondiendo a su amigo que «la vida eterna era más dulce y la muerte eterna era más amarga».