Clases esenciales: Historia de la Iglesia

Historia de la Iglesia – Clase 4: La Iglesia en guerra (451-1054 d. C.)

Artículo
23.08.2019

  Descargar Manuscrito en formato Word
  Descargar Folleto del Alumno en formato Word

 

Clase esencial
Historia de la Iglesia
Clase 4: La Iglesia en guerra (451-1054 d. C.)


La semana pasada estudiamos un breve período de tiempo (los años 300-450 d. C.). Vimos cómo el cristianismo luchó con algunas de las grandes preguntas teológicas acerca de la Trinidad, así como también la manera en que la Iglesia ratificó que la humanidad y la divinidad de Cristo trabajaban unidas, en una sola persona, en una sola sustancia (la «hipóstasis»). El día de hoy, pasaremos de esos cuatro concilios, el último de los cuales tuvo lugar en al año 451 d. C., al año 1054 d. C. Cubriremos 600 años, una gran parte de la historia. Lo que haremos es recorrer estos 600 años, pero solo nos detendremos en algunos lugares para ver lo que sucedía y tener una idea de cómo estaban cambiando las cosas durante ese período de tiempo.

  1. Introducción 

A. Relación entre la Iglesia y el Estado

Primero, la semana pasada hablamos acerca de la relación entre la Iglesia y el Estado. Constantino legalizó el cristianismo aproximadamente en los años 312-313 d. C. con el Edicto de Milán. Esa estrecha relación que se desarrolló entre la Iglesia y el Estado no había existido antes, porque el cristianismo fue por mucho una religión perseguida. Hoy veremos cómo la Iglesia y el Estado se unieron aún más.

B. Relación entre la Iglesia y el mundo

Segundo, vemos la relación entre la Iglesia y el mundo. Observaremos esto a través del movimiento monástico, cómo el crecimiento del monacato dijo algo acerca de cómo la Iglesia entendía su lugar en el mundo.

C. Relación entre Oriente y Occidente

Tercero, veremos la relación entre Oriente y Occidente. En el año 451 d. C., encontramos una iglesia cristiana unida en Calcedonia. 600 años después, se separó en dos divisiones: Oriente y Occidente. Constantino movió la capital del Imperio romano de Roma a Constantinopla en el año 330 d. C. Este es un cambio importante. La capital cambia, por el emperador, de Occidente a Oriente. Con el pasar del tiempo, divisiones teológicas, centradas en preguntas tanto serias como triviales, contribuyeron a la gran ruptura del año 1054 d. C.

  1. Siglo V d. C. 

A. División política de la Temprana Edad Media

Hablemos acerca de las nuevas divisiones políticas de la Temprana Edad Media. Las invasiones bárbaras de los siglos IV y V volvieron a moldear el desmantelado Imperio romano y, en su lugar, los reinos barbáricos se arraigaron. Los hunos están al norte y comienzan a moverse hacia el sur. Lo que sucede es que empujan a estas «tribus», estos bárbaros (están fuera del Imperio romano), a lo que hoy conocemos como Europa occidental. Todos se están infiltrando, y el Imperio romano realmente les da algo de oportunidad para mudarse. Piensa en los ostrogodos, visigodos, anglosajones, etc., todos mudándose. En el año 410 d. C., Roma es saqueada por Alarico I el Visigodo. Esto fue, funcionalmente, «el comienzo del fin» para el Imperio romano en Occidente. Finalizamos con todas estas tribus bárbaras. La amenaza huno desaparece, y estas tribus se desarrollan en «reinos» pequeños, por así decirles. Tienes a todos estos reinos diferentes, y ya no hay un poder centralizado en Occidente.

Mientras tanto, en Oriente (Constantinopla), el emperador permanece en el poder. Permanece un sistema político unido bajo él. El punto aquí es que tenemos esta gran división geográfica y política del mundo que se desarrolla entre Occidente y Oriente. Occidente es descentralizado y Oriente es centralizado. El Impero romano está fuerte en Oriente, y débil en Occidente. Esta es la división política.

B. División de la Iglesia

Pasemos ahora a la «división de la Iglesia». ¿Qué sucede con la Iglesia en el cristianismo en ese momento? La semana pasada hablamos acerca del gran debate teológico que surgió en el año 451 d. C., en Calcedonia, acerca de cómo la humanidad y la divinidad de Cristo van de la mano. ¿Cómo es esto posible? Es un gran debate entre Antioquía y Alejandría. Los obispos de ambas ciudades y sus partidarios se encuentran en Calcedonia en el año 451 d. C. para intentar conciliar esta disputa. La solución realmente proviene de Roma. Leo, obispo de Roma, envía una carta que es adoptada como la respuesta a esta interrogante. La moraleja de la historia para nuestros propósitos es esta: El asunto de la cristología se establece en Occidente, continúa en Oriente. Ahora bien, si piensas en el panorama teológico general, los obispos en Oriente siguen confundidos con esta pregunta de la cristología, mientras que en Occidente han resuelto esta pregunta y avanzan para indagar acerca de la naturaleza de la salvación. Esta distinción es importante. En Occidente, la pregunta tiene que ver con Agustín y la naturaleza de la salvación. Necesitamos entender cómo se ve este asunto, cómo se ve este debate.

Esto es importante para nosotros en la actualidad. Nuestra base teológica hoy, lo que entendemos acerca de la soteriología se fundamenta en Agustín. Entendemos la naturaleza de la salvación en gran parte gracias a él, y principalmente su aplicación de la Biblia a esta pregunta.

Retrocedamos a la semana pasada, a Pelagio. ¿Recuerdas quién fue? Fue un precursor de los arminianos. Fue un monje británico y precursor del arminianismo. Nació en el año 354 d. C., mismo año en que nació Agustín. Él y Agustín sostuvieron este gran debate. Pelagio alegaba que cuando se trata de la naturaleza de la salvación, no nacemos con una naturaleza pecaminosa. El pecado es algo que «aprendemos». Existimos en el mundo, en una especie de «incubadora del pecado». El pecado es considerado un hábito que adquirimos. No somos, por naturaleza, malos y propensos a pecar. El pecado es un hábito aprendido. Por tanto, todo lo que necesitamos para ser salvos es la ley de Dios. Solo necesitamos las reglas, porque podemos aprender a seguirlas. Ese era el pensamiento de Pelagio.

Del otro lado, tienes a Agustín, quien nació en el año 354 d. C., en África del Norte. Agustín reconoce que Pelagio está muy desubicado. Hablamos a cerca de esto la semana pasada. Agustín puede dar un vistazo a las Escrituras (por ejemplo, Romanos 3, «no hay quien haga lo bueno»; Mateo 15:19, «del corazón salen los malos pensamientos»; Juan 8:34, «todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado»), para reconocer que somos pecaminosos por nuestra propia naturaleza. Esto no es algo que podemos cambiar. No es un hábito o adicción que podemos abandonar a través de una serie de pasos. Se necesita más que la ley. Se necesita el sacrificio de Cristo. Eso es lo que realmente está en riesgo aquí. Si Pelagio está en lo correcto, entonces la muerte de Jesús en la cruz no sirve para nada, porque todo lo que él necesita hacer es enseñarnos la ley. Según Pelagio, Jesús no tuvo que morir en nuestro lugar. Esa es una distinción verdaderamente importante.

El pelagianismo está debidamente condenado como herejía en el Concilio de Éfeso en el año 431 d. C. Occidente condena el pelagianismo, pero vemos más adelante que, aunque lo condenó, realmente lo adoptó en la práctica. Lo que se desarrolla es conocido como semipelagianismo, el cual puedes observar en tu folleto. La soteriología semipelagiana no consiste en decir que nacemos buenos y que aprendemos a pecar. En cambio, el semipelagianismo dice que nosotros, los seres humanos, damos los primeros pasos hacia Dios. Sostiene que el hombre tiene la iniciativa, y que luego Dios responde con su gracia. Puedes ver la gran diferencia.

Somos nosotros quienes damos el paso inicial. En consecuencia, la gracia de Dios es «merecida» por lo que hacemos, por nuestra capacidad de dar ese paso hacia Dios, por desear a Dios.

Agustín refutaría precisamente lo opuesto. Él creía correctamente que nosotros no podemos dar ese paso. Al fin y al cabo, estamos muertos en nuestros pecados. En su gracia, Dios nos atrae hacia él. Esa es la diferencia. Si quieres enmarcarlos en categorías teológicas, Agustín defiende lo que llamamos «monergismo», y el semipelagianismo defiende el «sinergismo». Piensa en la palabra sinergia, es decir, «trabajar en conjunto», el hombre y Dios trabajando juntos en el proceso de la salvación. Agustín creía en el «monergismo», que significa una sola dirección, solo por su gracia, Dios nos llama a él. Nosotros somos los agentes pasivos. Es una cuestión de agencia humana. Según el monergismo (Agustín), somos totalmente pasivos y Dios es totalmente activo en la salvación y en la historia. ¿Tiene sentido esa distinción?

Ciertamente hay una respuesta de nuestra parte en el arrepentimiento, pero en todo ello, es la agencia de Dios la que inicia y dirige eso, no nosotros. No está en nuestro poder hacer eso.

Así, el semipelagianismo sigue desarrollándose, pero realmente es condenado en el Sínodo de Orange en el año 529 d. C. Entiende que el semipelagianismo sobre papel (de jure) es herético, como lo señaló Occidente. Pero eso no lo detiene, en la práctica,  continúa respaldado por la Iglesia. Veremos cómo se ve eso, ya que en Oriente realmente no se habla de Agustín. Son semipelagianos, no lo condenan en absoluto. Así que tanto en Oriente como Occidente, ves el semipelagianismo en la práctica, aunque en un lado está condenado y en el otro no lo está.

  1. Siglo VI.: Oriente y Occidente

Avancemos ahora al siglo VI. Pienso que una manera divertida para nosotros de comparar Oriente y Occidente en el siglo VI, es estudiar dos figuras principales. En Oriente está Justiniano, y en Occidente está Gregorio. Si observas el folleto, notarás que Justiniano el Grande personifica la filosofía del cesaropapismo, y Gregorio el Grande personifica la idea de la monarquía papal. Examinaremos esta distinción a medida que la clase progresa.

A. Oriente: Justiniano el Grande

Empecemos en Oriente con Justiniano en el siglo VI d. C. Justiniano es emperador desde al año 527 d. C. Está en Constantinopla y comienza un período de restauración política. Defiende el cesaropapismo, por medio del cual, alega que posee legítimamente una autoridad concentrada tanto en la Iglesia como en el Estado, y dice que este mandato proviene de Constantino. Se trae al emperador para reforzar la autoridad del Estado sobre la Iglesia; Justiniano continúa este argumento. Afirma que el cesaropapismo gobierna sobre todo. El papa es gobernado por César, que era el título antiguo dado a los emperadores. Los bizantinos se referían a sí mismos como romanos, la idea de la grandeza de Roma seguía bastante inmortalizada por el Estado bizantino.

Con este fin, Justiniano siente que es su deber restaurar el territorio perdido del Imperio romano, y emprende una enorme campaña para intentar reconquistarlo. Avanza hacia Occidente, recuperando con éxito África del Norte de las tribus bárbaras, así como el sur de España e Italia. Restaura gran parte de la antigua gloria del Imperio romano, pero poco después de su muerte en el año 565 d. C., sus logros en su mayoría se desvanecen, y el imperio comienza a contraerse hacia el Oriente. Es solo un «blip» momentáneo en el radar. Pero Justiniano también impulsa esta restauración cultural. Edifica ciudades, muros y presas. Construye la basílica Santa Sofía, una iglesia enorme. El punto es que, en Oriente, las cosas están centralizadas en términos de poder. Hay orden en el lugar, pero tienen una amenaza creciente en la periferia. A comienzos del siglo VII, el Islam comenzó a desarrollarse en lo que hoy es Arabia Saudita (Península arábiga). Es bueno saber lo que Occidente enfrentará en el futuro.

i. La creciente amenaza del Islam

Justiniano muere en año 565 d. C. Mahoma nace en el año 570 d. C., cinco años más tarde. Cuando tiene cerca de 40 años, como comerciante, se retira a una cueva para meditar. Mientras medita, afirma recibir una nueva revelación de parte de Dios, que deja por escrito en el Corán. Reúne a un grupo de seguidores a su alrededor en la Meca. En ese momento, Arabia es bastante politeísta. Cada tribu tiene su propio dios; la estructura política está desunida, es tribal. Las autoridades de Meca no apoyan el monoteísmo que Mahoma defiende. Lo persiguen, sacándolo del pueblo. Mahoma viaja a Medina y reúne a muchos seguidores allí, en el año 630 d. C., regresa a Meca con un gran ejército, y conquista la ciudad. Desde allí, se extiende, conquistando la mayor parte del mundo árabe.

En diez años, él y sus seguidores han tomado Siria, Palestina y grandes partes de Persia. Es un ejército enorme. En 100 años, conquistaron Egipto, el resto de África del Norte, el sur de Francia, partes de España, y asedian Constantinopla, que es la capital del Imperio romano. ¡Todo esto dentro de 100 años! Así que para el siglo VI, las cosas en Occidente pintaban bien —la civilización y el orden—,  pero la creciente amenaza del Islam pronto representó una amenaza significativa a la autoridad que eventualmente conquistó a la mayoría del Imperio romano en un siglo.

C. Occidente: Gregorio el Grande

i. Política

¿Qué hay de Occidente? Allí ocurre exactamente lo contrario. En Occidente, quien está a cargo no es el emperador, sino el papa (o el  «obispo de Roma»). Esa es la razón por la que hablamos de una «monarquía papal». Básicamente, el papa es quien decide el destino de la Europa occidental. El Imperio occidental está dividido en reinos: los ostrogodos en Italia, y los visigodos en España, y los anglos y sajones en las Islas Británicas (posteriormente anglosajones), los francos están en Galia. Es el desarrollo de lo que ahora conocemos como Europa occidental. Estas tribus crean su propio «reino». Pero hay todo tipo de reinos, y hay mucho desorden. Así que tenemos un vacío de poder, necesitan a alguien que proporcione orden, alguien que cree mecanismos para distribuir alimento,  alguien que brinde protección y cuidado médico, que elabore tratados. La gente en busca de esa autoridad acude a la Iglesia. Así es como el obispo de Roma reúne tanto poder en su época. El obispo entra en el vacío de poder y se convierte en una fuente de autoridad. Los obispos entonces, basándose en la teología de Ireneo y otros, ven a Roma como la fuente de su autoridad. Esto es lo opuesto de lo que vemos en Oriente.

La personificación de la monarquía papal en Occidente en este período es el papa Gregorio «el Grande», a quien Juan Calvino más tarde llamó «el último papa bueno». ¿Por qué diría esto? En primer lugar, Gregorio estaba suscrito a la idea de que el papa tenía una autoridad especial, pero no abusó de ella. Gregorio tenía una gran mentalidad para las misiones, y escribió que la visión de esclavos de pelo rubio de Inglaterra que desfilaron en el foro romano lo llevó a pensar que había personas fuera de las áreas culturalmente romanas que necesitaban el evangelio. De cierta manera, él es un puente entre la cultura romana y la germánica. Segundo, Gregorio no mostró gran parte del espectáculo y ceremonias de otros papas de su época. Provenía de un trasfondo monástico y aspiraba vivir sencillamente, lamentaba la pérdida de su tiempo de oración que ser el papa ameritaba. Por último, estaba profundamente preocupado por el ministerio pastoral y cómo ejercerlo bien, su libro La regla pastoral se convirtió en una obra clásica para el ministerio. En él escribe: «Cuán a menudo los hombres que no tienen conocimiento alguno de los preceptos espirituales se profesan a sí mismos como médicos del corazón»[1].

¿De qué manera afecta esta desordenada civilización en Occidente lo que sucede con el cristianismo y la Iglesia en Occidente? Tiene algunos impactos significativos Veamos dos de ellos. El primero es el monacato y el segundo es la gracia invisible.

ii. El monacato o monacato

El primer movimiento monástico se centró en Egipto a inicios del siglo III d. C. Mucha gente huyó al desierto luego de leer la biografía de San Antonio de Atanasio, un hombre joven que vendió todo lo que tenía para convertirse en monje. Muchos monjes emigraron a Egipto y Palestina en una misión ascética por la santidad. Con el tiempo, se convirtió incluso en un ejemplo extremo de comportamiento ascético y de autocompromiso como el de Simeón el Estilita, que vivió durante 40 años en una plataforma sobre un pilar de 15 m de altura.

El movimiento monástico en Occidente se acelera durante el siglo VI. Existe un monje en particular, San Benito de Nursia, que escribe un manual (ahora conocido como La regla de San Benito) de cómo ser monje, de cómo tener una orden monástica. Gregorio respalda eso. Se vuelve popular, el monacato sigue creciendo. La meta del movimiento monástico es procurar una clase de vida espiritual pura, depurarse, quitarse la contaminación del mundo material circundante y convertirlo en un santuario en el que pueda centrarse en la abnegación y la negación del mundo y concentrarte en buscar a Dios, ese es el propósito. No hay propiedad privada. Tienen una vida de oración rigurosa (oran generalmente 7 veces al día, incluido despertar en medio de la noche), estudian la Biblia, permanecen célibes (se niegan a los placeres mundanos), ya que se centran en su búsqueda de Dios. Así que aquí también se ve la influencia del pelagianismo.

¿Por qué esto cobra fuerza en este punto de la historia? Hay un par de razones. Primero, ya no hay más persecución. En ese entonces, el cristianismo se había convertido en la religión aprobada en el mundo romano. Esta es una manera de «perseguirte», buscar esa vida de autonegación. Esta vida de monasterio se vuelve popular. Por tanto, puedes probar tu devoción a Cristo, dado que nadie más te lo está haciendo. En segundo lugar, en ese momento, estaba la enseñanza popular de someter el cuerpo para purificar el alma. Niegas el mundo material para purificar lo que está adentro. Tercero, ¡considera este mundo! Hay tribus bárbaras, desorden y caos, ¡está lejos de ser un mundo perfecto! No es un mal momento para alejarte de algunos edificios en las colinas para escapar de todo.

Considerando esta vida monástica, ¿cuáles son las ventajas y desventajas? Mencionaré rápidamente cuatro ventajas: (1) Permite esta clase de «enfoque en Cristo» y este intento de «rechazar la tentación», de huir de la tentación del mundo y centrarte en el Señor. (2) La evangelización. Si observas este período en el tiempo, tienes a muchos monjes que están saliendo entre estas tribus bárbaras para compartir el evangelio. Patricio va a Irlanda (piense en el día de San Patricio). San Martín de Tours, San Bonifacio en Alemania. Hay un impulso evangelístico que mueve a estos monjes a salir de estas tribus hacia toda Europa occidental. (3) Estos monasterios preservan la teología ortodoxa para nosotros. Preservan a la civilización antigua durante una época de analfabetismo y caos total. Estos monjes se reúnen y copian la Escritura  otros textos antiguos, proveyendo así una librería para nosotros. (4) Ofrecen muchos servicios a la comunidad. Enseñan a los niños, construyen hogares, brindan atención médica, cultivan alimentos y cosas por el estilo.

¿Cuáles son los desventajas? (1) La soteriología. Puedes imaginar cómo esto te conduciría a un mundo semipelagiano, a una perspectiva sinergística de la salvación. Después de todo, te esfuerzas tanto para merecer la gracia de Dios. Te ves cooperando con Dios a fin de salvarte. Promueve esta clase de soteriología. (2) Plantea la pregunta de nuestro compromiso con el mundo. ¿Está bien que como cristianos nos distanciemos totalmente del mundo, que le demos la espalda? No, ¡realmente no! Cuando vemos las Escrituras, podemos ver que Dios nos llama a ser sal y luz del mundo, a administrar nuestra creación, a amar nuestro prójimo, a compartir el evangelio en todo el mundo. En ese sentido, este es un giro equivocado verdaderamente extremo, simplemente descartar al mundo, para nuestra búsqueda personal de la salvación. No es un buen movimiento para los monjes abandonar el mundo. (3) Es terreno fértil para la corrupción. Hay mucho poder concentrado en estos monasterios. Cultivan alimentos y suministran bienes a la comunidad. Se convierten en especies de mercados, controlan la tierra, y el sacramento de la penitencia tiene lugar cuando las personas donan sus bienes y tierras a la iglesia como un medio de estar «en penitencia» por sus pecados. Recolectan todos estos bienes y servicios lo que les permite tener mayor poder. Produce un terreno fértil para la corrupción.

iii. La gracia visible

¿Qué hay del tema de la gracia visible? Creo que esta parte es en realidad fascinante. Una vez más, piensa en la forma de la sociedad en este período de la historia: desorden total, agricultura sucia, personas que no leen o escriben ni van a las escuelas. No estudian las Escrituras por sí mismos. La Iglesia, y en particular Gregorio, buscaban cómo comunicar el cristianismo a las personas, ya que no podían leer ni entender conceptos teológicos. Estaban ante un desorden ineducado. Su solución fue: «Hagámoslo más visible». Una de las cosas que hizo fue hacer giras extensas alrededor de Europa para que las personas pudieran ver al papa, esperando que eso produjera una conexión con la Iglesia.

Otros hombres de la Iglesia buscaron brindar más formas para que las personas vieran la gracia que trabajaba desde afuera en sus vidas. Esto trajo consigo el desarrollo de una serie de sacramentos y prácticas católicas romanas.

Por mencionar algunas, considera la Cena del Señor y la doctrina de la transubstanciación: el pan y el vino realmente son el cuerpo y la sangre de Cristo. Literalmente consumes a Cristo en la Cena del Señor, como ellos lo entendían. Es una manifestación visible de la gracia de Dios siendo impartida en tu vida. Terminamos con el culto a los santos así como también la veneración de María. Jesús parece distante, está en ese libro que no puedo leer, pero los santos están mucho más cerca. Ellos eran personas que anduvieron en la tierra y ahora están con Jesús. Puedo orar a ellos y ellos pueden trabajar en mi nombre con Jesús. María puede hacer lo mismo, ella es su madre. Y la gente adora dioses paganos. La Iglesia dice: «En lugar de adorar a ese dios pagano, ¿por qué no intentas dirigir tu adoración hacia este santo o hacia esa reliquia?». Imagina recorrer el Museo de Historia Americana en el centro comercial y observar el sombrero de Abraham Lincoln. Puedes decir: «¡Wow, ese es su sombrero! ¡Es increíble, casi como si tuviera algo de poder! ¡Ese es el sombrero de Abe Lincoln!». Es el mismo principio general. Hay un bastón santo de tal y tal, y tiene esta especie de poder, y puedo orarle o puedo tocarle, y de alguna manera me dará algo de poder o de la gracia de Dios. Otra práctica es la penitencia. ¿Cómo podemos hacer que la gracia sea visible? Las personas pueden participar en esta práctica comunicando al obispo o al clérigo local sus pecados, y él puede impartirles el perdón de Dios. Nuevamente, en realidad solo están participando, son capaces de «verlo».

Y quizá lo más fascinante, es que puedes ver aquí que estas son las semillas de la Reforma Protestante. Si miras a Martin Lutero, ¿por qué estaba frustrado? Buscaba ser el penitente perfecto para este Dios que condena el pecado, por lo que oraba todo el tiempo y hacía toda esta serie de actos y cosas para obtener la gracia de Dios, pero no parecía estar funcionando. Le molestaba que Teztel venda indulgencias, la gente da dinero a la Iglesia, y hay un tipo de mérito almacenado que se les entrega porque han dado dinero. Todo esto se está desarrollando en la Iglesia Católica Romana en ese momento de la historia, y nos llevará a la Reforma Protestante, al «giro» correcto, al hecho de que la salvación es solo por gracia, no por participar en estos sacramentos.

Demasiado para el siglo VI d. C. desde Oriente hasta Occidente.

  1. Siglo IX d. C.

Pasemos ahora rápidamente al siglo IX d. C. ¿Qué sucede? En Oriente, se están achicando (a causa de las invasiones musulmanas). Para este momento de la historia, los musulmanes están a las puertas de Constantinopla, y el Imperio oriental está perdiendo poder, influencia y tierras ante las invasiones musulmanas. Al mismo tiempo, están enviando misioneros a tierras eslavas. Vemos este esfuerzo misionero llevándose acabo. Ese ocurre en Oriente. ¿Qué sucede en Occidente? Mientras Occidente está descentralizándose, o al menos cambiando dramáticamente mientras pierde poder y orden, Occidente se está consolidando. Tenemos todas estas tribus bárbaras, estos «reinos» y el poder se ha estado consolidando lentamente a medida que diferentes reyes y líderes tribales buscan trabajar juntos. Finalmente, con el paso del tiempo, está el rey de los francos que se convierte en la figura más importante de todo lo que se convertirá en Europa occidental. Él y el papa trabajan en conjunto para protegerse entre sí, para reforzar la autoridad del otro. Tienen este toma y dame, donde el papa (papa Leo III) se mete en problemas con estos nobles en Roma que van a acabarlo, por lo que busca refugio en Carlos I, rey de los francos. Carlos entonces llega a Roma, y asiste a misa, y aparentemente, de repente, Leo III lo corona emperador de Roma. Simplemente está siendo amistoso, y luego boom, hay una corona sobre su cabeza, y es el emperador, Carlomagno el Grande. Este es el inicio de Europa como la conocemos.

De nuevo, ¿qué tenemos?

A. División política

Tenemos a la Iglesia y al Estado, cortando cabezas. Tienes al rey y al papa. El papa le juega una carta al rey y repentinamente dice: «Tengo la autoridad para coronarte emperador». El papa está intentado recuperar la autoridad de la Iglesia por parte del Estado. Van y vienen, pero la moraleja de la historia es que ocurre esta centralización de poder, y se desarrolla el inicio de una identidad europea. Eso es lo que está sucediendo en Oriente y Occidente. Ese es el sentido político. También hay la controversia iconoclasia en Oriente en la que se mete Occidente, que hace que el patriarca Constantino se vuelva loco.

¿Qué hay del tema de la división papal? Veamos la estructura política de la Iglesia. En Oriente, hay muchos obispos (Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Constantinopla). Ningún obispo tiene más poder que otro obispo. Es como si trabajaran juntos como un concilio. En Occidente, ocurre completamente lo opuesto. En Occidente, hay un obispo de Roma que declara ser el papa. Afirma tener una autoridad única, porque ocupa el puesto que era de Pedro, quien fue obispo de Roma, y que transmitió dicha autoridad al actual obispo de Roma. Asevera tener completa autoridad sobre la Iglesia. Así que hay un solo obispo en Occidente, y todos estos bispos en Oriente luchando contra él. En el siglo IX, la Iglesia oriental envía misioneros a las áreas eslavas y la Iglesia occidental se enoja, diciendo: «Hey, ese es nuestro territorio». La diferencia en el orden de la Iglesia (eclesiología) es evidente.

B. División teológica

¿Qué hay de los problemas acerca de la división teológica? El gran panorama es que en Occidente están verdaderamente enfocados en Agustín y en una especie de soteriología agustiniana modificada, en la que dicen: «Condenamos el semipelagianismo», pero realmente lo practican. En Oriente, se apoyan más en Orígenes como su padre de la Iglesia adoptado, y son abiertamente semipelagianos. Ese es el gran panorama. La soteriología es interesante. En Occidente, la naturaleza de la salvación se entiende como pasar de un estado de pecado a un estado de gracia. Hay un punto de conversión en el que pasas de estar condenado en el pecado a la gracia de Dios donde conduces una vida de arrepentimiento. Hay un cambio, un cambio legal: de culpable a no culpable. En Oriente, es más un proceso de deificación. Trabajas en este proceso con el tiempo en el que la humanidad se mezcla con lo divino. No lo ven como el acaecimiento de una transición. Es algo en lo que trabajas a lo largo de tu vida.

C. División autoritaria

Como mencionamos, la teología en Occidente es proposicional, declaraciones verdaderas y falsas. Dice: «Estas cosas son ciertas, aquellas son falsas». Hay declaraciones claras, declaraciones legales, en cierto sentido. En Oriente, la teología se fundamenta en la liturgia, en el misterio y la paradoja. Cuando pensamos en religiones orientales (incluida la ortodoxia oriental), son algo místicas. En Oriente dicen: «Escucha, no puedes hablar acerca de Dios con palabras, ya que no hay manera de expresar quién es Dios». Queda atrapado en el misterio de la liturgia. No hay declaraciones proposicionales. Este es el gran cuadro de cómo Oriente y Occidente fueron en dos direcciones bastante diferentes. En Occidente, la Escritura es la autoridad, los credos (textos) son la autoridad. En Oriente, la autoridad está en la liturgia y la tradición, en la práctica. Se apoyan en los grandes padres de la Iglesia oriental como Basilio el Grande, Gregorio de Nazianzo y Gregorio de Nisa. Es paradójica y misteriosa.

El punto es que Oriente y Occidente fueron en dos direcciones completamente distintas: políticamente, culturalmente, eclesiológicamente, teológicamente. Entonces, ¿qué es lo que ocasiona esa ruptura? ¿Cómo terminamos con la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa oriental?

D. El Filioque

Existieron muchas controversias a lo largo de los siglos que añadieron presión, tales como debates acerca de la fecha de la Pascua, los desacuerdos en la Cristología, la infelicidad de Oriente con las declaraciones papales acerca de una autoridad universal sobre las iglesias. Pero la mayor fuerza persistente que separó a los dos fue el filioque. La palabra es latín, que significa: «y el hijo». Entonces, ¿como esta sola palabrita dividió al cristianismo en la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa oriental? Si nos remontamos al Concilio de Nicea, ¿el punto en cuestión se refería a la interacción entre las personas de la Trinidad? ¿Cómo interactúan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? Arrio argumentó que Jesús fue creado, que hubo un tiempo en que «el Hijo no existió». El Credo de Nicea se formuló como  una forma de reconocer el hecho de que Arrio estaba equivocado, como una manera de certificar que Jesús es eterno e inmutable, uno con el Padre. La Trinidad es una sustancia, un solo Dios, pero tres personas. En Occidente, añaden una frase al credo de Nicea. Observa el final del credo: «el Señor y dador de la vida, quien procede del Padre Y EL HIJO (‘filioque’)». La pregunta es si el Espíritu Santo procede del Hijo en adición al Padre. En Occidente, Agustín había reconocido que el Espíritu Santo es el «amor entre el Padre y el Hijo», así que en ese sentido, el Espíritu procede de Padre y del Hijo. En las Escrituras, puedes observar en Juan 15:26, Dios dice que enviará el Espíritu Santo, que procederá del Hijo. Occidente, progresiva y absurdamente agrega esta frase a diferentes credos para aclarar cómo funciona la Trinidad. Puedes dar un vistazo a tu folleto para ver cómo el filioque funciona en la revisión occidental del Credo de Nicea en el año 381 d. C.

Oriente se enoja mucho: «Un momento, allí van de nuevo. ¡Creen que tienen un solo papa y pueden hacer lo que les plazca, y cambiar el credo! Nosotros tenemos a todos estos obispos aquí, ¡y ellos dicen que no pueden cambiar los credos!». Occidente responde: «Esto es cierto y correcto. ¡Necesita estar allí!». Así continúan sucesivamente, hasta que finalmente, en el año 1054 d. C., el patriarca de Constantinopla declara como «hereje» al obispo de Roma. Básicamente, excomulga al obispo de Roma de la Iglesia. En este caso, realmente la gota que derramó el vaso fue una carta enviada del patriarca de Constantinopla a todos los obispos occidentales, criticándolos por el uso de pan sin levadura en la comunión. En respuesta, las tensiones aumentan hasta la cabeza, el papa León IX (obispo de Roma) excomulga al patriarca (u obispo) de Constantinopla. ¡Acaban de excomulgarse unos a otros de la iglesia! Y ahí es donde se encuentran actualmente. Dicen: «Esa otra iglesia es herética, y no podemos estar en comunión con ellos».

  1. Conclusión

La Iglesia, especialmente en Oriente, dio unos giros equivocados durante esta época. En Occidente, el caos político produjo un rol para la Iglesia que iba más allá del rol asignado por Dios de hacer discípulos. En ambos casos, vemos un distanciamiento de lo que la Palabra de Dios llama a la Iglesia a ser. Esta trayectoria errada, como seguiremos viendo la próxima semana, continuó a lo largo de la Temprana Edad Media.

 

[1] Gregorio, Pastoral Rule, 1 http://www.newadvent.org/fathers/36011.htm