Liderazgo

Guiando una iglesia del liderazgo de diáconos al liderazgo de ancianos

Artículo
23.05.2018

En uno de mis primeros pastorados, dos de los diáconos hicieron algo inusual: en realidad pastoreaban la congregación. Además de esos dos hombres, la iglesia tenía una política eclesiástica bautista muy típica de mediados del siglo XX: ocho diáconos servían como junta directiva, y la congregación en su conjunto votaba virtualmente cada decisión que afectaba la vida de la iglesia en reuniones de asambleas. Los diáconos generalmente se enfocaban en la propiedad, las finanzas y las disputas ocasionales.

¿ANCIANOS POR ALGÚN OTRO NOMBRE?

Sin embargo, tanto en el carácter como en la práctica, estos dos hombres hicieron el trabajo de los ancianos. Simplemente no tenían el título. Vigilaron y pastorearon la iglesia (Hebreos 13:17, Hechos 20:28, 1 Pedro 1: 2), enseñaron la sana doctrina (Tito 1: 9), ejercieron una supervisión espiritual (1 Pedro 5: 2), y establecieron un ejemplo fiel de vida cristiana (1 Pedro 5: 3).

Tengo fuertes dudas de que ninguno de los dos haya pensado en sí mismo como un anciano. Pero, eso es precisamente lo que la iglesia debería haber reconocido. En cambio, la iglesia confundió los dos oficios bíblicos, que son importantes para la salud de la iglesia, y esperaba que los diáconos actuaran como ancianos sin las calificaciones, los dones o la autoridad necesaria.

¿Podría haberse resuelto el problema cambiando simplemente el título de los diáconos a los ancianos? ¡Absolutamente no! Mientras dos hombres ya cumplían con el oficio, el resto claramente cumplía el papel de diáconos-siervos de la iglesia, con responsabilidades ocasionales de los ancianos impuestas sobre ellos.

¿Cómo puede una iglesia bajo el liderazgo «modelo diácono» —o cualquier iglesia en situación semejante —avanzar hacia el reconocimiento de los hombres calificados como ancianos? Primero, el pastor, necesitaría abordar los obstáculos en el camino de implementar el modelo bíblico.

OBSTÁCULOS EN EL CAMINO DE TRANSICIÓN A ANCIANOS

  1. La congregación probablemente no entiende las enseñanzas de la Biblia sobre los ancianos.

Al dar pasos para reconocer a ciertos hombres como ancianos, le pides a una congregación que entienda e implemente una práctica bíblica. Esto requiere la enseñanza paciente de las Escrituras: involucrar a la congregación, grupos pequeños e individuos en la interpretación y aplicación de la Palabra de Dios. Muchas objeciones a los cambios en el sistema de gobierno de la iglesia, pierden su empuje cuando los cristianos piensan bíblicamente.

  1. Muchas congregaciones tienen una larga historia con un congregacionalismo pesado y difícil de manejar.

En lugar de un congregacionalismo saludable y fuerte, esta iglesia que mencioné anteriormente practicaba la micro-administración congregacional. No se hizo nada sin reuniones de negocios laboriosas, que a menudo terminaban en sentimientos y egos heridos. Cambiar esto, nuevamente, requiere una enseñanza paciente y un diálogo sobre el Nuevo Testamento y las ideas históricas del congregacionalismo.

Tal vez le enseñe a la iglesia algo sobre su propia confesión doctrinal (si es buena), explicando lo que dice el Nuevo Testamento acerca de las funciones de los ancianos y diáconos, al tiempo que muestra cómo se desarrolló el congregacionalismo en este entorno particular. Tal estudio proporciona una plataforma para exponer un retrato del gobierno bíblico y efectivo de la iglesia.

  1. Cuando pasamos de un modelo de diácono a un modelo de anciano, los diáconos no seleccionados para convertirse en ancianos pueden ponerse celosos.

Tales celos pueden resultar en una división masiva, a menudo arruinando cualquier posibilidad para que la iglesia transforme su estructura de liderazgo. ¿Cómo se puede abordar esto? Al adoptar una visión a largo plazo del liderazgo de ancianos y diáconos, concéntrate en las calificaciones bíblicas para los diáconos actuales (1 Timoteo 3: 8-13), elevando así los requisitos.

Esto reduce el número de candidatos a diáconos. Además, trabaja para mostrar la distinción bíblica entre las responsabilidades de los dos oficios. Un hombre no tiene un ministerio, sólo porque tenga un título.  Establece expectativas para los diáconos y los ancianos para que la iglesia anticipe su práctica bíblica. Unos pocos pueden continuar guardando celos, pero la iglesia probablemente sea sabia al respecto.

  1. Quizás ningún diácono actual esté calificado para servir como anciano.

Sencillamente la transición de un título a otro con deberes más intensos no ayudará. Por el contrario, los hombres deben ser cultivados con miras a servir como ancianos. Comienza por reconocer a los hombres que parecen estar «por encima del reproche» (Tito 1: 6). Ayúdalos a desarrollar una mayor consistencia en su andar con Cristo.

Aliméntalos en la Palabra de Dios y la sana doctrina. ¿Muestran amor por la Palabra? ¿Pueden articular la sana doctrina? Después de un período de diálogo regular sobre las Escrituras, concédeles oportunidades para enseñar. Exhorta, anima y evalúa. ¿Son capaces de enseñar y están ansiosos de ayudar a la congregación a entender la Palabra de Dios?

Llévalos contigo en las visitas pastorales. ¿Se deleitan en pastorear el rebaño? Reconoce que algunos pertenecen correctamente al oficio del diácono. Sin embargo, algunos pueden evidenciar las cualidades necesarias de los ancianos. Continúa invirtiendo en estos hombres. Dales responsabilidades para pastorear a la iglesia, para que la congregación pueda comenzar a ver el valor de tener ancianos que no sean del personal contratado.

LIDERANDO LA TRANSICIÓN

Más allá de todos estos obstáculos está la transición real. ¿Cómo puede un pastor dirigir la transición de diáconos a ancianos como líderes espirituales en la iglesia? Como dice la etiqueta del parachoques, «La velocidad mata». También lo hace un movimiento impaciente para convertir a los diáconos calificados en ancianos. Intentar hacer esto sin una preparación adecuada probablemente creará un caos si no la pérdida repentina de un pastorado.

¿Cuánto tiempo es adecuado para la transición? Eso variará, pero tiendo a pensar que un mínimo de 18 meses a tres años es necesario para la transición de la estructura en el liderazgo de una iglesia. ¿Porque tan largo? Porque la mayoría de las iglesias carecen de claridad bíblica. Han vivido con sus estructuras de gobierno sin analizarlas a la luz de las Escrituras, y tú, el pastor, los está llamando a desarraigar puestos ocupados desde hace mucho tiempo.

Entonces, si deseas que esto cambie, debes enseñar pacientemente el sistema de gobierno bíblico, acoplándose en diferentes lugares: el púlpito, el estudio de la Biblia, el grupo pequeño, las reuniones de los hombres, en el discipulado uno a uno, y así sucesivamente. La diversificación sirve mejor que ofrecer un curso intensivo de sistema de gobierno de iglesia. Más importante, sin embargo, que cambiar el sistema de gobierno es enseñarle a la iglesia a pensar bíblicamente. Cuanto mejor un pastor le enseña a su congregación a interpretar correctamente las Escrituras, mejor podrán entender el liderazgo bíblico de la iglesia y desearán el cambio ellos mismos, lo que conducirá a una transición mucho más suave.

Sé intencional

Sé intencional. Dale a la congregación espacio para trabajar hacia una comprensión bíblica de la política. Tal vez tú, el pastor, tuviste que lidiar con cuestiones de gobierno de iglesia durante varios años. La iglesia probablemente necesitará la misma cantidad de tiempo, si no más. Pocos reaccionan bien ante los nuevos conceptos que se atascan en sus gargantas.

CONCLUSIÓN

Así que establece metas, pero sé paciente. Enseña, predica y ora hasta que la iglesia se deleite en el evangelio. A medida que la congregación comienza a comprender la naturaleza y la misión de la iglesia, conecta los puntos estructurales para ellos. Con el tiempo, con suerte comenzarán a responder a la Palabra. Luego diseña un plan para nominar hombres calificados para servir como ancianos. Siguiendo el método prescrito en los documentos rectores de la iglesia, revisa su política eclesiástica para reflejar el liderazgo de los ancianos en la congregación. Y a lo largo de la transición, busca avanzar con humildad y paciencia para la gloria de Cristo y el bien de su iglesia.

Traducido por Renso Bello.