Clases esenciales: Encuentro con Dios

Encuentro con Dios – Clase 5: La Oración, Obstáculos y Aspectos Prácticos

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Encuentro con Dios
Clase 5: La Oración, Obstáculos y Aspectos Prácticos


La semana pasada vimos la oración como parte de nuestro tiempo devocional con el Señor. A lo largo de este seminario básico hemos dicho que entendemos que un tiempo devocional es la parte del día que reservamos para la adoración a Dios, para la lectura de la Palabra de Dios y la comunión con Dios a fin de que podamos conocerle más, conocernos a la luz de Él, y conocer al mundo desde su perspectiva. Y mientras vamos a Dios en su palabra para ello, la adoración y comunión de Dios, la respuesta dada por el Espíritu es la oración a Dios.

La oración es la respuesta dada por el Espíritu, saturada por la Palabra para encontrarnos con Dios.

Esta respuesta incluye la alabanza a Dios a medida que llegamos a conocerlo mejor. Incluye la confesión a Dios cuando comenzamos a conocernos a nosotros mismos a la luz de quien es él.

Encuentro con Dios a través de un mediador

Somos grandes pecadores y la Escritura, es clara en que no podemos tener acceso a Dios, no podemos encontrarnos con él, no podemos tener una relación con Dios. Pero Dios, en su gran misericordia, envió a su hijo a vivir una vida perfecta, a morir en la cruz, para llevar nuestros pecados y el castigo que merecemos y luego ser levantado de entre los muertos con el fin de derrotar a la muerte y ser declarado el Hijo de Dios (Romanos 1). Es sólo a través de él que podemos llegar a Dios. Recuerda, toda espiritualidad bíblica viene a través de un mediador.

También incluye la acción de gracias y nuestras súplicas, o dar a conocer nuestras peticiones a Dios, mientras comenzamos a entender el mundo en el que vivimos desde su perspectiva. Pero si la oración incluye la alabanza y la adoración, la confesión, la acción de gracias y súplica, ¿cuál es su propósito? Vemos por lo menos tres propósitos en la oración, siendo el primero lo principal.

  • Glorificar a Dios – Dios nos da la oración para exaltarse a sí mismo.
  1. Juan 14:13–14 – «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré».

 

Vemos tres cosas aquí. Primero, como la semana pasada, Jesús nos enseña a orar en su nombre. Segundo, él lo hará. Las oraciones serán contestadas. Ten confianza porque serán contestadas nuestras oraciones en el nombre del Hijo. Tercero, oramos en su nombre y nuestras oraciones son contestadas a través de él para que el Padre sea glorificado. Y él será glorificado en el Hijo porque es el Hijo el que intercede por nosotros y a través de quien tenemos acceso al Padre.

  1. Juan 15:7-8 – «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos».

 

Observa que Jesús habla de que nuestra oración a él depende de 1) nuestra permanencia en él (es decir, nuestra confianza en Cristo por la fe para que vivamos en él, la oración es para los creyentes) y 2) sus palabras viven en nosotros. Por esta razón entendemos que la oración es la respuesta saturada por la Palabra para encontrarnos con Dios. Permanecemos en Jesús si sus palabras permanecen en nosotros. Y si este es el caso, es posible que le pidamos a él y será hecho. Permanecer en las palabras de Jesús nos ayuda a poder orar según la voluntad de Dios y cuando oramos según la voluntad de Dios, el Señor se complace en responder esas oraciones y se glorifica a sí mismo cuando lo hace.

  1. ¿Qué significa que Dios sea glorificado?
  1. Apocalipsis 21:23 – La gloria de Dios es la iluminación (o el brillo) que rodea la revelación de Dios de sí mismo (Grudem). La gloria de Dios es la «adecuada expresión externa de su propia excelencia». «Esta gloria de Dios es la manifestación visible de la excelencia del carácter de Dios».
  1. Otra manera de decirlo: La glorificación de Dios es la santidad de Dios en público. Es el carácter de Dios, todo sobre quién él es, siendo dado a conocer y siendo amado.
  • Dar a conocer el nombre de Dios llevando los frutos del evangelio
  1. Juan 15:16 – «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé».
  1. Nota el «para que». Cuando estudies este versículo en tu tiempo devocional, medita en el «para qué». ¿Qué significa? Los escogí para que den frutos, así obtendrás respuestas a tus oraciones. La oración es un instrumento para el propósito de dar frutos.
  2. Dios nos hizo para hacerlo conocido en el mundo mediante los frutos del evangelio (es decir mostrar amor, alegría, paz, paciencia, bondad, dominio propio y todos los otros frutos de Gálatas 5:22-23, junto con cosas como dirigir a otros a una pasión por Jesús, ayudar a otros a luchar contra el pecado y alentar a otros creyentes a mantenerse fuertes en el Señor) permaneciendo en él y luego orando y dejando que el mundo vea que no somos nosotros los que estamos haciendo la obra, sino el Señor mientras descansamos y confiamos en él. Veamos esto en otro lugar.
  1. Juan 15:5 – «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer».
  1. Dios nos dio la oración porque nosotros no podemos hacer nada separados de él.
  2. Debemos ir a Dios en oración para que él se mueva a través de nosotros. Él nos ha concedido el pedirle que obre en nuestras vidas para que cuando él haga la obra, demos fruto y él sea glorificado.

Hay otro propósito de la oración en el que quiero que pienses. Es éste:

  • Darnos acceso a nuestro Gran Comandante mientras estamos en tiempos de guerra 

Cuando te despiertas por la mañana, ¿crees que estás en una guerra? ¿Eso le da forma a la manera en que meditas en tus devocionales por la mañana? ¿Tu tiempo en la palabra? ¿Tu tiempo en oración? Sabemos lo que es la guerra. Escuchamos hablar de ella todos los días en las noticias en Irak y Afganistán y tal vez de libros sobre la I y II Guerra Mundial. Implica sacrificio, intensidad y muerte. La guerra es un asunto serio porque las vidas de personas están en riesgo y las cosmovisiones e ideas sobre la raza humana están en riesgo.

 En el libro «Banderas de Nuestros Padres», sobre la batalla de Iwo Jima durante la II Guerra Mundial, hay una historia de un joven llamado Jack Lucas. Él ingresó en la Marina cuando tenía 14 años engañando a los reclutadores con su físico musculoso. Él fue asignado para conducir un camión, pero cuando sus amigos fueron a la batalla de Iwo Jima el quería ir por lo que se escondió en el barco, vivió de los alimentos que sus colegas le traían. Llegó a la isla como un muchacho de 17 años y tomó una pistola de uno de los chicos a su alrededor que acababa de morir. En el segundo día de batalla un enemigo lanzó una granada que cayó justo a los pies de él y dos de sus compañeros. Él la empujó en la tierra con su rifle. Una segunda granada aterrizó luego en el mismo lugar y Jack se dejó caer encima de ella. «Vas a morir», pensó Jack. La explosión lo lanzó al aire. Sus amigos continuaron luchando por un largo tiempo y luego vinieron para buscar sus placas de identificación, sólo para encontrar a Jack todavía respirando. Lo llevaron a un médico que ordenó que saliera de la isla. «Creo que era demasiado fuerte para morir», dijo uno de los médicos. Jack salió de la isla y después de 21 cirugías todavía está vivo. En 2001, cuando el autor del libro le preguntó por qué lo hizo, Jack respondió: «Sólo trataba de salvar a mis amigos».

 

Cuando escuchamos historias como esta, es fácil para nosotros envolver nuestras mentes en la intensidad y la gravedad de la guerra. Pero, ¿pensamos en nuestra vida de esa forma? Porque en las Escrituras se habla claramente acerca de la vida en términos de guerra espiritual.

  1. 2 Timoteo 4:6-8 (especialmente el vs. 7) – «He peleado la buena batalla…»
  2. Mateo 5:27-30- «Si»
  3. El enemigo: Satanás
  4. 1 Pedro 5:8 (buscando a quien devorar)
  5. 1 Tesalonicenses 3:5 (robando tu fe)
  6. En tiempos de guerra, las personas no se preocupan sólo por ellas mismas. Si eres un soldado y todo lo que haces es ir a la batalla cuidando tu propia espalda, no vas a ayudar a ganar la guerra y le puedes costar a otros su vida. No hay lugar para el egoísmo en la guerra. Ahora, traslademos esa analogía a la oración. ¿Por qué cosa o por quién haces la mayoría de tus oraciones?

Hay un tiempo y lugar para orar por ti mismo, pero debes estar orando por otros.

  1. Un corazón no inclinado a orar por otros es un corazón que no está en sintonía con el evangelio. Es la marca de un cristiano el preocuparse por las vidas de otros. Aprendemos esto de al menos dos pasajes bíblicos
  2. Jesús dice esto:
  1. Ama a otros cristianos – «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:34-35)».
  1. Ama a tu prójimo – «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37-39)».
  1. Efesios 6:18 – «orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;…» ¡Pablo le encarga a los efesios orar por todos los santos!
  2. ¿Te sientes abrumado orando por otros? Hay mucho por lo que pedir. Yo encuentro que estructurar tus tiempos de oración por ciertas personas y ciertas cosas es una cosa muy útil para evitar estar tan abrumados en la oración al punto que dejemos de orar.
  1. Veamos otro pasaje y pensemos en este cuadro. Una imagen útil es pensar en la oración como un walkie-talkie de tiempo de guerra usado para llamar al comandante y conseguir los comandos de batalla o a la radio para ayudar a tu amigo que acaba de aterrizar sobre una granada en comparación con un intercomunicador doméstico destinado a traerte otro cojín para el sofá u otra bebida mientras ves tu programa favorito en la televisión. ¿Cómo entiendes la oración a la luz de este pasaje?
  1. Efesios 6:10 – Lee todo el pasaje.
  1. Luchamos contra el diablo.
  2. Como cristianos, no luchamos con las armas que derramaron sangre de alguien que no sea la nuestra. Luchamos con las armas espirituales y decimos como Ester, «si perezco, perezco».
  • Tomamos la espada (nuestra arma principal), orando.

Trampas

Hay varias cosas que realmente nos pueden impedir reunirnos con Dios. Estas cosas son obstáculos reales que impiden conocer al Señor más. ¿Cuáles son algunas de estas trampas? En otras palabras, ¿por qué no pasamos más tiempo en la Palabra? ¿Cómo podemos ser conscientes de ellas y prepararnos para ellas? Ya hemos hablado de la excusa de estar ocupados. Echemos un vistazo a otras tres.

Depender de nuestras emociones

Hay un tipo de espiritualidad popular hoy que se basa más en nuestros sentimientos y emociones que en la palabra de Dios y la centralidad del evangelio. A veces esto es explícito y a veces es muy implícito. Este es otro obstáculo para pasar tiempo diariamente en la palabra. Seré honesto. No me despierto cada mañana en fuego para ir a leer la Biblia. Simplemente no me siento con ganas. Pero si permitimos que los sentimientos nos alejen de la palabra de Dios, eventualmente seremos tan duros de corazón que nunca vamos a querer leer la Biblia. Nuestras pasiones y emociones no siempre son cosas malas, pero tenemos que saber cómo salir de nosotros mismos y reconocer cuando nuestras emociones están en lo correcto o si nuestras pasiones nos están dirigiendo hacia un mal camino. Queremos ser apasionados por Jesús. Quiero que nuestras emociones nos conduzcan a Dios en su palabra. Estas son emociones buenas. Pero debemos saber cuándo nuestras emociones no nos están ayudando.

  1. ¿Qué haces cuando te llega un momento de «sequía espiritual» y apenas sacas algo o nada de la Palabra?
  2. Recuerda, esto es normal. Todo el mundo experimenta esto en algún momento.
  3. No confíes en tus sentimientos. Reconoce tus sentimientos, pero niégate a ser gobernados por ellos.
  • Continúa leyendo la Biblia. Por esta razón la llamamos una «disciplina». Es fácil entrar en la palabra cuando las cosas van bien, pero no es así cuando no estás recibiendo mucho de ella.
  1. No tengas miedo de cambiar tu patrón.
  • Deberíamos tener una estructura o un patrón en nuestro tiempo devocional.
  • No deberíamos confiar en que la estructura nos ayuda a encontrarnos con Dios, pero sí confiar en que Dios cumple con nosotros a través de su palabra.
  • Tengo un pasaje en particular al que voy cuando me siento seco. Es un pasaje que me ha hablado varias veces sobre el carácter y la naturaleza de Dios. Isaías 40-50. Me tomo un día o dos o una semana y repaso estos versículos y le pido al Señor que me revele quien él es.
  1. ¿Qué hago cuando mi mente vaga?
  2. Date unos minutos para pensar sobre lo que está en tu mente. Anótalo. Luego, pon la lista a un lado y concéntrate en tu tiempo devocional.
  3. Tenemos que disciplinar nuestra mente.
  • Las mentes errantes son un problema, no un pecado. Esto es sólo una realidad.
  1. En oración, estructura tus tiempos de oración.
  2. ¿Qué haces cuando sientes que tus oraciones están chocando con una pared?
  3. Recuerda que la oración no se trata de ti. La oración está arraigada en Dios.
  4. Mira la discusión de la semana pasada sobre la Trinidad.
  5. ¿Qué haces cuando no te apetece orar o leer la Biblia?
  6. IAAS
  • Inclínate – Salmo 119:36. «Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia».
  • Abre – Salmo 119:18. «Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley».
  • Afirma – Salmo 86:11. «… Afirma mi corazón para que tema tu nombre».
  • Satisface – Salmo 90:14. «De mañana sácianos de tu misericordia…».
  1. ¿Cuándo puedes orar?
  2. Esta es la misma pregunta que, «¿Cuando estás en un momento de necesidad?»
  3. Ora todo el tiempo por dos razones:
  • Tenemos un sumo sacerdote que siempre está intercediendo por nosotros. Él nos provee acceso constante.
  • Siempre estamos en necesidad.

Otra forma por la que esto puede suceder es a causa de nuestro pecado. Puedes haber cometido un pecado particular esta semana que te hace sentir muy culpable y no digno de ir a Dios. El obstáculo aquí puede resultar no sólo en la forma en que el pecado legítimamente obstaculiza tu relación con Dios. Podría hacerte pensar que Dios no quiere que tú vayas a él ahora mismo porque estás especialmente sucio o pecaminoso. Bueno, esto es lo que llamamos ser más dependientes de nuestros sentimientos que de la verdad objetiva de la palabra de Dios. La verdad del asunto es que, si estás justificado por Cristo mediante la fe, nunca eres más o menos digno de ir a Dios. Él ha pagado por todos tus pecados, pasado, presente y futuro. En y por ti mismo, no eres digno de ir a Dios. Pero por medio de Cristo nuestro mediador, no necesitas nunca carecer de confianza. No deberíamos depender de nuestras emociones para decirnos cuándo ir a Dios, sino que deberíamos ser dependientes de la obra terminada de Cristo, por la cual sabemos que tenemos acceso al trono de la gracia. Por tanto, cuando pecamos, lo mejor es volver inmediatamente al Señor en confesión y arrepentimiento. Hacerlo ayudará a tu relación con Dios.

El legalismo

Otro obstáculo a tener en cuenta es el legalismo. C.J. Mahaney tiene una buena sección en su libro, La vida cruzcéntrica. En esa sección define el legalismo como «tratar de alcanzar el perdón de Dios y la aceptación de Dios mediante la obediencia». ¿Por qué es esto relevante cuando se habla del encuentro con Dios diariamente en su Palabra? Porque una de las tendencias de nuestra carne es ganar el favor de Dios haciendo cosas que creemos le agradarían a él. Intentamos ganarnos el perdón de Dios y su aprobación a través de la realización personal.

Esta trampa se manifiesta de maneras explícitas e implícitas. Explícitamente, realmente puede parecer alguien que se aferra a la creencia de que para ser salvos hay que ser bautizados o dar un cierto porcentaje de su sueldo a la iglesia o hablar en lenguas. Fácilmente podemos ver cómo estas cosas minan el evangelio de salvación sólo por gracia sólo a través de la fe. Pero, ¿implícitamente? Aquí es donde la mayoría de nosotros podemos fallar.

¿Te has encontrado alguna vez en pecado y entonces esperas antes de ir a Dios en confesión hasta que hayas pasado una cantidad considerable de tiempo en la Biblia? O, tal vez te encuentras pensando que tu vida va muy bien ahora ya que has tenido tu tiempo devocional durante 30 días seguidos. Bueno, estas son formas sutiles en las que practicamos el legalismo y desestimamos el evangelio. Cuando pensamos que ganamos el favor de Dios o incluso el acceso a Dios por las cosas que hacemos, es lo mismo que decir que la obra expiatoria de Jesús en la cruz por nuestros pecados fue innecesaria e insuficiente. Estás diciendo que hay algo más que debe hacerse. No vamos finalmente a Dios mediante su palabra o en oración porque será agradable para Dios, aunque ciertamente lo es. No lo hacemos porque nos hace más justificados o nos hace ganarnos más el favor de Dios. Vamos a Dios porque él es digno. Él es digno de ser adorado. Él es digno de ser conocido.

Mahaney hace la útil distinción entre la justificación y la santificación, para ayudarnos a entender dónde las disciplinas de la lectura de la Biblia y la oración entran en juego. Él dice que la justificación es ser declarados justos por Dios. Es nuestra posición delante de Dios. Es la obra objetiva de Cristo por nosotros, sin nosotros. Es la inmediata y total conversión. La santificación, por otro lado, es ser hechos justos, ser conformados a la imagen de Cristo. Es nuestra práctica. Es la obra subjetiva de Cristo dentro de nosotros. Es un proceso.

 

Cuando mezclamos estas dos cosas, el legalismo es a menudo el resultado. Empezamos a pensar que nuestra práctica, nuestras obras van a hacernos finalmente justificados delante de Dios. Entonces, seamos realmente claros ahora mismo. No encontrarás ningún favor de Dios al leer tu Biblia a diario. No serás justificado en cualquier sentido por el número de sermones que has escuchado o el número de versículos de la Biblia que memorizaste. En cambio, no serás condenado porque olvidaste hacer tu devocional esta mañana. Esas cosas son buenas para nosotros, pero no agregan una onza de justificación a nuestras vidas. Y cuando comenzamos a entender esto, somos liberados para ir a Dios, no para ganar su bendición y favor sino para simplemente disfrutar de él. Eso es algo dulce.

Por tanto, deberíamos saber de la trampa del legalismo, ya que desestima el evangelio.

La pereza

Esto no será un problema para todos en la habitación, pero sé que, especialmente entre los solteros (y lo sé porque soy uno), la pereza puede ser un obstáculo enorme para reunirnos con Dios. Si te encuentras constantemente viendo series de televisión o videojuegos más de lo que lees tu Biblia, puede que desees cambiar tus hábitos. Si te encuentras haciendo planes más estrictos para ver el fútbol americano universitario el sábado de lo que lo haces para leer tu Biblia, puede que desees reconsiderar tus prioridades. Hay una letra de una vieja canción de Keith Green que algunos de nosotros podríamos tomar en serio. «Jesús resucitó de la tumba, y tú aun no puedes levantarte de la cama».

Ahora, no me atrevo a mencionar esa línea. Hay algunas personas que responden muy bien a ese tipo de motivación. Yo soy una de esas personas. Necesito que a veces alguien me confronte completamente y me diga que estoy siendo perezoso. Pero por favor no me escuches decir: eres inútil. Sólo escúchame decir que Jesús fue a grandes longitudes para atraernos a sí mismo. Él es el ser más grande en el universo y es él digno para que nosotros vayamos a él diariamente. ¿Por qué no iríamos a él? Él es el dador de vida, nuestro sustentador, nuestro auxilio en tiempos de problemas y nuestra esperanza y alegría incluso cuando no estamos en problemas.

Las cuestiones subyacentes en el corazón de estas trampas

La falta de deseo de Dios

Te vas de vacaciones

Permíteme mencionar otra trampa más que he experimentado en mi propia vida. Para mí, el tiempo más difícil para pasar tiempo con el Señor es cuando me voy de vacaciones.

A veces ir a casa es el lugar más difícil para pasar tiempo con el Señor. Lo es por muchas razones:

  • Los padres siempre hacen que hagas cosas en la casa.
  • Los padres no esperan que pases tiempo en la Palabra, por lo que están detrás de ti tan pronto como despiertas (por cosas buenas y malas).
  • Tu casa podría ser una verdadera fuente de tentación, si es un lugar donde comenzaste a luchar con ciertos pecados.

Prepárate para esto.

Se abierto con tus padres. Diles que estás planeando quedarte en tu habitación durante los primeros 30 minutos del día cuando te despiertas para que puedas leer la Biblia y orar. O, puedes salir de la casa durante 30 minutos o una hora si es más fácil.

También, establece rendición de cuentas. Diles a tus amigos cuando te vas que vas a casa y que es un lugar duro. Pide llamadas telefónicas mientras estés en casa.

Se realista sobre tus tiempos devocionales. A veces en vacaciones tenemos una tendencia de rebasarnos a nosotros mismos. No te pongas metas tan altas que si no las cumples vayas a estar completamente decepcionado con ti mismo.

Preguntas prácticas para que la clase reflexione (en realidad dales un papel para que anoten cosas)

  • ¿Qué es una cosa que puedes hacer para mejorar el consumo de la palabra de Dios?
  • ¿A qué hora del día te comprometerás a pasar tiempo en la palabra de Dios?
  • ¿Qué tipo de plan harás para estructurar tu tiempo en la palabra de Dios?
  1. ¿Plan de lectura de la Biblia diario?
  2. ¿ Leer la Biblia en un año?
  3. ¿Estudiar a través de un libro de la Biblia?
  4. ¿Un salmo al día?
  • ¿Cómo te propones aplicar la palabra de Dios cada día?
  • ¿Cómo estructurarás tus tiempos de oración?