Clases esenciales: Encuentro con Dios

Encuentro con Dios – Clase 4: Encuentro con Dios a través de la oración

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Encuentro con Dios
Clase 4: Encuentro con Dios a través de la oración


Breve resumen de donde hemos estado

En la semana 1, se consideraron dos supuestos:

En primer lugar, que es posible encontrarse con Dios; y

En segundo lugar, ese encuentro con Dios es algo que deberíamos hacer, incluso diariamente.

En las semanas 2 y 3, consideramos cómo nos reunimos con Dios a través del consumo bíblico: es decir, escuchar, leer, estudiar, memorizar y meditar en la palabra de Dios.

También consideramos la importancia del tiempo devocional al reunirnos con Dios. Y es tan importante que hemos reimpreso su definición en el esquema de esta semana.

Introducción

Con respecto a la oración, me pregunto, ¿alguna vez has conocido a alguien famoso? Cuando llegamos por primera vez a Washington, D.C. en 2001, estaba en la constante búsqueda de políticos famosos. Para ser claro, me especialicé en Ciencias Políticas y, hasta el día de hoy, me ejercito con políticos de ida y vuelta, así que eso puede que tenga algo que ver, pero incluso los políticos con los que estaba ideológicamente en contra suscitaron mi interés. Pronto llegué a saber que me intrigaba no tanto por gente famosa sino por gente poderosa. Y yo no era el único.

Hay mucha gente en esta iglesia que, en un momento u otro, trabajó para poderosos políticos. Algunos incluso han sido asesores de un presidente o vice-presidente. Si prestas atención, con frecuencia escucharás recordatorios desde el pulpito de esta iglesia para no ser impresionados por el poder de esta tierra. Eso es principalmente porque muchos de ustedes ocupan u ocuparán posiciones de gran autoridad. A diferencia de algunos en la iglesia, yo nunca he sido asesor de un presidente, pero sí tuve una pequeña muestra del poder de la presidencia en el verano de 2006.

Ese verano fui invitado a volar en el Air Force One. Y mientras estaba a bordo, el Presidente Bush entró en nuestra cabina. Fue como si todo el aire hubiera sido extraído del avión. Sus lentes de lectura estaban entallados en el extremo de su nariz. Llevaba un traje de calentamiento, acababa de montar la bicicleta fija que le había dado Lance Armstrong, el multi-ganador del Tour de Francia. La taza de café que sostenía sólo decía: «El Jefe». Estábamos volando a Nuevo México y luego a Texas, así que el Presidente nos preguntó: «¿Alguien sabe la diferencia entre una estalactita y una estalagmita?»

Ahora, no conozco ni me interesan tus preferencias políticas – si te gusta o no Clinton, Bush, Obama, etc. – pero si eres como yo y el hombre más poderoso del mundo está de pie o sentado a tu lado hay una cierta energía que se apodera de tu cuerpo. Realmente quieres hablar con esa persona.

Graeme Goldsworthy, un anglicano de Australia que es reconocido por su enseñanza del A.T., escribió: «Está implícito en nuestra naturaleza querer hablar con alguien más poderoso que nosotros». Esto no es necesariamente bíblico, pero es una observación acerca de la condición humana que resuena en la mayoría de nuestros corazones. Es más, yo sugeriría que es una de las razones por la que vamos al Señor en oración. Él es el Dios Todopoderoso, quien creó el universo de la nada. Él está muy por encima de nosotros y es digno, simplemente porque quien es, para que nosotros hablemos con él. Pero, ¿cómo hablamos con él? ¿Cómo tenemos acceso a él? La clase de esta mañana se trata de la oración; qué es, por qué deberíamos orar y cómo deberíamos hacerlo. Vamos a abrir este tiempo, apropiadamente, yendo a Dios y pidiéndole que nos dé entendimiento esta mañana.

La Oración

 

No sé tú, pero nunca me han interesado los libros seculares de «superación personal». Están centrados generalmente en el hombre y tienden a dejar al lector pensando que si él hace esta cosa particular en esta forma particular, entonces podrá sentirse mejor acerca de sí mismo o ser una mejor persona o tener éxito. Eso es exactamente lo que no queremos pensar de nuestro tiempo devocional. Reunirse con Dios no es una fórmula, por lo menos no en el sentido de que si lo haces durante una cierta cantidad de tiempo o lees cierto pasaje eso te garantizará una buena comunicación con el Señor. Con esto en mente, pasemos a algunas cosas fundamentales acerca de la oración que esperemos nos ayudarán a conocer al Señor mejor; a su vez, conocer al Señor mejor con suerte nos conducirá a él en oración. Esto es lo que hemos estado tomando en cuenta las tres primeras semanas en esta clase: al conocer a un gran Dios, nosotros deberíamos ser atraídos más profundamente a estar en comunión con él.

Considera esta definición de oración: «La oración es la respuesta dada por el Espíritu, saturada por la Palabra, a través de la comunicación, para morar en Dios». Entendemos por «respuesta» la salida de las meditaciones que hemos tomado de la Palabra. Dios ya nos ha hablado a nosotros a través de su Palabra y así hablamos a él en respuesta a eso. Quizá una definición más simple es la que ofrece Wayne Gruden en su libro, Teología Sistemática que Mark Dever nos recomendó la semana pasada: la oración es comunicación personal con Dios. Ponemos la palabra «comunicación» en la definición para acentuar que la oración es nuestro medio de comunicación con Dios. La oración no es ayudar a la anciana a cruzar la calle o dirigir un estudio bíblico. Esas son cosas buenas, sin duda – tal vez incluso venerables, que agradarían al Señor – pero no son oraciones. La oración es comunicación con Dios. Es hablar con Dios.

¿Cómo podría verse esta respuesta a Dios en palabras? Bien, considera las siglas ACTS (Hechos en inglés). Es una de las mejores maneras que he visto para comprender y recordar cómo deberíamos responder.

A – Adoración

C – Confesión

T – Thanksgiving (Acción de gracias)

S – Súplica (Solicitar o pedir al Señor cosas para darle gloria)

Los Salmos de David están cargados con oraciones de adoración, confesión, acción de gracias y súplica. Quizá nadie que no sea Jesucristo mismo puede orar como David. Y quizá nadie que no sea nuestro Señor conocía a Dios mejor o amaba a Dios más.

Tienes dos salmos en tu guía de estudio que te recomendamos leas en tu propio tiempo, pero me gustaría centrarnos en el Salmo que formará la base de nuestro servicio de hoy: El Salmo 51. Esta es una de las grandes oraciones de confesión en la Biblia. David había cometido una serie de pecados atroces. Tan vencido por su pecado, al principio se mostró reacio a arrepentirse. Cuando el arrepentimiento llegó, sin embargo, las rodillas de David golpearon el piso: «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones». Observa cómo David teje en sus oraciones, su conocimiento de las promesas y atributos de Dios. Y nos cuenta cómo con confianza se acerca a Dios y confía en la promesa de redención: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí». Deberíamos todos esforzarnos por ser más semejantes a Cristo, nunca debemos olvidar que él es nuestro ejemplo perfecto. Pero recuerdo cuando nació mi hijo mayor y pedí a la congregación que orara por él. Una de las cosas que pedí fue que Blake amara a Dios como David. Confío en que fueron Salmos como éste, los que colocaron esa petición de oración en mi corazón.

PREGUNTAS

La oración: Un marco trinitario (Goldsworthy)

La primera cosa importante a extraer de la clase de hoy es que el Dios de la Biblia, nuestro Dios, es un solo Dios en tres personas y este hecho tiene implicaciones masivas para la oración.

Él es un Dios relacional. Y no por nada que hayamos añadido. Él no estaba desesperado por relaciones cuando nos creó. Es atributo de Dios ser un Dios relacional y comunicativo. Dios estaba en perfecta comunión consigo mismo en las tres personas de la Trinidad antes de que apareciera el hombre en la escena. Había unidad y amor perfectos dentro de la Trinidad. Sabemos esto porque Jesús, cuando oraba a su padre justo antes de ser traicionado, dijo esto en Juan 17:24: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo». Aquí vemos no sólo que el Padre amaba al Hijo, sino también que había unidad entre el Padre y el Hijo y el Padre había dado al Hijo su gloria. El Espíritu Santo estaba también en esa unidad dentro de la Deidad antes de la fundación del mundo (Hebreo 9:14). También vemos que en la unidad de las tres personas de la Trinidad, Dios creó el mundo. «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (Génesis 1:26)».

Debemos ser personas que seamos bíblicas en nuestra comprensión de las disciplinas espirituales; y para ello, debemos ser bíblicos en nuestra comprensión de Dios. A menudo hablamos acerca de Dios sin pensar mucho en la Trinidad. Pero cuando pensamos acerca de Dios en tres personas y en la oración, deberíamos entender los distintos roles del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La base de toda oración: Jesús el Hijo

¿Sobre qué base podemos nosotros, un pueblo miserable y pecador, ir ante un Dios Santo en oración? Él es perfecto y merecemos su ira. ¿Cómo es que podemos llegar a él? La respuesta se encuentra en la persona de Jesucristo, el hijo de Dios. Él ha sido el hilo conductor de esta clase. En toda nuestra conversación de encontrarnos con Dios, debemos entender que esto es siempre es a través de un mediador. Este mediador es Jesucristo, el hijo de Dios. El hijo de Dios es la base de toda oración.

Hebreos 4:14–16 es el texto más explícito acerca de esto. «Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

¿Cuándo estamos nosotros en un momento de necesidad? Las palabras de un himno antiguo hablan bien de esto.

«Te quiero, mi Señor;
habita en mí, y vencedor seré por fe en ti.

Te quiero, sí, te quiero;
siempre te anhelo;
bendíceme, te ruego;
acudo a ti».

Annie S. Hawkins (1872)

 Quiero darte hoy tres razones para tener confianza de que podemos acercarnos a Dios:

  • Jesús es nuestro Sumo Sacerdote
  • La aceptación que Jesús tiene con el Padre es la aceptación que tenemos ahora en él (2 Corintios 5:21).

Esta es la esencia de la justificación sólo por fe.

  • Si Dios escucha las oraciones de Jesús, él escuchará nuestras oraciones mediante Jesús (Juan 11:41-42 – «Yo sabía que siempre me oyes…»).
  1. Jesús intercede constantemente por nosotros (Romanos 8:34; Hebreos 7:25).
  2. Por esta razón él nos enseña a orar en su nombre (John 14:13 – «Todo lo que pidáis en mi nombre, esto haré, que el Padre sea glorificado en el Hijo»).

La fuente de toda oración: La paternidad de Dios

Jesús enseña a sus discípulos a orar así: «Padre nuestro que estás en los cielos…» El patrón típico de la oración en el N.T. es orar al Padre. Esto no quiere decir que si oras a Jesús o al Espíritu Santo tus oraciones quedarán sin respuesta. Nos dice, sin embargo, que el patrón típico de la oración en el Nuevo Testamento es orar al Padre.

Lo primero que deberíamos entender es que si hemos puesto nuestra fe en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados y reconocemos que es en Cristo que tenemos acceso a Dios, entonces Dios es nuestro Padre. Alabado sea Dios por eso. Somos sus hijos. Por medio de Cristo hemos sido adoptados en la familia de Dios. No sé qué clase de padre tienes, pero las Escrituras nos enseñan que nuestro Padre celestial siempre es bueno y siempre da buenos regalos a sus hijos.

Veamos lo que Jesús dice acerca de esto en Lucas 11:11-13 –.

«¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?».

No comprendí la magnitud de esta verdad hasta que tuve hijos. Miro a mis chicos y a mi pequeña niña, y encuentro difícil de creer que alguien pueda amarlos más de lo que yo lo hago. Pero Dios sí lo hace. Él nos ama más que nadie en la tierra. ¡Qué maravilloso Dios al que servimos!

Más aún que las bendiciones materiales, es la dádiva del Espíritu Santo para conducirnos y guiarnos a la verdad de Dios.

Santiago 1:17

«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación».

Si tenemos algo bueno aquí en esta tierra, la Escritura nos dice que ha venido del Padre, por medio del Hijo.

La habilitación de toda oración: El poder del Espíritu Santo

Reconoce esto: No podemos ir a Dios en oración fuera de la fe en Cristo.

  • La primera forma en que el Espíritu Santo nos capacita a orar es llevándonos a una fe salvadora en Cristo.
  1. Juan 3:5«Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es».
  2. Juan 16:7-11«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».
  • La segunda manera en que el Espíritu Santo nos capacita para orar es esta: Nos asegura de nuestra adopción en Cristo.
  1. Romanos 8:16 – «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios».
  2. Efesios 1:13-14«En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».
  • Por último, el Espíritu Santo intercede por nosotros ante el Padre.
  1. Romanos 8:26–27«Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos».

Podemos dar gran valor al hecho de que tenemos acceso a Dios Padre por la mediación de Dios el Hijo; y que Dios el Espíritu Santo nos lleva a la fe en Cristo, nos asegura que somos realmente adoptados en la familia de Dios y nos ayuda a orar cuando no sabemos cómo.

Gálatas 4:6 es un buen resumen del marco trinitario de la oración.

«Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!». El Espíritu Santo pone un clamor en nuestro corazón.

La oración puede ser vista como nuestro clamor a Dios. Así, vemos que la oración es dada por el Espíritu.

PREGUNTAS

LA PALABRA DE DIOS Y LA ORACIÓN

Permíteme hacer una pregunta que espero descubra una verdad importante: «¿Por qué no es la oración, por sí sola, suficiente para mantener nuestra comunión con Dios?» Dicho de otro modo, ¿por qué necesitamos pasar tanto tiempo en la palabra cuando podemos solamente orar?

(ESPERA RESPUESTAS)

Escrudiñar la revelación única y autorizada de Dios en su Palabra es la primera acción para la espiritualidad bíblica. Otros componentes deben entrar en su estela. Esto es porque la palabra de Dios es objetiva mientras que las otras disciplinas, incluyendo la oración, son relativamente subjetivas. Tenemos que estar plantados en la palabra objetiva de Dios antes de que podamos saber cómo orar. Si descuidamos la palabra de Dios, tenderemos a escuchar lo que queremos escuchar, no necesariamente lo que Dios quiere que escuchemos.

La semana pasada, discutimos cómo el leer pasajes de las Escrituras y especialmente conocer la totalidad de la Escritura, nos guarda de tomar versículos fuera de contexto y emplearlos para nuestros fines pecaminosos. De la misma forma, estar plantados en la palabra de Dios nos protege contra el uso de la oración sólo para escuchar lo que queremos oír. Para resumir. La Palabra de Dios es primordial en la oración porque sin ella, no sabríamos cómo orar correctamente.

Goldsworthy lo dice bien. «Si la oración no se dirige a Dios en términos de lo que es real, es una fantasía. La palabra de Dios está establecida desde el principio como el fundamento para cualquier comprensión humana de la realidad». Es por esto que Shawn hizo tanto énfasis sobre la Palabra de Dios al discutir nuestros tiempos devocionales diarios. Dios nos dicta la verdadera realidad a través de su Palabra revelada y escrita. La realidad se trata de saber quién es Dios, quiénes somos nosotros a la luz de él, y lo que deberíamos pensar del mundo desde su perspectiva. Dios puso en marcha al mundo, y lo mantiene así.

Si somos cristianos, esta realidad debería llevarnos a orar. Esto significa que cuando llegamos a conocer todo el poder, conocimiento y la sabiduría de Dios, querremos ir a él y traerle nuestras súplicas. Es más, cuando vemos la realidad de este mundo perdido y depravado, confiando en que adoramos a un Dios soberano, vamos a él en nombre de los muchos que sufren y que nunca han oído el evangelio. Oramos a Dios, por ejemplo, para que él pueda enviar a un misionero y que el mensaje de Jesús llegue a la gente no alcanzada para que su nombre será glorificado aún más.

Goldsworthy consideró otro aspecto de esto. Él dijo, «Dios debe dirigirse a nosotros primero si nosotros si vamos dirigirnos él dentro de los límites de la realidad. Debido a nuestra rebelión no tenemos derecho de acceso a Dios, ni deseo de ir a Él. En la oración, como en la salvación, Dios hizo el primer movimiento y cualquier movimiento que hagamos es una respuesta a esto (Goldsworthy)».

Sin estar plantados en la palabra de Dios, no estaremos tan fácilmente condenados por el pecado que también nos llevará a ser egoístas en nuestras oraciones. Es nuestra inclinación natural sólo orar por nosotros mismos y nos hace centrarnos mucho en nuestro «yo». Sin embargo, leer la palabra de Dios logra varias cosas.

Primero — Nos hace centrarnos en Dios

Nos apunta a la gloria de Dios que, a su vez, nos desvía de la oración centrada en el yo. Queremos que nuestras oraciones estén centradas en Dios. Queremos orar por cosas que traerán gloria a Dios, no sólo facilitar nuestra vida. Si Dios no ha estado respondiendo tus oraciones como esperarías, deberías tomar un tiempo aquí mismo y considerar las siguientes preguntas: ¿Cuál es tu motivación en la oración? ¿Es la gloria del Señor, o tu propia ambición personal? Respuestas honestas a estas preguntas pueden ser convincentes y esclarecedoras.

Segundo — Leer la Palabra de Dios nos ayuda a orar según su voluntad

Si nuestras oraciones van a ser respondidas, debemos orar según la voluntad de Dios, y no podemos conocer la voluntad de Dios fuera de su palabra.

En todo esto, Jesús es nuestro ejemplo

Observa el ejemplo de Jesús. Él se alejaba solo para orar. De hecho, en el sermón de Mark en el Evangelio de Marcos hace tres semanas, vimos a Jesús en el huerto del Getsemaní antes de ir a la cruz. ¿Y qué hacía él allí? Según Lucas 22:44, oraba tan apasionadamente que «era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra».

Lucas 11:1

«Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos».

Los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. Tenemos que solicitar el mismo consejo. Necesitamos recurrir a la palabra, incluyendo el pero no limitado ejemplo de Jesús, para aprender a orar. La palabra nos guiará a orar oraciones bíblicas que estén en consonancia con su voluntad en lugar de cosas que sólo responden a nuestra voluntad.

Ejemplo de George Mueller

George Mueller fue un hombre conocido por una vida de oración increíble. Él fue un inglés nacido en 1805 que pasó su vida cuidando de huérfanos. Pero aquí está la cosa: él nunca pidió dinero. Sólo oraba por él. Cuando necesitaba algo del Señor, él oraba hasta que sabía que la oración era contestada, a veces cientos (y hasta miles de días) seguidos. Y sin embargo, George Mueller conocía la supremacía de la Palabra y la dejó conducir su vida de oración. Él escribió extensamente sobre esto:

«Anteriormente, mi costumbre había sido, al menos durante los diez años previos, entregarme a la oración como algo habitual después de vestirme por las mañanas. Ahora vi que lo más importante que tenía que hacer era entregarme a la lectura de la Palabra de Dios y a la meditación de la misma, para que mi corazón fuera consolado, animado, advertido, reprobado, instruido; y así, al meditar, mi corazón podría ser llevado a experimentar la comunión con el Señor».

Ahora escúchalo hablar acerca de lo que resultó de esta nueva práctica.

«El resultado que he encontrado casi siempre es el siguiente: que después de unos minutos mi alma ha sido llevada a la confesión, a la gratitud, a la intercesión o a la súplica; por lo que, aunque no me había propuesto darme a la oración, sino a la meditación, casi inmediatamente me volvía más o menos a la oración». 

«Y sin embargo ahora, desde que Dios me enseñó esto, para mí lo más claro es que lo primero que el hijo de Dios tiene que hacer mañana tras mañana es obtener alimento para su hombre interior. Pero ¿cuál es el alimento para el hombre interior? No la oración, sino la Palabra de Dios; y aquí de nuevo no la simple lectura de la Palabra de Dios, de manera que sólo pase de largo por nuestra mente, como el agua corre por la cañería, sino considerando lo que leemos, meditando en ello y aplicándolo a nuestros corazones».

Mueller continúa diciendo que cuando oramos, hablamos con Dios. Y para hacer esto para cualquier período de tiempo debemos tener cierta cantidad de fuerza espiritual y de deseo piadoso. Esto viene de meditar en la Palabra de Dios. La palabra de Dios es primordial en la oración.

Orar las Escrituras

Una gran manera de orar es orar las Escrituras. Don Carson, en su libro sobre las oraciones de Pablo (Un llamamiento a la Reforma Espiritual), escribió, «Así como la palabra de Dios debe reformar nuestra teología, nuestra ética y nuestras prácticas, también debe reforma nuestra oración». Dejemos que la Escritura guíe nuestra oración. Hay innumerables oraciones en la Escritura que serían cosas muy buenas por las cuales nosotros podemos orar. Por ejemplo:

Filipenses 1:9-11

«Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios».

¿Sabes confesar tus pecados a Dios? Lo sabrás después del sermón de hoy. Vamos a revisar el Salmo 51:

Salmo 51:1-4

«Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos…».

Quiero sugerir dos maneras prácticas de utilizar las Escrituras para orar:

  • Lee un salmo en la mañana antes de empezar tu devocional. Utiliza ese salmo para ponerte en marcha. He estado haciendo esto desde hace varios años ya y me ha ayudado a enfocar mi corazón en los atributos de Dios que se encuentran en los salmos. No es sólo una buena idea para comenzar el día alabando a Dios, sino que también proporciona una transición natural en tu consumo de la Palabra.
  • Usa tus devocionales matutinos para orar por otros. A menudo tengo una libreta en la que he escrito cosas por las cuales quiero orar. También me aseguro de que la gente sepa que realmente estoy orando por ellos. El mantra de «Voy a orar por ti» —aunque sea genuino— simplemente no es para mí. Yo pregunto específicamente cómo puedo estar orando por ellos. Si no me lo pueden decir, les envío por correo electrónico oraciones específicas. Y luego le doy seguimiento. Esto no sólo me anima a seguir orando, sino que le muestra a otros–particularmente a no cristianos–que hablamos en serio. Es también una gran forma de predicarles a los no creyentes.

Las Escrituras son los propios pensamientos y palabras de Dios. Cuando oramos los pensamientos de Dios, podemos confiar en que él no sólo oye sino que va a responder esas oraciones. No tenemos que cuestionar si estamos orando de acuerdo a la voluntad de Dios si estamos orando las Escrituras porque las Escrituras hablan de la voluntad de Dios. Las Escrituras evitarán que nuestras oraciones sean demasiado generalizadas y demasiado rancias.

Es más, orar la palabra de Dios nos ayudará a orar lo que John Piper llama «grandes y arrasadoras pero no insípidas oraciones». Hay algo débil acerca de orar, «Dios, bendice a los misioneros». No hay pensamiento en eso. No sabemos cuál es la bendición. No sabemos quiénes son los misioneros. Pero, eso no significa que no podremos orar grandes oraciones por todos los misioneros o los santos. «Grandes oraciones generales llegan a ser de gran alcance cuando están llenas con concretas y radicales metas bíblicas para las personas por la que estamos orando». «Padre, santificado sea tu nombre… Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» es una oración grande pero también potente porque pide dos cosas concretas: que en todo el mundo el nombre de Dios sea considerado como precioso, y que los corazones sean modificados para hacer la voluntad de Dios con el mismo celo y pureza que los ángeles en el cielo.

Efesios 6:18 dice: «orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos». ¡Todos los Santos! ¡Increíble! ¿Cómo? Orando las promesas de Dios para estos santos. Dios escuchará tus oraciones. Efesios 3:20 dice: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros…».

PREGUNTAS

Aspectos prácticos

  • ¿Qué haces cuando sientes que tus oraciones no van a ninguna parte? ¿Te has sentido de esa forma? ¿Cómo que simplemente no estás llegando a nada? ¿Cómo que tus oraciones se quedan cortas? Anímate porque tenemos un gran Sumo Sacerdote. La realidad de que Jesús es nuestro mediador y que el Espíritu Santo intercede por los hijos de Dios debería darnos gran esperanza para ir a Dios en fe porque él escucha nuestras oraciones. No confíes en tus emociones. Confía en la verdad de la palabra de Dios.
  • ¿Alguna vez te has sentido abrumado cuando estás orando? Cada semana tenemos muchas cosas en el mundo por las cuales orar: nuestra familia, nuestra iglesia, nuestros amigos perdidos, los líderes que Dios ha puesto sobre nosotros en este país. ¿Qué pasa con las tribus en todo el mundo que nunca han escuchado el evangelio? Intenta encender las noticias y ver la creciente violencia en Afganistán, las atrocidades en la República Democrática del Congo y en Sudán, los posibles golpes en todo el planeta, la crisis financiera y podríamos seguir y seguir. Voy a ser honesto, esto me agobia y cuando me siento agobiado, a menudo quiero darme por vencido. Pero debería animarnos el hecho de que adoramos a un Dios grande que conoce todo y es todopoderoso. Que te anime saber que él «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros» (Efesios 3:20).

Esta cita es de quien originalmente elaboró el esquema de la clase de hoy: «Una cosa que he hecho para ayudar a superar esto es diseñar un horario. Primero, aparto tiempo para orar cada día. Segundo, oro por cosas diferentes cada día. Oro por mi familia cada día. El lunes oro por mis amigos cercanos aquí. El martes oro por mis amigos de mi ciudad natal. El miércoles oro por mis amigos de la universidad. El jueves, oro por los misioneros y para que el evangelio penetre en otros países, particularmente a los países que he visitado. El viernes oro por mí mismo, particularmente por decisiones importantes que puedan estarse asomando. Los sábados uso la noticias para orar por las naciones. Los domingos pido específicamente por el servicio aquí y por la Iglesia perseguida. Ahora bien, esta no es una manera inspirada de orar. No viene directamente de las Escrituras, pero es algo que me ayuda a orar sin sentirme abrumado.

PREGUNTAS

Comencé la clase de esta mañana con una anécdota acerca de conocer a gente de gran poder, y mencioné mi interacción con el Presidente Bush. Dejé en claro que yo y otros como yo anhelábamos hablar con él y con otros en el poder. Pero había otra cosa que siempre recuerdo de esa oportunidad. Creo que fue un paso importante en mi santificación. Caí en cuenta de que el Presidente Bush oró. El hombre más poderoso que he conocido oró al mismo Dios que nosotros. Y entonces pensé que aunque nunca llegue a pasar más de unos segundos con el Presidente, el Dios que el Presidente adora, pasaría tiempo conmigo en cualquier momento, todo el tiempo. Le encanta hablar conmigo. Le encanta hablar con todos nosotros.

Así que para culminar, vayamos a él y hablemos con él en oración.