Clases esenciales: Encuentro con Dios

Encuentro con Dios – Clase 2: Encuentro con Dios en su Palabra – Parte 1

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Encuentro con Dios
Clase 2: Encuentro con Dios en su Palabra


Introducción

La semana pasada comenzamos mirando dos supuestos en la clase: 1) Que realmente es posible conocer y encontrarse con Dios y 2) Que deberíamos reunirnos con Dios de manera constante, incluso a diario. Decíamos que un tiempo devocional es «la parte del día que reservamos para la adoración a Dios, para la lectura de la Palabra de Dios y la comunión con Dios a fin de que podamos conocerle más, conocernos a la luz de Él, y conocer al mundo desde la perspectiva de Dios». En otras palabras, el tiempo devocional vuelve a calibrar nuestra visión del mundo según la perspectiva de Dios sobre el mundo, y un aspecto clave de esto es reunirnos con Dios leyendo su Palabra.

Y sabemos que podemos reunirnos con Dios y estar cerca de él, y conocerlo más porque tenemos un gran sumo sacerdote que sirve como nuestro mediador. Somos personas pecadoras. En nuestros deseos y decisiones de confiar en nosotros mismos por encima de Dios diariamente hemos cometido traición. Hemos pecado contra el Dios santo e infinito y no tenemos derecho a entrar en su presencia. Él nos ha desterrado y por tanto, necesitamos un mediador para tener acceso a él. Jesucristo es ese mediador por nosotros, por medio de su sangre derramada en la cruz. Él es el sacrificio perfecto, pagado una vez y para siempre. Y así Hebreos 4:16 nos dice «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro». Ese es el versículo clave de este curso. Hoy vamos a hablar específicamente sobre dos maneras de encontrarnos con Dios a través de su palabra. Estas son dos formas de lo que Don Whitney llama el «consumo de la Palabra».

Sabemos que tenemos que estar en la palabra de Dios porque las Escrituras hablan de esto explícitamente. Veamos dos pasajes que hablan claramente sobre este punto. El primero es Juan 17:17, cuando Jesús está orando a su padre.

«Santifícalos en tu verdad», ora. «Tu palabra es verdad». Por tanto, Jesús ora por nuestra santificación, el proceso diario de ser hechos justos y de ser conformados a la imagen de Cristo. Jesús quiere que seamos como él. El medio por el cual le pide a Dios que haga esto es la verdad. Él pudo haberlo dejado sólo hasta allí. Pudo haberse detenido y no continuar esa oración, no continuar ese pensamiento. Pero no lo hizo. Él fue específico. No hay duda acerca de qué verdad está hablando de Jesús. «Tu palabra es verdad». ¿Qué es la verdad? La palabra de Dios. ¿Cómo somos santificados? Por la verdad. A través de la verdad somos santificados. La palabra de Dios es verdad, así que somos santificados por la palabra de Dios. Esta verdad comprende toda la Biblia.

En segundo lugar, vamos a observar algunas partes del Salmo 119. Este es un salmo de alabanza y oración a Dios de un hombre que tiene una alta estima por la palabra de Dios. La palabra de Dios, sus preceptos, sus testimonios surgen de David en alabanza a Dios. Del Salmo 119 vemos que la palabra de Dios salva y sustenta.

Salmo 119:57-64

«Mi porción es Jehová;

He dicho que guardaré tus palabras.

Tu presencia supliqué de todo corazón;

Ten misericordia de mí según tu palabra.

Consideré mis caminos,

Y volví mis pies a tus testimonios.

Me apresuré y no me retardé

En guardar tus mandamientos.

Compañías de impíos me han rodeado,

Mas no me he olvidado de tu ley.

A medianoche me levanto para alabarte

Por tus justos juicios.

Compañero soy yo de todos los que te temen

Y guardan tus mandamientos.

De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra;

Enséñame tus estatutos».

 

Aquí hay cinco cosas que aprendamos de esta sola sección del Salmo 119.

  1. Las promesas de la palabra Dios para nosotros son la base de la gracia que hemos recibido de él (vs. 58 – Ten misericordia de mí según tu palabra).
  2. La palabra de Dios nos humilla y nos hace mirarlo a él (vs. 59 – Consideré mis caminos, Y volví mis pies a tus testimonios).
  3. La palabra de Dios es más poderosa que lo que pueda venir en contra de nosotros (vs. 61 – Compañías de impíos me han rodeado, Mas no me he olvidado de tu ley).
  4. La palabra de Dios nos lleva a alabar a Dios (vs. 62 – …Me levanto para alabarte. Por tus justos juicios). Hay algo cíclico sucediendo aquí. Vamos a Dios porque él es digno. Y cuando vamos a su Palabra, él nos manda a alabarle. ¿Ves el ciclo?
  5. La palabra de Dios nos conduce a la comunión de la iglesia (vs. 63 – compañero soy yo de todos los que te temen Y guardan tus mandamientos).

La Biblia

La Biblia es un libro escrito por Dios acerca de Dios. Contiene el mensaje de salvación. Nos alejará del pecado. Nos recordará que no estamos hechos para este mundo. Nos dirá la verdad de Dios. Es un libro acerca de Dios. No es un libro que deberíamos leer para simplemente hacernos mejores personas. Cuando lo leemos, deberíamos preguntar, «¿Qué me dice esto acerca de Dios?» ¿Acerca de su carácter? ¿Acerca de sus propósitos? Cuando Pablo y Silas estaban predicando en la ciudad de Berea, Lucas (el autor de Hechos), nos dice que «Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. (Hechos 17:11)». ¿Eres como los de Berea? ¿Examinas las Escrituras diariamente?

Los de Berea son un gran ejemplo para nosotros, pero más allá de éstos, estamos llamados a seguir a Jesús. Muchas veces las Escrituras describen a Jesús buscando un lugar tranquilo donde pudiera pasar tiempo en privado con el Padre. Mateo 14:22-23, Marcos 1:35 y Lucas 5:16 todos describen a Jesús alejándose de las multitudes, incluso alejándose de sus discípulos, y pasando tiempo hablando con el Padre a solas. Si Jesús necesitaba pasar este tiempo con Dios, ¿cuánto más nosotros necesitamos hacerlo? Seguir a Jesús es pasar tiempo a solas con Dios.

Estar ocupado es a menudo un verdadero obstáculo para pasar tiempo a diario con el Señor. Vivimos en una de las ciudades más concurridas en el país, y sin duda, muchos de ustedes están muy ocupados. El trabajo, la escuela, la familia, la iglesia, y otras cosas innumerables compiten por tu tiempo. Recuerda el ejemplo de Cristo, que dio su vida para sanar y enseñar a muchas personas. La gente acudía a él y sin embargo, él hacía tiempo para alejarse.

Don Whitney ha presentado cinco formas en las que podemos adentrarnos en la Palabra. Cinco maneras del «consumo de la Palabra», como él lo llama.

  1. Escuchar
  2. Leer
  3. Estudiar
  4. Memorizar
  5. Meditar

Hoy vamos a estudiar las dos primeras formas: escuchar y leer.

La semana que viene veremos estudiar, memorizar y meditar.

Escuchar la Palabra de Dios

Hay una base bíblica para la audiencia pública de la palabra de Dios. Esdras leyó la palabra de Dios públicamente al pueblo de Dios después de que éste había regresado del exilio y Nehemías lo había guiado en la reconstrucción del muro de Jerusalén. Nehemías 8:1-3 dice «y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley».

Hay un par de cosas que veo en este pasaje acerca de escuchar la palabra de Dios. En primer lugar, la gente le pidió a Esdras que leyera el libro de Moisés públicamente. Ellos le «dijeron». Así, vemos que las personas tenían un deseo de escuchar la palabra. En segundo lugar, estuvieron atentos durante mucho tiempo. Esdras leyó «desde el alba hasta el mediodía» (¡crees que nuestros sermones son largos!) y todavía la gente estaba atenta a pesar de que se había leído durante mucho tiempo.

Asimismo, Pablo le dice a Timoteo en 1 Ti. 4:13, «Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza».

Don Whitney escribe, «Debemos disciplinarnos en ir y escuchar la palabra de Dios». También escribe, «Escuchar la palabra de Dios no es solamente un oír pasivo, es una disciplina que cultivar (Disciplinas Espirituales – Pág. 31)». No vas a escuchar una conferencia académica. Vas a escuchar la misma palabra de Dios predicada. Whitney da el ejemplo de algunos cristianos de Corea que solían usar su iglesia para un servicio de entre semana. Él dice que ellos siempre llegaban y tomaban varios momentos de silencio en reverencia antes de entrar juntos colectivamente a la adoración. Hay una tranquila reverencia en este ejemplo que podría ser útil que consideremos mientras nos vamos a reunir con Dios corporalmente en medio de los ocupados horarios. Hacemos algo parecido en nuestros servicios con el momento de reflexión. Te animo a aprovechar ese tiempo. No lo uses para sacar tu Biblia, o un pedazo de chicle, más bien, úsalo para preparar tu corazón y tu mente para escuchar las palabras del Dios viviente leídas y predicadas.

Hay una serie de beneficios al escuchar la palabra de Dios regularmente, pero quiero destacar uno de ellos especialmente para ti. Un beneficio de escuchar regularmente la palabra de Dios es que cultiva un hambre por la palabra de Dios. (Salmo 119:103-104). Este hambre de escuchar la palabra regularmente dará lugar a un deseo de leer la Biblia por tu cuenta en lugar de sólo oírla el domingo por la mañana. Si deseas estudiar más de los beneficios de escuchar la palabra, te animo a leer el libro de Thabiti «Miembro saludable de la iglesia: ¿Qué significa?», que en el capítulo 1 habla más acerca de este tema.

La pregunta entonces es, cómo puedo crecer en mi capacidad de escuchar y oír la palabra de Dios. Thabiti también tiene buenos consejos. Una forma, es discutiendo lo que has escuchado con otros. Esto te ayudará a ver lo que otras personas han recibido al escuchar la Palabra. A través del ejemplo de otros serás capaz de crecer en tu capacidad de escuchar la palabra de Dios más fielmente. En segundo lugar, pasa tiempo escuchando otros sermones aparte de los del domingo por la mañana. Muchas personas en D.C. tienen un viaje razonablemente largo. Utiliza ese tiempo para escuchar la palabra más regularmente y practica convertirte en un mejor oyente de la palabra de Dios.

Pregunta: ¿Cómo el escuchar la Palabra de Dios predicada te ha ayudado a reunirte con Dios y crecer en tu relación con él?

Leer la Palabra de Dios

Pero, esta clase no se trata principalmente acerca de escuchar la palabra de Dios predicada. La clase «Viviendo como una iglesia» es muy buena si tienes más preguntas sobre eso, o puedes hablar conmigo después de la clase de hoy. El enfoque de esta clase entera es el encuentro con Dios personalmente y a diario y ahora queremos hablar acerca de leer palabra de Dios.

La Reforma y la lectura

Hubo un tiempo en el que leer la palabra de Dios era esencialmente imposible para el hombre común. Durante los años previos a los inicios del siglo XVI, la Iglesia Católica Romana y la Iglesia de Inglaterra no permitirían que la Biblia fuera publicada o escrita en el lenguaje de la gente común. La única forma de que la gente conociera la palabra de Dios era escucharla ser predicada por los sacerdotes y obispos. Y luego ocurrió la Reforma. En 1516 Erasmo hizo imprimir su traducción en griego de la Biblia. Un historiador describió la importancia de ese evento de esta manera:

Esta fue la primera vez que el griego del Nuevo Testamento había sido impreso. No es exagerado decir que encendió a Europa. Lutero [1483-1546] lo tradujo en su famosa versión alemana de 1522.

En pocos años surgieron las traducciones del griego en la mayoría de los vernáculos europeos. Ellas fueron la verdadera base de la reforma popular.

Lutero comienza a dedicar su vida a llevar la palabra de Dios al hombre común y William Tyndale dedica su vida a traducir las Escrituras al inglés.

Os aseguro que si el Rey tuviera el más gentil placer de conceder sólo un texto desnudo de la Escritura (es decir, sin notas explicativas) para ser presentado entre su pueblo, como se ha presentado entre los súbditos del emperador en estas partes, y de otros príncipes cristianos, sea de la traducción, de cuál persona satisfaga a Su Majestad, inmediatamente haré la promesa fiel de no escribir más, no permaneceré dos días en estas partes después de la misma: sino que inmediatamente repararé en su reino, y allí me someteré humildemente a los pies de Su Majestad real, ofreciendo mi cuerpo a sufrir el dolor o la tortura, sí, la muerte que su gracia desee, a fin de que esta [traducción] se obtenga. Hasta ese momento, permaneceré en la aspereza de todas las posibilidades, lo que tenga que venir, y soportaré mi vida en tantos dolores como sea capaz de soportar y sufrir.

Escucha lo que el mismo historiador mencionado anteriormente, dijo sobre la importancia de la lectura personal de la palabra de Dios:

… La energía que afectó a toda vida humana en el norte de Europa, sin embargo, vino de un lugar diferente. No fue el resultado de la imposición política. Vino del descubrimiento de la palabra de Dios como originalmente fue escrita… En el lenguaje de la gente. Más que nada, ahora podía ser leída y comprendida, sin censura de la iglesia o mediación a través de la iglesia… Tal lectura produjo una visión totalmente diferente en el cristianismo común…

Lutero dijo el año antes de morir, «Que el hombre que oiga a Dios hablar, lea la Sagrada Escritura». (Piper, citado de What Luther Says: An Anthology, Vol. 2 [Lo que Lutero dice: Una antología, Vol. 2])».

Él escribió en el año 1533, «Hace varios años que anualmente leo la Biblia dos veces. Si la Biblia fuera un gran y poderoso árbol y todas sus palabras fueran pequeñas ramas, he estado en todas las ramas, deseoso de conocer lo que había allí y lo qué tenía para ofrecer». (Piper, citado de What Luther Says: An Anthology, Vol. 2 [Lo que Lutero dice: Una antología, Vol. 2])».

Estos hombres (Tyndale y Lutero) dieron sus vidas para que aquellos que vinieron después de ellos, tú y yo, pudiéramos leer las Escrituras por nosotros mismos. Dos cosas me golpean fuertemente cuando me pongo a pensar en ellos.

1) Hombres realmente murieron para que pudiéramos leer la palabra de Dios. William Tyndale fue quemado vivo para que la palabra de Dios llegara a nosotros.

2) Tenemos el privilegio y el regalo de tener en nuestras manos y contemplar con nuestros ojos las palabras de Dios. Estas no son sólo historias.

Si esos dos pensamientos no te conducen a la palabra de Dios todos los días, entonces no sé qué lo hará.

Por tanto, allí está nuestra motivación histórica y biográfica. Ahora echemos un vistazo a nuestra motivación bíblica.

Base bíblica para la lectura

Mateo 4:4, para mí, es el texto clave sobre consumir la palabra de Dios. «Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Aquí está el paralelo. Si no comes alimento físico, mueres. Igualmente, si no comes alimento espiritual, mueres. La lectura de la palabra de Dios es una de las principales formas que tenemos para llenarnos de Dios. John Piper lo dice bien cuando dice, «Prefiero leer que comer».

Dices, «¿realmente tengo que leer? ¿No puedo sólo asistir a la iglesia y escuchar la predicación? No puedo simplemente escuchar un sermón en mi iPod todos los días?» Sólo escuchar la palabra de Dios y nunca leerla cultiva una pasividad que nos llevará al pecado.

No existe sustituto para ese diario, escudriñar en lo profundo de Dios a través de su palabra. Una vida sin oración, estudio, mediación o lectura personal es una vida que engendra pasividad. La constante dependencia en otros para tu vida espiritual y el conocimiento de Dios creará un vacío y una sequedad en tu relación con Dios. En última instancia no podemos confiar en el conocimiento que otros tengan de Dios para cultivar nuestra propia relación con Dios, de la misma forma que un padre no puede confiar simplemente en llamadas telefónicas y conversaciones con el mejor amigo de su hijo, para llegar a conocer a su hijo. Tenemos que ir a Dios de forma directa a través de su Palabra.

Es interesante que Jesús a menudo pregunta, «¿no habéis leído…? (Mateo 12:3– ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;?)» Y cuando él es tentado por Satanás en el desierto le responde, «Escrito está…» Hay una suposición aquí de que la lectura se está llevando a cabo.

Entonces, ¿cuáles son algunas de las cosas prácticas que podemos pensar que nos ayudarían a ser más consistentes y a valorar la lectura de la palabra de Dios? Aquí van tres:

  1. Encontrar el tiempo

Como gente pecadora, la primera inclinación de nuestro corazón y de la carne es el dirigirnos lejos de Dios. Es fácil poner excusas para no pasar un tiempo a diario con Dios en su palabra. «Estoy muy cansado hoy». «Yo no puedo madrugar». «Tengo que estar en el trabajo temprano, hoy no puedo pasar tiempo en la palabra de Dios». «Tengo hambre. La leo después de comer». «No puedo pasar un rato con tales personas muy a menudo. A Dios no le importa si tengo un tiempo de compañerismo en lugar de leer la Biblia esta noche».

Vivimos en una de las ciudades más concurridas en el mundo, y si tienes una familia estarás incluso más ocupado. Soy un hombre soltero que acaba de comenzar un trabajo. Cuando estudiaba para mi maestría me sentía ocupado pero también tuve tiempo para entrar en la Palabra esencialmente en cualquier momento durante el día en el que yo quería, aunque fue útil para mí programar un tiempo para hacerlo cada día. Ahora que tengo un trabajo, realmente tengo que programar ese tiempo. Me parece que si no lo hago por la mañana entonces mis días comienzan a tornarse tan locos que no lo haré por la noche. Es muy fácil regresar a casa y encender la televisión o ir a la cama. Si tienes una familia, un esposo, esposa o hijos, no puedo imaginar lo difícil que es conseguir un tiempo a solas con Dios. Pero recuerda los tirones en los tiempos de Jesús y sin embargo él todavía conseguía alejarse. Sé de al menos una persona que lee tanto durante su jornada de trabajo que al llegar a casa no quiere leer nada más, la Biblia u otra cosa. Oh, no podemos trazar paralelos entre leer documentos legales relacionados con el trabajo o fuentes de noticias o informes del gobierno y leer la palabra de Dios viva y eficaz. La palabra de Dios te refrescará si tan sólo vas al arroyo a beber.

¿Cuándo debería leer?

Bueno, no hay ninguna regla para esto. Algunas personas son gente diurna y algunos son personas nocturnas. Dicho esto, creo que tu tiempo devocional en la mañana es el mejor momento para hacerlo y animo a cada uno de ustedes a empezar el día leyendo la palabra de Dios y orando. Te ayuda a enfocar tu día en el Señor y no en tu propia vida. Establece el tono para el resto de tu día.

¿Cuánto tiempo necesito?

Lo importante no es el tiempo que pases orando o leyendo. Lo importante es que te reúnas con Dios. Esto podría ser 20 minutos. Podría ser una hora. Podría ser más o menos. Es mejor leer un poco y entender lo que lees y que tenga un efecto tu vida, a leer mucho y que no pase nada en tu vida.

Por favor, no tomes esto como una licencia para pasar sólo 5 minutos al día leyendo la Biblia. Especialmente si has sido cristiano por un largo tiempo, si sólo estás usando 5 minutos al día para estar a solas con Dios probablemente algo anda mal. Nosotros deberíamos querer ir a la palabra de Dios. Aunque que el tiempo no es lo más importante, a menudo es el caso de que mientras más tiempo pasas con alguien mejor lo llegas a conocer. Cuanto más tiempo pases con Dios más lo conocerás también. En tus tiempos de devocional, esfuérzate por conocer al Señor.

¿Qué debería leer? Es importante…

  1. Hacer un plan

Me sorprende cuánto me es necesario tener un plan para hacer las cosas. Si te sientas a diario con la palabra de Dios y no has pensado qué hacer una vez que estés allí, probablemente te encontrarás solo vagando por el texto sin consistencia y con poco fruto. Es útil pensar de antemano sobre lo que necesitas leer. No hay ninguna ciencia en esto. Esta clase no se trata acerca de darte una fórmula que te va a garantizar tener un buen encuentro con Dios. Puede que necesites planificar durante 30 minutos. Puede que necesites planificar durante una hora. Tal vez menos. Tal vez más. Una vez allí, ¿qué lees? Hay un montón de planes para ayudar a leer la Biblia en un año. Puedes escoger un libro del Antiguo Testamento y un libro del Nuevo Testamento para leerlos al mismo tiempo. Durante mucho tiempo, leí un capítulo de los Salmos, uno del resto del N.T., uno de los Evangelios y uno de las epístolas. Tal vez algo como eso en el que vas a estar leyendo mucho de toda la Escritura sería útil. Tal vez sólo necesitas estudiar un libro y dar tu todo a ese libro, como Romanos quizá. No hay nada escrito en piedra. Pero deberías pensarlo y hacer un plan. Por último, sigue tu plan. Un plan que no se sigue no beneficiará a nadie.

 

  1. Meditar

Vamos a hablar de esto con más en profundidad esta semana que viene, pero quiero mencionarlo aquí. La meditación es importante porque nuestras mentes están tan desordenadas que es fácil leer mucho de la

Escritura (o de cualquier otra cosa) y no recordar dos horas más tarde lo que has leído. Si este es tu caso, entonces no obtendrás mucho de tu tiempo en la palabra. No te encontrarás siendo conformado a la imagen de Cristo si no puedes recordar lo que dice su palabra y ciertamente no conocerás mejor al Señor. Recuerda lo que nuestra definición de un tiempo devocional señala como meta: Conocer más a Dios, conocernos a nosotros mismos a la luz de Él y ver el mundo desde su perspectiva. Tal vez nuestras pobres memorias y nuestros cortos intervalos de atención son un producto de la caída, o tal vez son sólo un recordatorio para nosotros de que no somos Dios (y tenemos que trabajar en tratar de recordar cosas importantes mientras que él lo sabe todo). De cualquier manera, probablemente no recordarás nada si no seleccionas una parte de la lectura en la que concentrarte a lo largo del día. Selecciona una palabra, frase, versículo o idea del texto y piensa más profundamente en eso que en las otras cosas leídas en el resto del pasaje. Eso es la meditación. Concentrarte en algo que podrías conocer mejor. ¿Esto podría incluso implicar hacer algunas preguntas? ¿Por qué Dios dijo esto? ¿Qué me dice esto acerca de Dios? ¿Hay alguna manera en la que pueda específicamente aplicar esto a mi vida hoy?

Pregunta: ¿Qué sugerencias tienes para que otros en la clase crezcan en encuentros regulares con Dios a través de la lectura de la Escritura?

(Cierra en oración)