Clases esenciales: Dos Maneras De Vivir

Dos Maneras de Vivir – Clase 3: El Juicio – La Respuesta de Dios a nuestra Rebelión

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Dos Maneras de Vivir
Clase 3: El Juicio – La Respuesta de Dios a nuestra Rebelión


I. Introducción

 ¡Bienvenidos a la semana 3 de la clase Dos Maneras de Vivir! Al iniciar, queremos replantear los propósitos principales de esta clase. Primero, que el contenido del evangelio, es decir, el mensaje del Cristianismo, se solidifique en cada una de nuestras mentes. Segundo, que este proceso nos equipe para ser más valientes y precisos cuando compartamos este mensaje con otros.

No hay nada de especial o mágico acerca de este tratado Dos Maneras de Vivir. Es simplemente una fiel presentación del evangelio y está basado en la Palabra de Dios en la Biblia. Debería ser nuestro deseo el proclamar claramente este mensaje del evangelio para la gloria de Dios y para el bien eterno de aquellos que lo escuchan y aceptan. Por tanto, usamos Dos Maneras de Vivir como una herramienta que nos ayudará a aclarar los elementos básicos, o la esencia, del evangelio.

 II. Repaso

Ahora, antes de comenzar con la Célula 3 de 6 de nuestro tratado, queremos brevemente repasar las Células 1 y 2, que discutimos las dos semanas anteriores. La repetición nos ayudará a que estas ideas estén plantadas firmemente en nuestras mentes. ¿Cuál fue el primer tema que discutimos en la Célula 1? [Se nos presentó a Dios, el creador y gobernante amoroso. En su vasta sabiduría y poder, Dios creó todo lo que existe. Todas las cosas fueron creadas por él y para él, incluyendo los seremos humanos hechos a su imagen, y esto significa que él tiene derechos de creador sobre nuestras vidas. El amorosamente nos creó para reflejar su imagen mientras gobernamos el mundo bajo su dirección y protección.]. ¿Podría alguien recitar o leer el versículo en Apocalipsis 4:11 que corresponde a esta idea? Ahora, ¿podría alguien intentar dibujar la imagen que utilizamos que encaja con esta verdad?

¿Quién puede recordar lo que discutimos la semana pasada en la Célula 2? [Aprendimos que rechazamos a Dios como nuestro gobernante al tratar de dirigir la vida a nuestra manera sin él. Reconocimos que, al mirar el mundo que nos rodea, esta maravillosa imagen utópica está lejos de la realidad. El egoísmo, el odio, las guerras, la muerte, la pobreza, las enfermedades, el hambre y otro sin número de males e imperfecciones destruyen la humanidad. ¿Qué salió mal? Todo salió mal cuando los seres humanos, empezando con Adán y continuando con todos en la historia hasta llegar a nosotros, rechazamos el buen plan de Dios. Resentimos la demanda de autoridad de Dios sobre nosotros, y escogimos ignorar y desobedecer sus mandamientos. Así, todos nosotros somos rebeldes en contra de Dios, y nuestra rebelión, nuestro pecado explican el desastre que hemos hecho de nuestras vidas, nuestra sociedad, y el mundo.] ¿Podría alguien recitar o leer los versículos en Romanos 3:10-12 que corresponden a esta idea? Ahora, ¿podría alguien dibujar la imagen que utilizamos que encaja con esta verdad?

¿Alguien ha usado Dos Maneras de Vivir para compartir el evangelio con alguien la semana pasada? ¿Cómo le fue?

III. Juicio: La respuesta de dios a nuestra rebelión

Vemos que nuestro pecado ha arruinado al mundo que Dios nos dio para gobernar. Y lo que es aún peor, nuestra rebelión contra Dios nos hace merecedores de su justo juicio. Este juicio de Dios es otro aspecto importante del evangelio. También es la próxima célula en el tratado Dos Maneras de Vivir.

El soporte bíblico que se da para el juicio de Dios está en Hebreos 9:27. ¿Podría por favor alguien leer ese versículo que se encuentra en sus folletos? [«Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio».] Este es el versículo que me gustaría que te aprendieras de memoria para ayudarte a explicar el evangelio.

Soporte bíblico adicional también se encuentra en 2 Tesalonicenses 1:8-9. ¿Podría alguien leer ese versículo, que también se encuentra en sus folletos? [«En llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder».]

Este juicio se puede representar así. (Dibuja la imagen)

  1. Las consecuencias de nuestro pecado

Antes de discutir en detalle sobre el castigo que hemos traído sobre nosotros mismos por nuestra rebelión a Dios, deberíamos señalar una cosa. La Escritura es clara en los pasajes que acabamos de leer y en muchos otros pasajes que nuestra oportunidad de volvernos de nuestra rebelión a Dios termina cuando morimos –no hay una segunda oportunidad. Ni para ti, ni para mí, ni para tu familia, ni para tus amigos. Por eso la Escritura alega con los incrédulos que hoy es el día de salvación. La paciencia de Dios un día llegará a su fin. Él no nos dejará rebelarnos para siempre.

  1. La muerte

La semana pasada leímos sobre la Caída del Hombre cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios al comer del fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios prometió de antemano que esto resultaría en su muerte, y lo confirmó después en Génesis 3:19: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás».

El curso de la muerte no estaba limitado a Adán y Eva, sino que se aplica a nosotros hoy porque somos su descendencia y llevamos su naturaleza pecaminosa con nosotros. Leemos en Romanos 5:12 que «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron». La muerte física es la consecuencia de nuestro pecado. Dios creó la vida, y en respuesta a nuestro pecado, él quita la vida.

  1. El juicio

Sin embargo, la muerte física no es la consecuencia total o final de nuestra rebelión. Como leímos antes en Hebreos 9:27, después de la muerte viene el juicio. Este juicio es algo a lo que deberíamos temer. Porque somos culpables en nuestro pecado, y no hay duda de que Dios nos juzgará de esa manera.

Pero esto hace surgir una pregunta. ¿Cómo será este juicio?

¿Podría alguien leer lo que Jesús dice en Mateo 13:47-50? «Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes».

«Horno de fuego… lloro y crujir de dientes»… No se puede ser más gráfico que eso. Escucha algunas de las palabras de Jesús de Mateo 25:31-46: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos…  Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

Por cierto, si alguna vez has escuchado a alguien decir que sólo el Dios del Antiguo Testamento es un Dios de ira y juicio, no sé cómo pueden decir eso y leer esto. Jesús habló mucho acerca del juicio. Y observa que el castigo que él nos advierte es eterno. Esta realidad expande nuestras mentes, y el concepto puede ser difícil de aceptar para los cristianos junto con sus amigos incrédulos.

  1. La ofensa de la ira de Dios

Entonces, ¿cuáles son algunos de las objeciones que podrían impedir que tú u otros acepten las promesas bíblicas del juicio de Dios? [1) Viola el amor de Dios; 2) Hace cruel a Dios; 3) Demasiado duro; 4) El castigo eterno no encaja en el crimen temporal]

No nos gusta esta idea del juicio de Dios, ¿o sí? Muchos argumentan que el amor de Dios debería impedirle juzgar a aquellos a quienes ama. El grupo de investigación de George Barna encontró que el 76% de los estadounidenses cree en el cielo y el 71% sorprendentemente cree en el infierno.[1] Sin embargo, sólo el 32% de aquellos que creen que existe el infierno creen que el infierno es un lugar real de tormento y sufrimiento para las almas de las personas después de la muerte. Pero la estadística más reveladora es que sólo la mitad del 1% de todos los estadounidenses espera ir al infierno después su muerte.

La ira de Dios es algo difícil de digerir para el hombre pecador. Muchas personas te seguirán la corriente y estarán de acuerdo en que hay un Dios, sin embargo, quizá puedan imaginarlo. También encontrarás a personas que admiten que son pecadores, en cualquier medida. Pero cuando vas al próximo paso y dices que también merecen la ira de Dios y el castigo eterno por nuestros pecados, eso es ir demasiado lejos. Aquí es cuando el evangelio se vuelve ofensivo para nuestro orgullo.

Es cierto que desde una perspectiva puramente humana, el juicio eterno de Dios sobre los pecadores puede parecer, en el mejor de los casos, severo e incluso absurdo. Pero es importante que todas nuestras ideas acerca de Dios sean moldeadas por la Palabra de Dios, no por nuestra propia intuición o sentimientos.

¿Alguno de ustedes luchó con esto en el proceso de convertirse en cristiano? ¿Cómo lo superó?

 [Si tú como profesor tienes un buen ejemplo de tratar de explicarle esto a un no creyente, este sería un gran lugar para compartir esa historia.]

¿Otras preguntas o comentarios?

  1. El carácter de Dios

De acuerdo—bueno, hay dos formas en las que podemos hablar sobre esto. Podemos tímidamente explicar el juicio de Dios como si nos avergonzara—o incluso como si avergonzara a Dios. «Bueno, tengo que decirte esto porque mi profesor del seminario básico dijo que es parte de compartir el evangelio». O podemos comunicar el juicio de Dios como justo y bueno, sin importar que tan terrible pudiera ser para nosotros como pecadores. Como puedes imaginar, sugiero la segunda de las dos. Y para hacer eso, queremos rápidamente examinar el carácter de Dios como es revelado en la Escritura.

  1. La soberanía de Dios

El primer atributo es la soberanía de Dios. Cada vez que luchamos con aceptar una verdad difícil que Dios ha revelado claramente, es importante recordar que Dios es Dios, él puede hacer lo que quiera. Esto puede parecer trivial para algunos, pero si reconocemos el rol de Dios como Creador y Gobernante, sabemos que él tiene el derecho de hacer lo que mejor le parezca.

Entonces, ¿cómo encaja esto con el juicio de Dios? Bueno, significa que abordamos el tema de la ira de Dios con una postura de humildad. No debemos decir «Si Dios es así, entonces no quiero tener nada que ver con él». Tales declaraciones intentan colocar a Dios a nuestra merced, como si nosotros fuésemos quienes lo juzgamos. Pero él determina lo que es correcto y bueno—no nosotros.

  1. La santidad de Dios

Segundo, y probablemente más importante, es el asunto de la santidad de Dios. La santidad de Dios significa que él es perfecto, puro y está separado de todo lo que no lo es. Su santidad significa que él detesta el pecado y exige pureza en sus criaturas morales.

La Biblia tiene mucho que decir acerca de la santidad de Dios:

  • 1 Samuel 2:2 – «No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro».
  • Habacuc 1:13 – «Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio».

Porque Dios es santo, él no tolera lo malo. Él castigará el pecado, sin excepciones. Cuando fallamos en ver cuán santo es Dios, subestimamos la seriedad de nuestro pecado. Una visión reducida de Dios resulta en una visión reducida del pecado. Una visión reducida del pecado resulta en una visión reducida de la necesidad de castigar ese pecado. En cambio, cuando comprendemos el peso de la santidad de Dios —y eso es algo bueno—podemos empezar a entender porqué Dios castiga el pecado. Si él no castigara el pecado, dejaría de ser santo.

  1. La justicia de Dios

Estrechamente relacionada a nuestra comprensión de la santidad de Dios está nuestra apreciación de la justicia de Dios. Dios es un juez perfecto y bueno. Así como estaría mal que un juez humano dejara en libertad al culpable, Dios no sería justo si no castigara nuestra rebelión. El Salmo 9:7-8 dice, «Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud».

Es fácil para nosotros reconocer que la justicia es buena cuando se aplica a lo peor de los criminales. Pocas personas discutirían que un Hitler debería ser perdonado por sus actos crueles a seres humanos. Pero amigos, necesitamos recordar que Dios tiene estándares mucho más elevados que los nuestros – Él es perfecto. Nuestro pecado contra él como nuestro Creador es mucho más grave que el pecado de Hitler contra la humanidad. Nuestro problema no es que Dios sea el juez; sólo no nos gusta que él sea nuestro juez.

Un autor da un recordatorio útil de que el juicio de Dios es bueno y no cruel. Él dice, «En la condenación de Dios de los impíos al infierno, podemos confiar en Dios porque en su juicio e ira, no hay crueldad en sus acciones. La crueldad involucra infligir un castigo que sea más severo o duro que el crimen. Dios es perfectamente justo; él no es cruel. Ninguna persona inocente sufrirá jamás bajo su mano. Si nos cuesta entender su justicia, el problema no es suyo sino nuestro. Es nuestra incapacidad de entender la profundidad de nuestro pecado ante un Dios perfecto, santo y justo».[2]

Algunas veces no entendemos la justicia de Dios porque asumimos demasiado de su misericordia. Nuestro hermano R.C. Sproul nos da una buena ilustración de esto en su libro, La santidad de Dios. Él escribe,

«Nuestra tendencia a asumir que merecemos la gracia fue poderosamente demostrada mientras enseñaba a estudiantes universitarios. Yo enseñaba un curso del Antiguo Testamento a 250 estudiantes en una universidad cristiana. El primer día de clases expliqué cuidadosamente las tareas del curso… Este curso ameritaba tres reportes cortos. Acto seguido, expliqué a los estudiantes que el primero debía estar en mi escritorio el último día de septiembre por la tarde. No habría extensiones… Si este reporte no se entregaba a tiempo, el estudiante recibiría un cero… El último día de septiembre…Veinticinco estudiantes se pararon frente a mí, temblando aterrorizados y llenos de remordimiento… Yo cedí ante sus súplicas de misericordia. «Muy bien,» les dije. «Les daré una oportunidad en esta ocasión, pero recuerden que la próxima tarea es para el último día de octubre». Cuando vino el último día de octubre… Cincuenta vinieron con las manos vacías… Una vez más accedí y les dije, «Está bien, pero ésta es la última vez. Si se retrasan para su próxima tarea les daré un cero». ¿Pueden imaginarse lo que sucedió el último día de noviembre? Exacto… [Cien estudiantes] entraron a la clase completamente indiferentes… Yo tomé mi mortal libro negro de calificaciones y comencé a llamarlos por sus nombres… Anoté… cero en el libro. Los estudiantes reaccionaron con furia incontrolable. Lamentaron, protestaron y gritaron, «¡Eso no es justo!». Miré a uno de los estudiantes protestadores y le pregunté, «Lavery, ¿piensas tú que esto no es justo?» «Sí,» respondió. «Ya veo. ¿Es justicia lo que quieres? Me parece que tú entregaste tarde tu reporte la última vez. Si insistes en recibir justicia, la recibirás. No te voy a dar un cero sólo por este reporte, sino también por el anterior». El estudiante se quedó petrificado. No tuvo más argumentos».[3]

Al igual que estos estudiantes, algunas veces pensamos que merecemos más gracia. Pero por supuesto, la gracia es por definición algo que no merecemos. Dios da justicia a unos y misericordia a otros, pero injusticia a ninguno.

  1. El amor de Dios 

El último atributo de Dios es el amor de Dios. Pero esto no parece correcto –Dios es amor, ¿cierto? Si él es amor, entonces, ¿cómo puede airarse? ¿No son mutuamente exclusivos?

De acuerdo, aquí nos estamos adentrando en aguas teológicas profundas. Pero es importante que tomemos un momento para considerar esto porque 1) necesitamos entender cómo el amor de Dios encaja con su juicio y 2) en tu evangelismo, probablemente te encontrarás con esta pregunta.

Así que piensa en tres formas en las cuales el castigo de Dios sobre el pecado es un acto amoroso:

  • Necesitamos hacer la pregunta, ¿el amor de Dios a quién? Dios ama su santidad y su pureza, ¿no es así? Después de todo, ¿qué otra cosa mejor podría amar? El castigo de Dios es amoroso consigo mismo, que es lo mejor que él podría amar (2 Pedro 3:8-9).
  • La amenaza de ello es amorosa a los pecadores. Dios no simplemente castiga el pecado; durante cientos de años él nos ha advertido de este castigo inminente para que nos volvamos de nuestro pecado a Cristo.
  • El castigo del pecado es amoroso con aquellos contra quienes se ha pecado (incluyéndose a sí mismo). A menos que Dios deteste el mal y sus efectos, no puede ser amoroso. Es fundamentalmente amoroso para Dios oponerse al pecado, y no sería amoroso para él no hacerlo.

La ira de Dios proviene de un amor profundo y poderoso. Dios está en contra del pecado porque él está a favor de nosotros, y finalmente a favor de su propia gloria.

Si tenemos problemas para entender cómo el amor y el juicio encajan juntos, entonces debemos mirar la cruz donde la ira de Dios y el amor de Dios fueron realizados en Cristo Jesús. Este será nuestro próximo tema la próxima semana, si Dios quiere.[4]

¿Preguntas o comentarios? 

  1. Implicaciones para el evangelismo

Así que, después de reflexionar en el rol de Dios como un juez bueno, ¿cuáles son algunas de las implicaciones al compartir el evangelio? ¿Cómo el juicio de Dios sobre los pecadores debería afectar nuestro evangelismo? [1) Sentido de urgencia; 2) Humildad—merecemos la ira de Dios; 3) Aprovecha las conversaciones diarias sobre la justicia y la rectitud; 4) Cuando pregunten cómo nos va, responde «mejor de lo que merezco»]

[Que la clase se divida en parejas y practique las células 1-3 de Dos Maneras de Vivir.]

  1. Conclusión

 Rápidamente resumamos lo que hemos aprendido hoy. La respuesta justa y santa de Dios a nuestra rebelión, a nuestro pecado, es en primer lugar la muerte, luego el juicio, luego la división eterna. Esa división es en dos grupos eternos: uno al cielo y a la vida eterna adorando a Dios, y el otro a la ruina eterna en el infierno.

Este es un componente difícil pero crucial del mensaje del evangelio. Podemos proclamar que «Jesús salva», pero el mundo tendría razón en preguntar «¿De qué» Necesitan entender que Jesús es poderoso para salvarnos del castigo eterno que todos merecemos en las manos de un Dios santo. Sólo cuando den un vistazo a la justicia de Dios, apreciaran su misericordia. 

ORACIÓN

 

APÉNDICE 

Conciliando el amor de Dios y la ira de Dios

No es imposible que el amor y la ira se dirijan a la misma persona al mismo tiempo. Podemos ver algo de esto cuando miramos la relación de un padre y un hijo. Cuando un hijo desobedece, en amor el padre disciplina al hijo para enseñarle a obedecer para que les vaya bien.

La ira de Dios no es como la ira humana, que a menudo es irracional, impaciente y maliciosa.

¿Cómo el infierno glorifica a Dios?

Al enviar a personas al infierno, Dios mantiene su palabra y se muestra a sí mismo como verdadero, fiel y justo. Para que Dios muestre misericordia, también debe castigar el pecado. El infierno también glorifica a Dios al mostrar cuán grande es Dios, que aquellos que se rebelan reciben el mayor castigo por la eternidad. El infierno también muestra el poder Dios contra los malvados y reivindica a los justos. Finalmente, muestra la grandeza de lo que Jesús hizo al salvar a aquellos destinados al infierno.

[1] Estudio realizado en 2003.

[2] R.C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia

[3] R.C. Sproul, La santidad de Dios, pág. 78-79.

[4] Algunos buenos escritos sobre este tema pueden encontrarse en La difícil doctrina del amor de Dios de D.A. Carson y en El conocimiento del Dios Santo de J.I. Packer. También, la publicación en el blog de Tim Challies del 12 de septiembre de 2011 en www.challies.com brinda un buen comentario sobre el libro de Michael Wittmer, No dejes de creer.