Clases esenciales: Dirección

Dirección – Clase 6: Las circunstancias, los sentimientos y la sabiduría

Artículo
13.02.2018

  Descargar Manuscrito en formato Word
  Descargar Folleto del Alumno en formato Word

 

Clase esencial
Dirección
Clase 6: Las circunstancias, los sentimientos y la sabiduría


¡Buenos días! Hoy nos encontramos en la segunda mitad de la serie de dos partes, que trata acerca de las herramientas que Dios nos ha dado para tomar decisiones. La semana pasada observamos cómo usar—y no usar—las herramientas de la palabra de Dios, la oración y el consejo de otros. Esta mañana, veremos dos últimas herramientas que los creyentes pueden usar a la hora de tomar decisiones: las circunstancias y los sentimientos. Luego, concluiremos con un vistazo a la sabiduría, que prácticamente abarca todo lo que hemos estado hablando.

Probablemente habrás notado que toda esta clase ha tenido un enfoque bastante anti-místico. Y eso continuará el día de hoy. Creo que los evangélicos tienden a ser demasiado místicos en su comprensión de cómo Dios nos guía normalmente. Hablamos de seguir a Dios como si ello consistiera principalmente en un discernimiento sabio de diferentes ideas e impulsos emanados del Espíritu. O decimos cosas como, «Dios me dijo» que hiciera algo cuando no nos referimos a una voz divina audible. Dado que esta semana seguiremos con esta campaña anti-mística, permíteme  iniciar con una pregunta. ¿Qué sale mal cuando asumimos que Dios normalmente nos guía por medio de métodos místicos y sensacionalistas?

  •  En primer lugar, esto toma lo que claramente es anormal en la Escritura y lo asume como normal. Dios nos dirige normalmente por medio de la sabiduría que nos ha dado, alimentada por su palabra, informada por el consejo, las circunstancias y los sentimientos, y santificada por la oración. 
  • El misticismo convierte a Dios en un dios complicado y astuto, en lugar de amoroso y bondadoso. ¿Qué buen padre hace que sea difícil para su hijo saber qué hacer? ¿Cuánto menos Dios? Si Dios quiere que hagas algo, él te lo dirá. Y no tendrás ninguna duda de que es Dios quien te habla. 
  • Un enfoque en ideas místicas sobre la dirección, insinúa que la palabra de Dios no es suficiente para ayudarnos a tomar decisiones. Cuando sin duda alguna lo es. 

Las circunstancias

Comencemos con las circunstancias. Al igual que lo hicimos la semana pasada, empezaremos analizando cómo no usar las circunstancias. 

Formas incorrectas de «leer» las circunstancias 

  • Ver a Dios como si se tratase de puertas «abiertas» o «cerradas». Hay una forma en que esto puede ser bueno, como veremos en un momento. Sin embargo, también hay una forma mística de mirar esto que es sencillamente absurda. Por ejemplo, un chico dice, «Había planeado pedirle a María que se casara conmigo, pero llovió las dos veces que intenté hacerlo. Siento que Dios podría estar cerrando la puerta en nuestra relación». ¡NOOOO! Simplemente significa que Dios quería que tuvieras un compromiso algo empapado o que lo hicieras otro día. No hay mayor significado para ese patrón de acontecimientos.
  • Las malas circunstancias implican que fallé en cumplir la voluntad de Dios. Dicho de otro modo, si las cosas no resultan como yo esperaba, debí haber cometido una mala decisión. ¿Fue una mala decisión que Jesús fuera a la cruz? ¿Fue una mala decisión que Pablo fuera a Roma? ¿De dónde sacamos la idea de que seguir a Dios debería ser todo color de rosas?
  • Creer que aceptar una circunstancia imposible es señal de una fe débil. Internar a mi abuela en un hospital significa que no creo que Dios pueda sanarla. Renunciar a ser misionero en Nepal porque soy paralítico quiere decir que no tengo fe. De acuerdo. Eso fuera cierto si Dios ha revelado divinamente que él sanaría a mi abuela. O si ha revelado divinamente que debería ir a Nepal. Pero el torpe, «Voy a hacer lo que Dios quiere independientemente de las circunstancias que interponga en mi camino», a menudo sobrestima nuestra confianza en saber lo que Dios quiere.

Formas correctas de usar las circunstancias 

Y eso nos lleva a algunas formas correctas en que podemos utilizar las circunstancias para tomar decisiones. Básicamente, estamos bien cuando vemos las circunstancias como los buenos juicios de un Dios soberano. Como lo hablamos en la semana #2, Dios cumplirá todos sus buenos propósitos para este mundo. Cada uno de ellos. Y ninguna decisión equivocada tuya—o de cualquier otra persona—lo detendrá. ¡Que increíble noticia!

¿Qué implica eso en nuestras decisiones? Implica que podemos confiar en el plan de Dios.

En ocasiones, Dios en su soberanía, usa las circunstancias para tomar o cancelar una decisión por nosotros. Me encanta la manera en que el pastor Matt Chandler habla sobre su esposa. «¿Saben cómo sé que ella es la única mujer en el mundo para mí? ¡Porque estamos casados!». ¿Era la voluntad de Dios para él que se casara con ella de todas las mujeres en el planeta? Absolutamente. ¿Cómo lo sabe? Porque se casaron. Tan simple como eso.

Te daré un ejemplo personal: Durante años, mi esposa y yo habíamos pensado y orado por ir al extranjero como misioneros. Nos preparamos con eso en mente. Estructuramos nuestros trabajos con eso en mente. Manejamos nuestras finanzas con eso en mente. Pasamos tiempo en la ciudad de Afganistán donde creíamos que podríamos trabajar. No obstante, luego surgieron algunos problemas médicos a largo plazo, y quedó bastante claro que ese no era el plan de Dios para nosotros. Ahora bien, ¿fue eso falta de fe? Si Dios hubiese dejado objetivamente claro que debíamos ir a Afganistán, ciertamente lo era. Pero no teníamos esa clase de seguridad. En cambio, solamente teníamos la sensación de que mudarnos allí sería usar nuestras vidas sabiamente. Por tanto, puedo decir con certeza, que Dios cerró la puerta en esa oportunidad, razón por la cual ahora estamos aquí.

Algunas circunstancias te dicen algo acerca de ti. Si no puedes arrojar una bola a primera base, es poco probable que Dios te esté llamando a ser parte de un equipo profesional de béisbol. ¿Por qué no es eso falta de fe? Porque Dios no te ha dicho claramente que lo seas. Si continúas siendo rechazado para una clase de trabajo en particular, quizá Dios no te ha equipado para que estés en esa línea de trabajo. Retrocede, habla con buenos amigos que realmente te conozcan, y reevalúa en qué eres bueno.

«Pero», estarás pensando, «¿no acabas de quejarte de todo el asunto de ‘Dios cerrando puertas’ hace unos minutos?». No de esta manera. Lo que criticaba era una especia de lectura «mística» de las circunstancias que indiquen la voluntad secreta de Dios para mi vida, quien, curiosamente, no parece estar interesado en aclararme. Eso sería como que nosotros decidiéramos no ir a Afganistán porque el último vuelto antes que nosotros se estrelló, como si fuese un mal presagio o algo parecido. No, a lo que me refiero es al humilde reconocimiento de que dentro del buen control de Dios, las circunstancias han cambiado y mis planes ya no parecen sabios.

Cuando eso ocurre, mi trabajo como cristiano es luchar exhaustivamente y creer completamente que los planes de Dios siempre son buenos para sus hijos. Como dice un viejo himno que a veces cantamos,

Lo que mi Dios ordene es bueno,

Él nunca me defraudará

Él me guía por sendas rectas

Sé que no me dejará

Recibo, contento

Lo que ha enviado

Su mano puede desaparecer mis penas

Y pacientemente espero su día.

Algún día, en Apocalipsis 15:4 diremos esas hermosas palabras, «tus justos juicios han sido revelados», y comprenderemos el plan de Dios. Ahora no tenemos ese conocimiento; vivimos por fe y no por vista. Por tanto, confiamos en que todo lo que nuestro Dios hace es bueno, y cuando él ha cerrado definitivamente una puerta en nuestra vida, es por nuestro bien y para su gloria.

Hay una dulzura y contentamiento humilde en la vida que viene de aceptar pacientemente lo que Dios ha hecho en vez de batallar amargamente contra ello. A veces pareciera que Dios usara las circunstancias para asesinar nuestros sueños. Pero como creyentes, necesitamos sostener esos sueños con una mano abierta y confiar en que cada vez que se los lleve, está colocando algo mejor en su lugar. Aunque quizá no entendamos cómo es mejor hasta que nos encontremos en el cielo.

¿Nos conduce eso a una complacencia perezosa? Ciertamente puede hacerlo. Ahí es cuando el consejo del apóstol Pablo puede ser una buena guía. En 1 Corintios 7 cuando Pablo escribe a los esclavos, escribe; «¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo». ¿El apóstol Pablo odiaba la esclavitud? Seguro. En 1 Timoteo 1:10, enlista a los «secuestradores» junto a los asesinos, hombres que practican la homosexualidad, mentirosos, fornicarios y perjuros como «transgresores y desobedientes». Y aun así, él dice al esclavo que no se preocupe por la circunstancia en la que se encuentra. Confía en la providencia de Dios, sabiendo que un día Dios corregirá lo que está mal. Pero Pablo no hace un llamado a la complacencia; si puedes deshacer el mal, ¡ve por ello! Hay una ambición abierta aquí que es un buen ejemplo para nosotros. Por un lado, es ambicioso: si puedes cambiar tu situación, hazlo. Pero es abierta: si no puedes, no permitas que te moleste. Dios un día hará lo que tú no puedes, y puedes descansar contento en su tiempo perfecto.

Los sentimientos

Uno de los aspectos más desafiantes de la toma de decisiones es qué hacer con nuestros sentimientos. ¿Qué hay de esos presentimientos, de aquellas ideas subjetivas que Dios quiere que hagamos? ¿Deberíamos ignorarles porque los sentimientos no son confiables? Pero si los ignoramos, ¿somos potencialmente culpables de «entristecer al espíritu»[1]?

Creo que una buena introducción para este tema es un breve artículo que Mar Dever escribió hace unos años. Lo leeré para ti.

Creo que el Espíritu de Dios nos guiará subjetivamente algunas veces. Así que por ejemplo, elijo pasar mi vida aquí en Capitol Hill porque mi esposa y yo sentimos en 1993 que eso era lo que Dios quería que hiciéramos. Sin embargo, luego (y ahora) me di cuenta de que podía estar equivocado sobre esa suposición. La Escritura NUNCA se equivoca. En 1993, podía quedarme en Inglaterra o enseñar en un seminario, ambas habrían sido oportunidades maravillosas. Era libre de tomar esas decisiones. Sin embargo, yo escogí, consultando la Escritura, amigos, sabiduría, y mi propio sentido subjetivo de la voluntad de Dios, venir a D.C. Incluso si estuviera equivocado al respecto, tenía (y he tenido) esa libertad en Cristo para actuar de una forma que no sea pecado. Y entiendo que mi pastoreo aquí no es pecado. Soy libre. Sin importar la sensación de liderar que tenía.

La mayoría de las decisiones que he tomado en mi vida como creyente, las he tomado sin ese sentido de liderazgo subjetivo.

Puede que algunos digan que esto es una muestra de inmadurez espiritual. Entiendo que esta es la forma en que un hijo redimido de Dios normalmente vive en este mundo caído…

Un sentido subjetivo de liderazgo, cuando lo hemos pedido (como en Santiago 1:5 pedimos por sabiduría), y cuando Dios lo da libremente, es maravilloso. No obstante, el deseo por ese sentido subjetivo de liderazgo, es muy a menudo en la piedad evangélica contemporánea, unir a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, impidiéndoles disfrutar las buenas decisiones que Dios puede proveer, y haciendo que esperan equivocadamente antes de actuar.

Cuidado con la esclavitud de la «dirección».

Formas incorrectas de usar los sentimientos 

Como lo hicimos anteriormente, empecemos con algunas formas incorrectas de usar los sentimientos en la toma de decisiones.

  • Suponer que un impulso interno es definitivamente el Espíritu Santo. Como dijo Mark, él tuvo un impulso interno de mudarse a D.C., pero aunque sabía que su sentimiento podría haber venido del Espíritu, también era consciente de que podría haber sido nada más que un sentimiento. Los cristianos caen en problemas todo el tiempo cuando sienten que Dios les está guiando hacia algo, y luego creen que esa impresión es la dirección inconfundible y absoluta de Dios para ellos.

Cuántas veces he tenido a cristianos mirándome indignantemente, diciendo, «pero Dios me dijo que…».  Cuando lo que quieren decir no es, «Jesús se me apareció en una visión y me dio una clara instrucción», sino «durante mi tiempo devocional tuve la sensación de que Dios me estaba guiando en esa dirección». Los sentimientos son buenos, pero no son confiables. Despojémonos por completo del lenguaje miserable del «Dios me dijo», a no ser, por supuesto, que realmente Dios te lo dijera.

  • No actuar hasta que sentimos una «paz» interior. ¿Cómo llegó el apóstol Pablo a Corinto? 1 Corintios 2:3, «Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor». ¿Tenía Pablo una sensación de paz por ir a Corinto? Ciertamente no parece así. Quizá es por eso que Jesús le aseguró en una visión, Hechos 18, que nadie lo atacaría o lastimaría.

Recuerdo haber consolado a alguien que, por así decirlo, se negaba a hacer lo que estaba claro en la Escritura. «Simplemente no siento esa sensación de paz al respecto». Creo que eso elevaba la confiabilidad de una sensación de paz, o la falta de ella, mucho más de lo que debería. Especialmente considerando las vicisitudes de nuestros corazones, la obediencia a menudo puede conducirnos a lugares donde no tenemos paz.

Podría seguir, pero creo que entiendes el punto. Los sentimientos son buenos, pero no son indicadores confiables de la voluntad de Dios. Algunos líderes cristianos hablan sobre direcciones, corazonadas y sensaciones como si tuvieran una conversación interna especial con Dios que les permite tomar decisiones proféticas supernaturales. «¿Cómo supiste plantar una iglesia en esa exhaustiva ciudad?». «Bueno, Dios me dijo que lo hiciera, así que obedecí». Eso puede sonar bueno y  devoto, pero salvo en situaciones extremamente inusuales, eso no es lo que ocurrió. No puedes simplemente saber si tu impresión es la voz de Dios o no. Pero puedo asegurarte de que si él quiere decirte algo, se asegurará de que lo sepas.

Formas correctas de usar los sentimientos

Muy bien. Con ese peso menos de encima, ¿cómo deberíamos usar los sentimientos en nuestras decisiones. Déjame darte tres categorías.

  • Intuición. Dios es absolutamente increíble por la manera en que ha creado nuestros cerebros. Resultar ser, que nuestros cerebros, algunas veces, son más inteligentes de lo que solemos reconocer. Constantemente estás reuniendo información sobre el mundo a tu alrededor, incluso más allá de tu proceso de pensamiento racional.

En ocasiones eso conduce a una intuición de que deberías hacer algo incluso si no puedes explicar por qué. Y algunas veces estás en lo correcto. Con el tiempo, cada uno de nosotros aprenderá cuánto deberíamos confiar en nuestra intuición respecto de las cosas. Ahora, necesitamos recordar que como criaturas corrompidas, nuestro pensamiento—consciente y subconsciente—está profundamente dañado y lleno de pecado. Lo que significa que nuestra intuición no es una guía confiable. Pero no obstante, a veces vale la pena considerarlo, siempre sometiéndolo a la perfecta autoridad de la Palabra de Dios. Y probablemente si tienes 60 años puedes darle más peso que si tuvieras 40 años, y si tienes 40 años puedes darle a tu intuición más peso que si tuvieras 20 años.

  • Direcciones motivadas por el Espíritu. Ahora bien, algunas veces nuestros sentimientos son más que una simple intuición. Recuerda que Mark, en el artículo antes leído, que hablaba sobre una sensación subjetiva de que debía abandonar una carrera académica para ir a una pequeña y moribunda iglesia (en ese momento) en un peligroso vecindario en Capitol Hill. ¿Era eso dirección del Espíritu? Bueno, en retrospectiva ciertamente parece haber sido una buena decisión. Pero Mark estaba consciente de su capacidad para discernir si se trataba de una sensación subjetiva por parte del Espíritu de Dios o no. Cuando sintió eso después de visitar CHBC por primera vez, le pidió a Dios que le diera a su esposa, Connie, la misma sensación sobre si D.C. era un buen lugar para que ellos fueran. Pero a ella no le dijo nada. Cuando regresó, ella le habló de esta extraña carga que había sentido por esa pequeña iglesia en Capitol Hill. Todavía no le decía lo que sentía, pero la animó a que también la visitara. Y no fue hasta después de que ella regresara hablando sobre su sensación de que debían mudarse, que le reveló a su esposa lo que él había estado sintiendo. Creo que es un gran ejemplo de creer que Dios podría estar usando esa sensación subjetiva interna para guiarnos, mientras aun mantenemos un escepticismo apropiado por nuestros sentimientos.
  • Probablemente el mayor valor de nuestros sentimientos es que ellos nos dicen lo que queremos. Como indicador de lo que sucede en el interior—lo que valoramos, lo que tememos—son invalorables. Si por el contrario, has decidido que la madurez en Cristo implica ignorar tus sentimientos, has abandonado una de las herramientas más valiosas que Jesús te ha dado para que camines junto a él. ¿Quién puede olvidar la promesa del Salmo 37, «Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón». Sí, tus deseos cambiarán a medida que te deleitas en el Señor, pero siguen siendo deseos, ¿no?

Comprender nuestros deseos es importante por las siguientes razones.

  • Primero, Dios en su bondad, con frecuencia nos da amplia libertad en lo que hacemos en la vida, y con frecuencia ser felices en él implicará hacer lo que queremos. ¿Deberías casarte con el piadoso José o con el piadoso Tim? Bueno, ¿con quién quieres pasar el resto de tu vida?
  • Segundo, a menudo le serviremos mejor haciendo lo que queremos. Amas enseñarle a los niños. Eres lamentable balanceando cuentas. Creo que trabajarás mejor «como para el Señor», como maestro que como contador. Si Dios providencialmente te hace contador, ciertamente puedes ser fiel allí. Pero si puedes ser libre de la contaduría, ¡hazlo! ¡Cuán maravilloso es cando hacemos lo que disfrutamos! ¡Cuán fácil es servirle con todo nuestro corazón!
  • Tercero, nuestros deseos pueden revelar si nuestros corazones están apegados a otra cosa en lugar de Dios. Piensa en Santiago 4, donde nuestros deseos provienen del adulterio espiritual, cuando queremos algo más de lo que queremos a Dios. Aprende a leer tu corazón a través de los lentes de tus deseos para que puedas confesar el pecado y corregirlo en las decisiones que tomes.
  • Cuarto, nuestros deseos pueden ser buenos. Mientras más quieras lo que Jesús quiere en tu vida, más confiables serán tus deseos. ¿Cómo llegamos allí? Por medio de las disciplinas regulares de la vida cristiana, la oración, el tiempo en la palabra de Dios, el arrepentimiento y la obediencia.

Encuentro que los cristianos a veces se sorprenden de la frecuencia con que las grandes decisiones se reducen básicamente a lo que quieres hacer. Aquí es donde los pobres conceptos de dirección pueden entrometerse. «O sea, ¿estás diciéndome que debería casarme con Joe simplemente porque quiero?». «Bueno, haz hecho tu tarea: es un creyente maduro, amas estar en la misma iglesia, parece que se comunican bien y te encanta estar con él. ¿Por qué no?». «¿Pero cómo sé que es la persona que Dios tiene para mí?». Dios no trabaja así. Él dice en 1 Corintios 7, «que puedes casarte con quien desees, siempre y cuando él esté en el Señor. Tienes libertad en esta área. Por tanto, si quieres casarte con él, ¡cásate con él!».

Permíteme resumir esta sección sobre los sentimientos con cuatro lineamientos para escuchar a tus sentimientos cuando tomes una decisión.

  • En humildad, reconoce que tus sentimientos pueden estar equivocados. Pídele a Dios en oración que oriente tus deseos a sus deseos. Se escéptico de tus sentimientos, como Mark cuando vino a D.C. Y sobre todo lo demás, nunca eleves tus sentimientos por encima de la palabra de Dios, y probablemente nunca por en encima del consejo fuerte y piadoso de otros.
  • Discute tus motivos con aquellos que te conozcan bien. Parte de ser cristiano en un mundo corrompido, es inclinarnos a tomar decisiones con motivos mixtos. El simple hecho de saber que tus motivos son mixtos, porque a menudo lo serán, no es razón para evitar tomar una decisión. Pero un amigo puede ayudarte a corregir los deseos o miedos pecaminosos que sabes que tienes.
  • Usa un vocabulario apropiado para describir tus sentimientos. No, «Dios me dijo» o «Dios me guió», sino «siento que sería sabio para mí…» o incluso a veces, «siento que Dios me ha dado un deseo por…». Incluso la frase «discernir la voluntad de Dios» puede ser realmente confusa, porque sugiere que nuestro trabajo es cazar su plan secreto, en lugar de usar la sabiduría que nos ha dado para tomar una decisión. Si Dios quiere revelar su voluntad, no tendrás ningún problema con discernirla.
  • Corrige tus sesgos naturales. ¿Eres vacilante por naturaleza? Quizá necesitas aprender a tomar decisiones incluso cuando sea incómodo para ti. ¿Eres apresurado por naturaleza? Puede que necesites aprender a sujetar tus deseos a la opinión de otros antes de actuar.

La sabiduría

Bien, esas son nuestras cinco herramientas. La palabra de Dios, la oración, el consejo, las circunstancias y los sentimientos. Sin embargo, no hemos descrito el uso de estas herramientas para discernir la voluntad de Dios—como si se tratase de un secreto escondido y estamos en la búsqueda del tesoro. En cambio, hemos hablado de usarlas para procurar la sabiduría. Que es donde quiero terminar.

Como dije en la primera clase, el enfoque cristiano de la toma de decisiones es determinar qué es sabio, y luego hacerlo. ¿Qué es la sabiduría? Bíblicamente, podemos resumirlo en dos cosas: pensar correctamente y hacer lo que es correcto. La sabiduría es conocer los caminos y la verdad de Dios, y actuar a la luz de lo que Dios ha dicho que es cierto. Casi todo lo que hemos enseñado hasta ahora en esta clase ha sido sobre: actuar sabiamente.

Y por tanto, no es sorprendente que en la Biblia, la sabiduría está estrechamente vinculada a la voluntad de Dios. Escucha a Pablo en Efesios 5:

«15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor».

¿Cómo sabemos cuál es la voluntad del Señor? Buscando la sabiduría. Don Carson dice así: «La sabiduría y el entendimiento espiritual constituyen los medios a través de los cuales Dios nos llena con el conocimiento de su voluntad»[2].

¿Cómo nos convertimos en sabios? Bueno, como nos dice Proverbios, es una búsqueda de toda la vida. No es algo que simplemente empezamos porque tenemos que tomar una gran decisión. Escucha Proverbios 2:

«1Hijo mío, si recibieres mis palabras,
Y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría;
Si inclinares tu corazón a la prudencia,

Si clamares a la inteligencia,
Y a la prudencia dieres tu voz;

Si como a la plata la buscares,
Y la escudriñares como a tesoros,

Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios».

Observa los imperativos, parecen escalar en su intensidad. Recibe mis palabras. Guarda mis mandamientos. Haz estar atento tu oído a la sabiduría. Inclina tu corazón a la prudencia. Clama por inteligencia. Alza tu voz para entendimiento. Búscala como plata, escudríñala como a tesoros. Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás todo buen camino.

La sabiduría no vendrá por ti. Debes salir y obtenerla.

¿Y cómo la obtenemos?

  • Teme a Dios. Como dice Proverbios 9, «El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia». Comenzamos a crecer en sabiduría en la medida que orientemos nuestras vidas a él. Al buscar primeramente su reino y su justicia. Temer a Dios precede a pensar como él y vivir para él.
  • Usa los medios de la gracia. Eso es principalmente de lo que ha consistido esta clase. Pasa tiempo en la palabra de Dios. No solo para tomar una decisión, sino para crecer en sabiduría todos los días. Ora, pidiéndole a Dios sabiduría. Porque en Santiago1, Dios promete darte lo que pides. Busca el consejo de otros, no solo sobre tu decisión, sino sobre tu vida. Aprende a confiar en Dios por su providencia, y busca moldear tus deseos en torno a lo que él desea.
  • Juan 28:28, lo dice simplemente así, «He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia». Haz lo que entiendas por sabio. Obedece a Dios, vive en pureza, y crecerás en sabiduría.

Entonces, ¿cómo tomamos decisiones normalmente? ¿Son sueños, visiones, vellones, burros que hablan y corazonadas? No: es la sabiduría. Oremos cada día para que Dios nos dé sabiduría. Y luego tomemos decisiones libremente y sin remordimientos.

Oremos.

 

[1]1 Ts. 5:19

[2]A Call to Spiritual Reformation, página 102.