Membresía

¿Cuánto deberíamos dar?

Artículo
30.08.2017

En el Antiguo Testamento Dios ordenó a su pueblo a dar el diez por ciento de sus ingresos para la manutención de los Levitas, los maestros religiosos de la época. Ese no era el único diezmo que se tenía que dar, sino que tenían que dar tres diezmos diferentes, con un promedio de más o menos el 23% de sus ingresos anuales (además del impuesto del templo y las ofrendas voluntarias). Hoy en día, hemos recibido mucha mayor bendición en Cristo que los santos del Antiguo Testamento jamás podrían haberse imaginado. Para el cristiano dar es una maravillosa oportunidad de tomar el dinero que es un bien temporal que Dios nos ha dado para invertirlo en cosas que son eternas. Es una oportunidad para desatar las cadenas en las que el dinero puede haber envuelto nuestros corazones, por lo que nos deja claro que Dios es suficiente; y aunque él puede usar mi dinero, en última instancia no lo necesito. Pero para entender realmente cuánto deberíamos dar, tenemos que examinar cuidadosamente lo que dicen las Escrituras acerca del tema.

 

Dar en el Nuevo Testamento

Muchos cristianos asumen que su responsabilidad empieza y termina con un regalo del 10% a una organización benéfica, sin mencionar que algunos ni siquiera hacen esto. Pero esto está lejos de ser una imagen real de lo que significa dar bíblicamente. Y el 10% es un buen punto para comenzar a dar. Después de todo, Abraham diezmó al sumo sacerdote Melquisedec cientos de años antes de que el diezmo fuera requerido por la ley que finalmente se cumplió en Cristo. Y Jesús no dice en ninguna parte que no hay que diezmar. Pero cabe destacar que en todas las instrucciones a las iglesias en el Nuevo Testamento, el diezmo está ausente. Sin embargo, vemos a Pablo instruyendo a cada cristiano a dar de acuerdo con sus ingresos (1 Co. 16:2). En otras palabras, da todo lo que puedas según tus posibilidades. Así mismo, el mismo apóstol escribe a las iglesias de Galacia: «Y al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le enseña» (Gá. 6:6). Todas las cosas buenas y no solamente el 10% de lo que Dios nos ha dado.

Aún así, está claro que hay algunas cosas que consideramos más importantes de hacer con nuestro dinero que darlo a la iglesia. Si alguien diera tanto a la iglesia que fuera incapaz de satisfacer las necesidades básicas de su familia, el apóstol Pablo diría que el tal «ha negado la fe y es peor que un incrédulo» (1 Ti. 5:8).

En última instancia, el dinero no es sino una de las muchas mayordomías que Dios nos ha dado. Así que, de la misma manera como administramos nuestro tiempo, talentos y nuestras relaciones, debemos tomar nuestro dinero y hacer el mejor uso del mismo para la gloria de Dios. Comience dando el 10% de su ingreso (o menos según las restricciones bíblicas referidas en 1 Ti. 5:8, 16) y ver cada dólar  como una oportunidad para dar gloria a Dios. ¿Servirá mejor a Dios tu próximo dólar si se lo entregas a la iglesia o si lo utilizas para contratar a una niñera para tus niños de tal manera que puedas discipular a un cristiano más joven? ¿Servirá mejor a Dios tu próximo dólar si se lo entregas a la iglesia o si lo utilizas para llevar a tu familia de vacaciones y disfrutar del maravilloso regalo de la creación de Dios (1 Ti. 6:17) y a la vez fortalecer esas relaciones familiares (Ef. 6:4)? Estas son el tipo de preguntas que tendrás que responder para determinar cuánto hay que dar. Si no tienes ingresos tu objetivo debe ser dar de lo que tienes (dinero, tiempo, relaciones, etc.) de manera que cuando tengas tu primer ingreso, des algo de ello con naturalidad.

 

Algunas consideraciones prácticas

  1. Dar a tu iglesia local en primer lugar. Una buena aplicación de Gálatas 6:6 (citado anteriormente) es que, si tu iglesia local es tu principal fuente de enseñanza debe ser el destinatario principal de tu ofrenda.
  2. Dar regularmente y de forma deliberada. Pablo instruyó a los corintios acerca de separar dinero el primer día de cada semana (1 Co. 16:2). Dar a la iglesia no debe ser una decisión espontánea. En su lugar (de ser posible con tu presupuesto en la mano) considera cuidadosamente qué cantidad sería un reflejo del mejor uso de tu dinero.
  3. Dar con sacrificio y con alegría. Dios ama al dador alegre (2 Co. 9:7) y nos llama a todos a tomar nuestra cruz y seguirle (Lc. 9:23). Así que usa esa oportunidad de dar para vivir de una manera sacrificial y en obediencia sabiendo que, no importa cuánto estés dando, es poco en comparación a todo lo que recibes en Cristo.

4. Busca sabio consejo. No deberíamos dar para impresionar a otros (Mt. 6:2). Debemos reconocer que no tenemos la sabiduría para tomar decisiones acerca de nuestro dinero por nosotros mismos (Pr. 15:22; 1 Ti. 6:10). Sé transparente con al menos alguien en tu iglesia acerca de tu vida, incluyendo sobre dónde y cuánto das.