Discipulado

¿Cuándo dejar de aconsejar?

Artículo
30.07.2018

Como pastor o consejero, ¿cómo sabes cuándo dejar de aconsejar? A medida que intentas decidir si terminas o no el asesoramiento, es probable que sepas, con cierta inquietud, que no todos los problemas han sido resueltos. Sentirás la necesidad de más crecimiento o el deseo de la persona aconsejada de que el asesoramiento continúe regularmente. Pero estas no son razones adecuadas para perpetuar el asesoramiento. Cuando terminar el asesoramiento es siempre un juicio de valor que requiere mucha sabiduría. La decisión de poner fin al proceso de asesoramiento a veces es clara, pero a menudo no lo es.

Es mejor pensar en la decisión de terminar el asesoramiento con algunos criterios claros. Considera dos indicadores positivos, y cuatro menos agradables.

  1. La persona entiende su problema y está equipada para manejarlo

El mejor indicador para terminar la consejería es cuando la persona ha sido adecuadamente equipada para responder con fe a sus problemas y está mostrando un patrón consistente de hacerlo. Los síntomas se han aclarado: la depresión no es tan mala como era; el marido y la mujer se han reconciliado y han reconstruido su confianza; el joven enganchado a la pornografía ha tenido un respiro considerable de su pecado sexual. La presión del problema original ya no está causando estragos en su vida. Y de repente, no sienten la necesidad de reunirse con ustedes. Y, por mucho que los amen, tampoco ustedes sienten la necesidad de reunirse con ellos.

  1. En el curso de tu cuidado de ellos, emerge el cuidado de otra persona como más eficaz

Si tú estás aconsejando en el contexto de la iglesia local, estarás utilizando a otras parejas o individuos para ayudarte en la asesoría. A menudo, estos otros individuos se vuelven más eficaces que tú al abordar los problemas del corazón de esta persona. Esto no es una amenaza para tu posición como pastor o consejero, sino más bien un signo positivo  de cómo debe funcionar la iglesia. Deberías emocionarte de que otros demuestren una habilidad o tengan una percepción que no tuviste. Si tú reconoces que este es el caso, puede ser lo mejor hacer la transición a la atención de los demás.

Lamentablemente, no todo asesoramiento termina con una conclusión positiva. A veces, otras razones obligan a la transición a otros consejeros u otros tipos de atención.

  1. Las cosas no parecen estar cambiando en absoluto

Tú has tratado de ayudar por un tiempo, y las cosas simplemente no parecen ir a ninguna parte. Por lo menos aparentemente, ellos han estado tratando de hacer cambios, pero el mismo problema con el que comenzaron todavía los está rebosando. Tal vez incluso se ha puesto peor. Esto puede deberse a una falta de visión o habilidad de tu parte, o puede ser dureza de corazón, ignorancia u otros factores de su parte. Normalmente es un poco de ambos. Pero el punto es, que nada parece estar haciendo una diferencia. Es un buen momento para considerar hacer un cambio a otra persona.

  1. No están interesados ​​en trabajar

Tú estarás en situaciones de consejería en las que los aconsejados usarán básicamente el tiempo de reunión para quejarse y chismear. Pero cuando se trata del arduo trabajo de estudiar las Escrituras, pensar en los motivos del corazón, confrontar el pecado, o enfrentar sus propias dudas, simplemente no quieren hacerlo. Estas personas esperan que tú hagas el trabajo pesado en las sesiones. Pero no ayudamos a nuestra gente permitiendo que acudan al asesoramiento cuando se niegan a «hacer algo» sobre el problema. No dejes que la gente se engañe a sí misma pensando que están haciendo esfuerzos cuando no lo están haciendo. Si no hacen la tarea y no están interesados ​​en responder a las preguntas que tú les formulas, la consejería necesita terminar por su bien.

  1. No confían en tí

También habrá situaciones donde tus errores son dolorosamente evidentes. Tal vez tú estropeas la situación por hablar de un asunto sin entenderlo o respondiendo a ellos totalmente frustrado. Has olvidado las citas o has sido incapaz de adaptarlas a tu horario de manera razonable.  Hay dos cosas que tú sabes que son verdaderas de tí: tú eres un pecador y tú eres un ser humano. El punto es, que han perdido la confianza en tí, ya sea por tu culpa o por sus expectativas poco realistas. Independientemente de la causa real, la gente no seguirá tu guía o consejo si no confía en tí, y es hora de terminar con el asesoramiento. Si no están dispuestos a confiar en el consejo de otra persona en la iglesia, también puede ser hora de que consideren mudarse a otra iglesia.

  1. Necesitan más ayuda de la que tú puedes ofrecer

Su problema es lo suficientemente intenso como para necesitar más tiempo o experiencia de la que tú puedes ofrecer. Deseas tener más tiempo para pasarlo con ellos, pero entonces cumplir con tus otras responsabilidades sería imposible, ya que se necesita más que una conversación de una hora por semana. Por ejemplo, la adicción a las drogas puede llegar a ser tan fuera de control que los luchadores necesitan intervenciones diarias. Deseas tener más habilidad para conocer los contornos de un problema en particular, pero no tienes la perspicacia, la habilidad o el tiempo necesario para clasificar la complejidad. Ahora, ten en cuenta, que el umbral de lo que puedes manejar es más alto de lo que podrías darte cuenta. Pero también queremos reconocer que ciertos problemas se han vuelto tan espiritualmente complejos o fisiológicamente establecidos que debes buscar a alguien con mayor habilidad. El objetivo no es marginarlos; más bien, es para obtener la ayuda que ellos necesitan.

No te sientas como un fracasado si tienes que referirlo a otra persona en la iglesia (otro pastor u otro creyente maduro) o alguien fuera de la iglesia (un consejero o médico en tu comunidad). A veces, la mejor manera de cuidarlos no es continuar el trabajo nosotros mismos, sino orientarlos en la dirección correcta, a alguien que les pueda dar el tiempo y la atención que necesitan.

Si alguno de estos indicadores se aplica a tu situación, es probablemente el momento de terminar el asesoramiento pidiendo una reunión final. Alguna gente estará más que feliz de que la consejería haya terminado. Otros estarán muy alarmados. Para estos últimos, una reunión final es para ellos un asesinato. Ellos querrán que la consejería continúe mucho más de lo necesario, tal vez discutiendo contigo sobre por qué necesitan más ayuda. Si tú, en tu sabiduría (y no en tu impaciencia), has llegado a la conclusión de que las cosas deben relajarse, entonces se amable y mantén el rumbo de llevar las cosas a una conclusión. No dejes que las trampas y las presiones de personas excesivamente necesitadas establezcan el ritmo de tu consejería. Humildemente escucha sus preocupaciones; ora por ello; y luego determina lo que es mejor.

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Nota del editor: El siguiente post es un extracto del reciente libro de Jeremy Pierre y Deepak Reju, The Pastor and Counseling: The Basics of Pastoring Members in Need (El pastor y La Consejería: Los Fundamentos de pastorear miembros en necesidad) (Crossway, 2014). Apareció por primera vez en el sitio web de la Coalición Bíblica de Consejería.

Traducido por Vladimir Miramares, España.