Clases esenciales: Cristianos en el lugar de trabajo

Cristianos en el lugar de trabajo – Clase 7: El equilibrio: Los cristianos no son personas equilibradas

Artículo
26.02.2019

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Clase esencial
Cristianos en el lugar de trabajo
Clase 7: El equilibrio: Los cristianos no son personas equilibradas


Introducción

«Equilibrio» es una de las palabras de moda de nuestro tiempo. Se supone que la gente buena debe ser equilibrada. Equilibras tu trabajo con tu matrimonio con tus hijos, con sus deportes, con tu salud, con una vida social, y si eres realmente bueno, todo parece fácil. Por otro lado, todos sabemos cómo se siente cuando la vida parece desequilibrada. [Inserta un ejemplo personal. Algo como: cuando necesito escoger entre una cita con mi esposa y prepararme bien para enseñar el domingo porque surgió algo urgente en el trabajo].

A veces como cristianos, la cantidad de cosas que necesitamos para mantenernos a flote en la vida se siente abrumadora. Se supone que debemos ser miembros fieles de la iglesia y empleados fieles y amigos fieles y cónyuges fieles y padres fieles y vecinos fieles. Y no olvides la importancia del evangelismo y el discipulado y las disciplinas espirituales personales… y, por cierto, ¿crees que es un buen momento para volver a la escuela?

Ese es nuestro tema para esta mañana. Pero «equilibrio» no es realmente lo que buscamos. Como puedes ver en la parte superior de tu folleto, el título de la clase de hoy es: «Los cristianos no son personas ‘equilibradas’». Tenemos un jefe en cada llamado de la vida, el Señor Jesús. No «equilibramos» a Jesús con nada más en la vida. Eso debería ser inmensamente reconfortante, porque como el Dios soberano del universo, se asegurará de que siempre podamos hacer lo que debemos hacer. Lo que significa que al ser decididamente desequilibrados por Jesús, podemos vivir de una manera que este mundo describiría como… bueno, equilibrada.

Así que permíteme resaltar a dónde quiero llevarte el día de hoy. Comenzaremos regresando a la doctrina de la vocación, donde comenzamos la clase hace unas semanas. Luego, una vez que hayamos establecido las bases, repasaré algunos de los principales llamados que muchos de nosotros tenemos. Y finalmente, algunos consejos para gestionar las compensaciones en tu vida. Oro para que a través de todo esto puedas aprender a ser una persona alegre y decididamente desequilibrada mientras recorres tu vida con Jesús.

La doctrina de la vocación, revisitada

Primero, permíteme llevarte de vuelta a la doctrina de la vocación o llamado. Un llamado es algo que Dios nos ha dicho que hagamos. Como cristianos compartimos el mismo llamado principal. Un llamado por Cristo, de Cristo a fin de que podamos hacer buenas obras para Cristo. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Ese es nuestro llamado principal. Y por esa razón, el «equilibrio» es un mal objetivo para los cristianos. No debemos «equilibrar» nuestro discipulado de Cristo con otras cosas en la vida. Nos debemos a Cristo. Ese es nuestro llamado principal.

¿Cómo expresamos eso? Efesios 2: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas». Esos son nuestros llamados secundarios. El trabajo que hacemos demuestra la obra de Dios en nosotros. Colosenses 3: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres». Realizamos nuestros llamados secundarios para glorificar a Dios como discípulos de Jesucristo. ¿Cuáles son tus llamados secundarios? Son los lugares a los que Dios te ha llamado en virtud de sus mandamientos en la Escritura o de su trabajo providencial en tus circunstancias. ¿Estudias para ser abogado? Dios te ha llamado a ser un estudiante, y puede que algún día te llame para que seas un abogado. ¿Estás en prisión? Ese es el llamado de Dios para ti ahora, el cual puedes cumplir para su gloria. Dios te ha llamado a proveer para tu familia, si tienes una. Y te ha llamado a ser miembro de una iglesia local. Los llamados secundarios normales son cosas como ser madre, miembro de una iglesia, cónyuge, vecino, empleado, entre otros.

Sabemos tres cosas de tus llamados secundarios. Primero, que todos ellos apoyan tu llamado principal. En otras palabras, cada uno de tus llamados secundarios es una asignación por parte del Rey Jesús. Segundo, tu llamado principal es primario. Sin la ejecución fiel de nuestro llamado principal para el discipulado, la excelencia en los llamados secundarios es, en última instancia, infructuosa. Eso puede no ser evidente ahora: al tipo que cede a la ambición egoísta y construye un imperio financiero parece que le va bien. Pero desde la perspectiva del cielo, cualquier cosa en tu vida que no preceda a la fe, cualquier cosa que no haya glorificado a Dios, habrá sido una pérdida de tiempo. Y tercero, debemos usar nuestros llamados secundarios para la gloria de Dios. Piensa en la parábola de los talentos en Mateo 25. En la medida en que no uses tus llamados secundarios para el reino de Dios, tienes una buena razón para preguntarte si alguna vez has sido perdonado por Jesús. ¿Eres un esposo? Engrandece los talentos que el Señor te ha dado en ese llamado para su gloria y el bien de tu esposa. ¿Eres una madre? Engrandece los talentos que el Señor te ha dado en ese llamado para su gloria y el bien de tus hijos. ¿Un empleado? ¿Desempleado? ¿Jubilado? Lo mismo aplica.

Equilibrar múltiples llamados

De acuerdo, es hora de poner en marcha esta doctrina de la vocación. ¿Cómo nos ayuda esto a lidiar con el equilibrio en el que muchos de nosotros nos encontramos? Déjame darte cinco aplicaciones de lo que acabo de decir.

1) La Escritura nos da un estándar mínimo de fidelidad para cada uno de nuestros llamados. Recordarás de hace unas semanas, que nuestra meta en todos nuestros llamados es ser considerados como fieles. Que nuestras vidas señalen la excelencia y la confiabilidad de nuestro Dios de promesas. No obstante, puede ser difícil saber cuál es la manera más fiel de vivir. ¿Debo trabajar para Harris Teeter o Giant? ¿Cuál sería más fiel? Pero puedo saber si estoy siendo infiel, si desobedezco los mandamientos que Dios me ha dado acerca de mis llamados. Por ejemplo, si no estoy proveyendo para mis hijos, estoy desobedeciendo la Escritura y necesito detenerme allí antes de hacer cualquier otra cosa en la vida. Si estoy siendo infiel, entonces posiblemente no pueda ser considerado fiel.

2) Por encima de ese estándar mínimo, la Escritura nos da la responsabilidad de glorificar a Dios en todos nuestros llamados. De nuevo, regresa a la parábola de los talentos en Mateo 25. Los dos siervos fieles fueron considerados fieles porque usaron todo lo que tenían para la gloria de su señor. El hecho de que uno tuviese cinco talentos y el otro solo dos no importaba. Lo que interesaba es que todos participaban. O bien, citando a Pablo en Efesios 5: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Eso puede parecer abrumador, como si la vida fuese un rompecabezas gigante y nuestro trabajo es maximizar cada oportunidad para la vida. Gracias a Dios servimos a un jefe lleno de gracia y perdón. Pero esto también puede ser liberador, porque significa que no necesitamos engrandecer ningún llamado en particular. Digamos que estoy tratando de resolver qué hacer para educar a mis hijos. Estoy obsesionado con el hecho de que los tengo en la escuela del vecindario en lugar de en una mejor escuela al otro lado de la ciudad.

Pero esa escuela implicaría dos horas en el carro cada día y veinte mil dólares cada año en matrículas. Por supuesto, escoger la escuela al otro lado de la ciudad podría glorificar a Dios. Podría decirse que es una mejor administración de las mentes y habilidades de mis hijos a medida que maduran, y es una muestra de la generosidad de Dios. Pero recuerda que mi objetivo es descubrir lo que será más fiel de todos mis llamados. Y mi llamado como padre, aunque es importante, no es todo lo que soy como persona. Cada opción que no desobedece a la Escritura es legítima, y usamos la sabiduría para determinar cómo ser más fieles.

3) Tenemos un jefe. De nuevo, inmensamente liberador. Nunca, absolutamente nunca, estarás en un lugar dónde no puedas obedecer a Jesús en los diferentes llamados que él te ha dado. ¿Enfrentarás restricciones? Por supuesto. ¿Serán frustrantes? Sin duda. Pero necesitas ver dichas restricciones como diseñadas cuidadosamente por un Dios todopoderoso y amoroso, y no como actos desafortunados. Algunas veces la fidelidad implicará liberarte de una restricción para poder servir mejor a Dios. Otras veces significará aceptar una restricción como parte del cuidado de Dios para ti a fin de que dejes de obsesionarte con ella.

4) Algunos llamados son fijos; otros no. A veces usamos la palabra «llamado» para sugerir que Dios nos ha revelado milagrosamente una elección particular que debemos hacer. «Dios me llamó a ser misionero» o «Dios me llamó a ser abogado». Pero a menos que él haya hablado audiblemente, probablemente sea mejor decir algo como: «Tengo la firme convicción de que debería ser abogado». O mejor aún: «Realmente quiero ser abogado». Porque tu trabajo siempre puede cambiar. Por otro lado, no puedes cambiar algunos llamados. Si tienes un hijo, por ejemplo, estás llamado a ser un padre. Quizá incluso más importante, si eres cristiano, estás llamado a ser miembro de una iglesia. En ocasiones terminamos siendo infieles en un llamado que está claro (como ser miembro de una iglesia) porque no estamos dispuestos a cambiar un llamado que no está claro (como ser un abogado).

Nuestro objetivo en todos nuestros llamados es ser considerados como fieles. Eso significa que nos esforzamos por asegurarnos de no ser infieles o desobedientes en ningún área, y en todos ellas, nos esforzamos por ser fieles con las oportunidades que Dios nos haya dado. Tener esta mentalidad puede realmente ayudar cuando estamos haciendo concesiones difíciles en la vida. Por ejemplo, algunos podrían acercarse y preguntarme: «¿Está bien que falte a la iglesia las tres próximas semanas para trabajar en un proyecto universitario?». Por la manera en que fue formulada esa pregunta, supongo que la respuesta tendría que ser sí. No hay un estándar en la Escritura que determine cuán a menudo debemos reunirnos, solo que sea regular. Pero esa manera de pensar binaria, correcta/incorrecta para tomar una decisión no concuerda con todo lo que acabamos de hablar. Lo que tienes aquí es una concesión entre dos llamados. Un llamado como estudiante y un llamado como miembro de una iglesia. Ambos son importantes. La pregunta que deberías hacer es esta: «¿Seré más fiel si pierdo tres semanas de ir a la iglesia por trabajar en un proyecto universitario?». Lo que da lugar a una variedad de otras preguntas. ¿Cómo estás espiritualmente? ¿Cómo, exactamente, ese proyecto te hará un estudiante más fiel a los ojos de Jesús? Entre otras. Por supuesto, si esas tres semanas se convierten en tres años, la decisión es clara, porque ahora estás siendo infiel en tu llamado como miembro de una iglesia y eso es algo que debes cambiar.

Observaciones acerca de los diferentes llamados secundarios

Algo que necesitamos entender es que nuestros llamados secundarios se diferencian entre sí. Lo que Jesús espera, y la manera en que podemos honrarlo variará de llamado en llamado. Así que permíteme mostrarte una serie de llamados comunes ahora.

Tu llamado en la iglesia. Cada cristiano tiene un llamado secundario. Ahora bien, quizá te sorprenda que haya colocado nuestro llamado en la iglesia como un llamado secundario y no como nuestro llamado principal. Déjame aclarar. Nuestro llamado principal es a la salvación individual y al discipulado. Y el Señor ha organizado a los que son llamados a su iglesia. Todos tenemos el mismo estándar de fidelidad en la iglesia local. Está resumido en nuestro pacto de la iglesia, dado que nuestro pacto es simplemente un resumen de los mandamientos bíblicos sobre las relaciones dentro de la iglesia. Pero espero para todos nosotros, que la fidelidad en la iglesia implique más que simplemente evitar desobedecer los mandamientos. El aspecto de esa oportunidad adicional va a diferir de persona en persona. Como escribe Pablo en 1 Corintios 12, el cuerpo está compuesto de muchos miembros, y nos necesita a todos. «Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo».

Tu llamado en el lugar de trabajo. Salvo en situaciones inusuales o en excepciones temporales, alguien en tu familia tiene un llamado a un empleo remunerado. ¿Cómo es ser fieles allí? 1 Tesalonicenses 4:10-12 dice así: «Pero os rogamos, hermanos… que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada». Tu principal objetivo en el lugar de trabajo es proveer para tus necesidades —y las de tu familia, si tienes una—, para que no tengas necesidad de nada. E idealmente, como Pablo añade en Efesios 4:28, para que seas generoso con los demás. Ahora, hay una gran oportunidad de fidelidad más allá de esto, pero es importante recordar que pagar las cuentas es donde todo empieza.

Tu llamado en el matrimonio. Hay algo importante que destacar acerca del llamado al matrimonio. Este llamado actúa diferente a todos los demás. Piense en la creación de Dios del matrimonio en Génesis 2. ¿Por qué se creó el matrimonio? [Espera una respuesta]. Sí, otra manera de decirlo es que Adán no pudo cumplir sus llamados secundarios por sí solo. Fue llamado a cuidar y proteger el huerto, y para hacerlo necesitaba a Eva como ayuda idónea. Eso no es algo que ella hace parte del tiempo, es lo que ella es. Lo que eso quiere decir es que el matrimonio es un llamado que sostiene todos los demás llamados. Si eres una esposa, el matrimonio es el lente por medio del cual ves todos tus llamados. En cada llamado eres ayuda idónea para tu esposo. Si eres un esposo, el matrimonio es algo que deberías aplicar a todos tus llamados. En cada llamado estás incompleto sin tu esposa como tu ayudante.

Así es como el seminario básico sobre el matrimonio describe esto: «El matrimonio no es solo un área de la vida que debe equilibrarse con las demás. El matrimonio es el contexto en el cual vives toda la vida. Abordas el trabajo, la iglesia, etc., como un hombre casado. No es lo mismo decir que abordas el matrimonio como un abogado, etc. Las personas casadas no deben equilibrar su profesión con el matrimonio, sino abordar su profesión como una persona casada»[1].

Hablaremos más al respecto en la clase sobre el género. El matrimonio nunca fue diseñado para «equilibrarse» con algo más en la vida. Es un llamado que ha sido diseñado para apoyar y moldear todos nuestros llamados.

Consejos sobre unir todos nuestros llamados 

Tomemos algo de tiempo para organizar todo esto en un nivel práctico. ¿Cómo podemos ser fieles en todo lo que Dios nos ha llamado a hacer? Terminaré con cinco consejos.

  1. Aprende cuándo decir no

Pensemos en la vida de un padre ocupado y trabajador en Washington, D.C. El trabajo consume mucho de su tiempo. Súmale a eso las actividades escolares y extracurriculares, las obligaciones sociales y tienes una vida de locos. Ahora hagamos de esa persona un cristiano. Incluso más cosas que hacer. ¿Cómo puedes controlarlo todo?

Bueno, podrías decidir que es posible vivir con cuatro horas de sueño cada noche. Podrías descubrir cómo romper las leyes de la física. Pero lo más probable es que tengas que decir que no a algo. A medida que maduras en la vida, se vuelve imposible decir «sí» a todas las cosas que tus compañeros inconversos dicen «sí», y seguir viviendo fielmente como cristianos. No puedes simplemente correr más duro. Y en esta iglesia muchos de los dolores del corazón provienen de descubrirlo de la manera más difícil. Si no dices «no» a algo, acabarás agotado. Si dices «no» a las cosas equivocadas, corres el riesgo de ser infiel e ineficaz en algunos de los llamados que Jesús te dio.

Una de las cosas más útiles que puedes hacer es considerar la descripción del trabajo de Jesús en cada uno de tus llamados. Tomemos tu llamado en el lugar de trabajo como ejemplo. Probablemente tengas una descripción del cargo: «preparar a los pacientes para los exámenes de resonancia magnética», o «mantener los servidores informáticos de la empresa», o algo así. Bien, quizá eso sea lo que tu jefe quiere de ti, pero esa no es la descripción del trabajo que Jesús tiene para ti. La suya es más como: «haz dinero para proveer y ser generoso, usa tu trabajo para reivindicar la verdad de los principios bíblicos; refleja la autoridad de Dios usando la tuya para servir a otros». También puedes escribir la descripción del trabajo de Jesús para tu llamado como padre, amigo, cónyuge, y así sucesivamente.

Los compromisos que se alinean con la descripción del trabajo por parte de Jesús se quedan, los que son superfluos deben irse. Así es como mantenemos nuestras vidas bajo control como aquellos que trabajan para Jesús.

Esta es otra manera de ver esto. ¿Qué has echado por la borda en tu vida por ser cristiano? ¿Qué es lo que tus compañeros no cristianos valoran que tú no valoras? ¿Y qué has hecho al respecto? De nuevo, si intentas hacer todas las cosas y seguir a Jesús, vas directo al desastre.

  1. Toma las cosas un día a la vez, pero evalúa periódicamente

Toma las cosas un día a la vez. Es decir, debes siempre estar preparado para aprovechar las oportunidades para hacer el bien. Si hay un llamado en la noche a servir a un hermano o hermana, o a algún vecino y tienes tiempo, considera hacerlo. Si tu compañero de cuarto está enfermo y puedes, tómate el día libre para ayudarlo. Si tu esposa está al borde del colapso con los niños y puedes, llega temprano antes del trabajo. Algunas veces nos volvemos tan «eficientes» usando nuestro tiempo que no tenemos tiempo para ir tras las oportunidades únicas y maravillosas que Dios nos ofrece. Quizá pensemos que estamos siendo buenos administradores de nuestro tiempo, pero en realidad estamos simplemente convirtiéndonos en esclavos de nuestra propia agenda. Así que tomas las cosas un día a la vez y aprovecha las oportunidades para hacer el bien.

Sin embargo, evalúa periódicamente. Hablé acerca de la descripción de trabajo por parte de Jesús para tus distintos llamados  hace unos minutos. Tal vez encuentres útil una vez al año, a lo mejor con un amigo o dos, revisar estas descripciones de trabajo y considerar cómo lo estás haciendo. ¿Hay algo fuera de control? ¿Algo está consumiendo una tonelada de tiempo que es relativamente poco importante desde la perspectiva de Jesús?

Mantente alerta contra las «temporadas» de insostenibilidad que se convierten en vidas de insostenibilidad. O una vida donde esas «temporadas» son la regla en lugar de la excepción. Algunos de nosotros necesitamos escuchar Proverbios 23:4: «No te afanes por hacerte rico». Una revisión anual puede ayudarnos a evitar eso.

Por otro lado, una revisión anual podría ser un buen aventón para aquellos de nosotros que sentimos más la inclinación de perder el tiempo en lugar de programarlo en exceso. Para algunos de nosotros, la temporada de hoy siempre parece insostenible y pensamos: «Cuando tenga mi vida bajo control, haré algo útil para Jesús». Pero ese día nunca llega. Recuerda, no es lo que haces lo que importa; es si tu vida muestra que vale la pena vivir para Dios. Revisar tus llamados periódicamente puede ser de gran ayuda al vivir una vida que sea fiel.

  1. Busca oportunidades que refuercen tus llamados

Digamos que eres un profesor de inglés en una escuela secundaria. Tienes dos adolescentes en casa. En la iglesia, enseñas la clase sobre paternidad. En tu vecindario, tienes una pequeña pandilla de niños preadolescentes que pasan el rato en tu casa y te consideran una figura paterna. Asignaciones bastante diferentes: padre, empleado, vecino, miembro de la iglesia. ¿Pero ves cómo cada asignación te ayuda a prosperar con las demás? Hay un maravilloso sentimiento de unidad en la vida cuando vemos cómo nuestras diversas tareas se superponen, y eso es algo que debemos seguir. ¿Existe la posibilidad de que tu trabajo o participación en la iglesia se superpongan con las habilidades que necesitarás como padre? ¿Tu trabajo tiene interés en desarrollar tus habilidades pedagógicas? Convertirte en un buen maestro te ayudará en muchas otras asignaciones, desde discipular hasta ser padre, hasta enseñar en la iglesia.

Parte de esto será tan simple como enfocarte en las cosas en las que eres bueno en todos tus llamados. Pero algunos de tus llamados (como ser padre, por ejemplo) no dependen en absoluto de las cosas en las que eres bueno. En ocasiones, hacer que tus llamados se refuercen entre sí es útil porque te edifica en lugares donde de lo contrario serías deficiente, como ser padre, por ejemplo.

Muchos de nosotros andamos por la vida uniendo varios llamados sin tener en cuenta cómo podrían fortalecerse mutuamente. No hagamos eso. Pensemos cuidadosamente en cómo nuestros llamados pueden cooperar entre sí en lugar de simplemente competir por su tiempo y atención.

  1. Vende tu habilidad, no tu alma

Algunas personas en esta ciudad reciben un salario por lo que pueden hacer, independientemente de cuánto tiempo y energía requiera. Venden su habilidad. Otras reciben un pago simplemente por su tiempo. Venden su alma. Mientras más puedas estar en la primera categoría en lugar de la segunda, estarás más capacitado para cumplir fielmente todos los llamados que Jesús te ha dado.

Vender tu habilidad puede ser un trabajo de muy alta calidad. Por ejemplo, eres el único chico en el mundo que puede obtener ese proyecto de ley en el congreso. A nadie le importa cuánto tiempo te lleve, siempre y cuando se haga, y eso te sitúa en una posición muy buena. Otras veces, vender tu habilidad puede ser más corriente, pero no menos poderoso. Eres el mejor fontanero en la zona. De nuevo, no importa cuánto tiempo te lleve, el mundo te recompensará igual. Considera cómo Proverbios 22:29 elogia el valor de una verdadera habilidad: «¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará, no estará delante de los de baja condición».

Así que haz que tu ambición sea desarrollar una habilidad que otros necesiten. Y ten cuidado con las innumerables pistas de carreras de Washington, D.C. que te mastican y escupen sin desarrollar ninguna habilidad real. Desarrollar una habilidad te ayudará a ser fiel en todo lo que Dios te pida.

  1. Mantén la mirada en la fidelidad a largo plazo

Un último consejo. Jesús puede regresar mañana. Pero lo más probable es que tu vida sea una maratón y no un sprint. «Equilibrio», para usar el término que nuestro mundo usa, no es algo que descubres de la noche a la mañana. La habilidad para ser fiel en múltiples llamados es generalmente algo que se desarrolla con lentitud y cuidado a lo largo del tiempo. La profesión que le permite a un hombre pasar el tiempo que necesita con su iglesia y familia. La sabiduría que alimenta un matrimonio sano. La habilidad de discipular en la iglesia y en la familia. Todas estas cosas se construyen con el tiempo. Sé paciente, mantén tu mirada en la fidelidad en todos tus llamados, y ora para que Dios te dé las habilidades que necesitas para ser fiel.

Conclusión

Bueno, ahí lo tienes. Los cristianos no somos personas equilibradas. Nos debemos a Jesús, y eso implica hacer todo lo que sea posible para maximizar el valor eterno de cada uno de los llamados que él nos ha dado.

 

[1] Clase #2.