Clases esenciales: Buen Comienzo

Buen Comienzo – Clase 7: Viviendo en Esperanza

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Buen Comienzo
Clase 7: Viviendo en Esperanza


Introducción

Hoy es nuestra última clase en el seminario básico Buen Comienzo. Hasta ahora hemos cubierto seis temas básicos que abarcan todo sobre la vida cristiana, desde la comprensión de la naturaleza de nuestra salvación, cómo podemos vivir una vida piadosa, cómo orar, por qué debemos comprometemos a otros creyentes, y por qué debemos compartir el evangelio con otros.

Hoy nuestro tema es: «Viviendo en Esperanza». Si has sido cristiano por un tiempo, tal vez te han preguntado por qué vives de la manera en que lo haces. Tal vez tus compañeros de trabajo o familiares no cristianos han notado una diferencia refrescante en tu actitud, pensar y actuar. De hecho, como vimos en la clase de la semana pasada, las Escrituras anticipan que los no-cristianos notarán una diferencia en la manera como un cristiano vive. Pedro les dice a los cristianos que estén dispuestos a dar respuesta a todo el mundo con respecto a la esperanza que tienen en Cristo.

La realidad detrás de la exhortación de Pedro es la siguiente: Cómo vivimos refleja o indica si tenemos una esperanza verdadera y duradera.

Hoy, queremos considerar juntos lo que la esperanza cristiana es, lo que como cristianos tenemos que esperar y cómo esto debería ayudarnos a vivir vidas que glorifiquen a Dios.

Lo que la esperanza cristiana NO ES

Permíteme primero ser claro sobre lo que no es la esperanza cristiana.

La esperanza cristiana no es:

No es mundana. En otras palabras, no es confianza en lo que esta vida temporal, alejada de la comunión con Cristo, tiene para ofrecernos. Como escribe Pablo, en 1 Corintios, es una esperanza real. Si no existiera esperanza más allá de la tumba, la cual podría llevarnos en cualquier momento, entonces vamos a comer y beber porque mañana morimos, PORQUE no hay ninguna esperanza más allá de lo que nos ofrece esta vida.

La esperanza cristiana no es un optimismo incierto: No se basa en lo que no sabemos, o en variables desconocidas que podrían, de hecho, cambiar todo en el último minuto, como si yo espero que Dios realmente sea un Dios bueno, y yo he hecho lo suficiente para entrar en el cielo cuando llegue mi momento. Aunque la esperanza en este sentido puede reflejar mejor la forma en la que la palabra se utiliza en el mundo de hoy, que es lo que está sujeto a adivinar, la especulación y el posible cambio de reglas, no es tampoco una esperanza real.

La esperanza cristiana no es sólo un deseo religioso, como si el cristianismo demuestra ser verdad, entonces, bueno, creo que al final no he perdido nada si me hace feliz, ahora. Una vez más, Pablo, ¡dice que no! Si sólo en esta vida tenemos esperanza en Cristo, somos dignos de más lástima que cualquier otro hombre.

Si la esperanza cristiana no es mundana; si no es optimismo incierto; y si no es un deseo religioso, entonces ¿qué es la esperanza cristiana?

Lo que la esperanza cristiana ES

Bueno, para empezar hoy, seamos claros en que la esperanza cristiana puede ser descrita en al menos dos formas.

Es:

La segura expectativa de que las promesas de Dios son verdaderas.

La plena seguridad de que nuestra salvación está basada en la persona y obra de Jesucristo.

  1. Los fundamentos para la esperanza cristiana

Ahora, deberíamos ser conscientes de que, particularmente en el mundo actual, la confianza de que uno pudiera posiblemente conocer el significado de la vida, y mucho menos lo que nos espera cuando uno muere, nunca ha estado más baja que hoy en día. Así que, ¿cómo podemos nosotros establecer que esta esperanza que disfrutamos los cristianos puede ser descrita como segura expectativa y plena seguridad?

Para responder esa pregunta debemos tener en cuenta al menos dos cosas que proporcionan el fundamento de nuestra esperanza en Cristo:

Las promesas de Dios. La primera cosa a tomar en cuenta es que la esperanza cristiana tiene sus raíces en las promesas de Dios. Lo que hace sobresalir esto —y nos da confianza—a nosotros es que somos afortunados de tener un libro, la Biblia, como un registro de las promesas de Dios para su pueblo y el cumplimiento de esas promesas a lo largo de la historia. Lo que Dios dice sucede. Y para nosotros, es importante que las fidelidades pasadas de Dios a las promesas que ha hecho y cumplido ya, nos da la confianza de que las promesas que aún no se han cumplido también se cumplirán según su soberana sabiduría y propósito.

Más específicamente, como cristianos, nuestra esperanza está centrada en la persona y obra de Jesucristo. En primer lugar, nuestra esperanza está centrada en Cristo, porque la promesa de Dios de redención se ha cumplido en Cristo. Toda la Escritura apunta a Cristo. Cristo ha cumplido con el requisito moral de la ley de Dios dada en el Antiguo Testamento. Él es el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías que sufriría por su pueblo. Y en su muerte y resurrección, venció el pecado y la muerte que separa al hombre de Dios (Is. 53, predice el sufrimiento de Cristo, descendiente de David como se había predicho en…)

En segundo lugar, nuestra esperanza está centrada en Cristo por el hecho de que él murió, se levantó otra vez y ahora reina victoriosamente. Este siendo el caso, podemos tener confianza de que lo que él dijo es verdad, incluyendo la futura promesa de vida eterna que tenemos con Dios, si somos cristianos. Si Cristo no se levantó de los muertos, no existe tal cosa como la esperanza cristiana descrita en la Escritura. No podemos tener la certeza que de hecho, tenemos.

Pablo hace este punto preciso y claro en 1 Corintios 15:17. Él escribe, «y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados». Pero Cristo sí resucito de los muertos, por tanto, tenemos esperanza.

** La esperanza cristiana tiene sus raíces en las promesas de Dios, que a través de Cristo ha hecho posible la redención conquistando el pecado y la muerte.* *

La gracia de Dios. Lo segundo que deberíamos notar es que podemos tener confianza por la gracia de Dios. Si las promesas de Dios no fueran tan intrínsecamente asociadas a su gracia para con nosotros pecadores, todos los alicientes de la vida eterna, serían de poco consuelo para nosotros. En otras palabras si Dios prometió a los seres humanos la vida eterna, pero nos dejó el lograrlo a nosotros y no nos diera ninguna razón definitiva para pensar que podríamos presentarnos delante de él con confianza, entonces ¿qué esperanza hay realmente para nosotros? Estaríamos en un optimismo incierto o incluso en desesperación.

John Piper resume la relación entre la gracia y la esperanza de esta manera: «Si Dios no fuera un Dios lleno de gracia, no tendríamos esperanza. Podríamos cruzar los dedos. Podríamos tener fuertes deseos. Podríamos incluso decidir, por puro golpe de fuerza de voluntad, ser pensadores positivos y así sacar lo mejor de nuestras breves e inciertas vidas. Pero no podría haber habla con certeza moral acerca de cosas buenas en el futuro. No podría haber ninguna expectativa segura de que todas las cosas saldrían de una manera maravillosamente feliz para nosotros».

Justo estaba leyendo un libro de introducción al Islam, y aunque confieso que no estoy tan familiarizado con la religión, las notas de autor sobre que generalmente los musulmanes no tienen ninguna garantía final de que cuando estén parados ante Alá, aún si han vivido una vida recta, serán aceptados en el paraíso. Alá es soberano, pero es casi como si su aceptación es arbitraria.

Pero cuando nosotros como cristianos vamos delante de Dios todo lo que tenemos que hacer es señalar a Cristo. Dios ha sido misericordioso con nosotros en Cristo. Ha hecho la justicia de Cristo nuestra justicia. Por tanto, su trabajo en nuestro nombre es el único caso que tenemos que presentar delante de Dios, y podemos tener confianza de que eso será suficiente para que podamos heredar todo lo que se nos ha prometido en Cristo.

Así que, una vez más, para resumir, pongámonos de acuerdo en que, en contraste con los deseos religiosos o el incierto optimismo, la esperanza cristiana es: la segura expectativa de que las promesas de Dios son verdaderas. La plena seguridad de que nuestra salvación está basada en la persona y obra de Jesucristo.

III. Aspectos de la esperanza cristiana

Ahora que entendemos la base de nuestra esperanza, queremos destacar brevemente algunas de las cosas que esperamos los cristianos. Y, al comenzar nuestra discusión sobre los detalles de la esperanza cristiana, y cómo esto debe exhortarte como cristiano en tu caminar con Dios, pensé que sería útil recordar brevemente algunas realidades básicas de nuestras vidas en el presente.

Estas realidades deberían servir como un importante contraste con los detalles de nuestra esperanza en Cristo. En primer lugar, aún pecamos. Observamos en la segunda clase, Viviendo en los caminos de Dios, que posicionalmente estamos en Cristo, lo que significa que cuando Dios nos ve, él nos ve a través de la perfección de Cristo. Sin embargo, todavía luchamos con la carne. Por tanto, somos, en cierto sentido, santos y sin mancha delante de Dios, pero nosotros aún somos acosados por pensamientos, deseos y acciones pecaminosas.

Segundo, todavía experimentamos dolor y sufrimiento. No solamente aún pecamos, sino que todavía experimentamos todas las consecuencias de nuestro pecado y de vivir en un mundo caído. Esto incluye el dolor emocional de las relaciones rotas, ya sea por abandono o la muerte y el dolor físico de la enfermedad y males. Contrario a lo que algunos maestros pudieran decirnos, Dios no nos promete libertad de los efectos del pecado. De hecho, Cristo le promete a sus seguidores justamente lo contrario.

En tercer lugar, nuestras vidas tendrán un fin. Esto puede sonar morboso, pero por supuesto es verdad. Con la excepción de un par de ejemplos de personas del A.T. y aquellos que pudieran ser tomados cuando Cristo regrese, todos experimentaremos la muerte. Todo lo que conocemos en esta vida terrenal—las relaciones que disfrutamos, nuestras posesiones—terminará un día. Y no sólo nuestra vida individual terminará, pero el mundo como lo conocemos será destruido. En 2 Pedro 3, Pedro escribe que el mundo será destruido por el fuego y que se establecerán nuevos cielos y una tierra nueva. Así que, tanto en la escala pequeña como en la grande, la vida tal como la conocemos es temporal y fugaz y está llegando a su fin. Son realidades fundamentales de nuestra existencia humana como cristianos: aún pecamos, todavía sufrimos y la vida tal como la conocemos, se acabará.

P: Puede parecer extraño empezar con estas realidades tan abrumadoras, pero, como cristianos, ¿por qué crees que sería importante tener una firme comprensión de estas realidades?

R: Nos protegen de esperar demasiado de esta vida y fortalecen nuestra anticipación de la siguiente.

Una vez que tenemos esto firmemente en nuestra mente, surgen las preguntas: Qué podemos anticipar como hijos de Dios, y cómo se cruza nuestra expectativa de estas cosas con nuestra vida cotidiana. Hay muchas cosas que podríamos destacar hoy, pero, por razones de tiempo, vamos a brevemente destacar cuatro, específicamente las que de alguna manera responden a la realidad imperfecta de la que acabamos de hablar.

Resurrección de los muertos/Regreso de Cristo. Empiezo con esto porque si no salimos de la tumba, entonces, otra vez, como Pablo dice en 1 Corintios 15, «somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres». Después de todo, la muerte es el gran problema que enfrentamos. Es el principal resultado del pecado. Y si no resucitamos de entre los muertos, entonces esto significa que el poder del pecado no se ha roto. Pero de hecho, sabemos que Cristo ha roto el poder del pecado.

Otra vez en 1 Corintios 15, Pablo dice que porque Cristo ha resucitado, en el versículo 54, «Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo». Una vez más, esto dirige nuestros pensamientos y confianza hacia Cristo. La razón por la cual podemos tener confianza que resucitaremos es porque Cristo fue levantado de la muerte y conquistó la muerte por nosotros.

Ahora, deberíamos especialmente destacar que la resurrección de los muertos ocurre al mismo tiempo que Cristo regrese visiblemente para reunir a todos los cristianos que todavía viven, así como aquellos que están muertos, para estar con él para siempre (I Ts. 4:13-18). La verdad es que algunos cristianos no enfrentarán la muerte. Y, como cristiano que aún vives, éste podrías ser tú. ¡Piensa en eso! Cristo podría venir en cualquier momento, y podrías estar en su presencia para siempre… Según 1 Tesalonicenses 4:18, debemos exhortarnos los unos a los otros con estas palabras. Debemos vivir nuestras vidas como si el regreso de Cristo pudiera llegar en cualquier momento.

Así que, esta vida se acaba/se está acabando, pero hay más por venir. Y es esa vida, nuestra vida eterna con Dios, que nos da esperanza para vivir como lo hacemos en esta vida.

En segundo lugar, deberíamos señalar, que esperamos…

Perfección sin pecado. Leemos a través de las Escrituras, en Efesios 1:4 por ejemplo, que Dios nos ha creado en Cristo para ser santos y sin mancha. Ahora, quiero ser claro en que la perfección que vamos a experimentar es la perfección de Cristo no la nuestra que de alguna manera nos hemos ganado. La perfección es un regalo de Cristo que Dios nos da y por eso somos capaces de estar en la presencia de Dios.

Ahora, esto es notable si tenemos en cuenta donde estábamos en Tito 3. Recuerda que en nuestra primera clase de ese pasaje aprendimos que apartados de Cristo estamos marcados por el pecado y los malos deseos, la discordia y conflictos internos y externos. Y sabemos que incluso después de nuestra conversión todavía luchamos por dejar nuestros deseos pecaminosos en la cruz. Esto debería alentarnos a darnos cuenta que nosotros hemos sido declarados justos en Cristo y que un día experimentaremos lo que es estar completamente libre de los pecados que todavía pelean por nuestros corazones y mentes.

Por tanto, esperamos con ansias nuestra resurrección y la terminación de nuestra salvación. En tercer lugar, también esperamos el momento cuando…

No haya dolor, sufrimiento o muerte. Hace un momento observamos que todavía sufrimos y experimentamos dolor y muerte en esta vida. Pues bien, en Apocalipsis 21:4, cuando el apóstol Juan describe la vida en la nueva tierra, el escribe, «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».

Así que no sólo no habrá más lucha contra el pecado y todas las formas engañosas que nos privan del gozo en Cristo, pero nuestra nueva vida estará sin todas esas cosas que caracterizan la vida en este mundo caído. Pasamos de un mundo marcado por la muerte y descomposición a un mundo de vida eterna, para siempre.

La última y la cosa más importante que observo hoy es que estamos deseosos de…

La eterna y perdurable presencia de Dios. En Apocalipsis 22:4, la revelación de la Escritura esencialmente alcanza su culminación. Leemos la notable declaración presentada por Juan de que un día los cristianos, «… verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes».

Lo que hace esta declaración tan extraordinaria es que representa la restauración de nuestra comunión con Dios. Si recuerdas en Éxodo, el rostro de Dios fue lo que se le niega a Moisés cuando pidió ver a Dios. Moisés tuvo que ocultarse en la hendidura de una roca, sólo pudo ver la espalda de Dios cuando su gloria pasaba, de lo contrario él se hubiera consumido completamente ante la santidad de Dios (Ex. 33). Desde este lado de nuestra glorificación, posiblemente no podemos ver a Dios y sobrevivir. Quedaríamos devastados, esto pone a relucir la santidad de nuestro Dios y nuestra imperfección. El hecho de que contemplaremos su rostro significa que nuestra salvación está completa: vemos a Dios como él es, y podemos estar en presencia de Dios sin temor a juicio y la muerte.

Así que todo lo que experimentamos de Dios ahora por estar en Cristo y bajo la presencia del Espíritu Santo es tan sólo la sombra de la intimidad que un día vamos a disfrutar en la presencia de Dios en su plenitud. Y allí nos gozaremos por toda la eternidad en su gloria.

John Piper resume la esperanza de los cristianos muy bien. Afirma que «Nuestra esperanza es que el amor de Dios nos otorgará el gozo en la total satisfacción de su gloria, que continua a través de la muerte y aumenta por toda la eternidad». Una vez más, hay muchas más cosas que podríamos destacar sobre lo que los cristianos esperan recibir. Pero ahora que ya hablamos del fundamento de nuestra esperanza en Cristo y algunos de los detalles de la misma, queremos discutir brevemente el efecto práctico que debería tener nuestra esperanza en nuestras vidas.

Pero antes de continuar, ¿hay preguntas?

 Aplicación práctica: Viviendo en Esperanza

En 2 Pedro 3, Pedro habla específicamente sobre el hecho de que un día la tierra será destruida y que habrá un cielo nuevo y tierra nueva, y él hace la pregunta en el versículo 11 «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!». Les dice a ellos y a nosotros que debemos vivir vidas santas y piadosas mientras esperamos el día de Dios y aceleramos su venida.

En otras palabras, la cierta expectativa del futuro debería motivarnos a vivir de una manera que refleje la esperanza que tenemos en Cristo. Por tanto, he enumerado sólo tres cosas, aunque podría haber muchas para discutir… Primero nuestra esperanza debería:

Ayudarnos a soportar la tentación.

P: ¿Por qué debería nuestra esperanza en Cristo ayudarnos a soportar tentación?

R: Nos da una perspectiva a largo plazo muy necesaria cuando el pecado mantiene nuestra mente enfocada en el aquí y el ahora y en deseos extraviados a lo fácil y la auto-gratificación. Por supuesto, esto no sólo se aplica a las tentaciones de la carne… Podría ser persistir bajo persecución, no abandonar las disciplinas que conducen a la piedad, por difícil que parezcan.

1 Pedro 5:8-10. «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca».

Por tanto, 1) nuestra tentación es temporal.

En este mismo sentido, Pablo en Filipenses compara la vida cristiana a una carrera. Él ve el final y al final él ve el premio: La resurrección de los muertos y la vida eterna. Él escribe, «Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».

Así que, 2) podemos ver el fin de nuestra salvación, lo que nos ayuda a soportar nuestras pruebas breves en la tierra.

Nos anima a vivir vidas de fe y de servicio para la gloria de Dios.

P: ¿Por qué debería nuestra esperanza en Cristo, ayudarnos a vivir vidas de fe y servicio en esta vida, para la gloria de Dios?

A: En el nivel más básico, reconocemos que este mundo no es nuestro hogar final, nos llevarán de aquí, la tierra será destruida y reemplazada por un cielo nuevo y una tierra nueva. Nuestra mentalidad está fundamentalmente orientada hacia las cosas de Dios, hacia los propósitos de Dios y su gloria eterna.

En Hebreos 11, después de describir a los fieles que han se ido antes de nosotros, el escritor explica en los versículos 13-16 la razón del porqué vivieron vidas de fe e hicieron las cosas que hicieron, «Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad».

Hay muchas, muchas implicaciones prácticas que podríamos considerar aquí de cómo nuestras vidas fieles deberían reflejar nuestra esperanza… Pero basta con decir que trabajamos por un tesoro duradero y esto afecta todo: nuestros valores, prioridades, trabajo, etc…

Así que, con nuestras finanzas, damos con sacrificio para la obra de Dios y a nuestros hermanos necesitados como una señal de nuestra confianza en Dios y en su provisión final para nosotros. Sacrificamos nuestro tiempo para invertir en el bienestar espiritual de otros; dejamos el periódico y apagamos la televisión para estudiar la palabra de Dios y dejar que ésta gobierne nuestros pensamientos y acciones hacia Dios y otros; y utilizamos nuestros dones, no principalmente para nuestro avance profesional sino para la propagación del evangelio y del crecimiento y edificación de la Iglesia. Una vez más, nuestra mentalidad está fundamentalmente orientada hacia las cosas de Dios, hacia los propósitos de Dios y su gloria eterna. E irónicamente, es por ser tan sobrenatural que más glorificamos a Dios y cumplimos sus propósitos en la tierra.

C.S. Lewis escribe, «Si lees historia, encontrarás que los cristianos que hicieron más por el mundo actual, fueron aquellos que pensaron más en el mundo venidero… Es desde que los cristianos en gran medida han dejado de pensar en el otro mundo que se han vuelto tan ineficaces en este. Apunta al cielo y la tierra te será entregada; apunta a la tierra y obtendrás nada».

Nos guarda de la desesperación

P: ¿Cómo nuestra esperanza en Cristo nos guarda de la desesperación?

R: No hay nada que esta vida pueda hacernos, que nos separe de Dios. No tenemos ninguna razón para temer y podemos descansar con confianza en la obra de Cristo a nuestro favor. Yo no sé nada mejor que pudiera posiblemente decir que lo que Pablo dice en Romanos 8. Alguien LEA Romanos 8:28-38.

  1. Conclusión

¿ALGUNA PREGUNTA? Ora