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Buen Comienzo – Clase 6: Enfrentando al Mundo

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Buen Comienzo
Clase 6: Enfrentando al Mundo


Introducción

Durante las últimas cinco semanas, hemos cubierto desde ser salvados por Dios hasta cómo Dios nos habla, cómo le hablamos y lo que caracteriza nuestras vidas juntos como una familia en la iglesia local. Hasta ahora, nos hemos centrado sobre todo en lo que ocurre entre nosotros y Dios o entre nosotros y otros cristianos. Hoy cambiamos un poco la dirección, en el sentido de que la relación en la que nos concentramos hoy es entre nosotros como cristianos y «el mundo» o aquellos que no conocen a Cristo.

Nuestro tema de hoy es: Enfrentando al Mundo.

Cuando consideramos cómo los cristianos se «Enfrentan con el Mundo» hay algunas cosas claves, entre muchas, que, como un nuevo cristiano, deberías reconocer acerca de ti mismo:

Primero, deberías reconocer que estás llamado a estar en el mundo pero no ser del mundo. Es una declaración que puedes haber oído antes, pero…

P: ¿Qué significa esto de «mundo»?

R: Esta frase se toma como un resumen de Juan 17. Lo que significa la palabra «mundo» cuando dice «ellos (los discípulos) no son de «este mundo», se refiere a lo que no es parte del reino de Dios; lo que está muriendo, que no tiene esperanza y que al final será juzgado. Si pudieras llevar esta declaración hasta su núcleo, esencialmente esto significa: Dios nos ha puesto como cristianos en este mundo para vivir, trabajar, ser productivos—no en última instancia para nosotros mismos sino para ser testigos de Jesucristo y trabajar para sus propósitos.

En segundo lugar, y de forma un poco más concreta, esto significa que, como cristiano, ahora eres un miembro del reino eterno de Dios

Así que, mientras seguimos viviendo en este mundo físico, que está siendo manchado por el pecado y la incredulidad, somos parte de un reino eterno que ahora está avanzando y que se hará plenamente efectivo cuando Cristo regrese para juzgar al mundo.

Finalmente, como aquellos que han sido apartados y que son participantes en el reino eterno de Dios, tu pensamiento y tus acciones ahora tienen que ser conforme a Cristo, NO conforme al mundo. Pablo sigue esta línea de pensamiento en Romanos 12:2. Allí escribe: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento».

Una vez más, el «espíritu del mundo» al cual Pablo se refiere es el espíritu del pecado, con todas sus mentiras, engaño y futilidad, que todavía domina a quienes permanecen en su incredulidad. Pablo dice, no pienses o vivas como aquellos que se rigen por el espíritu del mundo porque perteneces al reino de Dios y se te ha dado una nueva vida con una dirección y propósito eterno.

Por lo que esas maneras viejas, inútiles, y al final, poco profundas de pensar sobre la vida y su significado, han sido sustituidas por una forma totalmente nueva de pensar y vivir

—una que continúa siendo formada por el espíritu de Dios y de acuerdo a sus propósitos. Se nos han dado esperanza, dirección y propósito eternos para nuestras vidas.

Y con nuestra entrada en el reino de Dios, no somos simplemente receptores pasivos de todas las recompensas y los beneficios asociados, sino que somos participantes activos en el avance del reino de Dios. En otras palabras, la vocación principal de todo cristiano es ser un trabajador del Reino.

Esto nos lleva a la forma específica de cómo nosotros, como cristianos debemos enfrentar el mundo. El objetivo de esta clase es destacar la importancia de cómo vivimos frente a otros que conocen a Cristo y luego, más específicamente, la importancia de compartir las buenas noticias de Cristo con aquellos que están perdidos.

¿Alguna duda antes de continuar?

  1. Enfrentando al Mundo: Viviendo vidas fieles

Como se ha señalado hace un momento, los cristianos somos parte del reino de Dios y hemos sido llamados a dar testimonio de la verdad de Dios y reflejar su gloria en el mundo que nos rodea. Como resultado, ¿debemos vivir vidas que son distintas a las del mundo? En definitiva, nuestra preocupación es glorificar a Dios. Esa es nuestra principal preocupación y lo que nos motiva.

Ahora, importante para nuestra clase de hoy, nuestras vidas traen gloria a Dios en parte porque están expuestas a otros y al hacerlo brindan esperanza a quienes aún no conocen a Cristo.

Así que, como observarás en tu folleto, sólo queremos discutir brevemente algunas formas en que nuestra conducta, cómo vivimos en este mundo, glorifica a Dios y nos distingue de los no-cristianos.

Lo primero a notar es…

Nuestras palabras… lo que hablamos y cómo lo hablamos.

P: ¿Cómo debería nuestra palabra distinguirnos como cristianos?

A: Nuestra palabra debería destacarse por lo que es y por lo que no es…

No debería ser corrupta, o usada para chismear, calumniar o destruir a otros. En Efesios 4, Pablo exhorta a los cristianos a no dejar que ninguna conversación destructiva salga de sus bocas. Esta exhortación se hace cuando Pablo hace contraste entre el viejo hombre versus el nuevo ser en Cristo.

Me imagino que si has trabajado en el mundo por cualquier cantidad de tiempo, has visto de primera mano con qué frecuencia el habla se utiliza para derribar a otros. O generalmente, has visto qué tan poco edificante puede ser una conversación entre compañeros de trabajo. Como cristianos, nuestra conversación no debería caracterizarse por estas cosas, y si no lo es, otros lo tomaran cuenta.

Por otro lado, nuestra conversación debería estar marcada por cosas que sean edificantes. En Colosenses 4:6, Pablo, «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». La idea aquí es que lo que hablamos y cómo lo hablamos debería ser diferente de los que no conocen a Cristo. No sólo nuestra palabra no debería ser corrupta, sino que en última instancia debería ser edificante y alentadora.

Hay muchas maneras de medirnos a nosotros mismos en esta área. Deberíamos, por lo menos, examinar lo que hablamos y cómo lo hablamos. ¿Son las palabras que hablamos conscientemente alentadoras a los demás? ¿Son moralmente cuestionables? ¿Llevaran a los no cristianos a ser curiosos acerca de ti y tal vez de lo que crees?

El habla es una manera poderosa por la cual podemos distinguirnos del mundo y reflejar la esperanza que tenemos en Cristo.

La segunda cosa, que quiero señalar, es nuestras acciones. Si vas a una iglesia como CHBC, y generalmente otros saben que eres cristiano, ellos OBSERVARÁN tus acciones. A fin de cuentas, nuestro habla, no importa cuán maravillosamente cristiano sea, carecerá de sentido a menos que nuestras acciones reflejen también la esperanza que tenemos en Cristo.

Generalmente, hay un par de cosas a considerar en términos de cómo deberían ser las acciones que nos distinguen a nosotros como cristianos… Lo que un no cristiano notará más.

Primero, yo creo que especialmente, nuestra vida recta debería destacarse. No uso el término vivir rectamente de una manera santurrona o falsamente piadosa. En 1 Pedro 4, el apóstol escribe que el cristiano ha terminado con el pecado, así que él no participa en la embriaguez y otros pecados. Por tanto, los no cristianos creen que los cristianos son extraños. Este principio se aplica a muchos tipos de conducta pecaminosa. Pero el punto es que hay generalmente, o al menos debería de haber, una diferencia entre nuestro comportamiento y el de aquellos que no conocen a Cristo. Encontramos placer en cosas diferentes y, en definitiva, más satisfactorias.

En segundo lugar, nuestras buenas obras. Observamos en la segunda clase, Viviendo en los caminos de Dios, que Cristo nos ha llamado a hacer buenas obras. Una vez más, esto incluye muchas cosas. Una forma de que nuestras buenas acciones se manifiestan a no-cristianos es la forma en cómo tratamos y servimos a otros creyentes. En Juan 13 dice a sus discípulos, «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros». El mandamiento de amar aplica a todos los cristianos, y un efecto intencional de este mandamiento es ser testimonio a los no cristianos.

Otra forma en que nuestras buenas obras deberían ser manifestadas, es en el hacer bien aún a quienes pueden ser nuestros enemigos. Como cristianos, estamos habilitados para amar y servir a quienes no les gustamos o a los que tratan de hacernos daño porque entendemos lo que Dios ha hecho por nosotros. Si quieres asombrar a un no creyente que quizá no ha sido particularmente bueno contigo, busca la manera de hacer algo bueno por él. Hacer eso, le mostrará el tipo de amor que Dios tiene para nosotros y será un poderoso testimonio para la gloria de Dios.

La última cosa a destacar es la fidelidad en nuestra vocación. Esto es especialmente importante porque el trabajo es donde la mayoría de nosotros va a interactuar con el no-cristiano.

P: ¿Cuáles son algunas de las maneras en que podemos glorificar a Dios y dar fiel testimonio de Dios en nuestro trabajo?

R: Al ser diligente, confiable, honesto — especialmente, si hemos hecho algo mal, nuestro deseo de reconocerlo, aunque sea profesionalmente doloroso, puede ser un testimonio poderoso para los compañeros no cristianos.

Finalmente, sabemos que estamos trabajando, no por la aprobación del hombre, sino para glorificar a Dios. Esto nos libera de muchas de las tentaciones de tomar atajos, ser tramposo o indebidamente ambicioso, que podamos enfrentar en un momento dado.

Bien, en todas estas y otras formas que enfrentamos el mundo, el objetivo de todo lo que hacemos y cómo vivimos es capturado mejor en las propias palabras de Jesús. En Mateo 5:16, Jesús dice a sus seguidores, «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

¿Alguna pregunta?

III. Enfrentando al mundo con las Buenas Nuevas

En última instancia, sin embargo, estamos llamados a vivir más que una buena vida, una que hable bien de Dios y sus hijos. Estamos, de hecho, llamados a compartir el mensaje del evangelio o las buenas nuevas, con quienes no conocen a Cristo. La palabra comúnmente utilizada para esta actividad es evangelismo.

Sólo para que quede claro que sabemos exactamente lo que queremos decir, Déjame hacerte las preguntas…

P: ¿Qué es el evangelismo?

R: Bíblicamente, el evangelismo es simplemente articular el evangelio de Jesucristo y la afirmación de que el evangelio coloca en las personas el arrepentirse y el creer.

En su forma más básica, el evangelismo es el proceso de verbalmente compartir con alguien cómo puede reconciliarse con Dios y ser restaurado en la comunión con él.

Puede que hayas oído la frase: «Comparte el evangelio con otros, y, si es necesario usa palabras». Aunque de verdad aprecio la importancia que la frase da a cómo vivimos antes otros, sin embargo, podría ser engañosa si nos lleva a descuidar la proclamación verbal del evangelio. La Escritura es clara en que el Evangelio consiste fundamentalmente en contenido, un mensaje, que deberá ser aceptado por alguien si ha de ser salvo. Las personas pueden justificadamente admirar nuestras vidas, pero si nunca escuchan y aceptan la premisa de por qué vivimos de la manera que lo hacemos, entonces no les hemos hecho mucho bien.

Según Jon Cheesman en su libro, The Grace of God in the Gospel [La gracia de Dios en el evangelio], «Evangelizar es declarar bajo la autoridad de Dios lo que él ha hecho para salvar a los pecadores, es advertir a los hombres de su condición perdida, para dirigirlos a arrepentirse y a creer en el Señor Jesucristo».

¿Por qué deberíamos enfrentar al mundo con las Buenas Nuevas?

Ahora que ya tenemos una idea de lo que el evangelismo es, queremos discutir por qué la disciplina del evangelismo es importante en la vida cristiana — esencialmente, queremos responder a la pregunta: ¿por qué debemos evangelizar?

Notarás que en tu folleto hay algunas cosas mencionadas:

En primer lugar, se nos manda a hacerlo, por lo tanto, es una cuestión de obediencia. El evangelismo no es simplemente para unos pocos cristianos privilegiados que tienen personalidades sobresalientes. Todos los cristianos tienen el privilegio de propagar la buena noticia, usando los dones que Dios les ha dado.

Para apoyar este punto, debemos señalar que Cristo mismo nos mandó a evangelizar. En Mateo 28: 18-20, dice: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén».

Dado el alcance del esfuerzo aludido por Cristo—los extremos de la tierra; y teniendo en cuenta el marco del tiempo aludido —el final del mundo—parece que Cristo aquí está dando una ordenanza que se vincula con todos sus seguidores, desde el comienzo de la iglesia hasta el final de la historia. Por tanto, él no sólo está dando esta ordenanza a un puñado de sus discípulos, sino a todos sus discípulos. Como cristianos, nos manda a TODOS a evangelizar haciendo discípulos. Por tanto, la ordenanza en sí está diseñada para obtener obediencia de nosotros.

Especialmente como un nuevo creyente, deberías ver el evangelismo como una parte de lo que significa seguir a Cristo, al mismo nivel que orar a Dios y a amar a otros creyentes.

En segundo lugar, el evangelismo es cómo Dios lleva a cabo su plan de llamar a gente de todas las naciones/pueblos para glorificarlo a él por la redención. En Romanos 10:13-15, Pablo subraya el sentido común de la evangelización: «porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!».

Si la salvación implica la aceptación y la obediencia al mensaje de Cristo, entonces es lógico que el mensaje deba ser proclamado si ha de haber conversiones. Piensa en tu propia conversión, lo más probable es que llegaste a conocer a Cristo porque alguien fue fiel en compartir la buena noticia de Cristo. Por tanto, el plan de Dios para redimirnos, fue probablemente el resultado del mensaje de salvación siendo proclamado por alguien.

En tercer lugar, refleja el mismo amor y compasión que Cristo mismo había sentido por los perdidos. En otras palabras, deberíamos evangelizar por amor a los perdidos, y, al hacerlo, nos volvemos semejantes a Cristo.

En Mateo 9:36, leemos que Cristo, «al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies».

El amor y la compasión por su pueblo motiva Jesús para exhortar a sus discípulos a orar por más trabajadores para que recojan la cosecha.

Por último, deberíamos evangelizar porque amamos a Dios. Jesús dice en Juan 14:15, «Si me amáis, guardad mis mandamientos». El amor a Dios resultará en un deseo de obedecer sus mandamientos y promover su gloria al reunir más adoradores y discípulos.

Otra vez John Cheesman, en The Grace of God in the Gospel [La gracia de Dios en el evangelio], escribe: «El amor a Dios es el único motivo suficiente para el evangelismo. El amor propio da lugar al egocentrismo; el amor por los perdidos fallará con aquellos a quienes no podemos amar, y cuando las dificultades parecen insuperables. Sólo un profundo amor por Dios nos mantendrá siguiendo su camino, declarando su evangelio, cuando los recursos humanos fallan».

¿Alguna pregunta?

Si se trata de un asunto de obediencia y nos ayuda a crecer y al mismo tiempo promover el reino de Dios…

 P: ¿Por qué es difícil para nosotros evangelizar, especialmente cuando somos nuevos creyentes?

Miedo al hombre. Sin duda, todos conocemos, hasta cierto punto, el temor al hombre. Tal miedo puede resultar debilitante especialmente cuando se trata de compartir el evangelio. Esto es especialmente cierto para los nuevos creyentes que tienen buenos amigos o familiares que no conocen a Cristo y probablemente tienen dificultad para entender el cambio en tu vida. De hecho, puede no gustarles para nada.

Miedo de insuficiencia (falta de conocimiento). Este uno de los mayores obstáculos que nos impide, particularmente, creo, a los nuevos creyentes. Es fácil dejar que el miedo a no ser capaces de contestar todas las preguntas que alguien pueda dirigirnos nos embargue. Por tanto, simplemente no entablamos conversaciones con la gente de forma que se preste para compartir el evangelio. O podemos todavía pensar que nosotros somos indignos debido a nuestro pecado de compartir el evangelio.

Demasiado ocupados / falta de preocupación. Ésta es tal vez la acusación más grave sobre la razón de por qué podemos fallar en compartir las buenas nuevas con otros. Si no fuera una acusación tan evidente contra los cristianos, sería casi inconcebible que, después de haber recibido una nueva vida en Cristo, pudiéramos de alguna manera dejar de compartir el evangelio simplemente porque estamos demasiado distraídos o desinteresados. Pero el hecho es que, la vida, especialmente en la ciudad como D.C., va a 100 millas por hora, es muy fácil perder de vista de por qué estamos aquí y nuestro deber de compartir el evangelio con los demás.

Hay probablemente muchas razones más que podríamos dar y seremos tentados a dar durante toda nuestra vida en cuanto a por qué la evangelización resulta difícil para nosotros. Sin embargo… Como cristianos, debemos darnos cuenta de que si el evangelismo es una forma primaria en la que Dios trae personas a sí mismo y, por lo tanto avanza su reino, entonces Satanás usará todo a su disposición para mantenernos lejos de compartir el Evangelio.

Por tanto, cuando consideres tu propia obediencia en el evangelismo, debes orar para que Dios te de conocimiento y liberación de los impedimentos a su obediencia.

Cosas importantes para recordar en nuestro evangelismo

En un evangelismo fiel el contenido es fundamental. Mientras tratas de ser obediente en el evangelismo puede que te cruces con ayudas evangelísticas que estén llenas de técnicas para que las personas tomen una “decisión” por Cristo. Pero fundamentalmente, nuestro trabajo como embajadores de Cristo es proclamar el mensaje de Cristo. Y en última instancia, como sea que decidas compartirlo con un no cristiano, debes resistir la tentación de ser ambiguo en cuanto a lo que significa ir en pos de Cristo y sus implicaciones.

Sin el mensaje de arrepiéntete de tus pecados y cree en Cristo y anda en una nueva vida, no hay ningún mensaje cristiano. Si lees en Hechos acerca de los esfuerzos evangelísticos de Pablo, a todos lados que Pablo va, él proclama el mensaje de la demanda de Dios sobre nuestras vidas, nuestra necesidad de arrepentimiento y de fe en Cristo.

Por tanto, cuando tengas la oportunidad de compartir el evangelio con un compañero de trabajo o un miembro familiar, se lo más claro posible sobre el mensaje del evangelio (referencia del esquema dos maneras de vivir). Por más bien intencionados que seamos, haremos un gran perjuicio a las personas en nuestro evangelismo si no estamos claros acerca de lo que el evangelio conlleva; Cuando la gente escucha a «cristianos» y no entienden lo que realmente es, de qué están siendo salvados y por qué Cristo murió por ellos.

En este mismo sentido…

Tu testimonio en sí mismo no es evangelismo. A primera vista esto puede parecer controversial. Ciertamente no queremos subestimar la importancia de cómo alguien fue convertido y la diferencia que Cristo ha hecho en su vida. En hechos 26, Pablo hace gran uso de su historia de conversión y su vida en Cristo cuando compadeció en juicio ante el rey Agripa. Pero lo importante es, él no se detiene allí, sino que continúa hablando sobre el mensaje que le fue confiado para decir a los demás. Él expone el evangelio.

Vivimos en una cultura donde la experiencia individual es la autoridad final. Hablar simplemente de nuestra experiencia sin una presentación clara del mensaje del evangelio, puede conducir a una respuesta como la que recibí de un compañero de trabajo un tiempo atrás: «Eso es bueno para ti, yo realmente estoy interesado en el budismo». De alguna manera, debemos de ser claros sobre cómo nuestra experiencia se relaciona con las características del evangelio.

En tercer lugar, cómo vives importa. Esto simplemente refuerza nuestra discusión anterior sobre la importancia de cómo vivimos. En su libro «Disciplinas espirituales para la vida cristiana», Don Whitney escribe, «el testimonio cristiano más poderoso siempre ha sido el discurso de la palabra de Dios por uno que vive la palabra de Dios».

Aunque el cambio en cómo hablamos y actuamos desde nuestra conversión nunca es suficiente para evangelizar, es la mejor y más autentica herramienta que tenemos a la hora de compartir el evangelio. Nuestras vidas o autentican o aparentemente invalidan las Buena Nuevas al mundo.

Por último, deberíamos destacar que Dios hace la conversión. Recuerda que hay una diferencia entre el trabajo de Dios y tu trabajo. Nuestro trabajo, como Romanos 10 indica, es predicar el evangelio fielmente, pero Dios, a través de su Espíritu Santo, hace la conversión. Esta verdad debe fortalecer nuestra dependencia de Dios cuando nos damos cuenta que el hecho de que cualquiera de nosotros haya salido de la oscuridad a la luz es un milagro de Dios.

Y finalmente, que Dios hace la conversión debe darnos gran comodidad al compartir el Evangelio. Si tienes un amigo o familiar no salvo, que no está abierto a Cristo, puedes tener plena confianza de que Dios tiene el poder de cambiarlos. Nadie está sin esperanza.

También debería aliviar la carga que a veces ponemos sobre nosotros mismos por ver a otros venir a Cristo. No confundas tu trabajo con el trabajo de Dios. Incluso tan imperfectas como nuestras palabras a veces pueden ser, podemos tener confianza en que Dios puede tomar esas palabras débiles y convertirlas para su gloria en la salvación de otros.

Lo último que vamos a discutir hoy son algunas…

Consideraciones prácticas para ayudarnos a ser fieles en obedecer el mandamiento de Dios para compartir las Buenas Nuevas

Leer buenos libros te ayudará a ser efectivo en el evangelismo. Dos grandes recursos son Speaking of Jesus [Hablando de Jesús], por Mack Stiles (maneras útiles para guiar la conversación a Cristo) y Tell the Truth  [Di la Verdad], por Will Metzger (cuál es el mensaje que debemos comunicar). Otro libro, tal vez un poco más académico, de J.I. Packer es El Evangelismo y la Soberanía de Dios (entendiendo el papel de Dios y nuestro propio papel en la salvación).

Asiste al seminario básico de Evangelismo enseñado por Ryan Townsend. Esta es una gran clase para equiparte con la mentalidad y las herramientas para compartir eficazmente el evangelio con otros.

Ora por oportunidades para evangelizar. Sé que he encontrado en mi propia experiencia que hay una fuerte correlación entre orar por oportunidades para compartir el evangelio y las oportunidades que realmente suceden. Esto se debe en parte a causa de la fidelidad de Dios en responder oraciones, pero también es probable que sea un resultado de simplemente estar más consciente de las oportunidades. Probablemente, las oportunidades están todas a tu alrededor, la pregunta es si las ves. Ora para que Dios te de los ojos para ver las necesidades espirituales de los que te rodean. Y luego, como Pablo exhorta a los cristianos en Colosenses 4:5, aprovecha al máximo cada oportunidad que tienes.

Se paciente y persistente. La mayor parte del evangelismo ocurre durante un largo período de tiempo, no de una sola vez. Aunque siempre deberías estar preparado para presentar el evangelio (dos maneras de vivir), no te sientas como un fracaso o abandones toda esperanza sino lo cubres todo de una vez. Vivimos en una era post-cristiana, donde la mayoría de la gente que vamos a encontrar y con las cuales vamos a conversar tiene un montón de ruina intelectual y espiritual que necesita ser limpiada. Por supuesto, Dios puede cambiar corazones en un instante al escuchar el evangelio. Pero a menudo toma tiempo y esfuerzo para llegar al punto donde realmente incluso entienden las implicaciones del evangelio.

Así que se paciente y persistente y otra vez, continúa dependiendo de Dios en oración por oportunidades.