Clases esenciales: Buen Comienzo

Buen Comienzo – Clase 4: Hablando con Dios

Artículo
18.04.2017

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Clase esencial
Buen Comienzo
Clase 4: Hablando con Dios


  1. Considera los temas principales de la vida cristiana (ver folleto) y
  2. Qué significa vivir como un cristiano.

Hoy vamos a hablar acerca de la oración.

Ora

Pregunta principal = «¿Cómo vivir como un cristiano?»

Ve la parte posterior del folleto – para saber cómo vivir como un cristiano, primero necesitamos saber qué es un cristiano – alguien que ha sido salvado por Dios. Una vez que alguien es salvo y se convierte en un cristiano, un cristiano se deleita al vivir en los caminos de Dios, escuchando a Dios a través de su Palabra (2 Timoteo y Salmo 19 la semana pasada). Otro aspecto fundamental de lo que significa vivir como un cristiano es alguien que «Habla con Dios».

Primero algunas preguntas preliminares.

1) ¿Qué es la oración?

R: De acuerdo con el Catecismo de Westminster, «La oración es la presentación de nuestros deseos ante Dios por aquellas cosas que están de acuerdo con su voluntad, en el nombre de Cristo, incluyendo la confesión de nuestros pecados y un grato reconocimiento de sus misericordias».

Este es un buen resumen de la oración, que en su nivel más básico puede ser descrita como:

  • Comunicación con Dios
  • Una expresión de nuestros deseos y necesidades
  • Un agradecido reconocimiento de nuestra dependencia de él y sus propósitos para todas las cosas.

P: ¿Por qué es importante que oremos?

R: La primera y la respuesta más fundamental es que se nos exhorta a hacerlo en las Escrituras

  • En Colosenses 4:2, se nos dice que debemos dedicarnos a la oración.
  • 1 Tesalonicenses 5:17, Pablo nos dice «orad sin cesar».
  • Lucas 18:1, Jesús dijo a sus discípulos «una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar».

En segundo lugar, las Escrituras demuestran claramente que orar es simplemente algo que el pueblo de Dios hace. Vemos esto primero en el Antiguo Testamento, Salmos es un libro que está lleno de oraciones a Dios, lo que refleja una multitud de necesidades y deseos y alabanzas por parte de los autores. En el Nuevo Testamento, Pablo ofrece muchas oraciones por las iglesias a las que él está escribiendo (puedes leer más acerca de las oraciones de Pablo en «Un llamamiento a la Reforma Espiritual» por D.A. Carson). Y Cristo mismo es constantemente visto orando al Padre (9 oraciones en Lucas, solamente). Como veremos, es este hecho el que lleva a los discípulos a pedirle a Cristo que les enseñe a orar.

Martin Lutero lo resumió bien cuando escribió: «Así como es el negocio de los sastres el hacer ropa y el de los zapateros reparar los zapatos para los cristianos nuestro deber es orar».

En tercer lugar, expresa nuestra confianza en Dios y es un medio a través del cual nuestra confianza en él puede aumentar.

Cuando admitimos que necesitamos hablar con Dios porque él es la fuente de todas las cosas – nuestra confianza en él va a crecer. Si esperamos hasta que estamos en una situación difícil para orar – ésos músculos de confianza no habrán sido desarrollados…

Para expresar nuestro amor a él y disfrutar de la comunión con él.

Soy cristiano (Él es Señor de mi vida) pero hablo con él 2 minutos al día, en un buen día.

La oración nos permite como criaturas participar en lo que es eternamente importante. Dios usa nuestras oraciones como un medio para sus fines soberanos.

Isaías.

Bueno, más allá de las preguntas de qué es exactamente la oración y por qué debemos orar está la cuestión de cómo se debe orar… Una pregunta que es al menos tan antigua como el cristianismo mismo. En Lucas 11, los discípulos dicen a Jesús: «Señor enséñanos a orar». Y hoy, vamos a ver cómo Jesús les respondió para que nos ayude a comprender cómo debemos hablar con Dios.

  1. Cómo orar, parte I… El Padre Nuestro (Lucas 11:1-4)

Volviendo a la cuestión de hablar con Dios, ¿cómo se hace? ¿Cómo «hablamos» con él? ¿Qué dices y cuál es tu actitud? Para ayudarnos a comprender cómo debemos orar, vamos a estar leyendo Lucas 11:1-13.

Primero empecemos con los versículos 1-4. Alguien lea del 1-4. 

 Vemos la respuesta de Jesús a las preguntas de sus discípulos en los versículos 2-4. Vamos a ver cada sección de la oración para ayudarnos a pensar más en el contenido de nuestras oraciones.

Primero, se nos dice que nos dirijamos al Padre.

P: ¿Qué puede esa palabra/título enseñarnos acerca de la oración? 

R: Nos dice algo acerca de Dios y cómo él se relaciona con nosotros. «Padre» implica autoridad e intimidad. En términos de autoridad, estamos orando al Dios que ya comentamos la semana pasada… quien creó el mundo, colgó las estrellas en el cielo, creó los océanos y estableció sus límites. Y como nuestro Creador, él nos creó a nosotros (es dueño de nosotros) para vivir bajo su autoridad. Así, dirigimos nuestra oración a él como nuestro Padre. Estamos reconociendo nuestra dependencia de él, como un niño depende de su padre terrenal.

En términos de intimidad, Dios no es un ser abstracto, impersonal o distanciado. No es el hombre de allá arriba, que vive la mayoría del tiempo apartado de nosotros, con el cual raramente interactuamos. Al contrario, le oramos a un Dios que nos creó para tener y disfrutar de una comunión con él; Y de la oración del Padre Nuestro, y, como veremos en la parábola que observaremos hoy, nuestra relación con él se caracteriza por el tipo de relación que un padre tiene con su hijo. La invitación a orar, por tanto, es una oportunidad para profundizar nuestra intimidad con él.

Observa también que el nombre de Dios debe ser santificado.

P: ¿Alguien quiere tratar de describir lo que significa “santificado”? 

R: Hacer algo santo, santificar, honrar, venerar.

Esta palabra nos dirige a un par de pensamientos… En primer lugar, vemos que la oración no es simplemente pedir cosas para nosotros mismos. Ahora, vamos a ver que Cristo incluye nuestras peticiones personales, pero observa que él no comienza allí.

En cambio, primero nos instruye a dirigir nuestros pensamientos a la gloria de Dios. (P: ¿Nuestras oraciones aumentan la santidad de Dios?) Ese es el punto de partida. La idea aquí no es que debemos orar para que el nombre de Dios sea santo o glorioso en el sentido de que nuestras oraciones agregan algo a Dios—Él ya es esas cosas, aparte de lo que hacemos u oremos. Por el contrario, al orar la gloria de Dios debe ser proyectada en nuestras vidas y en el mundo alrededor de nosotros—él debe ser reconocido y adorado por quien él es. Por tanto, nuestra primera preocupación en la oración es que Dios sea glorificado.

En segundo lugar, entender que Dios debe ser adorado y honrado puede ayudarnos a prevenir que lo humanicemos y que olvidemos realmente quién él es y cómo es él. Creo que a menudo puede haber una tendencia en el cristianismo contemporáneo hacia una familiaridad con Dios que puede no ser apropiada. Incluso como cristianos, nuestra naturaleza pecaminosa constantemente quiere hacer a Dios a nuestra imagen. Nos olvidamos de la santidad de Dios y de la perfección de su carácter.

Aunque Dios esté cerca de nosotros y se relacione con nosotros y aún esté en nosotros en su Espíritu, Dios sigue siendo Dios, infinitamente perfecto e incomprensiblemente santo.

Para ayudarnos con esto, piensa en la respuesta de los hombres en la Escritura cuando son confrontados con la santidad de Dios. Job se queda sin palabras y es consciente de su completa ignorancia delante de Dios. Isaías cae postrado, abrumado por su inmundicia. Y Dios tiene que esconder a Moisés en la hendidura de una roca para que Moisés pueda sobrevivir de su presencia pasando.

Así que vemos que nuestra oración debe reconocer primero la relación entre Dios y nosotros (Él es nuestro padre y nosotros somos sus hijos), y que el punto de partida o la fuente de nuestra motivación para la oración es la gloria de Dios. Él es el punto de partida.

¿Alguna pregunta?

La siguiente línea dice, «venga tu reino». En esta línea, vemos un par de cosas más acerca de cómo debemos orar.

Primero, ten en cuenta que no es venga «mi» reino, sino venga «tu» reino.

Por tanto, no sólo debemos desear mostrar la gloria de Dios, sino concretamente, cuando vamos a Dios en oración, debemos tener en cuenta los propósitos de Dios. P: ¿Cuáles son algunos de los propósitos de Dios por los que debemos orar y tener en mente cuando decimos «venga tu reino»?

Más específicamente, este versículo nos enseña, por lo menos, un par de cosas acerca de la oración. Primero, la oración debe ser una expresión de esperanza en el reino de Dios. Deberíamos recordar a menudo que hay un reino que viene. Dios está expandiendo su reino ahora, y habrá un tiempo cuando Cristo consumará su reino eterno.

Así que nuestra oración no debería ser una expresión de nuestros deseos mundanos o de conseguir lo que queremos aquí y ahora. Al contrario, debería ser una expresión de nuestra más preciada esperanza: El reino venidero de Dios. (Semana 7)

En segundo lugar, en la frase «venga tu reino» vemos que nuestras oraciones deben ser una expresión de humilde sumisión y confianza en Dios. Cuando oramos «venga el reino de Dios», en última instancia estamos orando que su voluntad o propósito sea realizado por completo. Esto tiene serias consecuencias en nuestras vidas. La oración del Señor en Mateo, también dice, «Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…» (Mat 6:10).)

P: ¿Qué sucede cuando los propósitos de Dios son contrarios a nuestros propósitos? ¿Cómo podemos todavía orar así? Creo que este es probablemente uno de los aspectos más difíciles de la oración, ya que, a veces puede ir en contra de cada fibra de nuestro ser orar con este propósito básico. Especialmente en tiempos de dificultad o necesidad tremenda, queremos que Dios nos responda de la forma que nosotros pensamos es la mejor. Por tanto, se necesita humildad, confianza, paciencia y fe en los buenos propósitos de Dios para poder orar para que la voluntad de Dios se cumpla por encima de nuestra propia voluntad.

Jesús sirve como un ejemplo maravilloso aquí. Recuerda en el huerto de Getsemaní en la víspera de su crucifixión, Jesús ora, «Abba, Padre (nota Padre), todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú» (Marcos 14:36). Cristo, incluso ante una muerte segura, rogó que se hiciera la voluntad de su padre omnisciente y no la suya o la de alguien más.

Vamos a ver qué más aprendemos acerca de la oración en los versículos 3-4

El versículo 3 dice, «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy»

P: ¿De qué podría estar hablando esto?

Ten en cuenta que se supone que debemos solicitar la provisión diaria—literalmente, danos día a día, nuestro pan de cada día. La forma en que está redactada hace hincapié en nuestra dependencia diaria en Dios para satisfacer todas nuestras necesidades. Casi parece una petición, no de abundancia como en nuestra cultura a menudo estamos inclinados a pedir. Por el contrario, es una oración por lo suficiente para satisfacer nuestras necesidades, pero no lo suficiente para hacernos olvidar nuestra dependencia de Dios.

Ahora bien, más directamente, este versículo nos llama a confiar en Dios para satisfacer nuestras necesidades físicas, reconociendo que él es nuestro proveedor y sustentador. Si venimos a Dios ansiosos, preocupados por el futuro, por nuestras provisiones, podemos dejar esas cargas a Dios, sabiendo que él tiene todas las circunstancias en sus soberanas manos. En Mateo 6 Cristo dice a su audiencia que si Dios viste los lirios del campo, cuánto más él cuidará de nosotros.

Y lo importante es que, mientras aprendemos a confiar en Dios como nuestro proveedor de lo físico, también deberíamos aprender a confiar en él como nuestro proveedor espiritual. Si Dios provee para nuestras necesidades físicas, cuánto más él desea suplir nuestras necesidades espirituales. El resultado es que al depender de Dios para satisfacer todas nuestras necesidades, aprendemos a encontrar la máxima satisfacción de nuestras almas sólo en Dios. Aprendemos que él es lo que necesitamos más que cualquier otra cosa, y estamos satisfechos cuando lo tenemos, sin importar cuales sean nuestras circunstancias en este mundo.

En su libro «Los Deleites de Dios», John Piper escribe, «La oración es un deleite porque muestra los límites de nuestra pobreza y las riquezas de su gracia. La oración es aquella transacción en la que se exalta la riqueza de la gloria de Dios y en la que se satisfacen los deseos de nuestra alma». (Los Deleites de Dios, Cap. 8, pág. 239)

En el versículo 4, vemos confesión envuelta en forma de petición. Al pedirle a Dios que perdone nuestros pecados, estamos esencialmente reconociendo nuestra deuda con Dios por nuestro pecado y pedimos continuamente por el perdón de pecados (no en un sentido último). Y la confesión de pecados, yo creo, fluye muy naturalmente al reconocer la santidad de Dios, como Cristo nos llama a hacer al principio de la oración, porque la conciencia de la santidad de Dios sirve para ampliar nuestra falta de santidad. Así que la confesión es parte de reconocer nuestra tremenda necesidad delante de Dios y significa una humildad al entrar en la presencia de Dios en oración.

Ahora, deberíamos ser cuidadosos aquí. La gran pregunta que el verso 4 contiene para nosotros es si Jesús está hablando de un perdón basado en el mérito. ¿Está él diciendo que nos ganamos el perdón de Dios porque perdonamos a otros?

En la primera semana aprendimos en el libro de Tito y Efesios, que Dios nos salvó, no por las buenas cosas que habíamos hecho, sino debido a su misericordia y su inmerecido favor. Así que el perdón que Dios nos ofrece es completamente por gracia. No podemos ganarlo.

Al contrario, esta línea parece implicar un par de cosas. Primero, las personas perdonadas son personas que perdonan. Escribiendo sobre este verso, el puritano Thomas Watson dice: «El perdonar a otros no es una causa de que Dios nos perdonó a nosotros, sino una señal. No necesitamos subir al cielo para ver si nuestros pecados fueron perdonados: miremos en nuestros corazones para ver si nosotros podemos perdonar a los demás. Si podemos, no debemos tener dudas, sino saber que Dios nos ha perdonado. Nuestro amor hacia los demás es el reflejo del amor de Dios hacia nosotros».

En segundo lugar, esta línea indica que no debemos entrar en oración sin auto-examinarnos. La pregunta para nosotros es: ¿Perdonamos nosotros a otros por lo que hacen contra nosotros, de la misma manera en que Dios nos ha perdonado? Matthew Henry resume la implicación del versículo 4, de esta manera,

«No tenemos ninguna razón para esperar, ni podemos nosotros orar con ningún tipo de confianza, que Dios perdonará nuestros pecados contra él, si no sinceramente, y desde un principio verdaderamente cristiano de caridad, perdonamos a los que en cualquier momento nos ultrajaron o nos causaron daño. Aunque las palabras de nuestra boca sean incluso esta oración a Dios, si la meditación de nuestro corazón es al mismo tiempo, como suele ser, malicia y venganza a nuestros hermanos, no somos aceptados, ni podemos esperar una respuesta de paz».

Básicamente, Henry dice que es una suprema hipocresía pedir a Dios que nos perdone por pecar contra él, si no estamos dispuestos a perdonar a los demás por pecar contra nosotros.

Así, en la oración debemos reconocer nuestro pecado ante Dios, pidiendo su perdón. Y mientras lo hacemos, debemos probar nuestros corazones para ver si nuestras vidas están marcadas por el perdón que buscamos de Dios.

Avanzando…

Echemos un vistazo a cómo cierra la oración.

Con una oración de protección contra la tentación. Esencialmente, este elemento en nuestras oraciones refleja la realidad que como cristianos estamos bajo asedio. En nuestra segunda clase, «Viviendo en los caminos de Dios», observamos que si bien estamos muertos al pecado y se nos ha dado una nueva naturaleza, todavía luchamos con las inclinaciones pecaminosas de la carne. También sabemos por las Escrituras que Satanás busca nuestro daño espiritual (Efesios 6).

La pregunta para nosotros es, ¿qué hacemos con esta información sobre la realidad y esa batalla espiritual en la que estamos envueltos? La respuesta de Jesús, en parte, es orar. Oremos para que Dios, quien es lo suficientemente CAPAZ, nos libre del mal: tanto del mal en nuestros corazones que naturalmente nos inclina a pecar, así como también del Maligno que busca destruir aún nuestra fe si eso fuera posible.

Para resumir lo que Cristo ha enseñado sobre la oración hasta el momento:

  1. La oración es comunión con Dios, quien tiene autoridad sobre nosotros y sin embargo, también es íntimo.
  2. Debe ser hecha con la gloria de Dios y su voluntad en primer lugar en nuestros corazones y mentes.
  3. Es una expresión de nuestra dependencia y confianza en Dios para satisfacer nuestras necesidades y     protegernos del mal.
  4. Debe ser hecha con humildad, reconociendo nuestra necesidad de perdón.

En nuestras propias oraciones, un acróstico útil (en inglés) es ACTS (Hechos). ¿Estás familiarizado con él?

A – Adoración

C – Confesión

T – Thaksgiving —Acción de gracias

S – Súplica

Vemos elementos de los cuatro puntos en la oración de Cristo. También te darás cuenta de que hacemos algo muy parecido en nuestro servicio de adoración del domingo por la mañana. La oración de alabanza (adoración), la confesión y la Oración Pastoral (acción de gracias y súplica).

  1. Cómo orar, parte II: Parábola del amigo inoportuno- Lucas 11:5-13

Jesús no sólo nos dirige sobre el contenido de nuestras oraciones, él también utiliza otra parábola para dirigirnos en cómo debemos orar: o nuestra actitud en la oración. Para más información de cómo deberíamos orar, vamos a mirar juntos la parábola del amigo oportuno en Lucas 11. Que alguien lea la parábola. 

El anfitrión enfrenta dos opciones. O va a medianoche al hombre que él sabe tiene alimentos cuando la familia seguramente estará dormida, o se convierte en un anfitrión grosero y hostil con su huésped. Ninguna opción es agradable. Históricamente, es importante tener en cuenta que el hogar promedio consistía en sólo una o dos habitaciones. Las familias solían dormir juntos en una estera grande, y las puertas tenían pernos pesados sobre ellos que despertarían a la casa entera cuando se abre.

La pregunta realmente es, «¿quién tiene la osadía de despertar al vecino y su familia para pedir pan? ¿Quién está dispuesto a dejar a un lado su orgullo y reconocer que necesita lo que solamente otro puede ofrecer?»

De manera que, esa es una gran lección para nosotros sobre la oración: Deberíamos estar dispuestos a acercarnos a Dios NO como autosuficientes, sino como aquellos que necesitan lo que sólo él puede proporcionar.

P: Entonces, ¿Qué hace el hombre? Despierta a su amigo. Y la respuesta que obtiene es lo que él no quería oír, ¡no me molestes! (vs. 7) Pero mira lo que dice Jesús en el vs. 8. Debido a la audacia del hombre el amigo lo ayudará.

Entonces, la persistencia del hombre vale la pena. Mueve a su amigo para responder a su solicitud.

P: ¿Qué crees que esto nos enseña acerca de cómo acercarnos a Dios en oración?

R: No sólo debemos acercarnos a Dios con humildad, reconociendo que sólo él tiene lo que necesitamos, debemos también ser persistentes en nuestras oraciones.

Vemos esto muy claramente en el versículo 9, donde Jesús nos deletrea esencialmente todo. Él dice, «Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».

Por tanto la promesa es: Dios va a satisfacer nuestras necesidades.

P: Ahora una pregunta: ¿Significa esto que Dios nos da todo lo que deseemos? Por ejemplo está el movimiento «Nómbralo y Reclámalo» de algunos círculos evangélicos. ¿Sólo tenemos que nombrar y reclamar lo que deseamos de Dios y es nuestro?

En Santiago 4, Santiago nos dice que no tenemos porque no pedimos, pero dice también que no tenemos porque pedimos con motivos equivocados, para gastarlo en nuestros placeres. Y luego en el Padre Nuestro, que ya discutimos dice que debemos orar con el reino de Dios y su gloria en mente, no en fin de lo que nosotros deseamos, sino en fin de lo que Dios desea.

Finalmente, debemos confiar en su soberana sabiduría, Dios responde según lo que él sabe es mejor para nosotros, no lo que pensamos es mejor para nosotros. Y el mejor regalo que nos puede dar es el don de sí mismo, un caminar más profundo con él.

Siguiendo… Los versículos del 11 al 13 presentan una bella imagen de un Dios amoroso y misericordioso ansioso de proveer para sus hijos.

P: ¿Qué vemos aquí que el Padre desea darnos?

R: Su Espíritu Santo.

Esencialmente, lo que Dios quiere darnos es mucho más de sí mismo. Y lo hace a través del Espíritu Santo. En las Escrituras podemos ver qué tremendo regalo el Espíritu Santo es. Es el Espíritu Santo que marca al Cristiano del No-Cristiano. Es el Espíritu Santo el que nos da vida nueva, regenerándonos. En Efesios, podemos ver que el Espíritu Santo es dado a nosotros como un sello de garantía de nuestra herencia en el reino de Dios. El Espíritu Santo también ilumina nuestras mentes, revelando una verdad espiritual, que nos da sabiduría de Dios; nos santifica. El Espíritu Santo nos consuela. Y en Romanos 8 vemos que es el Espíritu Santo es el que intercede por nosotros y nos ayuda en la oración delante de Dios.

El Espíritu Santo es el MEJOR regalo posible que Dios podría dar y la única cosa que deberíamos desear por encima de todo.

Este es un buen desafío para nosotros. ¿Quieres una mejor idea de cuáles son tus deseos? Entonces, cuando ores, piensa en lo que pides. ¿Es una larga lista de deseos físicos o relacionales: un trabajo, una promoción, dirección en tu vida? Todas estas cosas pueden ser dignas de oración, ¿pero son tus oraciones consumidas por estas cosas? ¿U oras para tener más de Dios mismo; más de su Espíritu? ¿Oras como si la intimidad con él es tu preocupación número uno? Lo que pedimos nos dice mucho sobre lo que deseamos.

Bien, la promesa que esta parábola pone delante de nosotros, es que si realmente buscamos a Dios y su voluntad, vamos a encontrarlo. En golpear la puerta hay una imagen de entrada a la presencia de Dios donde encontramos comunión y vida eterna.

P: ¿Y cómo recibimos este regalo maravilloso?

A: Simplemente pidiéndoselo al Padre.

Debemos recordar que no tenemos un padre gruñón como el vecino, sino más bien uno que da generosamente a quienes persistentemente y audazmente le piden. Este pensamiento es notable cuando recordamos lo que aprendimos sobre nosotros mismos la primera semana en Tito. Apartados de Cristo, somos enemigos de Dios. Sin embargo, para ser reconciliados con él y crecer en comunión con él simplemente tenemos que pedírselo a él.

En la parábola, Jesús enseña que nuestra actitud en la oración debe ser pedir, buscar y tocar continuamente. Necesitamos ser fervientes y persistente en la oración. Y la promesa es que Dios responderá y que su deseo es darnos el mejor de los regalos. Citando otra vez a John Piper, él dice:

«Una de las cosas más maravillosas de la Biblia es que nos revela a un Dios que satisface su propio apetito de gozo dando respuesta a las oraciones. Como no cuenta con deficiencias que necesite llenar, su satisfacción consiste en magnificar la gloria de sus riquezas saciando las insuficiencias que presentan aquellos que oran». (Los Deleites de Dios, Cap. 8, pág. 246)

III. Conclusión

Así que para resumir, esto es lo que hemos aprendido acerca de la oración:

-La oración es el privilegio de encontrarnos con el único y sólo Santo Dios.

-Mediante el ejemplo de Jesús, aprendemos que debemos orar con reverencia, confianza y humildad.

– Y finalmente, nuestra oración debe ser una expresión de nuestro deseo por Dios mismo, y por la comunión con Él.

– Y Dios, que es nuestro Padre por su inmenso amor, responderá nuestras oraciones y nos dará de sí mismo abundantemente.

Algunos otros grandes pasajes a considerar: Filipenses 4:6-8, Salmo 5:1-3, Juan 14:13-14, Romanos 8:26-27, 1 Juan 5:14-15.

  1. Ideas útiles para orar
  • Caminatas de oración
  • Llevar un diario
  • Operación Mundo
  • Valle de la visión
  • Un llamamiento a la Reforma Espiritual
  • Orar a través del directorio
  • Orar a través de un Salmo
  • Orar las Escrituras para otras personas
  • Mantener un registro de las oraciones respondidas
  • Escríbelas

Oración / La semana que viene – Congregándose con la familia de Dios

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Impartido por Daniel Schreiner en 02/05/2010

Comentarios de TML & Danny Sheih

–        Ve más rápidamente por el Padre Nuestro (tal vez incluso leer sobre la oración y sólo entrar en los principios que aprendemos de la oración del Señor) – en otras palabras, no hacer la oración del Señor inductivamente. Sólo establecer rápidas lecciones de ella.

–        Ten la discusión más larga (conjunto aparte 5-10 minutos.) para las sugerencias prácticas de la oración