Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 6: Levítico

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 6: «Santidad para el Señor» Levítico


Introducción

¡Bienvenido una vez más! En esta clase estaremos cubriendo el libro de Levítico. Tiene muy poca narrativa. Y en ocasiones, provee muchos detalles acerca de cosas que parecieran no tener importancia actualmente. Por esta razón, a menudo es dejado a un lado. Pero sin Levítico, perderíamos un gran conjunto de conocimientos acerca de la santidad de Dios, nuestro pecado y la obra de Cristo en la cruz. Así que me alegra poder estudiar Levítico el día de hoy.

Oremos. 

Contexto

Empecemos con algo de contexto. Levítico comienza justo donde termina Éxodo. De hecho, todo el libro se produce menos de un mes después de que el Tabernáculo estuviera terminado[1]. Aún nos encontramos a mediados del siglo XV a. C. Todavía seguimos al pie del monte Sinaí, donde Dios llevó a los israelitas luego de haber escapado de Egipto, y donde Moisés recibió los Diez Mandamientos. Fue en el monte Sinaí donde Moisés también recibió las instrucciones para construir el Tabernáculo. Y después de que los israelitas lo construyeron, vimos que la gloria de Dios lo llenó, y se convirtió en la manifestación física de su morada con su pueblo. Entonces, ¿qué sigue? Ahí es cuando aparece Levítico.

El nombre del libro proviene de la septuaginta griega, que quiere decir: «cosas relacionadas con los levitas». Pero más allá de eso, su propósito es codificar aun más la relación entre Dios e Israel después de los términos iniciales del pacto dados en el Sinaí. A la luz del Nuevo Pacto, Levítico sienta las bases para la compresión cristiana de la necesidad de la santidad, el rol representativo y exaltado del sumo sacerdote y algunos otros conceptos teológicos importantes.

En el contexto aun más amplio de la teología bíblica, Levítico es otro paso hacia adelante. Es como una parada en el camino a la Tierra Prometida. Dios hace que su pueblo permanezca en el monte Sinaí el tiempo necesario para que Moisés y Aarón reciban estas palabras acerca de la santidad. Él quiere dejar en claro que ser el pueblo de un Dios santo es un asunto serio.

Tema

Nuestra oración temática de esta semana es fácil:

Dios es santo y, por tanto, su pueblo también debe ser santo. 

Ser santo es ser distinto, diferente y completamente puro. Dios es así de santo. Él es incomparable. Es perfecto. No hay defecto alguno en él. No carece de ética, sabiduría, justicia o cualquier otra virtud. Y porque Dios es santo, su pueblo, también debe ser santo. ¿Por qué? Porque su pueblo lo representa ante el resto del mundo.

Comencemos con una pregunta antes de adentrarnos en Levítico. ¿Por qué es importante que el pueblo de Dios sea santo?

El bosquejo impreso en tu folleto te permite ver rápidamente cómo Levítico resalta estos temas, y es el folleto que estaremos usando en nuestro estudio esta mañana.

Observa que la corriente del libro sigue una verdadera línea de pensamiento evangélico: En primer lugar, hay leyes para decirles a los israelitas cómo deben acercarse a Dios (parte 1). Pero cuando fallan en obedecer, pueden disponer de un sacrificio sustitutivo (parte 2). Entonces, desde esa posición de perdón y gracia, el pueblo es llamado a vivir vidas santas (parte 3)[2].

Durante el resto de la clase, simplemente te guiaré a través de este bosquejo para mostrarte cómo Levítico une todas estas piezas. Empezaremos con las ofrendas. Luego el sacerdocio. Luego el código de santidad, que aparece en los capítulos 11-15 y 18-27. Y terminaremos con la sección intermedia, capítulos 16-17, el día de la Expiación. 

Capítulos 1-7: Las ofrendas

Los capítulos 1 al 7 explican cómo los israelitas comunes debían traer ofrendas a Dios. Hay cinco ofrendas principales: el holocausto, la oblación, la ofrenda de paz, la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la culpa.

Comenzaremos con el holocausto; se entiende como expiación por el pecado. Mira el capítulo 1, versículos 3-5:

«Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión».

Colocar las manos sobre la cabeza es un acto simbólico de la transferencia de la culpa del pecador al becerro. Entonces, el becerro es asesinado por los pecados de esa persona. Así, cuando un israelita era consciente de su pecado, esto es lo que tenía que hacer. ¿Cuántos becerros, ovejas, cabras, pájaros, etc., crees que podría ofrecer un solo israelita en toda su vida adulta? ¿Crees que el Señor toma en serio el pecado? Bueno, los israelitas tenían eso impreso gráficamente a través de estas ofrendas.

Luego tenemos la oblación (2:1), ofrecida como actos de devoción y conmemoración. Y había ofrendas de paz (3:1), que resaltaban el hecho de que, en realidad, todo lo que los israelitas poseían pertenecía al Señor (3:16-17). Otro tipo ofrendas era la ofrenda por el pecado (4:3), que estaba destinada a cubrir pecados involuntarios, o cometidos por ignorancia (4:2). Incluso si alguien no sabe que un determinado acto es pecado, no deja de serlo. Los estándares de Dios se miden por su propia santidad y no por nuestra propia conciencia. Interesante. ¿Alguna vez pensaste que si no tenías la intención de pecar, no era pecado? Aparentemente, la intención no lo es todo.

Finalmente, están las ofrendas por la culpa (5:6), que estaban destinadas a resaltar la maldad del pecado y expiarla al mismo tiempo. Esta ofrenda en particular, debía ofrecerse cuando alguien quedaba ritualmente impuro o pecaba contra su prójimo.

Más adelante, los capítulos seis y siete presentan la forma en que se debían hacer estos sacrificios. Cada detalle es expuesto: Cuánto de qué ofrenda se sacrificará, cómo se sacrificarán los animales, qué utensilios se usarán y cuáles no, etc. Dios quiere que su pueblo, tanto en ese momento como ahora, sienta la enorme carga ocasionada por nuestro pecado. Lo que más sobresale aquí es la exactitud inflexible de nuestro Dios santo, todo como un presagio de cómo Cristo fue el cordero perfecto que fue asesinado por nosotros.

Capítulos 8-10: Establecimiento del sacerdocio

Después de haber establecido cómo las personas debían ofrecer sacrificios, Levítico ahora se refiere a cómo la nación debe adorar a Dios como un todo. Al mirar los capítulos 8-10, vemos el nombramiento de Aarón como primer sumo sacerdote de Israel con todos su descendientes «apartados» como sacerdotes (cf. Éxodo 28:1). En estos capítulos hay más regulaciones y orientaciones acerca de cómo los sacerdotes deben conducirse en la ejecución de sus deberes. De nuevo, la lección principal para nosotros es que los pecados del pueblo de Dios requerían de un gran esfuerzo para ser «cubiertos» por una aparentemente interminable corriente de sangre sacrificial. Y una vez más, a los cristianos se les recuerda cómo Cristo cumplió perfectamente su rol como nuestro «gran sumo sacerdote». Después de que se completara su sacrificio, el gran velo en el Lugar Santísimo que separaba a Dios del hombre se rasgó en dos. Ahora, el pueblo de Dios puede acercarse confiadamente ante el trono de la gracia en el nombre de Jesús sin necesidad de un sacerdote humano como mediador.

9:22-10:3

Con eso, sumerjámonos en el texto. Vayamos al capítulo 9. Empezaremos en el versículo 22. Lo que sucede aquí es que Dios acaba de dar todas estas directrices que mencioné, y Aarón las ha seguido todas.

«Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros».

Este es un verdadero clímax en el libro hasta ahora. Hemos tenido 9 largos capítulos acerca de qué hacer con animales muertos, aceite, grasas, riñones, costados, hígados, sangre, fuego, cosas limpias, cosas inmundas, vestimentas sacerdotales y los días adecuados para hacerlo todo. Hay exactitud en todo lo que Dios ordenó. Luego, en esta increíble exhibición, Dios muestra que ha aceptado la adoración de los israelitas. Por su puesto,  el pueblo cayó postrado.

Pero la historia no termina allí. Sigamos leyendo. Capítulo 10, versículos 1-13:

«1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló».

¿Qué quiere decir Moisés con que ofrecieron fuego «extraño»? Otras traducciones lo llaman «fuego equivocado», o fuego «profano». En resumen, es fuego y adoración que Dios no ha ordenado. Aquí los hijos de Aarón han decidido adorar Dios a su manera. Están buscando adorar a Dios. No están adorando a un Dios falso. Pero están adorando a Dios según las imposiciones de sus corazones, y no como Dios lo había ordenado. Su adoración pudo haber sido bien intencionada. Pero las buenas intenciones no son lo que importan. Nadab y Abiú no consideraron a Dios como santo. No lo trataron con respeto. Más bien, desobedecieron y se arriesgaron a conducir al pueblo de Israel en desobediencia y, por tanto, fueron castigados. Dios defenderá su nombre resguardando su santidad.

Capítulos 11-15, 18-27: El código de la santidad — Antes y ahora

Pasemos a los capítulos 11-15 y 18-27, que algunas veces es llamado el «código de santidad». Abordaremos estas dos secciones juntas. Son los capítulos, quizá los has leído, que tratan acerca de qué tipo de alimentos pueden o no comer los israelitas, incluso tocar. Hay leyes acerca de rituales de purificación en los partos y cuando alguien tiene lepra. Hay instrucciones acerca de qué hacer si alguien tiene una infección corporal. Incluso hay directrices sobre qué hacer si una infección corporal toca una pieza de cerámica o de madera en particular. Ahora, ¿qué podría significar todo esto?

La respuesta está en el capítulo 11, versículos 44 y 45, la primera de una declaración a menudo recurrente en Levítico. Ve conmigo allí:

«Porque yo soy el Señor, su Dios. Ustedes deben purificarse completamente y ser santos, porque yo soy santo. No se hagan impuros con ningún animal que se arrastre por la tierra. Yo soy el Señor, el que los hizo salir de Egipto para ser su Dios. Por lo tanto, ustedes deben ser santos porque yo soy santo».

Los israelitas debían ser santos porque Dios es santo. El propósito de todos estos mandamientos es que los israelitas puedan ser santos, distintos, diferentes: un reflejo preciso del Dios a quien representan.

Esta enseñanza está por todo el libro de Levítico, y haríamos bien en considerarla seriamente. Mira Levítico 20:26.

«Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos».

Allí escuchas la separación explicita del resto de las naciones. 22:31-32:

«Guardad, pues, mis mandamientos, y cumplidlos. Yo Jehová. Y no profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico».

¿Alguien sabe lo que significa «profanar» el nombre de Dios? Significa tratar como común, ordinario o mundano aquello que es realmente especial y distinto. Por tanto, el «nombre» de Dios, es decir, su imagen y reputación, está vinculado a Israel. Por esa razón, no pueden ser un pueblo que tome esta identificación con Dios a la ligera o irreverentemente.

Dios les da estos mandamientos para que en sus vidas cotidianas recuerden que son una nación santa, un pueblo apartado para Jehová. Dios los ha escrito en su cultura, a fin de que dondequiera que vayan, recuerden su estatus distintivo y su llamado a ser santos.

Ahora bien, ¿necesitamos obedecer estas leyes? ¿Necesitamos prestar atención a lo que comemos, tocamos, etc., para ser santos o para acercarnos a Dios? Hablaremos de ello en unas pocas semanas, así que no hay necesidad de responder completamente esto hoy. Pero, en resumen, no. No somos la nación-estado de Israel bajo el antiguo pacto. No estamos llamados a ser una nación político-geográfica diferente de las otras naciones. Toda la ley se cumplió en Cristo. Y estas leyes en particular se cumplieron en Cristo de tal manera que ya no pueden gobernarnos. Dicho esto, también debemos ser un pueblo especial, apartado por y para el Señor. La iglesia está llamada a ser santa por la misma razón que Israel. Israel llevaba el nombre de aquel que los rescató de Egipto y de la esclavitud. Y al igual que ellos, ¡nosotros proclamamos con nuestras vidas las glorias de aquel que nos ha rescatado de la esclavitud del pecado y la muerte!*

«14 Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo» (1 Pedro 1:14-16).

16:1-34: El día de la Expiación

Ese fue el código de santidad. Pero notarás que hemos saltado la sección intermedia, la sección de la «gracia», de nuestro bosquejo tal como lo expuse al inicio de la clase. Ahí es donde nos enfocaremos ahora. En el capítulo 16, encontramos una ceremonia anual para los israelitas. Se llama el día de la Expiación. Un día del año en que Dios proveería una forma de cubrir  —expiar— los pecados de todo el pueblo, y la nación volvería a ser santa.

Ya hemos visto que los sacerdotes diariamente hacen sacrificios por todo tipo de pecados. ¿Pero y la reconciliación? ¿Se provee algún medio para que el pueblo se reconcilie con Dios después de haber pecado? No. Y es ahí cuando aparece el día de la Expiación. La reconciliación requerirá el sacrificio de un sustituto y la oración en nombre del pueblo. Entonces, ¡el sumo sacerdote se dirigirá al pueblo con la alegre declaración de que sus pecados han sido expiados y de que ahora el pueblo ha sido reconciliado con Dios! Veamos el día de la Expiación.

Mira Levítico 16:2: «Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio».

El Lugar Santísimo era la parte más interna del Tabernáculo. Era donde moraba la mismísima gloria de Dios. ¿Por qué moriría a Aarón si entraba allí? La gloria de Jehová lo destruiría a causa de su pecado. Así que el sumo sacerdote no podía simplemente entrar cuando quisiera. Ve los versículos 3-6:

«Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto. Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto. Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa».

En primer lugar, Aarón debe expiar sus propios pecados. Versículo 11. Solo con un sacrificio de expiación puede entrar al Lugar Santísimo. Pero todavía tiene que hacerlo muy cuidadosamente. Mira los versículos 12-13:

«Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera».

¡El humo debía cubrir la gloria del Señor para que no arremetiera contra él y lo consumiera!

Ahora que sus propios pecados han sido cubiertos, puede comenzar su rol como representante del pueblo e interceder por él. Primero, llevará dos machos cabríos a la entrada. Uno se usará como ofrenda por el pecado de toda la nación. Versículo 15. Luego, los versículos 16-19 muestran que la sangre de la ofrenda por el pecado es para purificar el Lugar Santísimo, el Tabernáculo y el altar que están contaminados por el pecado del pueblo.

A continuación, Aarón lidiará con el chivo expiatorio. Mira los versículos 21-22: «21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto».

Esta era una parábola visualmente ponderosa. El pueblo vería todos sus pecados ser transferidos a la cabeza de este macho cabrío, y verían como sus pecados eran, metafóricamente, borrados, ¡para nunca más ser vistos!

Este ritual debía realizarse una vez al año. Todos los años. Como lo dice el versículo 30, es un estatuto eterno.

Era un día formal y solemne. Y al mismo tiempo, una ocasión para celebrar, ya que en ese día todos los pecados de la nación eran perdonados, y el pueblo era reconciliado con Dios. Todavía es un día muy importante en el calendario judío. Se llama Yom Kipur.

Ahora bien, ¿por qué te expliqué todos esos detalles? Bueno, piensa. Tener que hacer todo eso. Toda esa sangre. Un proceso tan tedioso año tras año. Es genial que los pecados sean perdonados, pero todo tendría que volver a hacerse el año siguiente. La sangre está por todas partes, y todos tienen que venir a verlo. ¡Cuán serio Dios debe tomar el pecado! Todo esto pone en relieve la santidad de Dios, la pecaminosidad del pueblo y la gracia de Dios. Y todo esto resalta que realmente no funciona. Ve a Hebreos, capítulo 10:

«1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados».

El autor de Hebreos continúa, explicando que los sacerdotes realizaban sus deberes una y otra vez, porque el problema del pecado nunca se resolvía. ¿Pero Jesús? «12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados».

Su obra, como dijo en la cruz, está CONSUMADA. ¡Somos justificados en él!

Entonces, ¿por qué el día de la Expiación es la pieza central del libro de Levítico? Porque la ley nunca tuvo la intención de ser algo que cualquier persona, excepto Jesús, cumpliría perfectamente. Estaba allí para mostrarnos nuestra necesidad de un Salvador. Y el día de la Expiación era la expresión más clara de eso.

Conclusión y aplicación

El llamado a ser santos es serio, y lo escuchamos con gran sobriedad. Pero lo escuchamos como personas que son conscientes de su pecado, necesitadas de una expiación eterna. Esperamos que Jesús establezca nuestra posición ante el Señor. Nunca alcanzaremos el perfecto estándar de la santidad de Dios de este lado del cielo y, por tanto, necesitamos al Señor Jesucristo; necesitamos el evangelio. Entonces, por la gracia de Dios, podemos vivir vidas distintas, vidas de fe y obediencia.

Señalemos dos aplicaciones antes de culminar. En primer lugar, siente el peso del pecado. Si hay algo que queda claro en el libro de Levítico, es que nuestro pecado tiene consecuencias inmensas, y solo puede tratarse correctamente  mediante el derramamiento de sangre. Y ten en cuenta, como leímos en Hebreos, que incluso todo esto nunca solucionó completamente el pecado. Todos los sacrificios y regulaciones, todas las advertencias y prohibiciones, todos los mandatos que se encuentran en este libro tienen un solo propósito. Acercarnos a la provisión de Dios por nuestro pecado. Finalmente, ¿cuál es la provisión? ¡El sacrificio de Jesús en la cruz! Anímate una vez más por el autor de Hebreos:

«19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió».

En segundo lugar, si eres cristiano, ¡espera el día en que todo el pecado haya terminado y seamos libres para a adorar a Dios en perfecta santidad por toda la eternidad! La revelación de Juan cierra con un conmovedor relato de este día futuro:

«1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».

¡Esta es nuestra gran esperanza! Sí, nuestro pecado es grande y costoso, pero no es para siempre si conocemos a Cristo. Es una carga pasajera que ha sido expiada por nuestro gran sumo sacerdote. Llegará el día en que todo será hecho nuevo. Cuando tú y yo cantaremos las glorias de Dios cara a cara con nuestro Creador. ¡Porque él ha quitado todas las barreras, todos los obstáculos, todo el pecado! Vive con alegre expectativa de este día y ora para que Dios te guarde y sostenga a fin de que todos podamos estar juntos una vez más en la eternidad.

Oremos.

 

[1] Entre el primer mes del año (Ex. 40.1, 34-35; Lv. 1.1) y el segundo mes del año (Nm. 1.1) después del éxodo de Egipto.

[2] Como ayuda práctica, te animo a tomar nota de los siguientes pasajes claves para estudios posteriores:

  • Lv. 17.11: «Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona».
  • Lv. 20.7-8: «Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico».
  • Lv. 16:30 Yom Kipur —el día de la Expiación— es el día más importante en el calendario hebreo porque: «en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová».

* Así que el llamado a ser santos permanece, simplemente se manifiesta de una manera diferente a la luz de lo que Jesús ha hecho, como él mismo dijo: «¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre» (Marcos 7.18-23).

Verás, la intención nunca fue establecer un estándar legalista que cualquiera pudiera cumplir por pura fuerza de voluntad, sino recordar a los israelitas cómo ellos eran diferentes. Ahora que el Mesías prometido ha venido, el principio es el mismo, pero la manifestación es distinta. Tenemos cosas como el bautismo y la Cena del Señor que nos recuerdan nuestra singularidad y obligación especial de ser éticamente rectos. Así, nos enfocamos en nuestro corazón y cuidamos de él, a fin de poder ser diferentes en áreas tales como: malos pensamientos, inmoralidad sexual, robo, asesinato, adulterio, codicia, malicia, engaño, lascivia, arrogancia y locura.