Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 5: Éxodo 20-40

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 5: «Dios habita entre su pueblo» Éxodo 20-40


Introducción y contexto

Bienvenido nuevamente. La semana pasada iniciamos Éxodo; esta semana esperamos terminarlo. A modo de contexto, todavía seguimos a mitad del siglo XV a. C., y Moisés sigue siendo nuestro autor. Jehová acaba de rescatar a su pueblo de una brutal esclavitud en Egipto a través de grandes señales y maravillas, juzgando a Egipto en el proceso. En todo, Jehová hizo que su nombre fuera exaltado en toda la tierra. Ahora el pueblo va rumbo a una tierra prometida a sus antepasados hace muchos años. En el camino, llega a un lugar llamado: «monte Sinaí», donde deben adorar a Jehová antes de ir más lejos.

En el alcance del gran plan de redención de Dios de redimir un pueblo para sí de todas las naciones del mundo y regresar al mundo a su estado edénico original, nos encontramos en un verdadero momento cumbre. Tan pronto como se comete el primer pecado, Dios promete enviar un Salvador. Luego, vimos que promete a un hombre, Abraham, que el Salvador prometido sería uno de sus descendientes.

Bien, es en la sección de la Escritura de hoy que veremos a los descendientes de Abraham convertirse en una verdadera nación. Están a punto de recibir leyes y una religión nacional. La recreación de la humanidad progresa lentamente, ¡y Dios empieza a habitar nuevamente en medio de su pueblo!

Tema

Una oración temática para la segunda mitad de Éxodo podría ser así:

Dios está estableciendo los términos del pacto para dirigir a su pueblo en cómo deben vivir en comunión con él, puesto que ahora habitará entre ellos.

En esta parte de la Palabra de Dios, veremos las reglas del pacto según las cuales Israel debía vivir. Y también veremos la construcción de algo llamado «el Tabernáculo», donde estaba la presencia de Dios. En todo esto veremos lo mal que el pueblo cumplió los términos del pacto (las leyes), y la respuesta de Jehová a ellos como infractores del pacto. De nuevo, bíblicamente hablando, un pacto es una unión inviolable entre dos partes que, si se mantiene, trae gran bendición, pero si se quebranta, trae maldición. En estos capítulos, Jehová dará los términos del pacto a su pueblo. ¿Hará Jehová cumplir toda la ira de la maldición del pacto en caso de que lo rompan? Tendremos que verlo.

Ahora bien, en esta segunda mitad del libro hay numerosas leyes. Pero en esta clase, hablaré acerca de la gracia. En un momento verás por qué. Pero primero, por un momento quiero que reflexionemos en esos dos conceptos. ¿Por qué necesitamos entender la ley de Dios para poder entender la gracia de Dios? 

Estructura

Es importante inicialmente tomemos unos minutos para hablar acerca de la estructura de la segunda mitad de Éxodo, porque eso brindará un esquema básico para nuestro tiempo. En los capítulos 20 al 23 de nuestro texto, tenemos los Diez Mandamientos, o el Decálogo como algunas veces es llamado, junto con mandamientos adiciones y regulaciones respecto a la sociedad, la moral y el calendario religioso del pueblo de Dios. Estos cuatro capítulos, que presentan las obligaciones del pacto de Israel, actúan como prólogo de la segunda mitad del libro.

Ahora bien, aquí es dónde la estructura se vuelve interesante. Los capítulos 24 al 40 fueron escritos usando una técnica literaria llamada quiasma. Un quiasma es una estructura que se encuentra comúnmente en textos del mundo antiguo, en los cuales importantes conceptos o ideas se ubican en un orden simétrico para hacer énfasis. El quiasma en los capítulos 24 al 40 de Éxodo es especialmente notable porque nos presenta, justo aquí al comienzo del Antiguo Testamento, una hermosa imagen del evangelio. Ve la parte posterior de tu folleto y permíteme explicarte.

La sección 2—que cubre los capítulos 24— trata acerca del propósito final del pacto: la comunión con Dios. Luego, la sección 3 explica cómo sucederá eso; da las instrucciones para la edificación del Tabernáculo, donde habitará Dios con su pueblo. Pero más adelante, la sección 4, capítulos 32 al 34, pone a prueba el pacto. En el capítulo 32, el pueblo peca. En el capítulo 33, Dios muestra su gracia. En el capítulo 34, de forma bastante inesperada, Dios renueva el pacto incluso después de la rebelión del pueblo. Y luego seguimos trabajando para salir del quiasma, con cada sección paralela a la de arriba. La sección 5 es paralela a la sección 3, debido a que describe la construcción del Tabernáculo. Después en la sección 6 vemos que se cumple la promesa de la sección 2, cuando la presencia de Dios entra en el Tabernáculo.

Sin embargo, en un quiasma, la parte más importante está en el medio. El «punto crucial» del asunto, por así decirlo. Entonces, ¿qué hay en medio de esta sección de leyes, desobediencia y castigo? Está el capítulo 33: la gracia. La pieza central del evangelio en el punto decisivo de esta segunda mitad de Éxodo. En nuestro recorrido por la segunda mitad de Éxodo, hablaremos acerca de cada parte del quiasma de forma más detallada. Y al hacerlo, espero que podamos quedar aun más asombrados por la gracia de Dios para nosotros en Cristo, mostrada aquí en Éxodo.

Éxodo 20-23: Obligaciones del pacto

Vayamos directo al texto, empezando con el prólogo. Ve al capítulo 20. Ahora leamos la ley que Jehová le da al pueblo en el monte Sinaí.

«Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

No tendrás dioses ajenos delante de mí.

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Acuérdate del día de reposo para santificarlo.

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo[c] y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No hurtarás.

16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. 19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. 20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. 21 Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios».

Muy bien, necesito aclarar algunas cosas si vamos a entender esta ley en la economía de la gracia de Dios. Recuerda, las promesas de Dios para Abraham se están cumpliendo aquí, esas promesas fueron pura gracia. Un don. ¿Por qué da Dios estos mandamientos a su pueblo, cuando el pacto ya había sido hecho con Abraham por gracia?

Bueno, recuerda que en el huerto del Edén, el plan de Dios era reflejar su gloria y belleza a y por medio de sus criaturas. Aprendimos de Génesis 12 al 50 que él iba a hacer eso a través de un pueblo en particular. Sin embargo, aunque Abraham, Isaac y Jacob recibieron la promesa de Dios, eran igual de pecadores —probablemente más pecaminosos—, que Adán y Eva. Y eso nos lleva al monte Sinaí.

Entonces, ¿por qué se añadió la ley a la promesa de Dios para Abraham? Dos razones. La primera. ¿Recuerdas Éxodo 19:6? Vuelve allí. Dios quería tener «un reino de sacerdotes, y gente santa». Ese es lenguaje de la creación. Esa es la humanidad reflejando a Dios.

Pero mira de nuevo el versículo 5: ellos solamente cumplirán este propósito y serán este pueblo si le obedecen completamente y mantienen su pacto. Dios parece estar diciendo: «Si guardan mi palabra, si guardan mis mandamientos, entonces me representarán correctamente una vez más. ¡Les doy la ley como un modelo de lo que es esto significa!».

En otras palabras, el primer propósito de la ley es revelar quién es Dios. El pueblo necesitaba ser orientado en cómo reflejar al Creador.

De acuerdo, pero la ley es transgredida, ¿no es así? ¿Cómo encaja todo eso en esto? En Gálatas 3 (versículos 17-19), leemos algunos aspectos importantes para esta pregunta.

  • En primer lugar, vemos que la ley de ninguna manera reemplaza el pacto misericordioso de Dios que había hecho con Abraham. Incluso cuando el pueblo de Dios quebranta la ley, Dios nunca rompe su promesa de gracia a Abraham.
  • En segundo lugar, la ley se añadió por causa de nuestro pecado. Está ahí para mostrarnos nuestro pecado a fin de que corramos al Dios Salvador.

Quiero asegurarme de que esto quede muy claro. Primero está la promesa. Luego la ley. ¿Por que se añade la ley a la promesa? En primer lugar, como vimos en Éxodo 19, para cumplir los propósitos de Dios de revelar su carácter. Pero en segundo lugar, como aprenderemos más adelante en el Nuevo Testamento, la ley aparece debido a la transgresión; porque a través de la ley tomamos conciencia de nuestra necesidad de un Salvador.

Aquí hay dos razones, entonces, de por qué se añadió el pacto de la ley al pacto de la gracia.

Es necesario aclarar un último punto con respecto a la ley. Y es este: Los israelitas no eran salvos por cumplir la ley. Al contrario, notarás que Éxodo 20:2 dice que los Israelitas ya eran salvos de su esclavitud antes de que recibieran la ley. Nunca nadie ha sido salvo por guardar ningún tipo de ley. La salvación siempre ha sido por gracia a través de la fe.

Aquí la aplicación para nosotros debería ser obvia: no uses la ley como un medio para establecer tu propia justicia, como si Dios fuera a aprobarte si logras cumplirla lo suficientemente bien. En cambio, ¡usa la ley para recordar tu propia pecaminosidad y acercarte a Cristo! Luego, esfuérzate, por la gracia y la fortaleza que Dios provee por medio de su Espíritu, en cumplir la ley no para establecer tu propia justicia, sino para reflejar a Dios con más exactitud al mundo.

Éxodo 32-34: La desobediencia del pacto y la gracia del pacto

Después de haber visto el prólogo, que presenta la ley de Dios, profundicemos en el quiasma. Empecemos desde el centro hacia afuera. ¿Cómo le fue al pueblo al intentar mantener este pacto? Ve al capítulo 32, un capítulo no muy alegre. Mientras Moisés estaba arriba en la montaña recibiendo los Diez Mandamientos, esto es lo que estaba ocurriendo abajo, mira el versículo 1: «Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido». Bueno, ¡allí van los mandamientos 1 y 2!

¿Cómo responde Dios a esta deslealtad del pacto? Mira los versículos 7-10.

«7 Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande».

¡Está a punto de repudiarlos! ¿Puedes ver que ya no los llama «mi pueblo», sino que dice a Moisés: ellos son «tu pueblo».

Pero observa lo que hace Moisés. Moisés es verdaderamente un modelo de Cristo aquí. Ve los versículos 11-13.

« 11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre».

Moisés intercede por el pueblo. Y mira a lo que apela Moisés en Dios: el deseo de Dios por su propia gloria. ¿Lo ves? Lee nuevamente el versículo 12. Él no quiere que las demás naciones vean las acciones de Dios como evidencia de que Dios es malo. Y observa el versículo 13. Moisés apela a la fidelidad de Jehová y a la fiabilidad del pacto. Él dice: «¡Mantén tus promesas! ¡Hazlo por amor a tu nombre!».

Dios escucha y responde las oraciones que se centran en él. Vemos eso en el versículo 14 y en los siguientes versículos. Él muestra su gracia a los israelitas. Y notarás en el versículo 14, que vuelven a ser llamados «pueblo de Dios».

¿Hay consecuencias? Definitivamente. Pero Dios es misericordioso y su plan de redención continúa. En el capítulo 34 leemos que Dios ha renovado el pacto con el pueblo, a pesar de lo que ellos habían hecho, y les da nuevas tablas de piedra con los Diez Mandamientos tallados en ellas.

Antes de pasar a la siguiente sección, creo que también es importante señalar, incluso si es brevemente, el intercambio entre el Señor y Moisés en el capítulo 33, versículos 12 al 33. Aquí aprendemos que para Moisés, el pacto no es simplemente un montón de reglas que se deben cumplir para poder recibir bendiciones. Al contrario, a Moisés le preocupaba que el pueblo de Israel y él tuvieran una relación con Dios. Mira los versículos 15-16. Moisés no quiere que Israel siga avanzando a menos que Dios esté con ellos.

Conocer, amar y disfrutar la comunión de Dios están en los planes de Moisés. Si ese no es nuestro objetivo, entonces todo esto es un aguaje. La iglesia, los estudios bíblicos, el evangelio, etc., no son solo artefactos religiosos que nos brindan aceptación social, nos hacen sentir más piadosos, eliminan el estrés del mundo u ordenan nuestras caóticas vidas. En cambio, son instrumentos para llevarnos al mayor bien: conocer, amar y disfrutar a Dios,  y al resto de su pueblo, por la simple razón de que son exactamente eso, ¡su pueblo!

Pero todavía no terminamos con la petición de Moisés. Lee el versículo18: «Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria». La gloria de Dios es la manifestación de toda su perfección y belleza interior, la realización completa de su deslumbrante brillo en lo que él es. Moisés quiere ver eso. No obstante, mira lo que Dios responde. Para resumir: «No puedes ver mi rostro, Moisés, no puedes ver todo el reflejo de mi santidad, belleza, perfección y resplandor. No puedes ver toda mi gloria. Eres un pecador, ¡te destruiría!». Entonces, ¿cuál es la solución de Dios, a fin de poder conceder al menos una parte de la petición de Moisés? Él protege a Moisés de la explosión de su gloria colocándolo en la hendedura de una roca.

Así es como finalmente veremos que con la muerte de Cristo en la cruz, Dios está preparando un camino para estar con su pueblo, mientras los protege de la sagrada efusión de su gloria contra sus pecados. 

Éxodo 25-31 y Éxodo 35-40:1-33: Instrucciones y construcción de un pacto 

El lugar de encuentro

Ahora bien, hablando de la gloria de Dios y de cómo ocasiona un problema para un pueblo pecaminoso, hagamos del «Tabernáculo» nuestra próxima vinculación en el quiasma. El Tabernáculo era una tienda de campaña que Jehová ordenó a su pueblo que la construyera, para que pudiera habitar entre ellos aunque eran pecadores. ¿Cómo puede Jehová habitar entre su pueblo e «ir con ellos», como pidió Moisés, si eran pecaminosos? Bueno, el Tabernáculo ofrece la solución. En estos importantísimos capítulos que describen el Tabernáculo y su adoración, se nos señala hacia atrás y hacia adelante en la historia bíblica cuando se responde a esta pregunta.

Primero, se nos señala hacia atrás:

Hacia atrás

El Tabernáculo se presenta en estos capítulos como una reconstrucción de Edén. Veamos cómo:

Observa las semejanzas entre este relato y el relato de la creación.

  • La estructura. El relato de la creación en Génesis está estructurado alrededor de 7 actos de la creación, cada uno marcado por la declaración: «Y Dios dijo». Aquí, lee cuidadosamente y encontrarás siete «actos» de la construcción del Templo, cada uno marcado por: «Y Jehová dijo».
  • Abre el capítulo 5 y ve conmigo a las siguientes citas: Éxodo 25:1, 30:11, 17, 22, 34;

31:1, 12 —Dios habla, y el Tabernáculo, su presencia, debe ser construido. El Tabernáculo es la reconstrucción de la buena creación de Dios.

  • Descripciones. El Tabernáculo se asemeja a Edén en que contiene:
  • Oro puro (Gn 2:12; Ex. 25:3)
  • Piedras preciosas (Gn 2:12; Ex. 25:7)
  • Querubines (Gn 3:24; Ex 25:18)
  • El día de reposo. Aquí hay otro paralelismo.
  • El cierre del relato de la creación en Génesis 1-3 es un recordatorio de que Dios descansó en el día de reposo.
  • La última instrucción en el relato del Tabernáculo es cumplir el día de reposo (Ex. 31:12-18).
  • La evaluación de Dios
  • Al final del relato de la creación: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Gn. 1:31).
  • Después de haberse construido el Tabernáculo, Moisés «vio toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado» (Ex 39:43).
  • La Caída
  • La creación en Génesis 1 y 2 es seguida por la caída de Génesis 3 donde Adán y Eva desobedecen el mandato de Dios.
  • Inmediatamente después del capítulo 31… ¿qué viene? Otra «caída». Éxodo 32, Israel adora al becerro de oro y desobedece la orden de Dios.

Una y otra vez, Dios le dice a Moisés que el Tabernáculo debe ser construido según el patrón que él le había mostrado. El Tabernáculo debía ser un modelo del paraíso edénico, de su morada celestial. Dios estaba creando un lugar donde habitaría con su pueblo.

Hacia adelante

Sin embargo, pensemos en estos capítulos a la luz de lo que se aproxima. Enfoquémonos en el capítulo 29, un capítulo revelador y, francamente, asombroso en el que Dios establece cómo estos sacerdotes deben ser consagrados y explica la función y el propósito del Tabernáculo. Aquí se aborda la pregunta perseverante en este momento de la narrativa Bíblica: ¿Cómo puede un pueblo pecaminoso habitar en la presencia de un Dios santo? Veamos siete descripciones en este capítulo.

  1. Mira el versículo 38. Esta ofrenda es para hacer expiación por los pecados. El versículos 36 y otros lugares en el Antiguo Testamento dejan en claro que los sacrificios se hacen para expiar los pecados. ¡Y observa que deben ser ofrecidos continuamente!
  2. Mira el versículo 42. «Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí». Es solo por medio del perdón de los pecados que alguien puede encontrarse con Dios.
  3. También verás en el versículo 42, que el Tabernáculo es el lugar dónde Moisés recibe revelación de Dios.
  4. Ve el versículo 43. «Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria». El Tabernáculo es el lugar dónde Dios se encuentra y reconcilia con su pueblo.
  5. El versículo 43 también nos dice que el Tabernáculo es santo porque allí está la presencia de la gloria de Dios.
  6. Mira el versículos 45. «Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios».

Y finalmente, el versículo 46. «Y conocerán que yo soy Jehová su Dios». El propósito de Dios es ser conocido, en toda su belleza, gloria y poder.

Estas siete realidades que describen a los sacerdotes y la función del Tabernáculo deberían ser familiares para nosotros. Jesús hace cada una de éstas.

  1. Jesús hizo expiación por los pecados, una vez y para siempre.

Hebreos 9:26 [Jesús] apareció de una vez por todas al final de los tiempos para borrar el pecado por su sacrificio.

  1. Es a través de esta expiación por los pecados, que solo se encuentra en Jesús, que cualquiera puede venir al Padre. Juan 14:6: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí».
  2. Jesús es la revelación absoluta de Dios, el lugar donde aprendemos más sobre él.

Hebreos1:2  «en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…».

  1. Dios se encuentra y reconcilia con su pueblo en Cristo.

Romanos 5:11 «…también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación ».

  1. Jesús es la manifestación de la gloria de Dios.

Juan 1:14 «…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad». Jesús es Dios en un cuerpo físico, habitando entre su pueblo.

Colosenses 2:9  «…Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad…».

  1. Solo por medio de Jesús alguien puede conocer a Dios.

Juan 14:7 «Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto».

Entiendes el punto, ¿cierto? El Tabernáculo es un hermoso cuadro de cómo Dios condesciende para estar con su pueblo. Ellos no merecen tal bendición. Pero Dios lo hace. Y todo apunta a una revelación aun mayor de Dios, un acceso incluso más inmediato a Dios, el Señor Jesucristo.

Éxodo 24 y Éxodo 40:34-38: La ceremonia del pacto y la presencia de Dios

Cerremos nuestro tiempo con una nota de optimismo, con el clímax del libro de Éxodo. En Éxodo 24, Moisés, Aarón y otros hombres importantes de Israel confirman su pacto con Dios en una elaborada ceremonia y Dios habita con ellos. Entonces, Moisés sube al monte Sinaí y sigue teniendo comunión con Dios. Sin embargo, Dios aún no habita entre el pueblo, porque todavía no hay un tabernáculo, y las personas aún no son aceptables para un Dios santo.

Pero en Éxodo 40: 34-38, el espejo del capítulo 24, Moisés intercede por el pueblo y se construye el Tabernáculo. Entonces, todo empieza a tener sentido.

«34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. 35 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. 36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37 pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38 Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas».

Finalmente, Dios vuelve a habitar en medio de su pueblo como lo hizo en el huerto del Edén. El plan de redención aún no está terminado. Sin embargo, vamos bien encaminados aquí al final de Éxodo.  

Aplicación

Ya hemos pensado en algunas aplicaciones hoy, pero antes de irnos, deberíamos hacer una observación más obvia, pero absolutamente crucial. Todas las páginas de las Escrituras están llenas del evangelio de la gracia.

Al igual que los israelitas, somos pecadores que no podemos tener comunión con un Dios santo sin un Salvador, y eso es exactamente lo que Dios nos ha provisto en Jesucristo. Permite que Éxodo y la historia de Israel y su desobediencia del pacto, y la historia de la gracia de Dios y la fidelidad del pacto te lleven a la desesperación de tus pecados y a aferrarte a la cruz de Cristo esta semana con un corazón lleno de alabanza a este Dios santo, cuya gloria como dice el texto: «llenó el Tabernáculo». Deja que tu oración sea igual a la de Moisés en la montaña: «Dios, muéstrame tu gloria». Y luego alábale por cómo nos ha mostrado su gloria en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo en nuestro nombre.

 [OREMOS]