Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 26: Hageo, Zacarías y Malaquías

Artículo
20.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 26: Hageo, Zacarías y Malaquías


Introducción

¡Bienvenido a la última semana del seminario básico «Panorama del Antiguo Testamento»! Pese a lo emocionante que es eso, por supuesto, realmente nos encontramos a mitad de nuestra meta. Nuestro objetivo es ver la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la imagen de Jesucristo, y es en el Nuevo Testamento donde esa luz brilla más intensamente. No obstante, la gloria de Cristo brilla de manera diferente en el Antiguo Testamento, ¿no es así? Tal vez menos brillante, pero con más textura. Y este trasfondo es fundamental para comprender por completo el Nuevo Testamento. Así que hoy, terminaremos con Hageo, Zacarías y Malaquías (los últimos tres Profetas Menores). Y te advierto, a pesar de algunas imágenes sorprendentes de la restauración final de Dios en estos libros, también hay algunos temas bastante deprimentes. Como hemos estado diciendo, está claro que aunque los exiliados han regresado a la tierra, nada parece haber cambiado. El exilio espiritual continúa. Hageo acusa al pueblo de tener prioridades trágicamente desviadas. Zacarías describe pecados sociales significativos. Y Malaquías señala la enseñanza corrupta, el divorcio, la hipocresía y la inmoralidad tanto en los sacerdotes como en el laicado. El exilio físico ha terminado, pero el verdadero exilio continúa. ¿Entonces, qué vamos a hacer? Empecemos con Hageo.

HAGEO 

Contexto 

¿Alguien recuerda el primer trabajo de los judíos cuando regresaron de Babilonia? [Reedificar el templo] ¡Sí! Y dos años más tarde, en el año 536 a. C., comenzaron ese proyecto. Luego, vimos en Esdras que, después de superar la oposición de sus vecinos, reanudaron el proyecto en el año 520 a. C., y terminaron cuatro años más tarde. Pero eso no cuenta toda la historia[1]. ¿Qué sucedió en esa brecha de 16 años? Bueno, esa resistencia de las naciones circundantes realmente impidió cualquier reedificación en cualquier lugar de Jerusalén. Entonces, cuando se resolvió el problema y el pueblo pudo reanudar la reedificación, se alejaron de la reedificación del templo para concentrarse en la reedificación de sus propias casas. Y ese es el contexto de Hageo. Mira el capítulo 1, versículo 4.

«¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?».

El versículo 5 nos da una idea del contexto histórico redentor.

«Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos».

El pueblo tiene una gran oportunidad para reedificar el templo. ¡Solo piensa en todo lo que eso significa para su religión y el plan de redención de Dios! Pero ellos solo dicen: «Eh, eso puede esperar. Es más importante invertir nuestro tiempo y dinero en nuestras casas». Por esa razón, Yahveh les dice: «Consideren sus caminos». En otras palabras, fíjense en lo que dicen sus acciones acerca de ustedes. El pueblo puede haber regresado de Babilonia, pero sus corazones todavía están en el exilio. La opresión del enemigo mundano puede haber terminado. Pero la opresión del pecado y el egoísmo persiste.

Tema

Con eso, llegamos al tema de Hageo, y vemos lo que Yahveh hará en este momento en la historia redentora:

Yahveh está transformando los corazones de su pueblo para que busquen su gloria y le agradezcan al reedificar su templo, que sirve como un modelo de la mayor gloria del templo del fin de los tiempos venideros. 

Esta transformación de los corazones del pueblo se ve en contraste con su anterior búsqueda de sus propios placeres egoístas en la edificación de sus casas. Y el modelo, la prefiguración de Cristo, que vemos aquí se refiere tanto a los corazones cambiados como al templo. Los corazones transformados del pueblo prefiguran el día en que todo el pueblo de Dios tendrá corazones nuevos, tal como lo había profetizado Jeremías (Véase 31: 31ff). Y el templo apunta hacia una morada más perfecta de Dios con el hombre.

Primer oráculo

Entonces, entremos al libro. Hageo en general se divide en cuatro oráculos. El primero es el sermón de Hageo para el pueblo. Mira los versículos 7-8.

«Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová».

Yahveh les dice que piensen y luego actúen. Y observa también que Yahveh dice que su motivación debe ser su placer y gloria. Últimamente habían estado complaciendo y glorificándose a sí mismos. Y esto aplica a nosotros también. Recuerda el mandato de Jesús de que debemos dejar que nuestra luz brille ante los hombres para que puedan ver nuestras buenas obras y glorificar, no a nosotros, sino a nuestro Padre celestial (Mateo 5:16).

Bueno, alabado sea Dios, la profecía de Hageo fue recibida con arrepentimiento, y 23 días más tarde (1:15) inicia el trabajo en el templo.

El segundo oráculo de Hageo llegó menos de un mes después, en octubre del año 520 a. C., cuando se celebraba la Fiesta de los Tabernáculos. La misma fiesta celebrada cuando el templo de Salomón fue dedicado. Ahora, en este momento, quedaría claro que este templo no sería como el de Salomón. Ve al segundo oráculo de Hageo, capítulo 2. Y Dios realmente parece restregarlo. Versículo 3: «¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?».

¿Por qué Yahveh señala esto? Pasa al versículo 6:

«Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos».

¡Asombroso! Mientras su pueblo mira esta patética excusa de un templo, Dios dice que no solo será como el templo de Salomón, sino que incluso será mayor. Tan característico de estos últimos profetas. La realidad ha resultado decepcionante, inclusive dolorosa. Y, sin embargo, las promesas se hacen cada vez más grandes. ¿Qué sucede? Mantén ese pensamiento para el cuarto oráculo.

El tercer oráculo, los versículos 10 al 19 del capítulo 2, comienza con una pregunta acerca de la Torá y termina con un incentivo para el pueblo. El punto de gobernar sobre la cuestión legal (qué acciones consagrar y qué profanar) es que la santidad no es contagiosa. Es decir, simplemente trabajar en el templo no haría que el pueblo fuese santo. Pero la inmundicia era contagiosa. Es decir, la impiedad entre el pueblo de hecho contaminaría el templo. Un recordatorio de que sus corazones importaban más que sus acciones. Por supuesto, es en Jesús que vemos esto invertido. Cuando él toca la inmundicia, ya sea lepra, un espíritu maligno o incluso un cadáver, el proceso se invierte y su contacto cura, libera y resucita. Pero volviendo a Hageo. Este tercer oráculo termina en el versículo 19 con un incentivo que finalmente apunta a Cristo. Aunque el regreso del exilio hasta ahora no ha sido más que privaciones, a partir de este momento, ahora que las prioridades son las correctas, Dios bendecirá.

Y eso nos lleva al último oráculo del libro, 2:20-23. ¿Cuándo el templo realmente superará el de Salomón?

Pasa al versículo 23:

«En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos».

Zorobabel, como recordarás, era el gobernador judío de Jerusalén en ese momento. Así que la pregunta es: ¿Se edificará este nuevo gran templo durante su tiempo? ¿O es un símbolo de algo mayor en el futuro? ¿Cómo sabemos cuál es la intención de Hageo? Bueno, ¿alguien recuerda qué famoso israelita fue el antepasado de Zorobabel? [David] Correcto. Entonces, para entender lo que está sucediendo aquí, debemos recordar Jeremías 22:24-25. Donde Dios describe al antepasado de Zorobabel, Joaquín, como el anillo de sello que sacará y desechará. ¡Ah! Entonces, esta promesa en Hageo no trata tanto acerca del propio Zorobabel, sino de su linaje familiar. Ellos son reinstalados en las promesas de Dios. Todas esas viejas profecías acerca de la casa de David y el Hijo mayor de David aún se cumplirán a través del linaje de David. El linaje de Zorobabel. Y ese Hijo mayor que conocemos es el Señor Jesucristo. Hageo dice que este gran templo, mayor que todos los anteriores, se edificará en el tiempo del siervo escogido de Yahveh, Jesús. Y, como sabemos por el Nuevo Testamento, el templo que Yahveh edifica por medio de su Hijo no es un templo de piedra, sino un templo de personas. Pablo dice: «Nosotros somos el templo del Dios vivo» (2 Corintios 6:16) (LBLA). Pedro dice que Cristo es la piedra angular principal, y que: «Viniendo a Él como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (1 P. 2:4-5) (LBLA). Yahveh es el cr, Jesús es el fundamento, nosotros somos las piedras, y nuestro propósito como templo de Dios es traer gloria a Dios.

Por tanto, Hageo alienta el trabajo en el templo en su contexto actual. Pero más allá de eso, señala el cumplimiento final de esa obra cuando Dios edifica su nuevo templo —más grande que el de Salomón—, la Iglesia de Dios a través del hijo de Salomón, Jesucristo.

ZACARÍAS 

Contexto

Zacarías comparte el mismo contexto histórico que Hageo, comenzando su predicación solo unos pocos meses después de Hageo, y continúa profetizando mientras se completa el templo[2].

Aclarado el punto, el campo histórico redentor que llena Zacarías es ligeramente diferente al de Hageo. Zacarías explica qué significan los acontecimientos desde el regreso del exilio para el futuro y para las expectativas mesiánicas de la nación. Él toma la situación actual y la usa para representar un panorama del futuro.

Tema

El tema de Zacarías es este:

Yahveh ha restaurado las viejas formas de prefigurar y profetizar nuevas formas en el futuro: la gran restauración del exilio espiritual por parte del Mesías venidero. 

Zacarías está lleno de muchas visiones que realmente pueden confundir al lector. Pero si comprendes su contexto después del exilio, y su contexto histórico redentor como un tiempo de reconstrucción expectante, y si puedes ver su énfasis mesiánico, entonces esas extrañas visiones y profecías tendrán más sentido.

Hay tantas cosas que podemos ver en Zacarías. Pero quizá el mejor lugar para ir, dados nuestros límites de tiempo, es el capítulo 6. Ve allí conmigo. Esta es su profecía justo después de lo que se conoce como «Visión de la noche»: un rollo volador, una mujer en una canasta, un candelabro de oro y mujeres aladas, entre otros. Unas imágenes fantásticas. Nos saltearemos las imágenes dramáticas y nos lanzaremos directamente a alguna explicación en el capítulo 6, versículo 9.

«Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 10 Toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías. 11 Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac. 12 Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. 13 El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos. 14 Las coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jedaías y a Hen hijo de Sofonías, como memoria en el templo de Jehová.

15 Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios».

Muy bien, ¿qué quiere decir eso? Permíteme señalar algunas cosas. Observa en el versículo 11 que a un sumo sacerdote se le da una corona. Luego, al final del versículo 13, que el sumo sacerdote se sienta en un trono. Ahora bien, ¿a qué tipo de persona se le suele dar una corona y un trono? [Un rey] Pero este Josué es un sacerdote. ¿Qué significa? En el futuro, ¡el sumo sacerdocio y la realeza sobre el pueblo de Dios se combinarán en una sola persona! Nota también que esta persona se llama el «Renuevo» en el versículo 12, que es un título mesiánico[3]. Y finalmente, en los versículos 12-13, observa que Zacarías dice que este Rey Sacerdote mesiánico será quien edifique el templo del que acabamos de oír hablar en Hageo. Por supuesto, este es el Señor Jesucristo. Hebreos 5:5-6 dice: «Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec». Pero un poco más tarde en Hebreos 7:14, el escritor señala que David y sus descendientes pertenecen a la tribu de Judá, y nos recuerda: «porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio». El punto de todo es que el sacerdocio de Jesús es mayor que cualquier otro sacerdocio visto en Israel y que su realeza es para siempre[4].

Por tanto, estas dos corrientes paralelas en el Antiguo Testamento, la realza y el sacerdocio, convergen en el Mesías en la profecía de Zacarías. En la cruz, Jesús el Cristo sacrificó su propia sangre en forma sacerdotal, y propició la ira del Dios Todopoderoso, que se despertó por los pecados de su pueblo. Luego se levantó triunfante de la tumba para sentarse en un trono eterno, e invita a todos a acercarse e inclinarse con fe y sumisión ante este gran Rey Sacerdote[5].

Ahora, en caso de que pienses que este información en el capítulo 6 salió al azar, vale la pena destacar que los primeros ocho capítulos de Zacarías siguen una estructura quiástica suelta. Tal como vimos en el libro de Daniel. Como recordarás, el punto principal de un quiasma se encuentra en el medio, que es la sección que acabo de leer. Entonces, de muchas maneras, esta es la explicación de las visiones aparentemente confusas de antemano. La llamada «Visión de la noche» en los capítulos 1-6. Estos capítulos contienen escenas que se enfocan en algo restaurado después del exilio. Todos apuntan hacia este día en que el sacerdocio y la realeza se restablecen verdaderamente, ya que se combinan en el Gran Sumo Sacerdote y el Rey para siempre. Entonces, esta idea del Rey Sacerdote realmente resume los primeros ocho capítulos del libro.

Sin embargo, a partir del capítulo 9, el libro cambia a medida que se enfoca más intensamente en la redención final de Dios de su pueblo. Los enemigos del pueblo de Dios son juzgados, el pueblo de Dios es cuidado, y todo esto a través de una figura mesiánica en el centro de estos pasajes. Esta figura será humilde, montado en un burro (9:9). Pondrá fin a las guerras y proclamará la paz (9:10). Pero, 13:7, primero debe ser rechazado y oprimido. Después de su opresión, sin embargo, triunfará y se vengará de sus enemigos (14:3). El Señor será rey sobre toda la tierra, versículo 10. Incluso sus antiguos enemigos vendrán a adorarlo, versículo 16. Y todo su pueblo será santo para el Señor, versículos 20-21. Una mirada al futuro, por supuesto, a la segunda venida de Cristo.

Y aquí es donde Zacarías nos deja, esperando un momento más allá del exilio cuando venga el Rey Sacerdote. Y así es como Mateo apertura su evangelio, esperando que el exilio finalmente termine por completo con la venida del Rey Sacerdote para siempre. 

MALAQUÍAS 

Contexto

Malaquías vivió más o menos al mismo tiempo que Nehemías, a fines del siglo V a. C., aproximadamente un siglo después de Hageo y Zacarías. Su principal preocupación es la creciente secularización del pueblo de Dios. Sus corazones están inclinados hacia este mundo en lugar de Dios. Ahora que están de vuelta en la tierra y el templo ha sido reedificado, hay pereza y letargo espiritual.

Como sabes, Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento en tu Biblia. Y hablando históricamente, Malaquías es el último profeta antes de los 400 años de silencio de Yahveh entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. No habrá otro profeta verdadero hasta Juan el Bautista. Curiosamente, Malaquías profetizará acerca del ministerio de Juan el Bautista. Es casi como si Malaquías supiera que él es el último. En otras palabras: ¡«el día de Jehová, grande y terrible» no tardará! (4:5).

Tema

Este es el tema de Malaquías:

El pueblo de Yahveh está comenzando a alejarse de nuevo, por lo que Yahveh tendrá que visitarlos pronto.

Pero antes de que venga, enviará a su mensajero para preparar a su pueblo para el día de su venida.

Malaquías es un libro fascinante para examinar, en parte porque está estructurado en un estilo único que aún no hemos visto. El libro adopta la forma de seis disputas entre Yahveh y su pueblo, casi al estilo de una sala de audiencias cuando el pueblo primero arrastra a Dios al tribunal para acusarlo de incumplimiento de contrato (1:2: «¿En qué nos amaste?»). Pero Dios invierte los papeles y pronto se enfrentan a una corriente fulminante de acusaciones del Dios todopoderoso. Para ver dónde comienza y termina cada una de estas disputas, consulta el bosquejo en la parte posterior de tu folleto. Veamos algunos de estos discursos ahora.

Malaquías 1:10-14:

«10 ¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. 11 Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable. 13 Habéis además dicho: !!Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones».

Qué palabras tan poderosas de advertencia. El pueblo pensaba que podrían traer a los cojos de sus rebaños para sus ofrendas. Pensaban que cumplir con los formalismos del deber religioso era lo único que importaba. Pero Dios dice: «¿No saben que yo soy Gran Rey?». El pueblo de Dios no aprecia al Santo de Israel, solo una monotonía religiosa poco entusiasta y apática. ¿Cuántos de nosotros también somos reprendidos y desafiados por las palabras de Yahveh aquí?

Bueno, el pueblo de Dios no solo le ha fallado a través de una religiosidad vacía. Ha quebrantado el pacto tanto con él —2:11, adorando a otros dioses—, y entre ellos, a través de matrimonios rotos.

El pueblo acusa a Dios de injusticia, 2:17 («¿dónde está el Dios de la justicia?»). Y Dios responde que la justicia vendrá, ciertamente. «Pero», 3:2, «¿y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?». Ten cuidado con los llamados de justicia, porque todas nuestras vidas claman por juicio.

El pueblo de Dios le ha robado, 3:9, al no entregarle el diezmo completo. Palabras fuertes para aquellos de nosotros que no tomamos el dar en serio. Por cierto, ¿ves esa referencia en el versículo 8 a los «diezmos y ofrendas»? Lo que Dios exige no es simplemente el 10%. Es todo lo que al pueblo se le ordenó dar, que era mucho más que el 10%.

Y el pueblo dice palabras duras contra Yahveh, 3:13, diciendo que Dios no les da lo que quieren. Que no tiene sentido servirle.

¿Y la respuesta de Dios? Capítulo 4, versículo 1:

«1Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos».

Así que aquí estamos al final del Antiguo Testamento, y la ira de Dios arde intensamente. No obstante, su promesa a su pueblo continúa en pie. Y estamos tan confundidos como siempre acerca de cómo estos dos pueden llegar reconciliarse. Dios dice que su pueblo «saldrá y saltará como terneros del establo». Pero su pueblo parece incapaz de hacer nada más que atravesarle los ojos y escupirle en la cara.

Por supuesto, hemos visto muchos indicios de dónde descansará la solución. Ambos con nosotros: los corazones nuevos de Jeremías y los labios puros de Sofonías. Y con Aquel que hará estas cosas: el siervo sufriente de Isaías, el Rey Sacerdote de Zacarías, el Hijo del Hombre que viene con las nubes del cielo en Daniel 7. Un montón de pistas. Pero aún no hay progreso. Hemos visto la maldad del hombre rastreada y calculada desde la caída en Génesis 3. Hemos visto las promesas de Dios comenzar pequeñas —aplastar la cabeza de la serpiente—, pero siguen creciendo hasta convertirse en sorprendentes representaciones del futuro. Lo cual se destaca fuertemente contra una realidad cada vez más deprimente a medida que avanzamos hacia el final del Antiguo Testamento. El pueblo de Dios se está hundiendo en la inmoralidad, la idolatría y la oscuridad política. Esencialmente desapareciendo de cualquier mapa espiritual o político.

Y a pesar de todo, hemos visto la paciencia de Dios. Su increíble paciencia, mientras continúa sosteniendo su plan perfecto frente a un pueblo que merece todo lo demás.

El exilio físico se completa, los 70 años están listos. Pero el exilio espiritual continúa, y las setenta semanas de Daniel recién comienzan. Entonces, ¿dónde nos deja Malaquías, este último profeta?

Mira el capítulo 4, versículo 4:

«Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel».

Un mandato a ser fieles. Recuerda el principio de retribución inmediata de Crónicas. Dios continuará responsabilizando a cada generación por sus acciones, incluso en este patrón de espera al final del Antiguo Testamento.

Y el versículo 5:

«He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición».

Esas últimas palabras deberían darte escalofríos. ¿Dónde termina el Antiguo Testamento? Con una amenaza de «maldición». Descreación. Juicio completo. ¿Cuál es nuestro destino sin la misericordia de Dios? ¿Con las maldiciones de Génesis 3 llegando a su fruición final?

Sin embargo, esa señal de esperanza continúa. Un nuevo Elías viene a cambiar nuestros corazones. El mensajero del capítulo 3, versículo 1, prepara el camino antes de que Yahveh llegue en ese día grande y terrible.

Entonces, ¿dónde recogemos la historia en las primeras palabras del libro de Marcos? Citando Malaquías y luego Isaías. Marcos 1:3:

«Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas».

El Antiguo Testamento termina exactamente donde Génesis 3 nos deja. El pueblo no es mejor que Adán y Eva. No es más capaz de seguir a Dios en la bendición y la vida. No obstante, hemos aprendido mucho a lo largo del camino, la visión de la redención de Dios se ha vuelto tan clara; solo está esperando establecerse. Entonces, cuando un hombre menciona que Juan comienza a predicar y bautizar en Marcos 1:4 —este nuevo Elías—, sabemos que el tiempo de Dios ha llegado y que la salvación está cerca. Alaba a Dios por su fidelidad a sus promesas.

Oremos.

 

[1] Los ministerios de Hageo y Zacarías, y por qué son necesarios, solo se alude brevemente en Esdras 5:1-2.

[2] Las profecías de los últimos cinco capítulos no tienen fecha. Podrían haber sido entregadas/escritas después de que el templo se completó.

[3] 2 Samuel 23:5; Isaías 4:2; 11:1; Jeremías 23:5f; 33:14ff; Zacarías 3:8; Hebreos 7:14.

[4] También nos dicen estas cosas en el Salmo 110.

[5] La invitación a todos se ve en el versículo 15 donde dice que «los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo». Los que están lejos son las naciones gentiles que ahora también componen el pueblo de Dios junto con los judíos creyentes.