Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 24: Crónicas

Artículo
20.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 24: 1 y 2 Crónicas


Introducción

Piensa en una boda en la que ves una presentación de imágenes que cuentan la historia de una persona desde su nacimiento. ¿Qué obtienes de ellas? Bueno, más que solo algunas lindas fotos de bebé. Ellas resaltan lo que esa persona ha tratado de hacer con su vida. Y esa es una buena analogía para nuestro estudio de esta mañana. Hemos seguido el desarrollo del plan de redención de Dios a través del Antiguo Testamento hasta el exilio de Judá en Babilonia. La semana pasada, en el libro de Daniel, vimos al profeta Daniel regocijarse de que el fin del exilio estaba cerca. El día de hoy, llegamos a un libro que fue escrito después del exilio, cuando el pueblo había regresado a Jerusalén. Y este libro, el libro de Crónicas, funciona como una presentación gigante de todo el Antiguo Testamento. Llegando hasta Adam y centrándose especialmente en la monarquía, Crónicas es un recuento deliberado de la historia del pueblo. Es una gran retrospectiva, para ayudarlos a asimilar quiénes son ahora que el exilio ha terminado. Vamos a orar, y luego empezaremos. 

Contexto

Al igual que Samuel y Reyes, 1 y 2 Crónicas fueron originalmente un solo libro, y así es como los trataremos hoy. El nombre hebreo del libro se traduce como: «los acontecimientos de los días», es un registro histórico. Uno de los primeros padres de la iglesia, Jerónimo, lo llamó la «crónica» de la historia de Judá cuando tradujo la Biblia al latín, y el título se popularizó. No sabemos quién fue el verdadero cronista que compiló este libro. Algunos sugieren a Esdras, el sacerdote que estudiaremos la próxima semana.

Independientemente de quién sea el autor, el contexto histórico de cuándo lo escribió nos ayuda a comprender por qué lo escribió. Para tener una idea de este contexto, vayamos a 1 Crónicas 9:1-2, comenzando en la segunda mitad del versículo 1:

«1 Y los de Judá fueron transportados a Babilonia por su rebelión. Los primeros moradores que entraron en sus posesiones en las ciudades fueron israelitas, sacerdotes, levitas y sirvientes del templo».

Entonces, ¿nos encontramos durante o después del exilio? [Después] ¡Correcto! ¡Después de setenta años, han vuelto!

Y este hecho es clave para apreciar el mensaje del libro de Crónicas. Como recordarás, la historia de Israel era una de esperanza y tragedia. De esperanza en la promesa de Dios de que uno de los hijos de David gobernaría para siempre. Pero de tragedia al ver que rey tras rey no lograba vivir según los justos estándares de Dios. La tragedia parecía ganar, ya que las tribus del norte de Israel fueron exiliadas a Asiria en el año 722 a. C., para no volver jamás. Y cuando el reino del sur de Judá fue derrotado por Babilonia en el 586 a. C., Jerusalén y el templo fueron destruidos, y el pueblo enviado al exilio. Sin embargo, la esperanza no fue destruida por completo; un remanente fue preservado en Babilonia, y el linaje de David sobrevivió a través del rey Joaquín. Esdras y Nehemías, que estudiaremos la próxima semana, completan la historia mostrándonos lo que sucedió cuando el pueblo finalmente regresó a Jerusalén para reconstruir el templo y los muros de la ciudad.

¿Cuáles son algunas similitudes entre estas personas y nuestra situación como cristianos en la actualidad? [Una similitud clave: ambos vivimos en medio del cumplimiento «ya, todavía no» de las promesas de Dios.]

Propósito de Crónicas

Eso es todo el contexto. Pero antes de sumergirnos en Crónicas, debemos responder una pregunta importante que llega al propósito de este libro. ¿Por qué el autor vuelve a contar una historia que ya fue contada una vez en el Antiguo Testamento? Después de todo, gran parte de Crónicas coincide con los libros de 2 Samuel y 1 y 2 Reyes. La respuesta es que Crónicas se compiló con un propósito teológico diferente. Reyes se redactó durante el exilio, por lo que su principal preocupación es mostrar que Dios no rompió su promesa cuando permitió el exilio. Para el cronista, sin embargo, el exilio ha terminado. Su objetivo es hacer recordar al pueblo de la fe que Dios todavía tiene un futuro para ellos. Por tanto, el escritor omite las historias que fueron prominentes en Reyes, y presenta contenido que Reyes no tiene. Tiene un final diferente en mente.

Entonces, ¿cuál es su propósito? Bueno, mientras que Reyes trata acerca de por qué el pueblo tuvo que ir al exilio, Crónicas trata acerca de dónde está la esperanza del pueblo ahora que ha regresado. Ponte en sus zapatos por un momento. Eres parte de esta comunidad que regresó a Jerusalén. Tienes algunas preguntas importantes que responder, ¿no? Como: «¿La promesa de Dios de un Mesías sigue siendo válida? ¿Seguimos siendo su pueblo del pacto? ¿Dios todavía se preocupa por nosotros?». El propósito del cronista al volver a contar su historia es responder esas preguntas. Al igual que en una presentación de bodas, ha elegido cuidadosamente algunas fotos (es decir, viñetas históricas) para mostrarles quiénes son ahora que están de vuelta en la tierra.

Verás, las cosas no eran exactamente como ellos esperaban que fueran. Recuerda lo que vimos en Daniel 9 la semana pasada. Los setenta años han terminado, y entonces los exiliados están regresando. Pero las setenta semanas acaban de comenzar: los setenta «sietes» que deben pasar hasta que el Ungido del Señor, el Mesías, comience su gobierno. Y así, mientras el exilio físico termina, el exilio espiritual continúa. Por eso, cuando el pueblo regresa a Jerusalén, todavía no disfruta todas las promesas del nuevo pacto que leemos en lugares como Jeremías 31 y Ezequiel 37. Crónicas está escrito diciéndole al pueblo que no deben poner su esperanza en su regreso a la tierra, sino en el mayor cumplimiento de las promesas de Dios que están por venir.

Bueno, entonces, ¿cómo funciona esto en Crónicas? Entremos y descubrámoslo.

¿Preguntas?

1 Crónicas 1-9 – Genealogías: Los orígenes de la comunidad posexílica

Ve conmigo a 1 Crónicas 1:1-4: «Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé, Sem, Cam y Jafet». Si dejas que tus ojos deambulen, notarás que la lista de nombres continúa por bastante tiempo: Nueve capítulos para ser exactos. Ahora bien, para las sensibilidades modernas, tales genealogías pueden parecer irrelevantes. ¡La idea de terminar en 1 Crónicas durante tus devocionales personales podría no parecer muy emocionante!

Pero si recordamos el contexto, veremos cuán fundamentales son estas genealogías para el propósito del cronista. Está demostrando que la comunidad posexílica es el pueblo elegido de Dios, ¡al igual que estos santos de antaño! Esto se ve en la forma en que las genealogías están estructuradas. Ves en 1 Crónicas 1:1 que el cronista retrocede en el tiempo, con Adán. Y a medida que avanza en la historia, el cronista siempre se centra en el linaje de la promesa. Puedes ver en el capítulo 1, versículos 5-16, que menciona brevemente a los dos descendientes de Noé que no son ancestros de Abraham. Pero en el versículo 17, el relato se desplaza al linaje de Sem, el hijo de Noé que nos lleva a Abraham. Lo mismo sucede con los hijos de Abraham. El linaje de Ismael solo dura una generación. Pero luego se enfoca en el linaje de Isaac comenzando en  el capítulo 1, versículo 34.

Ahora, mira 1 Crónicas 2:1-2. Aquí vemos a los doce hijos de Israel. Curiosamente, el registro comienza con Judá, en lugar del hijo mayor, Rubén. ¿Por qué? Porque a través del linaje de Judá esperamos al futuro rey David, y más allá de David, al Mesías. David aparece en el capítulo 2, versículo 15, y si miras el capítulo 3 verás la lista de los hijos de David. Sorprendentemente, el linaje real de David se remonta hasta el otro lado del exilio. El versículo 19 menciona a un hombre llamado Zorobabel que es el descendiente davídico que gobernaba Jerusalén después del regreso del exilio. Es como si el cronista realmente no pudiera esperar hasta el final del libro para decir: «¡Mira! ¡Hemos vuelto del exilio y las promesas de Yahveh siguen intactas!».

Avanzando, los capítulos 4 al 8 contienen las genealogías de otros de los hijos de Jacob. El objetivo aquí es mostrar qué pasó con el reino del norte debido a su infidelidad. A diferencia de aquellos que regresaron a Jerusalén, las tribus del norte de Israel se perdieron en el exilio. Aún así, ve 1 Crónicas 9:1. Ahí puedes ver la declaración resumida: «Contado todo Israel por sus genealogías, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel». Esa frase, «todo Israel», es una que el cronista repite docenas de veces a lo largo del libro. Sí, él está principalmente preocupado por Judá. Pero su inclusión de la mayoría de las tribus del norte aquí y su énfasis en «todo Israel» nos dice algo. Nos dice que el núcleo espiritual del pueblo no se encuentra en la identidad nacional del reino del sur, sino en las promesas que Yahveh le hizo a David. Esas promesas son para cualquier persona en Judá o Israel que se arrepienta y crea.

Un último punto en estas genealogías. Debido a que este es un género único de literatura en las Escrituras, a menudo se malinterpreta. Por ejemplo, la gente cree que si haces la misma oración que Jabes oró en 1 Crónicas 4:9, serás bendecido de la misma manera que él. Ten cuidado con este tipo de interpretación. Por un lado, deja de lado las diferencias entre las formas en que Dios trabajó en la nación de Israel y las formas en que él trabaja en su iglesia hoy. Y segundo, esa interpretación pasa por alto la intención principal del autor al incluir el material. El punto principal aquí es que el pueblo todavía está conectado a las promesas de Dios y que el linaje de David aún está intacto. Para ser válido, cualquier punto secundario deberá alinearse con ese punto principal.

¿Preguntas? 

1 Crónicas 10 – 2 Crónicas 9—La monarquía unida: La esperanza mesiánica de la comunidad posexílica

La siguiente sección principal cubre la monarquía unida bajo David y Salomón. Si vas a 1 Crónicas 17:11-13, verás la razón por la que David en particular tiene un lugar tan destacado en el libro. Dios le dice a David: «Y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Yo le seré por padre, y él me será por hijo». En este pasaje, Dios hace un pacto con David. Sí, uno de los hijos de David edificará una «casa», un templo para Dios, pero Dios mismo edificará una «casa» para David, una dinastía de la cual vendrá un rey eterno. Lo recordarás de 2 Samuel.

Esta es la promesa que el cronista quiere grabar en sus lectores. Podemos ver cómo lo hace a través de dos maneras importantes en que su relato difiere del relato de David y Salomón en Samuel y Reyes.

  • La primera diferencia: A diferencia de Samuel y Reyes, Crónicas presenta una visión de cómo será el Mesías al resaltar los aspectos positivos de David y Salomón.

Para ver un ejemplo de lo que quiero decir, retrocede rápidamente a 2 Samuel 11:1-2: «Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa».

Bueno, quizá conozcas cómo termina esa historia, con David cometiendo adulterio e incluso asesinato. 2 Samuel nos recuerda que David estaba lejos de ser perfecto.

Pero ahora, vuelve a 1 Crónicas 20:1-2: «Aconteció a la vuelta del año, en el tiempo que suelen los reyes salir a la guerra, que Joab sacó las fuerzas del ejército, y destruyó la tierra de los hijos de Amón, y vino y sitió a Rabá. Mas David estaba en Jerusalén; y Joab batió a Rabá, y la destruyó. Y tomó David la corona de encima de la cabeza del rey de Rabá, y la halló de peso de un talento de oro, y había en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David».

¡Wow! ¡Hablando de disimular historias! Nada en absoluto acerca del adulterio y del asesinato. En Samuel, David está expuesto como un pecador. En Crónicas, ¡lleva una corona de victoria! Este es un ejemplo de muchos en Crónicas donde David es descrito como el rey por excelencia. ¿Estaba tratando el cronista de ocultar los hechos? Para nada: los pecados de David habían sido registrados en Samuel precisamente para que el pueblo no los olvidara. Pero el cronista tiene una intención diferente. Al retratar a David con una luz abrumadoramente positiva, está representando una imagen del tipo de rey que el pueblo del exilio tenía que esperar.

De igual manera sucede cuando llegamos a Salomón: su pecado de idolatría, acerca del cual puedes leer en 1 Reyes 11, está notablemente ausente en Crónicas. El cronista describe a estos dos reyes del pasado de manera tal que estos puedan dar una vista preliminar del Rey del futuro.

En la actualidad, podemos maravillarnos de cómo la historia de David y Salomón nos enseñan mucho acerca de Jesús. Jesús es el rey que gobierna en justicia; Jesús es el guerrero que nos da la victoria sobre el pecado, Satanás y la muerte; Jesús es el pastor de nuestros corazones que nos guía a adorar y orar a Dios; Jesús es el dueño de toda riqueza, tesoros y esplendor; Jesús es la sabiduría suprema de Dios. Lee acerca de David y Salomón en este libro, y deléitate en cómo ellos prefiguran al Rey más grande de todos.

  • Lo segundo a destacar en esta sección: A diferencia de Reyes, en Crónicas, los relatos de David y Salomón giran en torno al templo de Dios. 

En 1 Reyes (5:7), Hiram, rey de Tiro, alaba a Dios por la sabiduría de Salomón: «Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande». En 2 Crónicas (2:12), Hiram es citado nuevamente: «Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dio al rey David un hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que edifique casa a Jehová, y casa para su reino». En Reyes, la sabiduría es para gobernar; en Crónicas es para edificar. Entonces, al leer esta sección, no puedes dejar de notar cuánta atención recibe el templo. Si solo escaneas con tu dedo a lo largo de 1 Crónicas 22 al 26, ves la cantidad de espacio dado a los preparativos de David para el templo que Salomón edificaría. Desde la organización de los sacerdotes hasta las asignaciones de los músicos y guardianes. Y eso continúa en 2 Crónicas.

¿Por qué este enfoque? No es para hacer que el pueblo tenga esperanza en un simple edificio; después de todo, la oración de Salomón en 2 Crónicas 6 admite que Dios no necesita un lugar físico donde habitar. No, toda esta atención al templo nos recuerda que para disfrutar de una relación reconciliada con Dios, los exiliados que regresan deben responder a Dios en arrepentimiento y fe. El cronista se enfoca en el templo porque el templo, donde se hicieron los sacrificios de expiación, representa la voluntad de Dios de perdonar a todos los que lo buscan con corazones arrepentidos. Escucha 2 Crónicas 6:24-25: «Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante del enemigo por haber prevaricado contra ti, y se convirtiere, y confesare tu nombre, y rogare delante de ti en esta casa,  tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y les harás volver a la tierra que diste a ellos y a sus padres». Acercarse a Dios en el templo era acercarse a él humildemente, suplicando perdón. Y ese es el acercamiento a Dios que necesitan estos exiliados que regresan.

¿Preguntas?

2 Crónicas 10-36—Los reyes de Judá: Ejemplos de rebelión y arrepentimiento

El resto de Crónicas da un registro de los reyes de Judá, presentando el descenso de la nación en el pecado, la división y finalmente el exilio. Para comprender el significado de esta sección final de la historia, necesitamos ver un pasaje crucial: 2 Crónicas 7:13-15. ¿Recuerdas cómo usamos la oración de Salomón dedicando el templo en 1 Reyes como una especie de «piedra de Rosetta» para discernir toda la topografía y el significado de Reyes? Podemos hacer lo mismo con Crónicas, específicamente, mirando lo que se ha agregado. Salomón acaba de dedicar el templo a Dios, y ahora Dios se aparece a Salomón, y habla. Esto también ocurre en Reyes, pero el cronista incluye algo que Dios dice que no aparece en Reyes. Como ya hemos visto, esta es una buena señal de que el cronista está resaltando algo especial.

«13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 15 Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar».

Así que la oración de Salomón en Reyes pone en relieve que la caída de la nación no es más que el resultado de las maldiciones de Deuteronomio (con esperanza en la misericordia de Dios). Pero las palabras de Dios aquí en la sección correspondiente de Crónicas muestran un enfoque en esta petición de arrepentimiento. En ese sentido, el versículo 14 realmente es un versículo temático para todo el libro. Los capítulos 10 al 36 cubren diecinueve reyes diferentes, desde Roboam hasta Sedequías. Todos ellos son evaluados por la forma en que viven según ese versículo. ¿Buscan humildemente a Dios y se vuelven del pecado? ¿O se rebelan tercamente, sirven a ídolos y cuidan su orgullo? Este versículo establece un concepto importante que el cronista quería comunicar a la comunidad posexílica. Es la idea de una retribución inmediata. Como puedes imaginar, ya que tantas generaciones fueron pecaminosas y malvadas antes de que el pueblo entrara en el exilio, estos exiliados que regresan podrían pensar: «¡Podemos hacer lo que queramos, y Dios no nos castigará de inmediato!». Esa complacencia era un verdadero peligro. Pero el cronista lucha contra esta forma de pensar. A lo largo de esta sección, señala cómo cuando los reyes y el pueblo pecaron, experimentaron las consecuencias de su pecado en ese momento, en su propia generación. Pero cuando los reyes y el pueblo obedecieron y buscaron a Dios como este versículo les instruye, él «escuchó desde el cielo», «perdonó su pecado» y «sanó su tierra».

Ahora, el 7:14 es una cita importante para Crónicas, pero debo resaltar que actualmente también es un versículo terriblemente mal aplicado. Es un versículo dado al pueblo nacional de Dios, Israel, el pueblo que fue apartado por Dios para mostrar su carácter y dar a luz a su Mesías. Es posible que escuches que la gente aplica este versículo a otras naciones como Estados Unidos, por ejemplo, pero esta aplicación arranca este versículo, dolorosamente, fuera de su contexto original. Estados Unidos no es la tierra elegida de Dios; no tiene nada que ver con el significado histórico redentor que tuvo la antigua tierra de Israel. Cuando vino el Mesías, Dios concluyó su trabajo de un pueblo especial en una tierra especial, física. Entonces, esta promesa particular de «sanar su tierra» ya no se aplica directamente a ningún lugar o nación. Pero el patrón de arrepentimiento y bendición que vemos aquí es uno que perdura. Nos instruye como pueblo de Dios a apartarnos continuamente de nuestro pecado y buscar al Señor.

Bueno, habiendo establecido el principio de retribución inmediata que es tan importante para Crónicas, veamos algunos ejemplos de este principio en acción en esta sección final.

Primero, algunos ejemplos positivos:

Mira 2 Crónicas 17:9-10, donde el Rey Josafat despacha a los maestros de la Palabra de Dios: «Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo. Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no osaron hacer guerra contra Josafat». Ves, bendición inmediata. El rey y el pueblo escuchan a Dios, y luego disfrutan de la paz.

O considera a otro buen rey, el rey Ezequías. Cerca del final de su vida, peca. Y mira lo que sucede en 2 Crónicas 32:25-26: «Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén.  Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías». Pero Ezequías no regresó según el beneficio que se le había hecho, porque su corazón estaba orgulloso. Por tanto, la ira vino sobre él y sobre Judá y Jerusalén. Pero Ezequías se santiguó por la soberbia de su corazón, tanto él como los habitantes de Jerusalén, de modo que la ira del Señor no cayó sobre ellos en los días de Ezequías».

Pero desafortunadamente, lo malo supera lo bueno en Crónicas. Veamos algunos de esos ejemplos.

Primero, en 12:1-2: «Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová, y todo Israel con él. Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén». Ves el patrón: la nación abandona a Yahveh, y sufre consecuencias inmediatas.

Segundo ejemplo: el rey Amasías, capítulo 25:27: «Desde el tiempo en que Amasías se apartó de Jehová, empezaron a conspirar contra él en Jerusalén; y habiendo él huido a Laquis, enviaron tras él a Laquis, y allá lo mataron». Tan pronto como abandona el camino de Dios, Amasías es asesinado por su propio pueblo.

El libro está lleno de ejemplos como estos, tanto positivos como negativos, donde cada generación es juzgada por su comportamiento.

Bien, si avanzamos rápido hasta el final del libro, veremos qué acarreó este tipo de desobediencia. Leamos 2 Crónicas 36:15-20: «Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio. Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos… [Ahora mira en el versículo 19] Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalén, y consumieron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus objetos deseables. Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia».

Pero por la gracia de Dios, no es ahí donde termina Crónicas. En los versículos 22-23, Dios mueve a un rey extranjero, Ciro de Persia, para liberar al pueblo y reedificar el templo en Jerusalén. Pero el principio de la retribución inmediata sigue en pie. Si este pueblo, al igual que sus padres, se niega a buscar a Dios, cosechará el amargo fruto de la rebelión. Y aunque está de vuelta en la tierra, sus corazones no son mejores que los de sus antepasados.

¿Preguntas?

Conclusión

Entonces, al final de Crónicas, ¿no hay esperanza para el pueblo de Dios? No, las genealogías muestran que la simiente de David aún está viva. El enfoque en el templo le recuerda al pueblo que Dios edificará su casa, la casa del hijo de David. Como dice 2 Crónicas 21:7: «Mas Jehová no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que había hecho con David, y porque le había dicho que le daría lámpara a él y a sus hijos perpetuamente». Así que Crónicas nos conduce directamente a Cristo, el cumplimiento de todas las promesas de Dios. Jesús es quien rescata a su pueblo del exilio espiritual. Él es el hijo prometido de David y el verdadero templo. Y así, el final de Crónicas no es un signo de interrogación acerca del futuro del pueblo. Es una flecha gigante que apunta al Rey de Reyes, el que «sana la tierra» del pueblo de Dios en el sentido más absoluto.

Debido a que Crónicas nos señala a Jesús, es una lectura maravillosamente alentadora. Estas son algunas formas en que podemos aplicarlo:

  • En primer lugar, te animo a que no leas Crónicas como una simple historia, sino atesóralo como un indicador del Mesías. Debemos usar Crónicas para reforzar nuestra confianza en Cristo a medida que vemos las promesas centenarias que él cumplió.
  • En segundo lugar, cuando leemos Crónicas nos identificamos con el pueblo de Dios. Al igual que ellos, vivimos en medio del «ya y todavía no», esperando el regreso de Cristo. Entonces, así como el cronista estaba instruyendo a estas personas, nuestra esperanza no debería estar puesta en cuán optimistas sean nuestras circunstancias. No proviene de gobernantes terrenales o grandes líderes de la Iglesia. Viene de la palabra de la promesa de Dios. Al igual que ellos, tenemos que mirar hacia atrás a la historia de la redención para que podamos tener confianza en que Dios cumplirá sus promesas futuras.
  • Finalmente, debemos dejar que el enfoque del cronista en la retribución inmediata nos dirija a la cruz. Si elegimos pecaminosamente la desobediencia en lugar de los caminos de Dios, cosecharemos lo que sembramos. El pecado siempre tiene consecuencias. Pero alaba a Dios porque si estamos en Cristo, ¡Jesús absorbió el juicio de Dios contra nosotros en la cruz! Conocer y saborear esa verdad del evangelio nos ayudará a huir del pecado y abrazar la vida en arrepentimiento que honra a Dios.

Oremos.