Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 21: Jeremías y Lamentaciones

Artículo
20.03.2018

  Descargar Manuscrito en formato Word
  Descargar Folleto del Alumno en formato Word

 

Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 21: Jeremías y Lamentaciones


Introducción

¡Bienvenido! El día de hoy, regresaremos a los Profetas Mayores. Estudiaremos Jeremías y Lamentaciones, ambos escritos por Jeremías. Solo un recordatorio: la razón por la que retrocedemos en el Antiguo Testamento, en lugar de simplemente tomar los libros en el orden canónico, ¡no es para confundirte! Estamos tratando de entender la corriente de la historia redentora. Es decir, intentamos comprender el relato histórico de cómo Dios ha estado trabajando a lo largo de la historia para redimir un pueblo para sí. En definitiva, para preparar el camino para su Hijo, Jesucristo. Aunque el Antiguo Testamento está compuesto por 39 libros, todos se unen para contar una historia. Intentamos tomar esa historia en un orden que nos ayude a entenderla mejor.

Oremos.

JEREMÍAS 

Contexto

Ahora, ¿qué ocurre mientras Jeremías escribe? Los babilonios están amenazando el reino del sur, Judá. A medida que el libro avanza, Judá es invadido. Cuando llegamos al final, el pueblo ha sido arrastrado en tres oleadas de exilio (en los años 605, 597 y 586 a. C.). Después de la última oleada, los babilonios arrasaron la ciudad de Jerusalén por completo, incluido el gran templo de Salomón. Puedes leer acerca de todo esto en 2 Reyes 22-25 y 2 Crónicas 34-36[1]. El propio Jeremías vivió y profetizó durante todo esto.

¿Por qué Dios permitió que esto sucediera? Esa es la pregunta que 1 y 2 Reyes contestan. El pueblo del pacto ha estado involucrado en la idolatría por décadas. Han adorado a cada divinidad extraña desde Baal hasta Moloc hasta «la reina del cielo», y han participado en actos de «adoración» como la prostitución en el templo y el sacrificio de niños. Eso, además de una abierta deshonestidad, corrupción, injusticia, adulterio, opresión de los indefensos, calumnias, etc. Les habían enviado profetas durante mucho tiempo, pero no se arrepentirían. El pueblo desechó el pacto. Ahora Jeremías está anunciando las maldiciones del pacto que fueron escritas en el pacto desde el primer día en Deuteronomio, capítulos 27 y 28. Pero incluso cuando Jeremías profetiza esta destrucción, también describe el camino de Dios para completar su plan de redención, más claramente que cualquier profeta que hayamos estudiado hasta ahora.

Algo de lo que Jeremías habla mucho es acerca de nuestros corazones. Nuestros corazones pecaminosos e inmutables por esfuerzo humano. Comencemos hablando de esos corazones. ¿Cómo cambia Dios un corazón humano pecaminoso? (La  clase debería pensar no solo en la justificación, sino también en la santificación).

Tema

Ahora bien, Jeremías es un gran libro, y ninguna declaración temática corta puede realmente hacerle justicia a todo el asunto. Pero permíteme tratar de encapsular el centro teológico del libro con esta declaración:

El antiguo pacto ha fallado; no porque en sí mismo haya desaparecido, sino porque el pueblo no pudo cumplirlo debido a sus corazones pecaminosos. Por tanto, se necesita un nuevo pacto que involucre nuevos corazones para el pueblo de Dios. 

Si estás familiarizado con Jeremías, pudiera sonar como que acabo de hacer un atajo para el capítulo 31. No es así. El capítulo 31 es simplemente la cima de la montaña teológica a la que el resto del libro asciende y desciende. De esto se trata todo el libro. La pregunta que Jeremías se propone responder es: ¿por qué se quebrantó el pacto? En un sentido más profundo que simplemente decir «el pueblo pecó». La conclusión a la que llega muy temprano en el libro es que el pacto estaba bien. El problema radica en el pueblo. Ellos no han podido cumplirlo. Lo repetiré: no pueden. No pueden cumplir el pacto, y es porque sus corazones están enamorados de su pecado. Y si sus corazones son el problema, esa es una situación bastante desalentadora, porque los corazones corruptos no pueden cambiar por sí solos. Entonces, durante los primeros 28 capítulos Jeremías es muy pesimista. El pueblo no puede guardar el pacto porque tienen estos corazones depravados, y no pueden cambiar sus corazones. La única solución posible es si Dios cambia sus corazones y los hace aptos, de adentro hacia afuera, para participar nuevamente en el pacto. Sin embargo, no olvides regresar a Deuteronomio, donde Dios promete «circuncidar sus corazones»: esto es algo que ya ha prometido hacer.

El libro está estructurado, como verás en el reverso de tu folleto, en cinco partes básicas. Los primeros 29 capítulos profetizan el juicio de Dios contra su pueblo. Más adelante, en los capítulos 30 al 33, analizamos una bella descripción de la solución final de Dios a este problema: corazones nuevos. Los capítulos 34 al 45 luego cambian para profetizar la destrucción final de Jerusalén. Los capítulos 46 al 51 abordan la maldad de las naciones, incluidos los babilonios invasores. Y finalmente el capítulo 52 cuenta el cumplimiento de gran parte de esta profecía: la invasión y destrucción de Judá. En conjunto, equivale al libro más largo de la Biblia. 

1. Temas principales

Muy bien. Con eso como introducción, abordaremos los primeros 30 capítulos enfocándonos en cinco temas importantes.

A. Incumplimiento del pacto. En primer lugar, en todo el libro de Jeremías, Dios acusa a Judá de quebrantar su pacto. Primero, presenta las acusaciones en Jeremías 2:9-12. Judá es culpable de nada más y nada menos que de renunciar al verdadero Dios a cambio de ídolos sin valor.

«Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé. 10 Porque pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante a esta. 11 ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. 12 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová».

A medida que el libro continúa, la condena de Dios se vuelve más gráfica, más apasionada y más intensa. Él describe el pecado de Judá como adulterio. «Como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová» (3:20). Describe su pecado como prostitución. «Junto a los caminos te sentabas para ellos como árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la tierra» (3:2).

Así que… Judá ha quebrantado el pacto. Ese es el primer tema.

B. Pecado repetido y generalizado. Pero en segundo lugar, la violación del pacto no fue algo de una sola vez. Era un hábito repetido que impregnaba a la sociedad. Y durante cientos de años Dios les había enviado profeta tras profeta. Escucha a Jeremías hablar de su propio ministerio y de los que le precedieron en el capítulo 25:

«Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero no oísteis. Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y moraréis en la tierra que os dio Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre».

La situación ha empeorado tanto que Dios dice: «Aunque Moisés y Samuel se pararon frente a mí, mi corazón no se volvió hacia este pueblo. ¡Envíalos fuera de mi vista, y déjalos ir!» (15:1).

En cambio, el pueblo ha escuchado las palabras mentirosas de los falsos profetas. 6:14: 

«Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz». 

Los falsos profetas le dicen al pueblo lo que quieren escuchar en lugar de la verdad que necesitan escuchar. Me pregunto cuántos predicadores hoy son culpables de lo mismo. En cuántas de nuestras iglesias no se predica fielmente la Palabra de Dios, y por eso las personas no cambian. Como Pablo escribe en 1 Corintios 4:20: «Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder». Nuestro estándar no debería ser simplemente: «¿el predicador dijo cosas que no eran falsas?» (Aunque hasta los falsos profetas en los días de Jeremías reprobaron la prueba, 7:8). Más bien, nuestro estándar debería ser: «¿se predica todo el consejo de Dios de tal manera que las personas están siendo transformadas?».

C. Depravación total. En tercer lugar, miremos más profundamente por qué sucedió esto. Sí, este desastre es el resultado del pacto que ha sido quebrantado. Pero una pregunta más profunda que esa es: ¿por qué se quebrantó el pacto? ¿Por qué el pueblo no pudo cumplirlo? Jeremías dice: «Sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman» (6:10). No pueden oír la Palabra de Dios, porque no desean hacerlo. La falta de deseo es tan grave que equivale a la falta de capacidad.

Profundizando aún más, Jeremías nos dice en el capítulo 17, versículo 1: «El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares». ¡El pecado está escrito, grabado en el corazón! Mira el versículo 9: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?». En el capítulo 18, versículo 12, Dios le dice a Jeremías que llame a Judá al arrepentimiento, pero también le dice que espere a que Judá responda: «Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón». El pueblo es guiado por estos corazones malvados. El pecado los impulsa y los controla.

Por último, leamos Jeremías 13:23:

«23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?».

El pecado arraigado en el corazón del hombre no solo lo paraliza y controla, no lo liberará. Como acabamos de leer, el corazón no tiene cura.

En su estado natural, el corazón humano es incapaz de escuchar la Palabra de Dios. Está restringido en sus deseos, emociones y sentimientos porque el pecado está grabado en él. El pecado es su amo, lo conduce y lo controla. Y no hay escapatoria. En una palabra, ¡esto es condenatorio! La advertencia, el desastre, la lógica y la fuerza de voluntad son incapaces de hacernos volver a Dios. Ese es el tercer tema.

¿Preguntas? 

D. Proclamación del juicio. En cuarto lugar, veamos qué sucede después de que Dios acusa a Judá de infringir el pacto. Jeremías escribe: «Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré. E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal» (11:11-12). Dios pregunta, anteriormente, en el capítulo 5, versículos 7 al 9: «¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron, y en casa de rameras se juntaron en compañías… ¿No había de castigar esto? dijo Jehová».

Dios castigará a Judá por violar el pacto. Y aquí es donde Jeremías obtiene su reputación. En las proclamaciones de juicio de Dios tenemos uno de los lenguajes más terribles y horribles de la Biblia. 8:13:

«Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos».

9:22:

«Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja».

12:11-12:

«Fue puesta en asolamiento, y lloró sobre mí desolada; fue asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que reflexionase. 12 Sobre todas las alturas del desierto vinieron destruidores; porque la espada de Jehová devorará desde un extremo de la tierra hasta el otro; no habrá paz para ninguna carne». 

15:7-8:

«Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de la tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se volvieron de sus caminos. Sus viudas se me multiplicaron más que la arena del mar; traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre y sobre los hijos; hice que de repente cayesen terrores sobre la ciudad».

Y sigue, y sigue y sigue durante 30 capítulos. Entonces Jeremías llora, capítulo 6 versículo 26:

«Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras; porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor».

Como dice Hebreos 10:31: «¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!».

Pero todavía falta un tema en estos capítulos:

E. El juicio como ruina de la creación. El último tema que queremos resaltar es el carácter del juicio de Dios. El juicio en Jeremías no es simplemente la invasión de Judá. Puede comenzar allí, pero va mucho más allá. Es tan completo que, de hecho, es una ruina de la creación. Escucha mientras leo el capítulo 4.

« 23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. 24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos. 25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. 26 Miré, y he aquí el campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová, delante del ardor de su ira».

¿Escuchas Génesis 1 al revés? Hay algo cósmico, algo primordial en este juicio que va mucho más allá del destino de una nación en el siglo VI a. C. Jeremías 4:28: «Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán, porque hablé, lo pensé, y no me arrepentí, ni desistiré de ello».

2. Jeremías el profeta

Esos son los temas de esta primera sección. Ahora, antes de seguir avanzando, miremos a Jeremías, el hombre. Piensa en nuestra palabra «jeremiad». Significa «queja larga y triste». Usualmente con una connotación negativa: las palabras de un pesimista, un profeta de fatalidad y tristeza. ¿Es eso Jeremías?

Jeremías era un hombre de Dios enamorado de la Palabra de Dios. Él escribe en el capítulo 20, versículo 9:

«Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude».

A veces pensamos en la inspiración de Dios como una suave brisa impulsando a los mensajeros de Dios. ¡Jeremías la experimentó como un huracán torrencial, un fuego consumidor, una fuerza irresistible!

Y las palabras de Dios hicieron que Jeremías ganara enemigos. Jeremías registra un complot contra su vida por los sacerdotes y falsos profetas en el capítulo 26, y fue arrestado por traición en el capítulo 37 porque profetizó que los babilonios ganarían. El rey, reconociendo que Jeremías era un verdadero profeta, lo sacó en privado de la prisión para preguntarle si había palabra del Señor para él. «Sí», respondió Jeremías, «serás entregado en manos del rey de Babilonia». Jeremías, arrestado, golpeado y enjuiciado por su vida, ¡se negó a comprometer su mensaje! Luego, Jeremías desafió al rey: «¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel? ¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra?». ¡Qué coraje!

Jeremías se vio obligado a pronunciar el juicio de Dios no por una disposición melancólica o una depresión clínica, sino porque amaba la Palabra de Dios y estaba rodeado de pecado. Jeremías era un hombre lleno de convicción.

Pero volvamos a lo que escribió Jeremías. 

3. El nuevo pacto: Jeremías 31:31-37

Afortunadamente, Jeremías no solo habla acerca del pecado y del juicio. En esta dura profecía, vemos la promesa del plan de redención de Dios. Y no es solo un destello; este es uno de los pasajes más espectaculares de la promesa en todos los profetas. Leemos el clímax teológico del libro en Jeremías 31:31-34:

«31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Observa que en el versículo 31 Dios está prometiendo un nuevo pacto aquí. Recuerda que el problema con el primer pacto no era Dios, o el pacto, era el pueblo y sus corazones pecaminosos. La solución del nuevo pacto es simple: ¡dales nuevos corazones! Y lo que hace que el nuevo pacto sea tan superior al anterior es que ahora la ley está dentro del pueblo de Dios. Moldea sus deseos, voluntades, anhelos y amores. De hecho, a ellos les encanta.

Esto es posible porque Dios promete perdonar los pecados, como escuchamos en el versículo 34. ¡Ahora, eso son buenas nuevas! ¡Eso es el evangelio! Aquellos de nosotros que nos hemos apartado de nuestros  pecados y hemos confiado en Cristo de esta manera, lo hacemos solo porque, como leemos en Jeremías, Dios nos ha dado nuevos corazones. Él nos ha dado corazones y mentes para amarlo, ojos para ver y oídos para escuchar la verdad. Y deseos que ya no son esclavos del pecado. Sé libre para perseguir el deleite de contemplar la majestad de Dios en la imagen de Jesucristo.

¿Tienes este nuevo corazón? En términos del Nuevo Testamento, ¿has nacido de nuevo? El cristianismo no es un simple asentimiento intelectual a las cosas que sucedieron un fin de semana fuera de Jerusalén hace 2000 años. Es una regeneración de personas espiritualmente muertas en una relación dinámica con el Santo del Universo. ¿Es eso lo que experimentas? Mira intensamente al evangelio de Jesús, porque es allí donde brilla la gloria de Dios, para rescatar a las personas de las tinieblas, redimirlos del pecado y darles vida.

Y recuerda cuánto más valioso es este mensaje después de haber recorrido los primeros 30 capítulos de Jeremías. Si todo lo que hacemos es mirar pasajes clímax como este, no veremos que nuestra propia depravación es puesta en relieve a la luz de las buenas noticias. Usa Jeremías para comprender tu propia incapacidad y falta de voluntad para seguir la ley de Dios sin Cristo. Y luego digiere el capítulo 31 como la buena noticia que realmente es.

4. El juicio contra las naciones y la destrucción de Jerusalén: Jeremías 46-52

Bien. Podríamos pasar mucho más tiempo en el capítulo 31, como lo hacen los autores del Nuevo Testamento. Pero por razones de tiempo, continuemos. En los capítulos 34 al 45, Jeremías describe la destrucción final de Jerusalén. Y luego, los capítulos 46 al 51 son profecías de juicio contra otras naciones, incluyendo Egipto, los filisteos, Moab, Amón, Edom y algunos otros. Al igual que los otros profetas, Jeremías condena a las naciones gentiles por su orgullo, insolencia, jactancia, necedad, por maltratar al pueblo de Dios, por confiar en las riquezas y el poder militar. Esta sección finalmente culmina con una larga proclamación de juicio contra la propia Babilonia. Babilonia fue el instrumento que Dios utilizó para imponer su castigo a Judá, y Jeremías había sido acusado de traición al profetizar el triunfo de Babilonia. Pero Jeremías no es un traidor. Él sabe que aunque Dios está usando a Babilonia, Babilonia no es inocente. Babilonia es condenada porque se regocijó por la caída del pueblo de Dios (50:11). Y porque Babilonia era culpable de crueldad, opresión y asesinato contra el pueblo de Dios. Por tanto, el derrocamiento de Babilonia fue la «venganza de Jehová» (50:15). Babilonia es el «club de guerra» de Dios con el que destruye naciones y reinos (51:20ff); no obstante, Dios dice: «He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado» (51:25). Aunque Dios juzga a su pueblo, al final también juzgará a sus opresores. Como dice Jeremías:

«Porque Israel y Judá no han enviudado de su Dios, Jehová de los ejércitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra el Santo de Israel» (51:5).

Por último, Jeremías registra el cumplimiento de su principal profecía. Leemos en el capítulo 52: «En el mes cuarto, a los nueve días del mes, prevaleció el hambre en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo. Y fue abierta una brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron… [Los babilonios] quemaron la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyeron con fuego todo edificio grande». La estadía del pueblo de Dios en la Tierra Prometida aparentemente había llegado a su fin, y la nación había fallado. Entonces termina la profecía de Jeremías. Ah, a excepción de los últimos versículos. Mira los versículos 31 al 34. ¿Recuerdas a Joaquín? ¿Un antiguo rey del linaje de David? Él vive, y de hecho, es invitado a la mesa del rey. Qué forma tan interesante de terminar esta crónica de juicio. La semiente de la mujer, la semiente de David, todavía está viva. Dios aún cumplirá sus promesas.

¿Preguntas? 

LAMENTACIONES 

Contexto

Lamentaciones se sitúa justo después de que Dios destruyera su propia ciudad, Jerusalén. En este poema, Jerusalén es personificada como una mujer que llora por sus hijos perdidos y no tiene a nadie que la consuele. 

Tema

El mensaje para los que quedaron atrás después de la destrucción de la ciudad es este:

Estamos de luto porque Dios ha hecho esto, a pesar de que es nuestra culpa. Ahora necesitamos que él cambie nuestros corazones, porque Él nuevamente nos consolará. 

Sí, dije que el enfoque del libro es que Dios ha destruido su ciudad. El autor lo deja muy claro en este libro. Este es otro de esos libros que es profundo acerca de  la soberanía de Dios. No obstante, es culpa del pueblo que esto haya sucedido. Sin embargo, como con cada profeta, hay esperanza. Y al igual que en el libro de Jeremías, la esperanza se mantiene ante la perspectiva de recibir nuevos corazones de Dios.

El libro de Lamentaciones está altamente estructurado. Es una serie de poemas acrósticos escritos al ritmo de un cántico fúnebre. La estructura general coloca al tema de la compasión de Dios, en el capítulo 3, en el centro del libro, con discusiones acerca del pecado y del juicio en ambos extremos en los capítulos 2 y 4. Terminaremos nuestro tiempo esta mañana recorriendo estos poemas.

El pecado de la ciudad y la ira del juez

El primer poema narra la caída de Jerusalén y los pecados del pueblo que provocaron el juicio de Dios. «¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!», grita (v.1). «Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados» (v.5). Lo peor de todo es que esta desolación es merecida. «Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida; Todos los que la honraban la han menospreciado» (v8).

El segundo y el cuarto poema amplían los temas del pecado y del juicio, haciendo eco de gran parte de lo que vimos en Jeremías. «¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion!», él dice (2:1): «Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob» (2:2). En el cuarto poema, el escritor dice: «Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; Y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos» (4:11).

La compasión de Dios

Pero en el capítulo 3, en el medio del poema, el tema cambia y leemos una meditación sobre la compasión y la bondad de Dios. «Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad… Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová» (3:21-26)

Unos versos después, el autor ofrece una meditación sobre los roles gemelos desempeñados por la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. «¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado» (3:38-39). Tanto las bendiciones como las maldiciones provienen de Dios, pero somos responsables de nuestras decisiones. No hay explicación para eso; simplemente se afirma y se acepta.

Finalmente, el quinto y último poema en el capítulo 5 termina con un reconocimiento de la majestad legítima de Dios y una súplica por su misericordia:

«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; Tu trono de generación en generación. ¿Por qué te olvidas completamente de nosotros, Y nos abandonas tan largo tiempo? Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; Renueva nuestros días como al principio» (19-21).

Aun en medio del juicio más severo de Dios, el pueblo de Dios todavía puede recurrir a él con esperanza, pidiendo misericordia y esperando la renovación. Este puede ser un mensaje de gran aliento y consuelo en medio del sufrimiento.

Oremos.

 

[1] En este momento, el profesor también puede recomendar tres libros de referencia que cualquier estudiante serio del Antiguo Testamento debería tener en su biblioteca personal: The New Bible Dictionary editado por Marshall, Millard, Packer y Wiseman (publicado por IVP), The New Dictionary of Biblical Theology editado por Alexander, Rosner, Carson y Goldsworthy (también publicado por IVP), y An Introduction to the Old Testament por Dillard y Longman (Zondervan). Supongo que, mientras estamos en ello, podemos agregar The Rose Book of Bible Charts, Maps & Time Lines de Rose Bible (Rose Publishing) a esta lista. Estos son excelentes libros de referencia para este tipo de asuntos históricos y bíblioteológicos.