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Antiguo Testamento – Clase 19: Jonás y Miqueas

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 19: Jonás y Miqueas


¡Bienvenido! Continuamos avanzando en los Profetas Menores. El día de hoy, estudiaremos los libros de Jonás y Miqueas. Uno es una historia popular, de hecho, tan popular y reconocida que el principal objetivo teológico es a menudo pasado por alto. El otro es un profeta poco conocido, pero que predica un poderoso mensaje que contribuye considerablemente en nuestra comprensión de la esperanza del Antiguo Testamento.

Aunque Jonás aparezca primero que Miqueas en tu Biblia, en realidad miraremos primero a Miqueas. ¿Por qué? Porque de muchas maneras, Jonás es una película para Miqueas. Las cosas que hacen los israelitas contra las que Miqueas se opone son exactamente las cosas que hace Jonás, y de las cuales los paganos no israelitas en Jonás se arrepienten. Mirar los temas de Miqueas, y luego aplicarlos a Jonás debería ayudarnos a ir más allá de la familiaridad de la historia de Jonás en su mensaje de juicio y misericordia. Es decir, juicio a Israel y misericordia para sus enemigos.

Un tema clave en ambos libros es que la salvación de Dios es para todos los pueblos. No solo para los judíos Entonces, antes de entrar en Miqueas, hagamos un trabajo de rastreo de ese tema a través de las Escrituras. ¿En cuál otra parte el Antiguo Testamento vemos esa idea? ¿Dónde está en el Nuevo Testamento? 

MIQUEAS

Introducción y Tema

Dicho eso, vayamos directamente a Miqueas. En la cronología histórica, Miqueas es el último de los Profetas Menores que hemos visto hasta ahora. Por cierto, si aún no lo has hecho, abre Miqueas y sígueme. Incluso si no estoy citando versículos de manera concisa, mantener el dedo aproximadamente en el mismo lugar en el libro del que estoy hablando te ayudará a armarlo. En el capítulo 1, versículo 1, puedes ver los nombres de los reyes que reinaron durante el ministerio de Miqueas. Aunque todos son reyes de Judá, la profecía de Miqueas concierne a ambos reinos. Y muchas cosas suceden durante la época de Miqueas, allá al final del siglo VIII. Al comienzo del libro, Asiria está a punto de invadir Israel. Al final, esta invasión se completa con la conquista, dispersión y aniquilación absoluta del reino del norte. El sur permanecerá, pero durante un tiempo parecía que los asirios harían lo mismo con ellos. Solo para orientarte, este es también el momento del profeta Isaías.

Esta invasión y dispersión de las tribus del norte es, por supuesto, un gran enigma teológico. Ellos son el pueblo de Yahveh. ¿Los está abandonando? ¿No está cumpliendo su objetivo del pacto? Bueno, por supuesto, la respuesta a esas preguntas es: «No». Esto no es culpa de Yahveh. El mensaje de Miqueas es que este juicio no habría sucedido si Israel hubiera cumplido su parte del pacto. Y todavía hay esperanza si el pueblo se arrepiente. Pero como no lo hará, el mensaje de Miqueas se proyecta hacia el futuro. Él predice un día en que un remanente de Israel será salvo a través de un futuro rey en el linaje de David.

Podemos resumir el enfoque principal de Miqueas así:

Dios juzgará a todas las personas; sin embargo, salvará un remanente a través de un futuro rey.  

Aunque Israel está perdido, la esperanza no está perdida. En esa oración temática, puedes escuchar que Yahveh todavía está comprometido con salvar a su pueblo. Pero no todos los individuos de Israel serán salvos. Solo «el remanente» lo será. Ahora bien, al pasar por los Profetas Menores, el llamado «Libro de los Doce», hemos señalado dónde surgen nuevos temas. El tema del divorcio que surge primero en Oseas, del día del Señor que comienza en Joel. Aunque la idea de un remanente ya se mencionó una vez —en Amós—, es en Miqueas que realmente se presenta como un tema principal. Y continuará como un tema principal a través del resto de estos profetas. Básicamente, el remanente son aquellos que aún serán salvados incluso después de la caída de los reinos del norte y del sur. Y ese remanente se define como aquellos que se arrepienten. Es realmente tan simple como eso. Las dos naciones son desechadas, pero aquellos que se arrepientan formarán el remanente que regresará, salvo. Y esta salvación se logrará por el gran y último Rey venidero. Entonces, es importante ver que aquí mismo, en Miqueas, estamos viendo que se está estableciendo otra base significativa para el Nuevo Testamento. Como luego escribirá Pablo: «no todos los que descienden de Israel son israelitas». Y, como se prefigurará en Jonás, el remanente eventualmente se expandirá para incluir incluso a aquellos que no descienden étnicamente de Israel. Entonces, cuando, de repente, las promesas hechas al pueblo étnico de Israel se cumplen en el Nuevo Testamento por medio de la iglesia, ¿lloramos? ¿Acusamos a Dios de una «teología de reemplazo»? ¡No! Los profetas nos han estado preparando, comenzando con Miqueas, para esta misma idea.

Estilo

Un breve comentario acerca de Miqueas antes de pasar al texto en sí. Él es un escritor magistral. Tiene grandes habilidades retóricas, usa juegos de palabras, imágenes poderosas y un ingenio agudo. Pero gran parte de su estilo y sofisticación se pierde en la traducción. Por ejemplo, hay un pasaje al final del capítulo 1 donde Miqueas proclama una serie de infortunios en ciudades de todo Judá que parecen bastante aburridas en castellano. Pero Miqueas está haciendo dos cosas allí. Primero, las ciudades que menciona Miqueas trazan la ruta que tomaría Senaquerib mientras su ejército marchaba hacia Jerusalén en el año 701 a. C. Segundo, cada una de las penas que proclama es, en hebreo, un juego de palabras o un juego de palabras con el nombre de la ciudad. Podríamos obtener un toque similar si alguien dijera: «El pecado no es nada nuevo en Nueva York». En otras palabras, el pecado es intrínseco a estas personas. Para obtener el sentido completo de la escritura de Miqueas, puedes leer este libro con la ayuda de un buen comentario o introducción, como el de la Biblia de Estudio ESV o la Introducción al Antiguo Testamento de Dillard y Longman.

Entonces, ¿de qué trata Miqueas?

  1. Dios quiere que los agravios sean reprendidos

En primer lugar, Miqueas quiere que sepamos que Dios quiere los errores sean reprendidos. Israel y Judá estaban marcados por el pecado. Miqueas condena una serie de pecados sociales y económicos, como la codicia, el robo, el fraude (2:2), las balanzas falsas (6:11), el soborno (3:11), el engaño (6:12), la violencia y el derramamiento de sangre (6:12 y 3:10). También condena los pecados religiosos, incluyendo la brujería (5:12), la idolatría (1:5-7), la falta de voluntad de prestar atención al Señor y el deseo de escuchar a falsos maestros (2:6, 11). En el fondo, este pecado es una cuestión del corazón. «Vosotros… aborrecéis lo bueno y amáis lo malo» (3:2). Israel violó su pacto con Dios por la apostasía deliberada y por la forma en que vivió esa apostasía. Socialmente, económicamente, políticamente. Trataron a la Palabra de Dios despreocupadamente. Capítulo 2, versículo 11: «Si alguno andando con espíritu de falsedad mintiere diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra; este tal será el profeta de este pueblo». Escogiendo profetas basados ​​en cuán optimistas eran sus pronósticos. Ahí todo fue de mal en peor.

Entonces Dios juzgará, pública y severamente. Capítulo 1, versículo 3:

«Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá y hollará las alturas de la tierra. Y se derretirán los montes debajo de él, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio. Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles son los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén? Haré, pues, de Samaria montones de ruinas, y tierra para plantar viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus cimientos».

Cuando Dios aparece, no lo hace a la ligera; la tierra es aplastada debajo de él. Su juicio es poderoso. Y es personal. Esta ira no es una desafortunada consecuencia de su justicia por la que esté avergonzado. Él se deleita en mostrar lo que está mal y que él tiene la razón.

Entonces, si eres de esos que tiene dudas acerca de la ira de Dios y la idea del infierno, permíteme asegurarte con el testimonio de pasajes como este que: la ira de Dios es real. Dios tiene una capacidad para airarse y está comprometido a responder a nuestro pecado con ira. ¿Cuánto odia Dios al pecado? La muerte de Jesús muestra cuán lejos Dios estaba dispuesto a llegar para lidiar con él.

Como resultado, deberíamos tomar las advertencias en la Biblia muy en serio. Este fue un juicio real que Israel padeció, y también lo será el nuestro. Nadie debe ser complaciente en su religión. Y una dura advertencia en la Biblia es uno de los medios de gracia de Dios para preservar nuestra fe. Lee Miqueas como una advertencia de no jugar con el pecado. Nos esclavizará. Y es mortal.

¿Preguntas?

  1. Dios quiere que su pueblo sea restaurado

Dios quiere que el pecado sea reprendido y castigado, pero también quiere que su pueblo sea restaurado. Ese es el segundo gran tema en Miqueas. Miqueas concluye cada pasaje de juicio con un pasaje de esperanza, de salvación y misericordia. Por ejemplo, en el 4:6-8 dice:

«Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre. Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén».

El juicio termina con un juicio perfecto del pecado. Pero en ese juicio, Dios misericordiosamente escoge guardar un remanente, una pequeña porción de personas apartadas para ser suyas. A estas personas, él promete justicia pero también misericordia. Promete salvación. Promete restaurarlos a su tierra. Dios cumplió esta profecía en parte al traer a Judá de regreso de su exilio en Babilonia.

Pero Dios promete una salvación aún más profunda. Miqueas apunta hacia una salvación final y duradera en el pasaje central del libro. En Miqueas 5:1-5, Dios promete un «Señor en Israel» que vendrá de Belén y «él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz». ¿Quién es este rey? Nada más y nada menos que el mismísimo Dios que se hizo hombre.

  1. Dios quiere que su carácter sea conocido

Finalmente, el tercer tema en Miqueas: Dios quiere ser conocido. Él juzga el pecado y muestra misericordia para mostrar su carácter y ser glorificado y reconocido por todos. Vemos que esto es de tres maneras.

Primero, Dios quiere que su carácter sea conocido a través del reconocimiento de su supremacía. Miqueas dice en 4:1-3:

«1 Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra».

Tanto judíos como gentiles vienen al monte de Dios y buscan andar en sus caminos. Y así el plan redentor de Dios termina con personas de todas las naciones reconociendo y regocijándose en su supremacía.

En segundo lugar, Dios quiere que su carácter sea conocido a través del recuerdo de su justicia. En el capítulo 6, Dios relata sus muchos actos de bendición y salvación hacia Israel, comenzando con su liberación de Egipto y la esclavitud, la provisión de liderazgo en Moisés y Aarón, su triunfo sobre los enemigos y la entrada a la Tierra Prometida. Por esa razón, hablamos de la historia redentora. Hay una larga historia de Dios redimiendo a su pueblo, y podemos glorificar a Dios y mostrar su carácter contando la historia. Esta es una de las formas en que Dios se da a conocer.

Por último, Dios quiere que su carácter sea conocido a través de la demostración de su misericordia. Vimos en la sección anterior cómo Dios quiere que su pueblo sea restaurado; La restauración de Dios va tan lejos que incluso promete perdonar el pecado. Miqueas dice: «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia» (7:18-20).

Si lo piensas, esos son quizá los tres temas principales que subyacen al evangelio cristiano. Un Dios justo que dice perdonar el pecado, para que pueda ser glorificado. Si estás buscando una perspectiva diferente del evangelio que mantenga esas grandes verdades, Miqueas es un excelente lugar para comenzar.

Conclusión

Entonces, ¿cómo nos apropiamos de estas promesas? ¿Cómo nos convertimos en parte de este remanente? Nos arrepentimos de nuestros pecados. Como dice Miqueas: «hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios».

Pero, por supuesto, el peligro para el pueblo de Dios es que siempre suponen su inclusión en la familia de Dios en lugar de hacer el arduo trabajo de arrepentirse. Y con ese problema en mente, volvamos a Jonás.

¿Preguntas?

JONÁS 

Contexto

Con una referencia a Jonás en 2 Reyes 14:25, podemos ubicar su ministerio durante el reinado de Jeroboam II de Israel a principios o mediados del siglo VIII a. C. Ese momento es significativo, porque Jonás es llamado a predicar a los asirios. Y a mediados del siglo VIII a. C., justo antes de que Israel sea invadido por Asiria. Entonces en este momento, Asiria ha sido el enemigo perpetuo de Israel por algún tiempo. Y esa es la dinámica que se sitúa debajo de este libro. Asiria es el enemigo de Israel. A Jonás no le gustan los asirios. Pero Jonás es llamado a predicarles (por cierto atando a Jonás, Nahum y parte de Miqueas juntos en su enfoque sobre los asirios). Para empeorar las cosas, parece que Jonás pudo haber estado acostumbrado a un tipo de profecía muy diferente. La referencia en 2 Reyes 14 hace que Jonás profetice expandir sus fronteras a expensas de sus enemigos. Cuán humillante es ahora volverse y predicar en beneficio de esos mismos enemigos.

En el contexto histórico redentor, Jonás es similar a los otros Profetas Menores que hemos visto hasta ahora. Pero lo que Jonás agrega a la historia es el énfasis de que Yahveh es Dios sobre todas las naciones, no solamente del pueblo del pacto, y que él salva tanto a  judíos como a  gentiles. Ahora, estas cosas también se enseñan en otros libros. Pero en Jonás realmente es puesto en relieve. Lo que esto nos ayuda a ver es que en toda esta conversación acerca de la ira de Dios en el día del Señor, el deseo de Yahveh es principalmente salvar. E incluso salvar de entre las naciones gentiles. Él es un Dios de gracia y misericordia. El libro de Jonás muestra cuán dispuesto está positivamente a salvar a las personas, persiguiéndolos con gracia aun cuando ellas no lo saben.

La historia de Jonás y la ballena es tan famosa que a menudo perdemos el objetivo teológico. Hacemos de esa emocionante historia el punto focal, en lugar de ver que esa historia es solo el medio para transmitir un mensaje muy importante. Y ese mensaje es que la misericordia de Dios es profunda y se extiende a todo su pueblo de cada tribu, idioma y nación de la tierra.

Historicidad

Una nota rápida acerca de la historicidad del libro. ¿Jonás es una historia real? La historia con frecuencia se descarta como una parábola o una fábula debido a lo fantástico que suena. Pero no se parece en nada a las parábolas que Jesús cuenta en los Evangelios, o a las fábulas de Esopo. Es larga, un libro completo de la Biblia. Es detallada, poblada de personajes reales y ambientada en un lugar y tiempo históricos identificables (siglo VIII a. C., Nínive). Y, más importante aún, Jesús la trató como un acontecimiento histórico.

Examinemos ahora el libro capítulo por capítulo y busquemos el tema de la misericordia de Dios, incluso la misericordia hacia los gentiles.

Jonás 1

En el capítulo 1, Dios llama a Jonás para predicar a Nínive. En cambio, Jonás huye, abordando una embarcación que se dirige a Tarsis. Dios envía una tormenta. Deberíamos notar el contraste entre los marineros paganos y Jonás. Los paganos temen al viento y la tormenta y comienzan a orar, mientras que Jonás duerme. Por un remordimiento de conciencia, los marineros se resisten a arrojar a Jonás al mar, mientras que Jonás, se ofrece como voluntario para saltar al embravecido océano, es muy probable que tenga tendencias suicidas. Los marineros suplican piedad a Dios mientras arrojan a Jonás por la borda. Entonces, los marineros «temieron a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos» (1:16). Todo lo opuesto a Jonás, que al comienzo del capítulo 1 escapa del Señor (1:3). Entonces, ¿quién está siguiendo al Señor? ¿El israelita Jonás? ¿O los marineros paganos? La ironía abunda, y es un tema que llegará a la plena madurez en el libro de Hechos del Nuevo Testamento. El libro de Jonás ya nos dice que Dios trata con los gentiles, que en su misericordia permite que algunos tengan temor, presumiblemente para que lleguen a conocerlo, e incluso mostrar algunos rasgos de Dios.

El capítulo termina cuando los marineros arrojan a Jonás por la borda y Dios provee «un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches» (1:17).

Jonás 2

Desde dentro del pez, Jonás se arrepiente y ora a Dios. Ten en cuenta que alaba a Dios por salvarlo de ahogarse, incluso cuando todavía está en el vientre del pez. Jonás sabe que incluso si va a morir dentro del pez, aún debe reconocer la bondad y la misericordia de Dios. Él ha sido realmente y verdaderamente humillado. «Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo» (2:4). Jonás sabe que ha sido castigado, pero humildemente busca el perdón de Dios. «Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová», ora Jonás (2:9). Aquí, y solamente  aquí en el libro, Jonás reconoce con alegría que Dios es un Dios de misericordia.

Jonás 3

En el capítulo 3, Jonás cumple la orden de Dios y le predica a Nínive. Es interesante que Jonás solo predique acerca del juicio inminente de Dios. No ordena explícitamente a los asirios que se arrepientan de su pecado, ni ofrece la posibilidad de que el juicio pueda ser evitado. Una vez más, las naciones paganas eclipsan al profeta de Dios, y los asirios responden de inmediato con arrepentimiento. «Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos» (3:5). De hecho, el rey de Nínive, que solo escuchó el mensaje de segunda mano, hizo lo mismo (v.6). Emitió una proclamación llamando al pueblo a ayunar y «a clamar a Dios fuertemente», y a «convertirse cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos». «¿Quién sabe?», dice, «si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos». Observa el contraste con Jonás: él solo se arrepintió de su pecado después de que Dios envió una tormenta furiosa y causó que un pez se lo tragara durante tres días. Sin embargo, los gentiles de Nínive se arrepienten después de que un desconocido extranjero predica un solo sermón. El rey de Nínive comprende mejor la misericordia de Dios que el propio Jonás, y es un mejor ejemplo de arrepentimiento y humildad.

Jonás 4

El capítulo 4 es el clímax del libro y explica claramente el mensaje teológico del libro. Miremos los primeros versículos juntos.

«1 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida».

¿No es increíble? ¡Jonás originalmente huyó porque sabía que si iba y predicaba y se arrepentían, Yahveh los perdonaría! A menudo solemos pensar que huyó porque tenía miedo de lo que los asirios le harían si se les acercaba. No es verdad. ¡Tenía miedo de la misericordia de Yahveh! ¡Él no quería que los asirios se beneficiaran de eso! Él conocía Éxodo 34:6, el cual cita aquí: «Porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal». En el capítulo 2, se humilla debidamente y acepta el juicio de Dios y su misericordia. Ahora está volviendo y tratando arrogantemente de decidir que Dios debe ser misericordioso con quien debe juzgar. Y la respuesta de Dios es gran parte del objetivo del libro. No importa cuán corruptos sean los ninivitas, no importa cuán desobediente sea Jonás, sin importar la situación con vientos, olas y peces, si Yahveh ha puesto su gracia sobre alguien, ¡nada puede detenerla! Él tendrá misericordia de quien tenga misericordia.

Dios responde en forma de una parábola viviente: Una planta crece para dar sombra a Jonás mientras se sienta en la ladera de la montaña, y luego Dios la mata. ¿La explicación de Dios? Versículos 9-11:

«Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. 10 Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. 11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?».

Y con eso, el libro termina abruptamente. La historia tiene la intención de mostrarle a Jonás cómo él también debería ser igual de celoso que Dios por la salvación de otros pueblos. Ser el pueblo de Dios implica cuidar de las naciones de la manera en que él lo hace.

Conclusión y aplicación

Jonás nos recuerda que Dios se preocupa por todas las personas. No hay nación que esté demasiado lejos para la salvación de Dios. Jonás asumió que el pacto de Dios era exclusivamente para un solo pueblo; su historia y su libro son grandes testimonios de la universalidad del mensaje de Dios. Este es el gran mensaje de Jonás 3: Dios tiene la intención de que su palabra se extienda por todo el mundo, y atraiga gente de cada tribu, lengua, pueblo y nación.

Y si Dios se preocupa por todos los pueblos, los cristianos también deberían hacerlo. Este es el punto de aplicación más importante del libro de Jonás. Como dijo Mark Dever: «Dios siempre ha estado más comprometido con alcanzar al mundo de lo que lo ha estado su propio pueblo». Deberíamos preocuparnos de ver la Palabra de Dios difundida por todas las naciones, y ese cuidado y esa preocupación deberían traducirse en la evangelización y las misiones. Jesús ordenó a sus discípulos, y eso te incluye a ti, cristiano: «id, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:19). Debería ser normal que los cristianos oren por el crecimiento de la Iglesia en otras naciones; que den dinero para apoyar misiones en otras naciones; que vayan y ayuden a plantar iglesias en otras naciones. Nuestro trabajo de difundir el evangelio debe ser internacional y global para reflejar la universalidad del dominio de Dios. Y nuestro compañerismo con creyentes de otros países será un testimonio poderoso, visible y contracultural del trabajo de Dios en nuestras vidas.

Por supuesto, no debemos perder el humillante mensaje de este libro. ¿Quiénes somos? ¿El humilde rey de Nínive? No, somos el reacio profeta Jonás. Somos el pueblo de Dios, estamos llamados a llevar un mensaje de misericordia a aquellos que no lo han escuchado, somos los que tardamos tanto en ir. Y somos aquellos que a menudo parecemos más ocupados con nuestro propio consuelo que con los grandes planes de Dios de mostrar su misericordia a las naciones. Lee Jonás con esto en mente y marcha por su camino humilde.

Entonces, pensemos en eso antes de terminar. ¿Cómo deberían estos dos libros, tanto Miqueas como Jonás, cambiar la forma en que pensamos sobre las misiones a nivel mundial y la evangelización en tu ciudad?

Conclusión

Bueno, hemos visto a la mitad de los Profetas Menores. Oro para que hayas sido impactado por la santidad del Señor, nuestra propia pecaminosidad y necesidad de un salvador, la gran misericordia del Señor al proveer ese salvador en Jesucristo, y nuestro gran llamado ahora a vivir vidas nuevas y santas como sus discípulos. La próxima semana continuaremos con los Profetas Menores.