Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 14: Eclesiastés y Cantar de los Cantares

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 14: Eclesiastés y Cantar de los Cantares


Introducción

¡Bienvenido a la segunda mitad de la clase del Antiguo Testamento! Hasta ahora hemos examinado la historia de Israel hasta David, y luego nos hemos adentrado en la literatura sapiencial: Job, Salmos y Proverbios, esencialmente la sabiduría requerida por los reyes de Israel para actuar como los gobernantes del pueblo de Dios en nombre de Dios. Esta mañana, terminamos la literatura sapiencial con Eclesiastés y Cantar de los Cantares antes de regresar a los libros históricos con 1 y 2 Reyes la próxima semana.

A medida que entramos en estos libros, permíteme enmarcar cómo deberías pensar acerca de ellos. En muchos sentidos, estos libros funcionan como comentarios de Génesis 2 y 3. Al igual que Proverbios, Cantar de los Cantares es un manual de «cómo hacer» para ejercer dominio, como se les ordenó a Adán y Eva en Génesis 2. Pero mientras Proverbios se centra en el mandato de trabajar y cuidar del huerto, sabiduría para nuestros «trabajos cotidianos» dentro del reino de Dios, por así decirlo, Cantar de los Cantares se enfoca en el otro lado del mandato de la creación: ser fructíferos y crecer en número. En muchos aspectos, Cantar de los Cantares tiene que ver con Génesis 2:25: «Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban». ¿Cómo es esa unión? Lee Cantar de los Cantares.

Ahora bien, si Proverbios y Cantar de los Cantares en general nos brindan sabiduría para operar en el mundo que debería ser, el mundo de Génesis 2, Eclesiastés es un comentario acerca del mundo de Génesis 3. El mundo de la caída. ¿Cómo es buscar significado en un mundo arruinado por el pecado? Eso es Eclesiastés.

Esa es una diferencia clave entre estos dos libros. Algo que tienen en común es lo fácil que es en ambos libros perderse en los giros inesperados y perder el mensaje principal. Por eso, Eclesiastés y Cantares a menudo se extraen para obtener citas concisas, pero rara vez se entienden como libros completos. Entonces, nuestro objetivo el día de hoy es tratar de entender la intención de Salomón al escribir, y el único tema que está tratando de enfatizar en cada libro. Es una gran tarea, así que empecemos. Comenzaremos con Eclesiastés. 

ECLESIASTÉS 

Contexto

Primero, veamos algo de contexto. En el capítulo 1, los versículos 1 y 12 nos dicen que el autor era un hijo de David[1]. ¿Cuál de ellos? Podría haber sido Salomón u otro descendiente. Simplemente me referiré a él como Salomón. Pero sin nada que históricamente lo ubique en el libro, termina teniendo una presencia intemporal entre nosotros, no muy diferente a Job. Entonces, ¿cómo establecemos algo de contexto para este libro dentro de la historia redentora?

Algunas consideraciones. En primer lugar, podemos pensar en este libro, como lo mencioné antes, como una guía explicativa de cómo vivir la vida en un mundo caído. En ese sentido, se encuentra en la cúspide de la historia redentora, aplicable a todos los tiempos. En segundo lugar, podemos pensar en este libro tal como fue utilizado por los primeros compiladores del Antiguo Testamento. Aunque no inspirada, esta tradición es, sin embargo, informativa. En ese orden inicial, el ordenamiento que se le habría enseñado a Jesús, Eclesiastés se sitúa cerca del final de la Biblia con material escrito después del exilio, entre Ester y Daniel, Esdras y Nehemías. En ese aspecto, Eclesiastés puede haber sido posicionado como una respuesta a la vida sin sentido durante y después del exilio. Llega a las preguntas existenciales planteadas por un pueblo que había perdido su tierra, su templo, su nacionalidad, y por ende, su identidad.

Bueno, con eso como trasfondo, ¿cuál es el mensaje de este libro?

Tema

Al igual que Job, Eclesiastés primero plantea un problema y luego da la solución. La pregunta suena así:

¿Cuál es el significado de la vida? ¿No es todo fugaz, vacío, inútil y vano, ya que todos estamos corriendo hacia la muerte? 

Citemos el capítulo 1, comenzando en el versículo 2: «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad». Y saltando al versículo 11: «No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después».

¿Nada tiene sentido? ¿Todo es vanidad? Son preguntas importantes. Como Robert Gordis escribió: «Cualquiera que haya tenido grandes sueños en su juventud y haya visto la ilusión esfumarse, o haya amado y perdido, o haya golpeado con las manos desnudas en la fortaleza de la injusticia y haya regresado sangrando y roto, ha pasado por la puerta del Maestro, y se ha quedado un rato bajo la sombra de su techo»[2].

He aquí un resumen de la respuesta de este libro:

¡Valioso! ¡Valioso! Todo es valioso porque todo está ordenado por un Dios eterno, soberano y decidido. Por tanto, deberíamos temer a Dios y regocijarnos en lo que él nos ha dado para hacer y tener. 

Eclesiastés confronta nuestro intento de encontrar valor en la creación sin el Creador. Se llega a la conclusión aleccionadora de que sin un Dios Creador soberano, todo es vanidad. Pero si el universo fue creado, y ahora es gobernado, por un Dios eterno, soberano y decidido, entonces hay un gran significado y valor para la vida. Ahora bien, observa que no solo dije que el universo tiene valor simplemente porque Dios es valioso. Dije que tiene valor porque Dios tiene ciertos atributos. Eterno, soberano y decidido. Solo si Dios ordena todas las cosas que suceden y tiene el poder de llevar a cabo sus planes, cualquier cosa temporal, como nuestras vidas, puede tener un valor significativo y duradero. El Dios de Eclesiastés es un Dios soberano, y todo es valioso porque Dios no hace nada sin un propósito. Por tanto, debemos temer a Dios, y debemos disfrutar de todas las cosas que él nos da. Después de todo, él tiene buenas y significativas razones para dárnoslas. Esto incluye nuestros trabajos, hogares, familias y demás. Pero también incluye nuestros problemas y aflicciones. Estos también son significativos y buenos. Es posible que no comprendamos cómo. Pero estamos llamados a confiar en Dios y a creer que él no comete errores.

Ahora. Comencé con las primeras palabras del libro declarando todo sin sentido. Y te dije que el mensaje del libro es que todo es valioso bajo un Dios eterno, soberano y decidido. ¿Cómo llegué del punto A al punto B? Déjame darte un panorama de la estructura del libro para explicarte.

Estructura y bosquejo

El libro comienza con la sección que estaba leyendo con una introducción que trabaja esencialmente como una antítesis. Todo es vano. Por cierto, la honestidad escéptica de este libro es poderosa y refrescante. Así es como todos nosotros a veces nos sentimos. Alabado sea Dios porque ha construido una parte de su palabra para sacarnos del escepticismo y llevarnos de vuelta a Cristo y a la fe. Voltea tu folleto y podrás ver cómo el libro sale del escepticismo.

Ten en cuenta que con esta introducción completa, el libro pasa de hablar en tercera persona—acerca del Predicador— a la primera persona, las palabras del Predicador. Volveremos a la tercera persona en el último capítulo del epílogo.

Los siguientes capítulos van y vienen al responder esta objeción básica. Empezamos con pruebas en el capítulo 2 de que todo es en vano: el Predicador lo ha intentado todo sin ningún significado. Y más adelante, al final del capítulo 2, vemos la tesis del libro. Todo es valioso si un Dios soberano gobierna el universo. Esa tesis es defendida, objetada, defendida, y por último, llegamos a una conclusión en el epílogo, capítulo 12. ¿Cuál es la conclusión del discurso? Versículo 13: «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala».

Permíteme guiarte para que puedas ver cómo este libro presenta su argumento en una sola línea de pensamiento.

1:1 – 2:23

Como mencioné anteriormente, los dos capítulos iniciales consisten en una exploración de cuál podría ser el significado de la vida. Con esa introducción, el Predicador nos da un recorrido por su búsqueda del valor de la vida lejos de Dios. Ese es el resto del capítulo 1 y la mayor parte del capítulo 2. Busca valor en la sabiduría, el vino, la risa, las riquezas, las delicias, su trabajo, sus proyectos, el sexo, el poder, la fama y la glotonería. Lo que quería, lo conseguía. Capítulo 2, versículos 10-11: «No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol».

Su búsqueda del significado fue como un intento de agarrar el viento.

¿Y el efecto de una perspectiva tan sombría? El versículo 17 nos dice que el Predicador odiaba la vida. ¡Y no es de extrañar! Incluso los placeres mundanos que tuvo finalmente llegaron a su fin. Todo termina; todo muere. ¡Es increíble que alguien consiga sonreír!

Lo que nos lleva al versículo 24 del capítulo 2.

2:24-26

Ahora recuerda, la línea de pensamiento es importante. Nada que el hombre pueda hacer desde que nace hasta que muere tiene un significado duradero. Por tanto, no tiene valor. Pero ahora, desde los versículos 24 al 26, va a presentar la solución a esta aparente vanidad de todo lo que está bajo el sol: «24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. 25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu».

¡Qué cambio de mentalidad! Vemos palabras como «mejor» y «alegre» y «de la mano de Dios» y «ciencia» y «gozo». Lejos quedaron las palabras «vanidad» y «aflicción de espíritu». ¿Qué ha cambiado? Los mismos hechos, la misma vida. Pero ahora una nueva mentalidad porque ahora esta es la vida con Dios.

Leamos el versículo 24 nuevamente. «No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios». Observa que dice que lo mejor que un hombre puede hacer es comer, beber y disfrutar de su trabajo. Creí que acababa que todo eso era vanidad. ¿Por qué ahora él recomienda trabajar? ¿Cómo puede decir que puede haber, y debe haber, satisfacción y alegría en toda la vida? Eso es lo que significa «comer y beber». Es una metáfora que significa «todo lo que alguien hace», puesto que comer y beber son la base de todas las actividades. Entonces, deberías vivir la vida, ser feliz y, de hecho, disfrutar del trabajo de tus manos. ¿Es eso realmente lo que está diciendo? ¿Cuál es el truco? Bueno, la trampa está en el resto del versículo: «También he visto que esto es de la mano de Dios». Salomón ha visto muchas cosas en los capítulos 1 y 2. Pero hay algo más que ha visto. Que «comer y beber», es decir, «disfrutar la vida» proviene de la mano de Dios. Bueno, ¡esto cambia todo!

Antes (es decir, 1:1 al 2:23), Salomón veía la vida a través del lente del hombre natural. Y podemos entender esto. Él simplemente estaba informando lo que había visto. Y cuando ese era el único instrumento de recopilación de información utilizado, sus conclusiones fueron sólidas, aunque pesimistas. Pero, una vez que recordó al Creador, la vida adquirió un origen, propósito, medio y fin diferentes. ¿Cómo es posible que lo que antes era vanidad ahora tenga sentido? Bueno, es porque el origen de cada actividad que uno emprende viene de la mano de un Dios eterno y significativo. La única manera en que algo temporal, como nuestras vidas, pueda tener un valor eterno es si un Dios eterno lo ordena. Porque él es un Dios intencionado que nunca hace nada sin razón o causa alguna.

En el versículo 25, se nos formula una pregunta retórica para respaldar esta afirmación: «¿Aparte de él quién puede comer o disfrutar?». Ahora todos comen, y muchas personas disfrutan sin Dios. Solamente lee el salmo 73. Pero es solo el disfrute efímero y vano de los primeros versículos del capítulo 2. Desaparece, como vapor. Pronto se desvanecerá. No tiene peso; ni valor. A menos que… provenga de Dios[3]. 

Ahora el versículo 26 cobra sentido. Aquellos sin esta sabiduría, conocimiento y alegría quedan a oscuras. Ellos viven «sin él». Por tanto, sus días están sujetos a esa vanidad de trabajar, reunir y almacenar riquezas para que otra persona las herede una vez que mueren. Esa es la vida vana; intentando vivir la vida lejos del Creador. Pero, gracias a Dios, a algunos les da sabiduría, conocimiento y alegría. Entonces, para ellos, todo tiene significado, ya que proviene de la mano de un Dios decidido. 

Esta idea se convierte en un estribillo común en el libro. Mira Eclesiastés 3:12-14: «Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. 14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres». Eso es de valor en la vida. Leemos esencialmente lo mismo en 5:18-20, 8:15 y 9:7-10.

Ahora bien, esto, amigos míos, es el evangelio en marcha para nuestra cultura. ¿Alguna vez has pensado en Eclesiastés como material para un buen estudio bíblico de investigación? ¡Puede ser fantástico! La gente está hasta el cuello con este tipo de nihilismo. Y en sus intentos por escapar de la insignificancia de la vida, se están metiendo en sus trabajos, y las hazañas sexuales y hedonistas materiales son un paso vertiginoso. Pero al final, lo único que encuentran es vanidad. Lo refrescante del evangelio es que es una respuesta a tal inutilidad. Así que comparte el mensaje de Eclesiastés con tus compañeros de trabajo, amigos, familiares y conocidos. Ellos están listos para escucharlo. Tenemos un mensaje de esperanza en un mundo sin esperanza.

El resto de libro

Lamentablemente, no tenemos tiempo para revisar el resto del libro. Pero puedes usar el esquema en la parte posterior de tu folleto para ver a dónde va desde allí. Habiendo explicado el tiempo perfecto de Dios para todas las cosas, el Predicador continúa citando la principal objeción de la humanidad a la bondad y soberanía de Dios, comenzando en el versículo 16 del capítulo 3: el problema del mal. Y la responde en tres partes. Los primeros siete versículos del capítulo 5 nos dan la misma respuesta al problema del mal que Dios le dio a Job. Parafraseando: «cállate». ¿Quién eres tú, criatura, para desafiar al creador? «Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras» (5:2b). La segunda parte de esta respuesta, a través del capítulo 7, versículo 14, es una evaluación clara de la prosperidad en este mundo. ¿Es la falta de cosas materiales realmente una señal de la maldición de Dios? Tal vez parte del problema del mal es una mala comprensión de lo que realmente es bueno. Y una tercera respuesta, al final del capítulo 7: ¿Por qué la gente buena sufre?

Al usar este libro, recuerda el aforismo «perder el bosque debido a los árboles». Para entender cualquier pasaje específico, realmente necesitas tener en mente la línea general de pensamiento. Y una vez que puedes unir todo, qué maravilloso tesoro.

Así que usa el libro de Eclesiastés. Úsalo cuando te sientas escéptico, como un camino honesto hacia la fe. Úsalo en la evangelización, para honrar la insignificancia con la que tu amigo inconverso se está enfrentando, y luego llévalo al evangelio. Y úsalo para resaltar el tesoro del evangelio en tu propio corazón. El libro de Eclesiastés nunca explica el evangelio. Pero nos dirige a él. Nos dice que Dios es soberano y que podemos confiar en él. Pero, ¿cuál es la mayor evidencia de su confiabilidad en el aparente nihilismo? Un Dios soberano que usó la mayor tragedia de la historia, la muerte de su hijo en una cruz, para nuestro beneficio eterno. Eclesiastés dice que todos son malvados y, sin embargo, el significado viene a aquellos que agradan a Dios. ¿Cómo pueden los malvados agradar a Dios? A través de la fe en el trabajo sacrificial de Jesús en nuestro nombre. Alaba a Dios por esta pequeña joya de libro.

¿Preguntas? 

CANTAR DE LOS CANTARES 

Contexto

Eso fue Eclesiastés. Pasemos ahora al cántico de Salomón. Esta vez el autor es claro, capítulo 1, versículo 1: Salomón. De nuevo, no hay un contexto histórico estricto del que tengamos que estar conscientes. Pero el libro tiene un contexto histórico redentor importante. Hay un poco de recreación e inversión de Génesis 2 y 3 en el libro. Lo que quiero decir es que esa hermosa relación en el huerto del Edén entre Adán y Eva fue pensada para la gloria de Dios y su bien. Ahora bien, en este lado de la caída, los hombres y las mujeres aún deben relacionarse entre ellos en el matrimonio, sexualmente, de acuerdo con el plan perfecto de Dios. Si lo hacen, será nuevamente para su gloria y su bien. Eso es, realmente para su bien. Pero si no lo hacen, experimentarán más de las mismas consecuencias que Adán y Eva sufrieron en Génesis 3: Dios no será glorificado y los hombres y las mujeres se dañarán a sí mismos y los unos a los otros.

Y más allá del contexto inmediato del matrimonio, sucede algo más. Como Stephen Dempster escribió en Dominion and Dynasty: «Despojado de su contexto literario, el cántico podría ser casi pornográfico. Pero el contexto del canon restringe el significado al contexto del matrimonio y lo expande para incluir la relación entre Yahveh e Israel». Este es un libro acerca del matrimonio. Puro y simple. Pero, ¿qué es el matrimonio? Los profetas del Antiguo Testamento usaron el matrimonio como una imagen de la relación de Dios con su pueblo del pacto, Israel. Al igual que Eclesiastés, el cántico fue colocado con la literatura posexílica en la Biblia hebrea. Presumiblemente, esos editores lo pusieron allí por una razón. Incluso en el juicio del exilio, Dios estaba proporcionando un recordatorio gráfico, apasionado y profundo de su amor y fidelidad para con su pueblo. Piensa en Isaías 62: «Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo» (v. 5b). Ese es el otro lado de este cántico.

Así que este libro es al mismo tiempo un comentario acerca de lo que significa que el hombre y la mujer estén «desnudos y sin vergüenza» y una celebración del amor de Dios por nosotros.

Tema

Podemos resumir Cantar de los Cantares así: 

Cantar de los Cantares canta acerca del hijo de David, que es el rey ideal de Israel, que es la simiente de la mujer, simiente de Abraham, simiente de Judá, simiente de David, que goza de una intimidad desinhibida y desvergonzada con su amada, en un huerto que le pertenece. 

Ser creado a  imagen de Dios significa ser creado hombre y mujer. Ellos debían reflejar la gloria de Dios a través de una relación sexual armoniosa y pura. Sin embargo, al entrar el pecado, todo se vino abajo. Ahora, después de la caída, incluso con naturalezas pecaminosas, los hombres y las mujeres son llamados a la monogamia y a la pureza sexual. Este libro ensalza la belleza y el valor de vivir en una relación así, y nos advierte que no debemos crear nuestra propia agenda sexual.

El libro en muchos sentidos se parece a un drama romántico de Shakespeare: la joven prometida y su amado cantándose alabanzas sobre cuán bellos y hermosos son; luego se casan y viven felices para siempre. A diferencia de Shakespeare, no hay asesinato y nadie se suicida.

El cántico se divide en tres secciones básicas. El cortejo, desde el 3:5. La ceremonia de bodas y la consumación del matrimonio, desde el 5:1. Y el matrimonio, hasta el final del capítulo 8.

Primero, el cortejo, cuyo tema es la paciencia. Mira el capítulo 2, versículo 7: «Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera». El contexto de estos versículos es que la joven y el joven todavía no se han casado, y la joven expresa su deseo de permanecer casta hasta el momento adecuado. Y ella anima a otras mujeres a hacer lo mismo. Les está diciendo, no apresuren lo que creen que es el amor y los actos de amor, hasta que llegue el momento. Entonces, en el matrimonio, el sexo será hermoso, honorable a Dios y saludable para la relación. Antes de eso, solo cosechará ruinas. Estas palabras se repiten en el capítulo 3, versículo 5. Este versículo es en realidad las últimas palabras antes de la boda en el versículo 6. Así que hasta el final de la soltería, la paciencia se exalta y se nos exhorta a todos.

Pero luego llegamos a la boda el resto del capítulo 3, y a una hermosa y gráfica descripción del sexo y la sexualidad en el capítulo 4, que conduce a un comentario final en el capítulo 5, versículo 1: «Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados». Muchos que han estudiado esto piensan que esta es la voz misma de Dios. Dios ahora está bendiciendo su relación sexual. El sexo no es solo una pequeña y sucia necesidad para la producción de niños, sino un acto bueno y hermoso que honra a Dios entre un hombre y una mujer casados. El sexo, como el matrimonio, fue creado por Dios para su gloria y para el bien y la salud de sus criaturas. Y este libro celebra ese hecho.

Bueno, entonces, para el resto del libro, vemos la vida matrimonial de esta pareja. Y en Cantares 8:4, el estribillo se escucha nuevamente: «No despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera». La mujer casada sigue suplicando a las jóvenes que sean sabias y esperen el matrimonio, y no arruinen las cosas porque no podían esperar.

Mencioné anteriormente que el libro debe entenderse como una inversión de parte de la caída en el pecado. Regresa a Génesis 3:16. Cuando Adán y Eva cayeron en pecado hubo varias consecuencias. Una de ellas fue que ahora su relación matrimonial sería tensa. Ya no sería armoniosa y agradable. En cambio, la mujer desearía controlar al hombre y el hombre abusaría de su autoridad y la dominaría. Con la llegada del pecado, los votos matrimoniales han sido distorsionados. El egoísmo, en ambos lados, levantará la cabeza y los conducirá.

Pero no tiene que ser así. En ese sentido, el sexo en el matrimonio es quizá una de las visiones más puras que tenemos del cielo, cuando todas las cosas serán restauradas a su gloria edénica, y más allá. Mira el capítulo 7, versículo 10: «Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento». Ese es el amor abnegado en Génesis 2, y no las relaciones egoístas de Génesis 3. El matrimonio como debería ser. La mujer no busca controlar, y a su vez ser explotada por el hombre. En cambio, el hombre está cumpliendo su papel de liderazgo amoroso y deseando a su esposa.

Conclusión

De Cantar de los Cantares, aprendemos que el matrimonio y el sexo ocupan un lugar muy alto en la economía de Dios. Por tanto, como sus seres creados, es imperativo mantener puro el lecho matrimonial: para que las personas solteras se abstengan de tener relaciones sexuales y las parejas casadas se amen entre sí. Si abusamos de estos dones que Dios nos ha dado, el desastre y la frustración serán el único resultado, tal como lo fue con el primer pecado en el huerto.

Y así, este libro es una guía maravillosa para la relación y el sexo en el matrimonio. Pero también es una hermosa descripción del amor de Dios por nosotros, cuya pasión solo puede describirse por la pasión que existe en un matrimonio. Este es el matrimonio perfecto. Y es el amor que Dios tiene para ti. Entonces, sea que estés casado o no, lee este libro con ambas cosas en mente. Este es un matrimonio verdadero. Y el matrimonio verdadero es una imagen del amor de Dios por nosotros en Cristo. Así de increíble te ha amado Dios.

 

[1] Muchos han dicho que fue Salomón por su famosa sabiduría, y porque el texto dice que el Predicador fue rey de Israel en Jerusalén. Pero «hijo de David» podría referirse a cualquier otro descendiente. Y algunos aspectos del libro, como cuando se hace referencia al rey en tercera persona, suenan claramente diferentes a Salomón.

[2] Robert Gordis, Koheleth—The Man and His Word, vol. 19 de Text and Studies of the Jewish Theological Seminary (New York: Seminario Teológico Judío de América, 1955), 3.

[3] De hecho, es imposible vivir en el orden creado «sin Él». No obstante, algunos lo intentan. Ellos son los que no encuentran placer. No encuentran nada duradero bajo el sol. Solo encuentran vanidad porque no conocen a este Dios. Ellos no reconocen su señorío y su soberanía. Y esto es por la explicación que encontramos en el versículo 26.