Clases esenciales: Amando a los vecinos y al vecindario

Amando a los vecinos y al vecindario – Clase 5: Restricciones y límites

Artículo
10.07.2019

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Clase esencial
Amando a los vecinos y al vecindario
Clase 5: Restricciones y límites


  1. Introducción

¡Bienvenido a la clase #5 de este seminario básico! En las primeras cuatro clases, intentamos presentar una visión cristiana de amar, de manera individual y estructural, a nuestros vecinos y a nuestro vecindario. Hablamos de cómo podemos hacer estas cosas para obedecer a Jesús, adornar el evangelio, compartir el evangelio y mostrar la gloria de Cristo.

El día de hoy, esa visión se encuentra con la realidad cuando hablamos del hecho de que amar a tus vecinos, no siempre es fácil. En un mundo caído, podemos toparnos con restricciones y límites cuando amamos a nuestros vecinos. Entonces, ¿qué sucede cuando intentas poner todo esto en práctica y tus vecinos no parecen interesados? Sencillamente no quieren tener más que una relación superficial contigo; les alegra que te quedes del otro lado de la acera, y ellos quieren quedarse en el suyo. ¿Cómo lidias con esas limitaciones? ¿O qué pasa si las cosas se deslizan en la dirección opuesta? Parecen tan encantados con tu amor hacia ellos que rápidamente comienzas a sentir que te usan y que se aprovechan de ti? ¿Es eso bueno para ellos? ¿Es bueno para ti? ¿Hay espacios para los límites al amar a nuestros vecinos?

Esta es la realidad con la que lidiamos. Y al lidiar con ella, primero veremos diferentes restricciones, y a continuación algunas limitaciones.

  1. ¿Qué pasa si tus vecinos no quieren ser tus amigos?

Primera restricción: ¿Qué pasa si tus vecinos no quieren ser tus amigos? La semana pasada, Jamie habló acerca de vivir en un complejo de apartamentos en Laurel, Maryland, donde el estacionamiento quedaba vacío a las 6:30 de la mañana y nadie nunca estaba los fines de semanas. ¿Cómo puedes amar a tus vecinos si nunca los ves?

Recordarás cómo él y Joan se hicieron amigos de un grupo de guardias nacionales argelinos que habían sido enviados a Laurel durante un año por el gobierno de su país sin ningún tipo de transporte. Quedaban atrapados en el apartamento los fines de semana y estaban bastante felices de hacer amigos.

¿Cuál sería la razón por la que tus vecinos no quieren ser sociables? Aquí tienes algunas sugerencias de un libro llamado The Art of Neighboring por dos pastores en Denver:

  • Podría ser que están muy ocupados, como la experiencia de Jamie y Joan en ese complejo de apartamentos.
  • Podría ser que están cansados de ti, quizá se volvieron tímidos por malas experiencias con otros vecinos en el pasado. O les cuesta hacer amistades, o les pareces demasiado extrovertido para su gusto.
  • Podría ser que ya están relacionalmente llenos y simplemente no necesitan otra amistad.
  • Quizá se encuentran en una etapa diferente de la vida. Tú estás soltero con mucho tiempo libre por las noches y los fines de semana, mientras que ellos tienen dos hijos pequeños y su vida social se divide entre el trabajo y las siestas. O podría ser que a ellos les agrada estar rodeado solo de adultos, y tú andas con un ejército de niños cada vez que los ves.
  • Por último, tal vez les asusta lo que podrías descubrir una vez que los conozcas. Temen que conozcas a su hijo adulto con autismo, o temen que descubras sus antecedentes penales, o su adicción, o temen que te espante su deteriorado matrimonio. O simplemente temen que sus habilidades de limpieza no alcancen tus expectativas. Las personas casi siempre son más complejas en el interior de lo que aparentan externamente.

¿Qué haces en estas situaciones? Esa es la pregunta que estaremos contestando: ¿Qué hacemos en esta clase de situaciones? Y mi respuesta es principalmente, sé paciente. Esa es una ventaja de amar a tus vecinos, porque muchos de ellos estarán cerca durante muchos años y, con el transcurso del tiempo, las cosas pueden cambiar. Dentro de ese contexto de la paciencia, permíteme darte cuatro consejos:

A. Primero, deja de complacer a la gente. Complacer a las personas es demasiado desafiante, tenemos un seminario acerca de ese tema cada primavera. Puede ser muy fácil ver el rechazo percibido como un referéndum de tu valor como ser humano. Pero no queremos acercarnos a nuestros vecinos o usarlos para poder ser aceptados y sentirnos mejor; no, queremos amarlos y aceptarlos. Nuestro ejemplo es Jesús: 1 Pedro 2:23 dice: «quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente». El amor de Jesús no estaba basado en lo que él podía recibir de alguien. Y Jesús no solo es nuestro ejemplo, su amor es lo que empodera el nuestro. 1 Juan 4:19: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero». Luchamos contra el deseo complacer a las personas creyendo que sea lo que suceda es parte del buen plan de Dios para nosotros, y amando no por la necesidad de ser amados, sino como respuesta al amor de Jesús para con nosotros.

Mientras preparaba esta clase me convencía de esto. Si tu amor por alguien se basa en su amor por ti, entonces no sientes amor por ellos. En otras palabras, si tratamos a las personas como medios para un fin (te amaré *para que* me ames), no les estamos amando. Las estamos usando. Y eso es terrible. ¡Las personas no fueron creadas para ser usadas! Esa es una verdad básica y fundamental que merece ser dicha dos veces: ¡Las personas no fueron creadas para ser usadas!

Sin embargo, muy a menudo nuestro «amor» es realmente una transacción; «te amaré *si* me amas». Pero eso no es amor. El amor que se da con condiciones no es amor. El servicio que se hace solo para recibir una paga o para ser reconocidos no es servicio. Pero así es como es el «amor» en el mundo.

No obstante, en la fe cristiana, en la iglesia, tenemos un estándar diferente. No debo amarte *porque* me amas. Debo amarte *porque* Dios me amó primero, aun cuando era su enemigo. Cristianos, amemos a nuestros vecinos, ellos han sido creados a imagen de Dios. Porque si contamos con una fe que mueve montañas, con todos los dones espirituales, con la mejor teología del amor al prójimo y la mejor visión de cómo llevar a cabo cambios estructurales, *pero no tenemos amor…*

No somos nada.

El amor, el amor verdadero, es tan básico y esencial para el cristianismo como lo es de difícil. Señor, ¡ayúdanos! Coloqué algunos textos en tu folleto para meditar a la luz de este punto, así si buscas material para tus tiempos devocionales durante la próxima semana, allí lo tienes; de nada.

B. Ora. «No tenéis lo que deseáis, porque no pedís» (Santiago 4:3). ¿Le pides a Dios que te ayude a entablar amistades con los vecinos que no conoces? ¿O ellos simplemente desaparecen del radar?

C. Busca consejería. Preferiblemente, de un amigo cristiano en quien confíes, y que conozca tu vecindario. Esa persona que no parece interesada, ¿es por algo que estás haciendo? Ve si alguien más puede orientarte en cómo ser más accesible a tus vecinos.

D. Quédate. Considera vivir en una dirección durante un largo tiempo. O al menos asegúrate de valorar correctamente el costo de la transitoriedad cada vez que te mudes. Por muchas razones, es probable que las personas sean más eficaces en mostrar el evangelio si no se mudan regularmente. Tal vez no sea sabio para ti llegar a esa ubicación a largo plazo todavía, pero considera seriamente los grandes beneficios de trabajar en pro de estar en una ubicación durante un largo tiempo.

En general, tienes que reconocer que Cristo te llama a ser fiel con lo que te ha dado, no con aquello que no te ha dado. Si él no te ha brindado la oportunidad de ser amigo de tu vecino, entonces hasta allí llega tu responsabilidad, al menos por ahora. Hemos notado el realismo de Gálatas 6:10 en esta clase antes, y es refrescante. «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe». Encontramos el mandamiento de amar: «hagamos bien a todos», pero dentro de los límites de la realidad que Dios ha ordenado soberanamente: «según tengamos oportunidad». El día solo tiene cierta cantidad de horas, el año cierta cantidad de días, y existe cierto número de amistades que puedes tener, en vez de obsesionarte con ese vecino que no quiere ser tu amigo, ora y enfócate en los que sí lo desean. Lo que nos lleva a otra restricción:

  1. ¿Qué pasa si tu amistad no está yendo a ningún lado?

Lo que para un cristiano significa que tus vecinos no están interesados en el evangelio. Allí es donde necesitamos recordar nuestras dos primeras clases. Aunque ver llegar a tus vecinos a Cristo puede ser tu motivación principal, no es tu motivación ulterior. Es decir, quieres amarles como a más que simples medios para el fin de la conversión. Amarlos adorna el evangelio, para ellos y, quizá, para otros vecinos. Amarlos muestra el amor de Dios, incluso si escogen no responder a su amor.

Y reconoce que, durante la mayor parte del tiempo, tu amistad con la mayoría de tus vecinos probablemente estará en un nivel de amistad educada. Está bien, solo asegúrate de que, siempre que sea posible, quede claro que si ellos quieren algo más que una amistad superficial, estás dentro. Es posible que te sorprendas de lo que podría suceder en la vida de alguien que lo lleve a buscar ser tu amigo por lo que ha visto de Cristo en tu vida.

  1. ¿Qué pasa si no les agradas?

Tercera restricción: Existen muchas formas en las que las amistades con tus vecinos pueden terminar mal. Después de todo, rara vez puedes escoger a tus vecinos. Recuerdo hace un tiempo la historia de un vecino al otro lado del río en Alexandria que, enojado con su vecino, construyo un garaje de cemento a dos pies de la ventana de la cocina de su vecino[1]. ¡Wow! Espero que tus vecinos nunca se enojen tanto contigo.

Un gran problema aquí es que incluso si no tienes la culpa en una disputa de vecindario, la reputación de Cristo todavía puede verse afectada, y tus motivaciones ciertamente serán malentendidas. Entonces, ¿qué debes hacer cuando no le agradas a tus vecinos?

Bueno, primero, examina tus motivaciones para ver si ellos podrían tener la razón. Espero que como cristianos, la humildad sea siempre nuestra primera reacción. ¿Valoraste tus derechos más que la oportunidad de amar a tu vecino? ¿Le hiciste daño a esa persona, incluso si no fue intencionalmente? Creo que podemos acostumbrarnos tanto a las palabras «lo siento» en el contexto de las amistades de la iglesia que olvidamos lo extrañas que pueden sonar para oídos externos. Si estás equivocado, aun si es parcialmente, debes disculparte y procurar la restitución. Recuerda Proverbios 15:1: «La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor». No es una garantía, al fin y al cabo, se trata de un proverbio y no de una profecía, pero es algo que será generalmente cierto.

Por supuesto, a veces puedes enredarte tratando de descubrir cuánto de culpa tienes en una discusión con tu vecino, o si hay algo que podrías haber hecho diferente para evitar llegar a donde estás ahora. Permíteme presentarte dos versículos en las epístolas de Pablo que creo pueden ayudarnos a mantener una perspectiva realista de lo que es posible en estas relaciones.

El primero de ellos es Romanos 12:17, lo verás en tu folleto. «No paguéis a nadie mal por mal». Creo que ya lo hemos tocado antes. Pero si no debes pagar a nadie mal por mal, ¿qué deberías hacer cuando tu vecino te trata mal? Tu meta es promover la reputación de Cristo en tu vecindario, incluso si un vecino en particular está molesto contigo. ¿Qué curso de acción será honorable a la vista de todos? Piensa en cómo responder esa pregunta. Es un excelente estándar que aplicar a las relaciones difíciles en tu vecindario.

El segundo versículo es 1 Tesalonicenses 2:10: «Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes». Pablo defiende su conducta hacia los tesalonicenses. Estoy seguro de que la conducta de Pablo no era perfecta, después de todo, estamos hablando de Pablo y no de Jesús. Sin embargo, Pablo dice que él era «irreprensible».

Esa categoría «irreprensible» es realmente una buena categoría para nosotros, y sobre todo para aquellos de nosotros con conciencias tranquilas. Irreprensible no es lo mismo que perfecto, simplemente significa que no eres el culpable de lo que pasó en la relación.

Entonces, cuando las cosas salen mal, creo que dos buenas preguntas para hacer son: (1) ¿Fue (y es) mi conducta honorable a la vista de todos? Y (2) ¿Soy irreprensible ante lo que pasó? Nuestra oración debería ser que podamos responder ambas preguntas positivamente. Y cuando no podamos, es cuando las disculpas y la restitución son importantes.

Nuestra meta es vivir en paz con todos (Romanos 12:17). A veces eso no es posible, y cuando no lo es, debemos recordar, como Pablo hizo, que finalmente es la opinión de Dios de nosotros la que importa, no la opinión de nuestros vecinos. 1 Corintios 4:3-4: «Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor».

¿Alguna vez has tenido una relación amarga con un vecino? ¿Qué hiciste, y cómo terminaron las cosas?

  1. ¿Qué pasa si se aprovechan de ti?

Hace un par de semanas, hablamos de la importancia de crear un margen en tu vida, y un grupo de personas en nuestra iglesia que quiero resaltar son las madres que han decidido quedarse en casa para poder tener esta clase de margen. Pienso en Susan Wall que se asegura de tener un margen casi al final del día escolar todos los días para poder ayudar a otros padres que podrían llegar tarde a recoger a sus hijos. Pero, por supuesto, puedes imaginar fácilmente cómo eso podría acabar mal. Alguien llama a Susan a último minuto un día para pedirle ayuda, lo cual está bien. Luego, la siguiente semana, sucede en tres días diferentes. Muy pronto, Susan es la cuidadora vespertina de facto para esa familia. Puedes imaginarte a Susan yendo a conversar con esa familia una noche, para descubrir que el esposo y la esposa están teniendo serios conflictos acerca de quién debería salir temprano del trabajo para recoger a los niños. Así que básicamente lo que pasó fue que descubrieron que era más fácil dejarle la carga a Susan en lugar de solucionar esto. Ahora la bondad de Susan está permitiendo un patrón bastante dañino en su matrimonio. Es una historia hipotética, pero realmente una que podrías imaginar sucediendo fácilmente.

Muy bien, entonces, ¿cómo debemos pensar en establecer límites a nuestros vecinos? Consideremos primero por qué las limitaciones pueden ser saludables, y luego cómo deberían ser las mismas.

Por qué

Hacer la pregunta del «por qué» es extremadamente importante porque aquí es donde a menudo complicamos las cosas. Para un cristiano, la razón principal para establecer límites en una relación no es protegerse a sí mismo, sino a sus vecinos. Parece que la filosofía de este mundo es que el primer y gran mandamiento es «ámate» seguido (en ocasiones) de «ama a tu prójimo». Pero, por supuesto, en el reino de Jesús, debemos negarnos a nosotros mismos. Me acuerdo de la intensa pregunta de Pablo en 1 Corintios 6:7 a un montón de cristianos que estaban poniendo sus derechos por encima del amor: «¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?».  Ser agraviado, ser defraudado no es el peor destino que un cristiano puede imaginar.

En vez de establecer limitaciones con el propósito de la autopreservación, los límites son por el bien del amor. Regresando a Pablo, viene a la mente el límite que estableció para los tesalonicenses. 2 Tesalonicenses 3:10: «Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma». Algo abrupto, ¿cierto? «Si trabajas, no comes». Pero Pablo no hizo eso porque temía ser agraviado; lo hizo porque amaba a estas personas. Los tesalonicenses se inclinaban hacia a una ociosidad pecaminosa, y Pablo no quería permitir esto de ninguna manera. Su meta era el amor.

Pensemos por un momento en las diferentes categorías de conductas poco saludables que los límites podrían ayudar en aras del amor.

  • Ya mencioné una: Permitir. A veces tu amabilidad le permite a una persona evitar hacer algo que es difícil para ella, como lidiar con un matrimonio roto, o reunir el coraje para buscar un trabajo, o tener una conversación difícil con otro vecino.
  • Otra categoría: La amistad falsa. A veces al apoyarse en ti, un vecino está, tal vez sin darse cuenta, sacrificando una verdadera amistad contigo. Eso podría deberse a que no se siente como tu igual, ya que su amistad solo consiste en pedirte cosas. O podría ser porque se siente un poco avergonzado de lo dependiente que se ha vuelto.
  • Tercera: Podría limitar tu capacidad de ayudar a los demás. Quizá tu servicio a un vecino se ha vuelto tan cuantioso que te impide amar a otros. Debemos ser buenos administradores del tiempo que Dios nos ha dado, y a veces eso puede implicar tener que decir: «no» a una necesidad que podrías satisfacer de otra manera. Esta categoría podría incluso incluir proteger el tiempo de ti mismo, para que puedas amar a los demás de manera sostenible, aunque realmente debemos tener cuidado de no usar esto como una excusa para ser egoístas. Para dar un ejemplo extremo: si tu vecino te pide que le ayudes a alimentar a su bebé en los turnos de 11 de la noche y 12 de la madrugada, eso no será una fórmula para el amor al prójimo fuera de ese acto particular de servicio, ¿verdad?
  • Última: Las limitaciones pueden ser útiles cuando tu servicio realmente se vuelve degradante. Dios nos creó para ser personas de dignidad, y parte de esto, 1 Tesalonicenses 4:12, no es depender de otros para las cosas que deberíamos ser capaces de hacer nosotros mismos. Cuando tu servicio se entromete erróneamente en tu dignidad como ser humano, los límites pueden ser útiles.

Así que sí, los límites pueden ser útiles en ocasiones, pero debemos recordar que como cristianos, nuestra motivación es el amor y no el egoísmo.

Qué

¿Cómo deberían ser estos límites? Resaltamos principalmente el arte de decir «no», de modo que siempre que sea posible, las personas entiendan que estamos actuando por amor y no simplemente para autoprotegernos. Seré honesto, puede ser realmente difícil discernir cuándo los límites son apropiados. Pero permíteme volver al libro que mención al inicio de la clase, The Art of Neighboring, para un concepto útil. Parte de saber qué límites serán útiles es determinar si en tu relación con un vecino has pasado de ser «responsable de» a «responsable por».

Responsable de: Somos responsables de amar, estimular, orar, etc. Estas son las responsabilidades que Cristo nos ha dado, son cosas son buenas, útiles y honran a Dios.

Pero a veces pasamos a ser «responsables por». Responsables por sus finanzas, por su felicidad, por su condición espiritual, por su matrimonio. Ser responsable de es un deseo de ayudar, amar, asistir. Ser responsable por es quedar atrapado para asegurar un resultado particular. Cuando dices: «no hay forma de que pierdas tu casa», o «vamos a recuperar tu matrimonio», has pasado de ser «responsable de» a «responsable por», y te has puesto en un terreno inestable.

Una vez que comienzas a sentir que tu relación con un vecino se ha trasladado a un lugar en el que él espera que proveas las cosas que él debería proporcionar para sí mismo, cuando has hecho el cambio a la «responsabilidad por», entonces necesita hacer algunas cosas:

  • Primero, si parte de la culpa recae sobre ti, por ejemplo, por hacer promesas que no debiste haber hecho, es posible que debas disculparte.
  • Segundo, necesitas establecer algunos límites para la amistad que harán que se mantenga sana. Por ejemplo, el dejar de prometer a su hijo que te asegurarás de que siempre pueda ir a su trabajo, por ayudarlo a descubrir cómo comprar un automóvil.
  • Tercero, es posible que debas elaborar un plan de cómo vas a salir de esta dinámica poco saludable. Eso probablemente no signifique simplemente dejar a tu vecino sin previo aviso; probablemente involucre un plan durante varias semanas o meses para que sea responsable de sí mismo.
  1. Conclusión

Supongo que parte de esta clase te hace sentir un poco deprimido. Suena muy duro, ¿no es así? La idea de que el amor a veces puede ser contraproducente puede hacer que nos sintamos incómodos. Y sí, hay tantas limitaciones en las formas en que podemos amar a nuestros vecinos. Así que permítame cerrar con una de las parábolas de Jesús más esperanzadas y relajantes en Marcos 4, versículo 26. La verás en tu folleto.

El granjero es fiel en plantar la semilla, y luego, incluso mientras duerme, Dios es quien la hace crecer. ¡La Palabra de Dios es poderosa! Está trabajando incluso cuando nosotros no lo estamos. Si has tenido la oportunidad de compartir el evangelio con un vecino, de compartir la Palabra de Dios con él, esa semilla puede estar brotando y creciendo aunque no puedas verla. Dios está trabajando todas las horas de cada día, y no tienes idea de lo que podría estar haciendo con la semilla que ha sido esparcida en tu vecindario, incluso la semilla que tú no esparciste. Nuestro trabajo es ser fieles administradores de las oportunidades y relaciones que él nos ha dado. Así, descansamos seguros en el conocimiento de que Dios toma el servicio fiel y lo usa para producir una cosecha fantástica. Por tanto, oremos por la cosecha y oremos para que más obreros sean enviados a nuestros vecindarios, porque la mies es mucha, pero pocos son los obreros.

 

[1]https://patch.com/virginia/delray/not-so-neighborly-feud-goes-public-del-ray