Clases esenciales: Amando a los vecinos y al vecindario

Amando a los vecinos y al vecindario – Clase 3: Ama a tus vecinos y a tu vecindario

Artículo
10.07.2019

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Clase esencial
Amando a los vecinos y al vecindario
Clase 3: Ama a tus vecinos y a tu vecindario


[Nota para el profesor: Esta clase es intencionalmente corta para que puedas añadir tus propias historias. esta clase será mucho mejor con anécdotas personales de tu vida].

  1. Introducción

¡Bienvenido a la tercera clase de nuestro seminario! La clase de la semana pasada trató acerca de por qué el amor por nuestros vecinos importa, y por qué incluso nuestro amor por el vecindario importa. Importa porque es parte de cómo demostramos quién es Dios. La clase de hoy será más aplicada.

Sin embargo, antes de entrar en la clase, quiero recordarte la advertencia de la que hablamos hace dos semanas. No todo en esta clase será obligatorio, o incluso apropiado, para todos los cristianos. Jesús nos ordenó a todos amar a nuestro prójimo, por lo que la obediencia a ese mandamiento no es opcional. Todos debemos vivir nuestras vidas para Jesús, usando cada momento para hacer su obra, tomar nuestra cruz y seguirle (Lucas 9:23). Pero incluso si lo hiciéramos a la perfección, como la respuesta perfecta al amor que él nos ha mostrado, será diferente para cada uno de nosotros. Todos tenemos diferentes dones, diferentes limitaciones y debilidades, y diferentes oportunidades. Entonces, supongamos que Jamie es un vecino fiel de muchas maneras; digamos que conoce a todos sus vecinos, sabe todos sus nombres y le dijo a todos que es cristiano. ¿Está Sam Emadi en pecado por no hacer lo mismo con sus vecinos?

Correcto, la aplicación será diferente para cada uno de nosotros al hablar de amar a nuestros vecinos. En ese sentido, es mejor ver esta clase menos como un libro de reglas, un montón de «ordenes», y más como un menú, un montón de ideas de cómo podemos amar bien a nuestros vecinos. No estamos aquí para ser mejores vecinos que tú, por lo que hablaremos de un menú, no de un reglamento.

Si puedo presionar un poco más la metáfora: No necesitas comer todo lo que hay en el menú, pero sería una lástima salir del restaurante sin haber comido nada. Será bueno para ti que intentes salir de aquí con algunas ideas de lo que quieres considerar para ser un mejor vecino.

Sin embargo, antes de llegar a un montón de ideas prácticas, quiero revisitar dos categorías básicas de amar a nuestros vecinos que presentamos hace dos semanas, y encontrarás estos dos puntos en tu folleto.

  1. Los vecinos y el vecindario

A menudo, cuando pensamos en amar a nuestros vecinos, pensamos principalmente en el amor a nivel individual. Pero si nos detenemos allí, no creo que hayamos comprendido las implicaciones de la clase de la semana pasada. La semana pasada, discutimos que el propósito de nuestro trabajo y de nuestras relaciones (Génesis 1:28) se basa en nuestro propósito supremo de reflejar a Dios (Génesis 1:27). Reflejamos a Dios, demostramos la gloria de quién es él, cuando amamos a nuestros vecinos como individuos. Deja que te cuente una historia: Hace tres o cuatro años, tuvimos una gran tormenta de nieve en D. C. Y salí a palear nuestra acera y, por la gracia de Dios, simplemente decidí ir a palear la acera de mi vecino. Él abrió su puerta perplejo. Se ofreció a pagarme, pero me rehusé; se ofreció a comprarme una bebida, y acepté, y luego asistió a nuestra iglesia un par de veces. Creo que Dios se glorificó cuando paleé su acera. A modo de recordatorio, no olvides compartir las historias buenas y malas de tus interacciones con tus vecinos, con esto no intento presumir, ya que honestamente confieso que me pregunto si realmente he hecho un mal trabajo de amor mis vecinos desde que dejé ese viejo vecindario, así que puedes ayudarme a orar por eso.

Amamos como vecinos a nivel individual. Pero también mostramos la gloria de quién es Dios cuando amamos nuestros vecindarios. Es decir, cuando trabajamos para abordar problemas estructurales en nuestras comunidades que se interponen en nuestro pequeño aporte para que el mundo funcione como Dios quería que lo hiciera. Con «problemas estructurales» me refiero a los aspectos de cómo funciona tu vecindario que son injustos, ineficientes, feos o simplemente peligrosos. Yo solía vivir justo al lado de la avenida Massachusetts y la calle 10, donde había una intersección de cuatro vías realmente grande y peligrosa; Vi por lo menos 3 o 4 accidentes allí, y era un lugar que los niños a menudo cruzaban para ir a la escuela.

Gracias a Dios, algunos vecinos se juntaron y pensaron que necesitábamos un cambio estructural allí, y legalmente obtuvieron y colocaron algunas señales de ALTO. Cuando abordamos problemas estructurales en una comunidad, vindicamos los principios de Dios al mostrar que la forma en que él nos dice que vivamos realmente es la mejor. Por ejemplo, no es casualidad que el movimiento pacífico en la era de los derechos civiles esté arraigado en los llamados bíblicos a la paz y a la justicia. Puso a prueba el proverbio: «La blanda respuesta quita la ira», y prevaleció. Y demostró la sabiduría de la Palabra de Dios, su plan de cómo deberían ser las cosas. Alabado sea Dios porque algunos cristianos durante la lucha por los derechos civiles no se limitaron a sentarse y esperar a que las cosas cambiaran, y menciono esto porque es posible que hayas oído hablar acerca de lo que la gente llama la «tragedia de los bienes comunes».

Aquí tienes un ejemplo: Todos los pescadores tienen todo el incentivo para atrapar la mayor cantidad de peces posible. Pero si todos los pecadores atraparan la mayor cantidad de peces posible, uno de ellos podría ir más allá de lo que es sostenible, y dejar al resto sin pescar nada. Entonces, cuando los economistas hablan acerca del «problema del uso gratuito», no se están refiriendo al tranvía H Street, sino a situaciones en las que existe un fuerte incentivo colectivo para actuar, pero no un incentivo individual.

O, para dar otro ejemplo: Alguien tiene que trabajar duro para mejorar una escuela local, pero sus hijos no se beneficiarán más que nadie en el vecindario. Entonces, ¿por qué hacerlo? Para el cristiano, la respuesta es el amor. El amor no pregunta: «¿Qué hay para mí?», sino: «¿Cómo puedo responder al amor que Cristo me ha mostrado?» 2 Corintios 5:15 dice: «y [Jesús] por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos».

Eso significa que de todas las personas, los cristianos deberían ser los más inmunes al problema del uso gratuito. De todas las personas, nosotros deberíamos ser quienes procuren la justicia en nuestros vecindarios, los que trabajemos por nuestras comunidades, los que busquemos la paz sin preguntar: «¿Por qué yo?». Sin embargo, con mucha frecuencia, como los cristianos tenemos objetivos individuales en mente, desde la perspectiva de nuestros vecinos, parece que somos los «aprovechados». Vivimos como si «solo nos preocupáramos por hacer cosas que ayuden explícitamente a nuestros vecinos a conocer a Jesús», pero luego nos complace aceptar los cambios en la escuela de nuestros hijos cuando alguien más hace el trabajo difícil de hacerlos realidad.

Algunas veces se trata de una acusación injusta, pero en ocasiones, dicha acusación es mucho más cierta de lo que nos gustaría pensar.

Entonces, en nuestra clase de hoy, nuestro «menú de amor a nuestros vecinos» incluirá formas individuales y estructurales de amar. El amor a los vecinos y al vecindario. Pasemos al punto tres en tu folleto: Hacer amistades.

  1. Haz amistades con tus vecinos

A nivel individual, quiero darte siete ideas de cómo hacer amistades con tus vecinos para que puedas amarles.

A. Presenta a Jesús desde un comienzo. En tu primera interacción con un vecino, intenta aclarar que eres cristiano en esa primera conversación. No quiero decir que debas compartir el evangelio con tu vecino la primera vez que lo conozcas, aunque sería genial que pudieras hacerlo. Pero intenta asegurarte que, desde muy temprano en su amistad, sepa que deseas seguir a Jesucristo. Podrías mencionar tus planes de estar en la iglesia el domingo, o compartir algo que aprendiste de la Biblia o del grupo de estudio que se reúne en tu casa, etc. Jamie y yo logramos hacer trampa en esto porque cuando las personas nos preguntan cuál es nuestro trabajo, podemos decir que somos pastores, pastores bautistas. Sin embargo, si la meta de tu amor al prójimo es mostrar la gloria de quién es Dios, entonces realmente ayuda que los vecinos al ver tu estilo de vida entiendan que quieres ser un representante de Cristo. Mack Stiles, uno de los trabajadores de nuestra iglesia, señala un gran punto acerca del por qué deberíamos dejar en claro que somos cristianos: No queremos enseñar a nuestros vecinos que somos personas realmente buenas y morales, y que si ellos se lo proponen, también pueden ser personas realmente buenas y morales. Como tu pastor, quiero que tus vecinos piensen en ti como una persona amable y decente, de eso trata este seminario de muchas maneras. Pero hay un nivel más profundo, en el que me pregunto si saben que eres una persona miserable, que fue salva por un buen Salvador. Por tanto, hazles saber a tus vecinos que eres cristiano; esto será diferente dependiendo de lo predominante que sea el cristianismo en tu vecindario. En algunos vecindarios en D.C., el simple hecho de llamarte cristiano te definirá como raro y diferente. En otros vecindarios, todos dicen ser cristianos, en cualquier caso, lo que quieres aclarar es que tomas muy en serio el seguir a Jesús. 

B. Conoce sus historias. Especialmente sus historias religiosas. Esto es importante si vas a hacer amistades que puedan terminar en conversaciones acerca del evangelio para conocer el trasfondo de tu vecino, y especialmente el trasfondo de su fe. ¿Se crió tu vecino yendo a la iglesia? ¿Qué hizo que dejara de hacerlo? ¿Sigue creyendo en Dios? ¿Cómo su divorcio afectó lo que pensaba de la religión? Esto es en parte la razón por la que pedí hace dos semanas que no solo señalaras el nombre de tus vecinos, sino que describieras brevemente su trasfondo religioso, recuerda la tabla que llenamos juntos.

C. Vive en paz. Si pudieras resumir la enseñanza del Nuevo Testamento de cómo deberíamos interactuar con nuestros vecinos no creyentes, sería: «presenta el evangelio» y «vive en paz». Piensa en Romanos 12:17-18: «No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres». Eso quiere decir que debes tener mucho cuidado cuando defiendas tus derechos en contra de tu prójimo. Debes ser precavido por dos razones. Primero, porque cuando te conviertes en cristiano, rindes tus derechos a Cristo; como cristiano; ya no somos nuestros propios dueños (1 Corintios 6:19). Segundo, porque al imponer tus derechos a expensas de otro, eso puede perjudicar seriamente la impresión de Cristo si saben que eres cristiano, incluso si estás en tu derecho de hacerlo. Habrá veces en las que el amor nos obligue a procurar nuestros derechos legales. Por ejemplo, el amor a la persona que podría ser la siguiente víctima de un crimen si el perpetrador no es atrapado. El amor a la persona que nos oprime, ya que solo acarrea juicio para sí. Sin embargo, reconociendo esa categoría, recordemos el llamado del evangelio a vivir en paz con nuestros vecinos, «en cuanto dependa de vosotros», y cuando sea posible, actuar de manera que sea honrosa delante de todos los hombres.

D. Haz buenas obras. Escucha el mandamiento de Proverbios 3:27: «No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuviereis poder para hacerlo». A veces no está en tu manos hacer algo. Pero otras veces sí. Y cuando puedas hacer algo para ayudar a tus vecinos, considera Proverbios 3. Espero que tus vecinos te vean como alguien que toma en serio su fe en Jesucristo, y alguien que se esfuerza por ser amable con ellos. Después de todo, el cristianismo sin obras es un cristianismo muerto según Santiago; y aunque no es inspirado, me encantan las palabras del movimiento Cry, the Beloved Country, un activista habla acerca de por qué la iglesia es tan débil, y dice que la iglesia cuenta con una buena voz, pero no con obras. Espero que no seamos descritos de esa manera.

E. Dedícales tiempo. Gran parte de la cuarta idea depende de dos cosas que pueden ser bastantes raras en Washington: el tiempo y el margen. Primero hablaremos del tiempo. Para hacer amistades con tus vecinos, querrás invitarlos a cenar, organizar una fiesta, detenerte en la acera para charlar, invitar a sus hijos, ayudarles con un proyecto de casa…. Las ideas son infinitas. Sin embargo, todas requieren de tiempo. Entonces, ¿tienes tiempo para hacer esas cosas? Casi siempre hay tiempo cuando se planea de antemano.  Pero no a todas las personas les gusta hacer planes con cuatro meses de anticipación para poder encajar en tu apretada agenda. Así que con todas las diferentes oportunidades que tienes frente a ti: servir a Cristo en el trabajo, en el hogar, en la familia, en la iglesia y en tu vecindario. ¿Estás invirtiendo sabiamente el tiempo en las distintas áreas de tu vida? Así como es una gran idea estudiar tu presupuesto con un amigo cercano de la iglesia, es una gran idea examinar la manera en la que pasas tu tiempo. Mi conjetura es que algunos de nosotros debemos invertir mucho tiempo en las relaciones con nuestros vecinos y algunos de nosotros debemos invertir menos tiempo. La cantidad de tiempo que dediques dependerá de las oportunidades que tienes para desarrollar amistades verdaderas con tus vecinos, lo que en consecuencia dependerá de su personalidad y de tu personalidad. De nuevo, es un excelente tema de conversación para discutir con alguien en quien confíes, y querrás ver cómo pasas tu tiempo para ver si podría haber algún espacio para el margen en tu vida; es la sexta idea.

F. Establece un margen. Tener margen en tu vida significa que tienes flexibilidad. Si tu vecino te pregunta si puedes ayudarle a cuidar a sus hijos pequeños, puedes decir sí. Si tu vecino sufre una inundación y necesita ayuda, puedes decir sí. Cuando estacionas tu carro en la calle y tu vecino está cruzando la calle, puedes quedarte media hora para hablar.

Si el tiempo es un raro servicio entre el ajetreo de esta ciudad, el margen es aún más raro. Porque a menudo combina el ajetreo con la importancia, con frecuencia, el margen queda fuera de  nuestras vidas.

Otra vez, sospecho que algunos de nosotros haríamos bien en dejar más margen en nuestras vidas, y algunos de nosotros no. Más allá de eso, es probable que lo que sea sabio cambie de vez en cuando en el transcurso de tu vida. Uno de los grandes beneficios de estar jubilado, por ejemplo, o de ser estudiante, es el margen y la flexibilidad que pueden ser parte de tu vida si así lo escoges.

G. El arte de recibir. En Lucas 7, ¿cómo escogió Jesús amar a la mujer pecadora que Simón el Fariseo trató como una intocable rechazada? Dejó que le sirviera, mientras ella ungía con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos. ¿Cómo se habría sentido si él se hubiese levantado y dicho: «No, gracias. Puedo hacerlo yo»? Los cristianos somos quienes reconocemos nuestra necesidad ante Dios y aceptamos con gratitud su regalo de salvación. ¿No deberíamos también nosotros ser lo suficientemente humildes para aceptar la ayuda de nuestros vecinos? ¿Alguna de las amistades con tus vecinos son estrictamente unilaterales? Como cristianos, a menudo es fácil caer en una clase de mentalidad mesiánica, ya sabes: «¡Voy a ayudarte!», pero el cristianismo no se trata de cómo nosotros podemos ayudar o salvar a alguien, sino de cómo nosotros hemos sido ayudados y salvados por Cristo.

Entonces, ¿cómo recibes la ayuda de tus vecinos? Podrías dejar que te inviten el almuerzo; pedirles que recojan tu correo cuando no estés; dejar que te ayuden a cargar una gran caja cuando se ofrezcan. Recordemos el arte de recibir como una poderosa herramienta para hacer amistades con quienes viven cerca.

Ahí tienes siete ideas para hacer amistades con tus vecinos. Espero que una o dos te hayan hecho reflexionar.

  1. Edifica tu vecindario

Ahora pasemos de un nivel individual a un nivel más estructural. Para muchos de nosotros, ya hacemos esto en nuestros trabajos. Al fin y al cabo, casi toda ocupación legítima está comprometida con el amor a los demás, y muchas ocupaciones tienen como objetivo amar a nuestros vecinos atacando los problemas estructurales de nuestra sociedad. Quizá eres abogado, y te aseguras de que los criminales obtengan una justa representación, lo que construye la fábrica de la sociedad, o trabajas para obtener la justicia para una víctima. Tal vez eres un conductor de autobús, que ayuda a las personas a tener acceso a mejores trabajos al otro lado de la ciudad, etc.

Pero algunos de nosotros tenemos empleos que abordan problemas estructurales a nivel local de un vecindario. Permíteme compartir contigo por qué ese nivel es importante. Es a nivel de un vecindario que tu trabajo contribuye al crecimiento de la sociedad dentro del contexto de toda tu vida. Tus vecinos te conocen. Conocen tu temperamento y tu personalidad.           Y pueden ver lo que haces con tu vida, lo que valoras. Más importante aún, saben que valoras a Cristo. Así que cuando haces algo bueno por tu vecindario, expandes la reputación de Cristo de una forma que no suele suceder cuando haces algo buena a mayor escala. Por tanto, ¿quiénes deberían involucrarse en procurar amar a sus vecindarios? ¿Cómo deberían hacerlo? ¿Y qué deberían hacer?

¿Quiénes?

Mi respuesta principal a esa pregunta sería: los cristianos. Piensa en ello un momento: ¿Quiénes están llamados a amar sin preguntar: «por qué yo»? Los que han sido amados por Cristo. Dado que nuestro amor se genera por su amor, no deberíamos exigir ningún tipo de autointerés en nuestra motivación. Por encima de eso, reconocemos que hay valor en intentar el cambio estructural incluso cuando fallamos, porque el simple hecho de intentar hacer algo que es amoroso, demuestra el amor de Dios trabajando en nosotros. Los cristianos deberíamos ser capaces de asumir riesgos al amar a los demás, porque dichas acciones son valiosas aun cuando fracasan en efectuar cambios, ya que forman parte de reflejar la excelencia de Dios.

¿Cómo?

Déjame darte cuatro directrices que la Escritura nos brinda acerca de amar nuestros vecindarios:

A. Sométete a la autoridad. La segunda mitad de varias de las epístolas (Efesios, Colosenses, 1 Pedro, 1 Timoteo) se enfocan fuertemente en la idea de que los cristianos deben someterse a «toda institución humana», citando 1 Pedro 2:13. Eso significa que, por lo general, debemos respetar el sistema, y no ser quienes lo saboteen. Habrá excepciones, y los cristianos han debatido durante generaciones cuándo es necesaria la desobediencia civil. Pero, generalmente, debemos sujetarnos a la autoridad terrenal porque ésta refleja la autoridad de Dios. Aun cuando no se usa como es debido, sigue apuntando débilmente al Señor.

B. Ama a tu vecino. Sé que eso parece algo circular. Pero a veces al intentar procurar cambios estructurales podemos olvidar a las personas que buscamos amar. Por lo general, no deberíamos amar a nuestros vecindarios a expensas de amar a nuestros vecinos. Recuerda que principal objetivo es amar a las personas comunicándoles el evangelio. Espero que nuestros esfuerzos por un cambio estructural nunca comprometan o dificulten ese deseo final.

C. Sé humilde. Especialmente cuando nos involucramos para amar a nuestros vecindarios de manera estructural, es importante reconocer que para muchos desafíos, no existe una «respuesta cristiana». Tomemos la gentrificación como ejemplo. Cuando personas adineradas, a menudo de piel blanca, se mudan a D.C., los residentes que allí viven, a menudo las minorías, se van. A veces deciden irse porque venden sus casas a excelentes precios; en ocasiones, se van porque han quedado fuera del mercado rental. ¿Cuál es la respuesta cristiana a eso? Ciertamente no un entusiasmo incontrolable al ver que miembros de esta iglesia que han estado aquí durante décadas se ven en la necesidad de abandonar a la iglesia y a la ciudad que tanto aman. El vecindario se debilita indudablemente, al menos a corto plazo, cuando personas y negocios que permanecieron durante los años más difíciles son expulsados. Por otro lado, ¿puede la economía de la gentrificación beneficiar a la comunidad como un todo? Jamie me ha contado cómo algunos de los defensores más radicales de la gentrificación de su vecindario son los miembros más antiguos y de diferente color de piel, mientras que los opositores más fuertes son las personas nuevas y ricas que se mudan. La Biblia no pretende establecer este debate, y está bien que como cristianos terminemos en ambos lados de cómo abordar muchos de los desafíos estructurales en nuestros vecindarios.

Una implicación de esto es cuidar que nuestro deseo de hacer bien no provoque desunión en la congregación. Te apasiona ver que ocurra cierto cambio en tu comunidad, y te frustra que otros en tu iglesia no participen. Pero tal vez se deba a que no están de acuerdo con la manera en que procuras dicho cambio. O debido a las diferentes oportunidades y limitaciones que Dios pone frente a ellos, este problema no será tanto una prioridad para ellos como lo es para ti. O quizá algunos de ellos te apoyarán cuando sean más maduros en Cristo. Es maravilloso procurar el bien de nuestros vecindarios; no dejes que eso se convierta en  piedra de tropiezo para tus hermanos y hermanas.

Honestamente, esta es una de las razones por la que probablemente he sido exasperadamente impreciso acerca de los detalles en esta sección acerca del cambio estructural. Cada vez que llegues a este nivel, solo tienes que reconocer que los cristianos pueden y defenderán diferentes enfoques, por lo que en una clase bíblica como esta, no sería correcto que te dijera cuál de ellos tomar. Me gusta la manera en que nuestro pastor Andy Johnson describió cómo podemos pensar sobre la injusticia estructural. Señaló que existen muchas corrientes de injusticia que fluyen a lo largo de la sociedad, y está bien que nos interesemos más o menos en diferentes corrientes. Si alguien está apasionado por luchar contra determinada injusticia, yo lo apoyaré. Regresaré a este tema en un momento. Pero nuestro último consejo es…

D. Pon tu esperanza en el cielo. Como cristiano, deberías esforzarte por ser excelente en la obra que haces para amar a tu vecindario, ya que finalmente estás trabajando para Jesús. Pero al mismo tiempo, deberías ser generoso acerca de lo que realmente logras, porque tu esperanza suprema está en el cielo y no en esta tierra. ¿Ves que esa mentalidad te prepara muy bien para hacer el bien en tu vecindario? En un mundo ideal, los cristianos deben estar encarecidamente motivados a amar y, sin embargo, no ver el cambio como una clase de prueba existencial de su propio valor dado que su esperanza está en el cielo.

La motivación honesta que proviene de ser amado por Cristo, combinada con el generoso riesgo que proviene de tener nuestra esperanza directamente arraigada en el mundo venidero y no en éste, como una poderosa fuerza para hacer el bien. Pero, ¿cómo decidimos qué bien hacer? Esa es nuestra última pregunta.

¿Qué?

¿Qué problemas estructurales podrían ser buenas formas de amar a tu vecindario? Creo que una buena respuesta a eso es: «los problemas que afectan a tu vecino». Anteriormente hablé acerca de cómo seleccionar corrientes de injusticia, y pienso que las que debes escoger son aquellas que afectan a tu vecino. Y allí es donde tu presencia en una iglesia cristiana tiene algunas ventajas bastante únicas. Idealmente, y cada vez más en realidad, una iglesia está conformada por personas de diferentes ámbitos de la vida, muchos estratos sociales diferentes, diferentes etnicidades y afiliaciones políticas y educativas. ¿Por qué? Porque se reúnen juntos debido a su amor compartido por Jesucristo, no debido a ninguna afinidad mundana.

Eso significa que si conoces a esta iglesia, y no solo a las personas en ella que son similares a ti, entonces tienes un profundo y personal entendimiento de las dificultades de la vida en esta ciudad para varios tipos de personas. A medida que vengas a conocerlos y amarlos, creo que, crecerás y tendrás una idea más equilibrada de los problemas que enfrentamos, y cómo podemos resolverlos, que si solo te quedas confinado entre personas iguales a ti, como a nuestro mundo le encanta hacer.

Conclusión

Permíteme concluir con un versículo que Dave Sutton compartió la semana pasada: Jeremías 29:7 con algo de contexto bíblico. «Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz». Aplicando ese versículo a nosotros, Jeremías no está diciendo que nuestro principal objetivo en la vida debe ser la paz temporal de nuestra ciudad. Ni siquiera lo era para el antiguo Israel. Después de todo, unos capítulos más tarde[1], Jeremías le dice al pueblo que espere la caída de Babilonia, sus crueles captores. Y no deberíamos creer que edificar nuestra ciudad forma parte de edificar el reino de Cristo. Su reino no es de este mundo, como dijo Jesús a Pilato.

En cambio, necesitamos reconocer que, al igual que el antiguo Israel, también somos exiliados en un lugar extranjero, este mundo, y mientras estamos aquí debemos procurar el bien de nuestra sociedad. Como dice Pablo en Tito 2:14, debemos ser un pueblo «dedicado a hacer el bien» (NVI). Sin embargo, Dios nos ha puesto temporalmente en esta ciudad y durante un tiempo le glorificaremos al amar a nuestros vecinos y a nuestros vecindarios. Oremos para que así sea.

 

[1] Capítulo 50.  Veáse De Young y Gilbert, What Is the Mission of the Church? (¿Cuál es la misión de la iglesia?), pág. 201-203.