Clases esenciales: Amando a los vecinos y al vecindario

Amando a los vecinos y al vecindario – Clase 2: ¿Qué durará?

Artículo
10.07.2019

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Clase esencial
Amando a los vecinos y al vecindario
Clase 2: ¿Qué durará?


  1. Introducción

La semana pasada, hablamos acerca de amar a nuestros vecinos y a nuestro vecindario. El día de hoy, veremos la pregunta del por qué. ¿Cuál es nuestra motivación para hacer eso? Esto es un poco más complicado de lo que podrías pensar en un principio porque vivimos en un mundo que se desvanece. En un mundo que fallece, ¿vale la pena amar a tu vecino incluso si nunca llega a convertirse en cristiano? Y en un nivel más estructural, ¿realmente vale la pena arreglar una acera o mejorar una escuela aun cuando esa acera o esa escuela no durarán para siempre?

En la clase anterior mencionamos que nuestro principal motivo es amar a nuestros vecinos y verlos llegar a la fe en Jesús. Pero también dijimos que eso no es todo lo que importa. El amor que es menos primordial sigue siendo importante. Sin embargo, ¿por qué ese nivel intermedio—no esencial, pero aún así importante—, sigue siendo valioso? De eso tratará la clase de hoy. Si este mundo se acaba, y las almas humanas son todas eternas, ¿por qué es importante que amemos a nuestros vecinos incluso si sus almas no se salvarán? ¿Por qué es importante amar a nuestro vecindario aun cuando es pasajero?

Trabajar para reformar una escuela local, brindar a algún vecino una bolsa de comestibles, sonreírle a alguien que jamás volverás a ver. ¿Qué hay de valioso en eso? ¿Dividimos esta vida en cosas «espirituales» (como la evangelización) que son duraderas, y todo lo demás (como plantar un lecho de flores), que puede ser temporalmente necesario, pero eternamente inútil? ¿O hay algo más aquí? Sugeriría que hay algo más, que es lo que esclareceremos hoy. Te advertiré algo: de nuestras seis clases, esta es por mucho la más teórica. Pero necesitamos entender lo que la Biblia dice acerca del valor de amar a nuestros vecinos antes de que podamos usar las próximas semanas para aplicar este tema más completamente. Comenzaré estableciendo el problema que resulta de tener solo dos categorías de importante y nada importante. A continuación, intentaré poner ese problema en el contexto de la enseñanza de la Escritura acerca de la vida venidera. Finalmente, encontraremos la solución a este problema en la enseñanza de la Biblia acerca de representar a Dios.

  1. El problema: Nos hacen falta muchos niveles de importancia

Si queremos amar bien a nuestros vecinos y a nuestros vecindarios, tendremos que tener categorías paras las cosas que son valiosas ante los ojos de Dios, pero que son menos importantes o completamente irrelevantes. El problema es que los cristianos a menudo actuamos como si las cosas que hacemos fueran completamente importantes o irrelevantes. Por lo general, cuando adoptamos esa mentalidad terminamos cayendo en uno de los dos enfoques. El primer error está en el punto #2 de tu folleto: pensar que solo las cosas espirituales son importantes. Con esto quiero decir que, todo queda reducido a la Gran Comisión como lo único que verdaderamente importa. O, incluso si no adoptamos ese enfoque en teoría, lo adoptamos en la práctica, y simplemente no tenemos tiempo para nada que no sea necesario o explícitamente espiritual. Sentimos que el tiempo que invertimos en los demás es un desperdicio si las conversaciones nunca se convierten en algo espiritual. Somos los que nunca asistimos al compartir del vecindario, los que nunca tenemos tiempo para salir y hablar en la acera, los que nunca nos ofreceríamos como voluntarios en la escuela local a menos que se trate de una escuela cristiana, a quienes los vecinos ven como bastante desinteresados por el vecindario, porque tenemos cosas más importantes en mente.

Por otro lado, otros cristianos ven el problema con ese enfoque reduccionista, y terminan cometiendo un segundo error: quieren color cada aspecto de amar a los demás —la evangelización, la lucha contra el hambre, una reforma educativa— al mismo nivel. La misma raíz, —ver las cosas como importantes o insignificantes—, pero ahora todo se vuelve importante. Por lo que en esa terminología, plantar árboles es como «estar de misiones» compartiendo la buena noticia de Jesús. Mejorar el rendimiento de cultivos se convierte en «ir de misiones», y ser los anfitriones de los picnics en el vecindario se convierte en la «evangelización».

A comienzos del siglo XX, esta mentalidad invadió las denominaciones teológicas liberales como parte de un movimiento teológico llamado el «posmilenialismo». La idea básica del posmilenialismo era que este mundo mejoraría cada vez más hasta que Jesús finalmente regresara (al final de mil años de paz y prosperidad). Esta era una idea dulce, pero dos guerras mundiales acabaron con ella. Actualmente, será muy difícil encontrar muchos evangélicos posmilenarios. Sin embargo, existe otra mentalidad que es un paralelismo moderno del posmilenialismo, y que tiene por nombre el transformacionalismo. El transformacionalismo empieza con la ida de que, como cristianos que actúan como sal y luz del mundo, podemos y deberíamos transformar a la sociedad. Ahora bien, evidentemente es cierto que el evangelio, al transformar a individuos, puede producir una profunda mejoría social. La abolición de la venta legal de esclavos es en el siglo XIX es uno de los grandes ejemplos de esa verdad en la historia. Pero debemos ser prudentes en relación con la medida en que el evangelio transformará a la sociedad en esta vida. Por supuesto, Dios va a rehacer un día esta tierra cuando libere a su creación de su esclavitud a la corrupción (Romanos 8:21). Eso es algo que sucederá al final de los tiempos. No debemos tomar las promesas acerca del nuevo cielo y de la nueva tierra, y fingir que ya fueron hechas aquí y ahora o, lo que es peor, actuar como si nosotros pudiéramos cumplirlas.

Permíteme conectar esto de vuelta a nuestro tema. Si caemos en el primero error, me temo que no seremos muy buenos vecinos. Compartiremos el evangelio, y eso es algo increíblemente amoroso. Pero no encontraremos tiempo para niveles de amor menos robustos que también son importantes. Nuestro amor será utilitario, simplemente será un medio para el fin de la evangelización. Por otro lado, si caemos en el segundo error, nos estamos preparando para muchas expectativas decepcionantes cuando veamos que el mundo sigue cuesta abajo, y es posible que dejemos de evangelizar.

Ambos problemas resultan de ver las cosas como importantes o irrelevantes. Te daré una analogía de la familia. ¿Qué es más importante, el amor entre el esposo y la esposa o el amor de los padres por sus hijos? El primero, ¿cierto? El amor en el matrimonio es fundamental para todo lo demás. Pero eso no significa que los hijos no sean importantes. Sería preocupante que una esposa dijera que dado que amar a su marido es lo más importante, ella puede descuidar a sus hijos. Como la evangelización es lo más importante, entonces podemos ignorar el resto de las buenas obras que podríamos hacer en el vecindario. Y también sería preocupante si alguien dijera que amar a los hijos es tan importante como amar a su cónyuge. El amor en el matrimonio es fundamental, al menos en esta analogía, pero no puede estar solo.

Entonces, ¿cómo podemos aclarar nuestra teología para que podamos amar bien? Quiero que veamos que ambos lados de este problema tienen en su raíz un malentendido de cómo la Biblia describe la continuidad y la discontinuidad entre este mundo y el siguiente.

  1. La continuidad y la discontinuidad

Si vamos a valor correctamente aquello que no es lo más primordial, pero que sigue siendo importante, necesitamos entender cómo la Biblia describe la continuidad y la discontinuidad entre esta vida y la siguiente. Permíteme explicar. Digamos que tiendes a pensar que solo las realidades espirituales son importantes. Eso es porque nada en este mundo es duradero, por lo que nada en este mundo es de suma importancia, y todo lo que importa son cosas como la evangelización con un claro valor eterno. Eso es actuar en base a la discontinuidad en la Escritura entre esta vida y la venidera. Por otro lado, cuando actuamos como si todo fuera lo más importante, enfatizamos la continuidad. Entonces, debido a que la Biblia enseña que algunos aspectos de este mundo permanecerán en el próximo, podemos estar seguros de que reformar una escuela, o plantar un árbol, es de gran importancia y durabilidad, porque perdurará.

Sin embargo, lo que necesitamos ver es que, la Biblia habla tanto de la continuidad como de la discontinuidad. Enfatiza la discontinuidad entre esta vida y la siguiente, a la vez que ofrece pistas interesantes de la continuidad.

La continuidad

Comencemos con los pasajes que enfatizan la continuidad.

  • Romanos 8 es un gran ejemplo. Comenzando en el versículo 20: «Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios». La idea de ser «libertada» ciertamente habla de la continuidad. Aunque observa que ser libertada es algo que Dios hace, no algo que nosotros hacemos.
  • O mira Apocalipsis 21:22, que habla de la ciudad celestial: «Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella». ¿A qué se refiere este versículo? ¿Son los triunfos de la sociedad terrenal, del arte, la ciencia, el gobierno, la administración, el ser llevado a la ciudad eterna de Dios? Tal vez.
  • Y esto no es solo un concepto del Nuevo Testamento. La visión celestial de Isaías 61 también habla de la continuidad. Versículo 4: «Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones… (versículo 6) comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes».

Esos son los lugares más claros en los que la Biblia sugiere la continuidad entre este mundo y el siguiente. Aunque debo señalar que incluso estas referencias no son particularmente claras, y estos pasajes son relativamente extraños.

La discontinuidad

Por otro lado, hay pasajes que hablan de la destrucción de este mundo actual. Estos son más claros y más numerosos.

  • Hay pasajes como el Salmo 102 que hablan de la naturaleza pasajera de esta creación. «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados» (v. 25-26).
  • Luego, por supuesto, están las palabras de Jesús acerca de los últimos tiempos: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo24:35). Otra vez, un contraste entre la permanencia de su Palabra y la muerte de este mundo.
  •  Quizá lo más discordante sea la descripción de Pedro del fin del mundo en 2 Pedro 3:7: «         Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. (Versículo 10) Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas».

Es interesante que los libros, incluso los que son realmente buenos, acerca del valor de los cristianos que invierten en sus comunidades[1], o del valor de nuestra labor en nuestros trabajos[2], a menudo tienen una sección que explica que Pedro realmente no escribe acerca del fin del mundo. El fuego, dicen, puede ser una imagen de purificación y no solo de destrucción. La suposición parece ser que si este mundo realmente está pereciendo, nuestras denominadas actividades seculares carecen de importancia. Por tanto, 2 Pedro 3 no puede en realidad sugerir que este mundo será completamente destruido[3].

No obstante, quiero que veamos que nuestro trabajo en esta tierra tiene valor real y eterno, incluida la labor de amor a nuestros vecinos, y que existe una discontinuidad fundamental entre este mundo y el que viene. No tenemos que manipular el significado de 2 Pedro 3 y otros pasajes semejantes para preservar la importancia de lo que hacemos en esta vida. Creo que nuestros cuerpos brindan una buena analogía aquí. Cuando morimos, nuestros cuerpos realmente se pudren y se deterioran. Y también hay una clase de continuidad entre nuestros cuerpos en este mundo y nuestros cuerpos en el siguiente[4]. Aunque recibirás un nuevo cuerpo glorificado, seguirás siendo tú.

Pero no cuidas tu cuerpo debido a esa vaga conexión entre el cuerpo que tienes hoy y el cuerpo que tendrás en la gloria. Cuidas tu cuerpo porque quieres ser un buen administrador de lo que Dios te ha dado. Asimismo, hay valor en amar a tus vecinos y a tu vecindario, incluso en formas aparentemente seculares. Y si vamos a ser buenos vecinos, tenemos que ver ese valor pese al hecho de que este mundo actual es pasajero.

Para resumir la información bíblica: este mundo realmente está pereciendo. Aunque eso no significa que las cosas que hacemos en él no sean importantes. Y hay algunos indicios interesantes entre este el mundo y el que viene. Pero son solo indicios, y no podemos basar la importancia de nuestro trabajo secular en la esperanza de que el resultado del mismo perdurará hasta la eternidad.

  1. La solución: Creados a imagen de Dios

Entonces, ¿en qué lugar de la Escritura encontramos un valor real y eterno de invertir en cosas que no durarán? La respuesta tiene que ver con nuestro rol como portadores de la imagen de Dios; este es el punto #4 en tu folleto. Y al hacer esto, contestemos las dos preguntas que hicimos al comienzo de la clase. ¿Qué valor hay en amar a un vecino no cristiano que nunca llegará a la fe en Cristo? ¿Y qué valor hay en invertir en nuestro vecindario, para que sea un lugar mejor y más justo para vivir?

Recuerda el capítulo 1 de Génesis. Cuando Dios crea, asigna valor: «Y vio Dios que era bueno» (versículo 10). A continuación, cuando crea al hombre, lo llama bueno en gran manera. ¿Por qué ese sentido de valor extra? Por lo que nos distingue del resto de la creación. Versículo 27: fuimos creados a imagen de Dios. «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Es el hecho de que portamos la imagen de Dios lo que hace que todas las personas sean igualmente valiosas. Y en el versículo 28, Dios nos dice cómo actuar para representar su gobierno, para reflejar su carácter: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra».

Así que, representamos a Dios llenando este mundo y gobernándolo. Llenándolo: relaciones, familia, sociedad. Gobernándolo: poniendo orden en  medio del caos; trabajo, ampliamente definido. Así escomo vivimos como seres creados a su imagen: llenamos este mundo con su imagen; actuamos como él en su nombre cuando ejercemos autoridad.

¿No es interesante que esas dos cosas —las relaciones y el trabajo— sean lo que este mundo idolatra?

Son lo que este mundo dice que te da valor. Este mundo dice que eres valioso por lo que haces, por quien conoces, por quienes te aman. Por otro lado, la Biblia dice que eres valioso por quien eres, un portador de su imagen. Eres valioso porque tu existencia testifica de la bondad de quién es Dios. Lo que haces importa porque demuestra que reflejas la imagen del Creador. Lo que significa que tu vida importa por lo que dice acerca de Dios, no por lo mucho que puedas lograr.

También es interesante la maldición de Dios luego de que el hombre y la mujer pecan en Génesis 3. Las relaciones y el trabajo. Las mismas cosas que ordena aquí en el capítulo 1. Génesis 1:28 no funciona separado de Génesis 1:27.

Por tanto, nuestras acciones no nos hacen valiosos ante Dios y, sin embargo, siguen siendo valiosas a su vista. ¿Por qué lo que hacemos es valioso ante sus ojos? ¿Porque logramos cosas para él, porque somos productivos? No, hay mucho más aquí que eso. Él es bastante capaz de lograr todo lo que podríamos esperar lograr sin nosotros, y hacerlo mejor, también. En cambio, nuestras acciones son valiosas porque al hacerlas decimos algo acerca de Dios. El valor de nuestras acciones está arraigado no solo en lo que logramos, sino en lo que ellas dicen de Dios.

Ahora, tomemos este concepto y apliquémoslo a lo que hemos hablado durante la primera mitad de la clase hoy.

Ese nivel intermedio de amor, la clase de amor que no consiste en ver alguien convertirse en una nueva criatura en Cristo, ¿por qué es valioso? Ese valor no se limita al amor que crea algo que durará hasta la eternidad, una nueva creación en el mundo en el caso de amar a tu vecino, o la nueva creación en el caso de amar a tu vecindario. En cambio, ese nivel intermedio de amor es valioso porque en él, reflejamos la gloria y la bondad de Dios.  Cuando amamos a los demás demostramos el valor del amor de Dios en cuya imagen fuimos creados. Ese amor demuestra el poder del amor de Dios obrando en nosotros. Demuestra el amor de Dios cuando lo imitamos. Así que…

  • ¿Por qué debemos amar a nuestros vecinos, incluso si ese amor no es un factor determinante para que Dios les otorgue la fe salvadora? Porque como quienes fuimos creados a imagen de Dios, ¡ellos son dignos de nuestro amor! Amarlos da testimonio de nuestro amor por Dios, y finalmente de su amor por nosotros.
  • ¿Por qué debemos amar a nuestro vecindario, aun cuando no es eterno, sino temporal? Porque al hacer un bien estructural para mejorar la vida de quienes nos rodean, podemos representar la bondad de Dios. Porque ese vecindario está lleno de portadores de la imagen de Dios. No tenemos que arraigar el valor del bien estructural en alguna clase de continuidad entre el vecindario y el cielo; encontramos valor en amar a nuestros vecindarios debido a lo que ese amor refleja de la bondad y la gloria de Dios.

El peligro está cuando, al igual que el mundo, nos enfocamos en el valor conforme a Génesis 1:28 —en las relaciones y el trabajo— separado de Génesis 1:27, siendo creados a imagen de Dios. Entonces, el amor por nuestros vecinos solo importa si vemos el fruto de ese trabajo: la conversión. Y el amor por el vecindario solo importa si podemos torcer nuestra teología para sugerir que, de algún modo, el vecindario durará hasta la eternidad. En cambio, debemos ver el principal propósito de nuestro amor, tanto para con nuestros vecinos como para con el vecindario, en la declaración que ellos hacen acerca de la gloria y la bondad de Dios.

  1. Cómo el amor por nuestros vecinos glorifica a Dios

Entonces, ¿cómo el amor por nuestros vecinos es un reflejo de la gloria y la bondad de Dios? Te daré cinco formas, aunque existen muchas más.

A. Primero, es la manera en la que, mediante tu obediencia, demuestras la obra de Dios en tu corazón a través del evangelio. Como alguien que ha sido perdonado por Cristo, ahora tienes un nuevo deseo de vivir para Cristo. Cada vez que elijes obedecerle en vez de tomar la salida más fácil, tus acciones demuestran el poder de su perdón.

Digamos que entregas una bolsa de comestibles a un vecino de la tercera edad en lugar de gastar ese dinero en la entrada de la película que hubieses comprado si no fueses cristiano. Ese acto de fe es un acto de Dios, ¿no? Y esa corta historia acerca del poder de su gracia sobre el poder de tu carne forma parte del coro celestial de alabanza que cantaremos por siempre en los cielos (Apocalipsis 15:4).

B. Segundo, porque tus vecinos fueron hechos a imagen de Dios, y cuando los amas demuestras la dignidad del amor del Dios por el que fueron creados.

C. Tercero, al amar a otros, actúas como Cristo y muestras ante los demás cómo es él. Asumiendo que tus vecinos saben que eres cristiano, tu comportamiento promueve la verdad de quién es Cristo. Para citar 1 Pedro 2:12: «Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en  lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación».

No puedes ser tan buena persona como para que tu amor ayude a otros a entrar en el reino. Existe una ofensa a la cruz de Jesús y una depravación del corazón que solo el Espíritu de Dios puede vencer. Pero tu buena manera de vivir, el amor hacia tus vecinos, puede ser usado por Dios para empezar a corregir las mentiras que otros han creído acerca de él. Probablemente puedas verlo más claramente en la forma en que las acciones de los padres moldean las percepciones de sus hijos sobre quién es Dios. En menor medida, lo mismo ocurre con tus vecinos.

D. Cuando actúas como Dios, actuando como él en amor, aprendes más de la gloria de quién es Dios. Es una sensación increíble mentorear a un niño en tu vecindario y que, a través de los años, por medio de tu influencia, puedas verlo elegir el camino de la sabiduría. ¿Te das cuenta de que, cuando haces eso, experimentas un placer parecido al de Dios? ¿Un placer que ahora entiendes como nunca antes lo hiciste? Al imitar a Dios, es probable que nunca más leas la historia del hijo pródigo de la misma forma, porque has experimentado algo parecido por ti mismo.

E. Por último, cuando aprendemos más acerca de lo bueno que realmente es Dios, ¡él se complace en eso! Piensa en lo divertido que es mostrarle a un niño algo que amas. Tal vez sea la mirada en sus ojos cuando lanza una pelota de fútbol en un perfecto espiral por primera vez. O cuando ve por primera vez esa hermosa vista a la montaña que tanto amas. Está esa satisfacción en decir: «¡Sí! ¿Lo ves? Es increíble, ¿no?». Creo que eso es lo que Dios siente cuando descubrimos la belleza que ha estado escondida en este mundo. La primera vez que viste esa espectacular vista a la montaña, él también lo hacía. «¡Sí! ¿Ves lo que he hecho? Soy increíble, ¿cierto?». O más directo al punto, eso es lo que Dios siente cuando amamos a otros sacrificialmente como él lo hace.

Nuestro gobierno en Génesis 1:28 es representar el gobierno de Dios. El orden que traemos a esta creación es su orden, el orden que él creó para que este mundo tuviera. Dios creó este mundo para que estuviera ordenado en paz y amor. Así que cuando hacemos de eso una realidad en parte de este mundo, él se alegra cuando redescubrimos lo buena que realmente es su creación, lo bueno que realmente él es.

Conclusión

Si este mundo presente es pasajero, ¿por qué debemos amarlo? Porque tu amor durará más que tu mundo, porque tu amor revela la bondad y la gloria de Dios. Al demostrar el poder de su obra en ti. Al darle placer cuando su gran obra es apreciada y disfrutada. Por tanto, ama a tus vecinos para mostrar la gloria de Dios, y ama a tu vecindario para mostrar la gloria de Dios.

Las últimas semanas de esta clase tratan acerca de dos cosas: el amor a nivel individual; el amor a nivel estructural. No obstante, en todo esto, hablamos del amor. El amor no pregunta: «¿qué hay para mí?» o «¿tengo que?». El amor simplemente busca actuar como Cristo actuó con nosotros. 2 Corintios 5:15: «y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos». Espero que todos amemos de esa manera.

 

[1] Ejemplo: Renovate de Leonce Crump Jr.

[2] Ejemplo: Gospel-Shaped Work de Tom Nelson

[3]Observa que el lenguaje de Pedro no habla de destrucción. Habla de un juicio de purificación, como el diluvio, y un juicio de exposición, cuando el verdadero valor de nuestras obras sea expuesto. Pero también habla claramente de destrucción. Los cuerpos celestiales serán quemados y disueltos. El futuro es uno de destrucción. No de personas, sino de todo lo demás.

[4]1 Corintios 15:37.