Clases esenciales: Amando a los vecinos y al vecindario

Amando a los vecinos y al vecindario – Clase 1: ¿Cómo deben los cristianos amar a sus vecinos?

Artículo
10.07.2019

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Clase esencial
Amando a los vecinos y al vecindario
Clase 1: ¿Cómo deben los cristianos amar a sus vecinos?


  1. Introducción

¡Bienvenido a la primera clase de este seminario! Mi esperanza y oración es que usemos las próximas seis semanas para examinar cómo podemos obedecer mejor el mandamiento de Jesús de amar a nuestro prójimo… con nuestros vecinos.

Pero antes de empezar, quiero que tengamos una idea de quiénes nos acompañan en la clase de hoy. Podemos hacerlo rápidamente: Me gustaría que cada uno nos dijera su nombre, dónde vive, cuánto tiempo ha vivido en ese vecindario, y ¿qué hizo que le interesara esta clase?

Habiendo dicho eso, permíteme comunicar los dos propósitos para la lección de hoy:

A. Durante las siguientes seis semanas, quiero darte una idea de lo que es para el cristiano aprovechar las oportunidades de amar mejor a su vecino. Cubriremos algunas de las obligaciones básicas de ser un buen vecino, pero principalmente hablaremos de las oportunidades y sugerencias para ser mejores vecinos, las cuales cada uno de nosotros aplicará de manera diferente. Esto significa, que casi todo lo que diré en esta clase entra dentro de la categoría «poder» y no dentro de la categoría «deber». Haré mi mayor esfuerzo para no ser legalista, y decir cosas como: «Estás en pecado si no te sabes todos los nombres de tus vecinos» (por cierto, no pienso que estés en pecado si ese es el caso). Creo que es importante que todos nosotros tengamos una perspectiva bíblica de cómo tratar a nuestros vecinos, aun cuando en nuestro discipulado individual, algunos de nosotros terminemos especializándonos en esta área más que otros. Incluso si no te enseñamos algo que sea nuevo, solo espero que pasar seis módulos de cincuenta minutos pensando en tus vecinos te ayuden ser más como Cristo en la forma en que te relacionas con ellos.

B. Quiero que tengas una idea de la complejidad que implica «amar al prójimo» en una sociedad moderna. Eso es importante para que no seamos ingenuos cuando pensemos en esta categoría de nuestras vidas; es importante que entendamos por qué algunas personas no se han involucrado tanto en esta área del discipulado cristiano, y es importante que podamos elaborar estrategias para amar bien a pesar de algunas de esas dificultades.

Pasemos al segundo punto en el folleto: «¿Por qué debo amar a mi prójimo?».

  1. ¿Por qué debo amar a mi prójimo?

«Ama a tu prójimo» parece algo bastante claro, ¿cierto? Entonces, ¿por qué tener una clase que hable de ello? ¿No deberíamos usar ese tiempo para  limpiar el vestíbulo, o visitar a los miembros que no pueden asistir, o hacer campañas por una mejor escuela local? Sin embargo, antes de llegar a la aplicación, primero hay algunas cosas que necesitamos entender acerca de este mandamiento.

Comenzaremos con la parábola de Jesús del Buen Samaritano. En Lucas 10:25 un intérprete de la ley aparece para probar a Jesús. Le pregunta: «Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?». Y Jesús le pregunta qué dice la ley de Moisés. Quizá había escuchado a Jesús antes, porque resume la ley de la misma manera que lo hace Jesús: Ama a Dios y ama a tu prójimo (Marcos 12). «Haz esto, y vivirás», dice Jesús.

«29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo».

Esto es lo que Jesús quería enseñar: amar a tu prójimo significa amar incluso a tu enemigo. «Ama a tu prójimo como a ti mismo» no es solo una enseñanza del Nuevo Testamento; Jesús y este intérprete de la ley citan Levítico 19:18, donde Dios dice: «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy Jehová». Ahora bien, en ese contexto, la palara «prójimo» hace referencia al pueblo de Dios. Así que cuando Jesús describe el amor del samaritano despreciado, destruye cualquier clase de límites para ese mandamiento. Amar a nuestro prójimo significa amar a todos; a personas que no esperamos, a personas que no respetamos, a personas que creemos sospechosas. El problema no es decidir quién es digno de nuestro servicio y quién no lo es; nuestro trabajo es ser un buen prójimo para aquellos cuyas necesidades podemos satisfacer[1].

¿Cuál es tu respuesta básica a la parábola de Jesús? ¿Acaso es: Genial, ¡amemos de esa manera!? Entonces creo que no has entendido la enseñanza de Jesús. Y esa es la razón por la que iniciamos esta clase con esa parábola.

Es sospechoso que este maestro de la ley pueda obedecer completamente el mandamiento de «amar a su prójimo», incluso en la forma en que los judíos podrían entender que Levítico 19 exigía, recuerda que Levítico 19 hace hincapié en amar al pueblo de Dios. Sin embargo, si el intérprete de la ley amplía la definición de «prójimo» para incluir incluso a sus enemigos, este mandamiento parece imposible. Lo cual, por supuesto, es exactamente lo que Jesús quería mostrar.

Cuando vemos un tema como el de «ama a tu prójimo», es fácil pensar simplemente en términos de imperativos éticos. Cómo podemos amar mejor, para poder ser mejores personas. Esa mentalidad ve esta parábola como una guía ética. Pero antes de verla como una guía ética, deberíamos ver esta parábola como una catástrofe ética. No podemos «ir y hacer lo mismo» y, por ende, no podemos «heredar la vida eterna». Solo una persona ha obedecido este mandamiento a la perfección: Jesús, quien murió por nosotros «cuando éramos enemigos de Dios» (Romanos 5:10).

Como dijo Agustín hace más de 1500 años: «La ley ordena, que nosotros, después de intentar hacer lo que se nos ordena, y sintiendo nuestra debilidad bajo la ley, podamos aprender a implorar la ayuda de la gracia»[2]. Nuestra justicia no proviene de obedecer la ley, porque Cristo obedeció la ley por nosotros. Entonces, y solo entonces, habiendo sido perdonados a través de su muerte pese a nuestra desobediencia emprendemos el camino de la verdadera obediencia. Somos perdonados por Dios en base a la justicia de Jesús, y por gratitud por tal perdón, queremos agradarle y obedecerle. Pero ahora, de este lado del perdón, nuestra obediencia no es un intento de hacer que Dios nos ame más, sino una respuesta al amor que él nos ha mostrado. Y esto es exactamente lo que el intérprete que habló con Jesús no entendía; él hizo esta pregunta para «justificarse» (v. 29). Su clase de «amor» solo se enfocaba en sí mismo porque su amor por él era una obra que podía manipular para intentar ganar su entrada al cielo. Al él realmente no le preocupaba amar a su prójimo. Observa la cruel ironía: Estaba intentando escapar de tener que amar a su prójimo y, sin embargo, llegar al cielo. Y al hacerlo, demostró que no podía amar cómo Jesús lo ordenó, y nosotros tampoco podemos.

Por tanto, en resumen, la ley nos señala a Cristo, y una vez hecho esto, un segundo propósito de la ley es mostrarnos cómo podemos vivir para agradarle. Debes entender que, de lo contrario, tus esfuerzos por amar a tu prójimo harán una o dos cosas. Te conducirán al farisaísmo, cuando pienses que estás triunfando, o a la desesperación, cuando, ante las necesidades abrumadoras de este mundo, crees que estás fallando.

  1. ¿Cómo debo amar a mi vecino?

Si queremos obedecer el mandamiento de Jesús de amar a nuestro prójimo con nuestros vecinos, necesitamos tener un entendimiento correcto del porqué lo hacemos. No lo hacemos para probar nuestro valor ante Dios, sino como respuesta a que Jesús se convierte en nuestro valor ante Dios. No obstante, la siguiente pregunta es cómo. ¿Cómo podemos hacerlo?

¿Cuál es la mejor manera de amar a tu vecino? Predicarle el evangelio, ¿no? Entonces, en el libro de Hechos, cuando la iglesia en Jerusalén se dispersó por la región, ¿qué hizo por sus nuevos vecinos? Hechos 8:4: «Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio».

Como dijo alguien, la mejor forma de cumplir los Grandes Mandamientos (amar a Dios y a tu prójimo) es la Gran Comisión (llevar el evangelio a todas las naciones y enseñarles a seguir a Jesús).

Y, sin embargo…

Incluso si la evangelización es la mejor manera de amar a tu vecino, no quiero reducir ese amor a la evangelización. Esa es una parte importante de esta clase. Parece que con mucha frecuencia nosotros, los cristianos evangélicos, tenemos solo dos niveles: «lo más importante» o «lo que no es importante». Al pensar en amar a nuestros vecinos, eso parece traducirse en dos enfoques. Algunos cristianos reducen todo a la evangelización. Si no resulta en personas siendo salvas, no vale la pena. Pero como veremos en nuestra siguiente clase, eso no le hace justicia a la enseñanza bíblica, y termina elevando nuestras obras a expensas de la obra de Dios. Otros cristianos ven ese problema, y desean poner todos los aspectos de amar a su prójimo —la evangelización, la lucha contra el hambre, la reforma de la educación—, en el mismo nivel. Así que en su terminología, plantar árboles es como «ir de misiones», como compartir las buenas noticias de Jesús. Las personas que creen esto incluso podrían usar frases horribles como: «Predica el evangelio; si es necesario, usa las palabras». ¡Pero el evangelio es un mensaje! Son palabras, pero de nuevo, hablaremos más al respecto la próxima semana.

Al pensar en esta clase sobre lo que significa amar a nuestros vecinos, existen dos peligros básicos que queremos evitar.

  • Primer peligro: No compartirles el evangelio. Muy a menudo, parece que nuestra relaciones a largo plazo, digamos con la familia y los vecinos, son las más difíciles para la evangelización. Puedes compartir el evangelio con tu taxista, pero con tu padre, que conoce todas tus fallas y debilidades, parece muy complicado tener conversaciones al respecto. Con nuestros vecinos puede suceder algo similar; son conocidos, así que es posible que no conozcan todas nuestras imperfecciones. Pero los vemos todo el tiempo, es fácil caer en la trampa de pensar: «esperaré un mejor momento para hablarles del evangelio». Por lo que mi oración, como resultado de esta clase es que, siembres más semillas del evangelio con tus vecinos.
  • Pero existe un segundo peligro que ya he mencionado: que solo veamos a nuestros vecinos en términos de evangelización. Como si la única forma en que podemos amarles que verdaderamente importa es hablarles de Jesús. Esa tal vez sea la mejor forma de hacerlo, pero no debería ser la única manera de amarles. Permíteme desentrañar esto brevemente: Aquí tienes tres razones por las que amar a tu vecino debe incluir la evangelización, pero no debe limitarse a la misma:
  • Reducir nuestro amor hacia el prójimo a la evangelización no es ser fieles a la Escritura. Cuando la Biblia habla de amar a quienes no son cristianos, su principal objetivo es ciertamente evangelístico, pero no exclusivamente evangelístico. Quizá uno de los mejores ejemplos de esto es la parábola del Buen Samaritano.
  • Las necesidades espirituales y las necesidades físicas están conectadas. Es un poco como amar a tus hijos. Efesios 6:4 dice a los padres que críen a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Esa es tu meta principal. ¿Pero cuán efectivo será ese mentoreo espiritual si nunca juegas con ellos en el parque? La paternidad tiene que ver con la relación, no solo con la evangelización. Lo mismo sucede con amar a nuestros vecinos. Así que Patrick Hulehan, que vive al otro lado de la calle, se mudó hace poco. Decidió plantar flores en el jardín delantero de la casa que renta. Su vecino está impresionado ¡Nadie en esa casa había hecho eso! E invita a Patrick a la fiesta que hay en su casa en la que presenta a Patrick a todos sus amigos vecinos como el «chico que plantó las flores». Gran ejemplo. Plantar flores, una forma realmente sencilla de invertir en el vecindario, termina siendo una excelente forma de entablar relaciones.

Por otro lado, si los cristianos somos los que estamos siempre ocupados que no tenemos tiempo para hablar en la acera con nuestros vecinos, servir en la junta escolar local, organizar la limpieza del callejón, ¿debería sorprendernos que las personas no quieran hablar acerca del evangelio? Cuando amas tu vecindario, amas a tus vecinos, y ese amor es el mejor contexto para conversaciones del evangelio.

  • Es valioso amar a tus vecinos incluso más allá del beneficio que puedes obtener de ello. La madre de Lois Watson, Vera, falleció hace algún tiempo. En su funeral, Lois habló acerca de cómo fue al Ayuntamiento de Arlington una noche que era solo para gente de piel blanca —aunque ella era negra—, para discutir sobre las instalaciones de juego bastante separadas y desiguales en Arlington para los niños de piel oscura. Supongamos por un momento que nadie sabía que ella era cristiana y que su valentía provino de vivir su fe en Jesús. Supongamos por un momento que no había ningún beneficio evangelístico para sus vecinos al hacer esto. ¿No se glorifica Dios cuando un elemento del racismo estructural es derribado? Cuando amamos a los demás, demostramos quién es Dios, porque estamos hechos a su imagen. Cuando amamos a nuestros vecinos mostramos el amor de Dios que motiva nuestro amor por los demás. Cuando vamos más allá e invertimos en nuestros vecindarios, y los convertimos en lugares más adecuados para el crecimiento humano, también restablecemos los principios de Dios y reflejamos su sabiduría.
  • Así que esa es nuestra visión para esta clase: que compartamos el evangelio con nuestros vecinos, pero sin reducir nuestro amor por ellos a la evangelización, y que a veces incluso amemos a nuestros vecindarios como parte de amar a nuestros vecinos.
  1. Motivaciones principales vs. Motivaciones ulteriores

Permíteme resumir algo de lo que acabo de decir con una distinción que he encontrado útil: motivaciones principales frente a motivaciones ulteriores[3]. ¿Cuáles son tus motivos para amar a tus vecinos?

  • Cuando la evangelización es tu motivación ulterior, realmente solo llegas a conocer tus vecinos para poder compartirles el evangelio. Ahora bien, tus motivaciones son loables. Desear ver a personas ser salvas, esa una motivación fabulosa. Pero con el tiempo, si las personas creen que no las amas, sino que solo las ves como posibles convertidos, es posible que no encuentres mucho sobre lo que construir una verdadera amistad.
  • Por otro lado, es bueno ver la evangelización como tu motivación principal. Lo que fundamentalmente deseas para tu vecino es que llegue a la fe salvadora en Cristo Jesús. Pero existen muchas otras formas en que puedes amarle que podrían no llegar a eso y, sin embargo, pueden ser cosas buenas también. La amistad es real, el amor es real, incluso si no es la razón final de cómo puedes amarle.

¿Por qué es útil pensar en la evangelización como una motivación principal en lugar de una motivación ulterior?

A. Primero, las personas son inteligentes. Pueden percibir cuando disfrutas sinceramente de su compañía, y cuando los ves únicamente como proyectos para la evangelización. Por lo general, ver a las personas como proyectos no es una buena base para la evangelización. Parte de esto se debe a lo que es la evangelización. La evangelización es un llamado al arrepentimiento y la fe. Para arrepentirnos, debemos creer que el camino de Dios es mejor que el nuestro porque él nos ama. Para creer, no solo debemos creer los hechos, debemos creer que Dios nos ama. Y si eres quien comparte el evangelio, eres el mejor representante de Dios que esa persona tiene. Así que el amor es muy importante en la evangelización.

B. Segundo, extendiendo esa idea de que en la evangelización representamos a Dios: Dios es quien hace llover sobre justos e injustos. Sí, siente un amor salvífico especial por su pueblo, pero también muestra un amor general por toda la humanidad. Él no ama simplemente de una manera perentoria, y nosotros tampoco deberíamos.

C. Tercero, como mencioné anteriormente, es valioso crear mejores comunidades en esta vida incluso si su valor no es definitivo. Otra vez, veremos más al respecto la siguiente semana.

Entonces, ¿cómo es ser una presencia fiel del evangelio en la vida de tus vecinos? Significa amarles. Significa abrirles tu vida en servicio y ser servido. Significa compartir las buenas noticias del evangelio. Significa en ocasiones amar por encima del nivel del individuo e invertir en tu comunidad en un nivel más estructural. Espero que para cada uno de nosotros, cuando nuestros vecinos piensen en los «cristianos», piensen en la forma en que les amas a ellos y a las personas que los rodean, y piensen en el mensaje de Jesucristo que les compartiste.

  1. ¿Conoces a tus vecinos?

Creo que sería negligente si no culminamos esta clase llevando todo a un nivel personal. Ve al reverso de tu folleto y verás seis espacios. Esos son para las seis personas que viven más cercanas a ti. Quiero que tomes un momento ahora y veas si puedes escribir los nombres de esas seis personas. A continuación, quiero que escribas para cada una de ellas, si puedes, sus inclinaciones religiosas. Por ejemplo, «criado como hindú, pero no religioso», «ateo», y así sucesivamente. Quiero que observes si alguna vez has tenido una conversación religiosa con cada uno de ellos, si alguna vez compartiste el evangelio con ellos. Y quiero que apuntes cómo ellos te categorizarían: desconocido, enemigo, conocido, o amigo. Por último, quiero que escribas lo que tus vecinos percibirían como el mayor problema (o uno de los problemas más grandes) en tu vecindario.

Ahora, esto es solo para ti; no es un cuestionario para que compares tus respuestas con la de otras personas en la clase. Pero tómate algo de tiempo e intenta escribir esta información de tus vecinos. Si puedes recordarlo, no te deshagas de él, consérvalo, porque repetiremos el ejercicio al final de nuestras seis clases para ver si hemos progresado. Si no crees ser capaz de recordarlo, tómale una foto con tu teléfono para que tengas con qué comparar dentro de cinco semanas.

Por cierto,  yo agregué esa última pregunta, ¿cuál creen tus vecinos que es el mayor problema al que se enfrenta su vecindario?, en parte, para que puedas preguntarles y ver cuánto comprendes sus preocupaciones. Podría ser un buen punto de partido para una plática.

Ahora, algunos de ustedes son extrovertidos y la idea de conocer a sus seis vecinos más cercanos lo suficientemente bien para escribir esto suena emocionante. ¡Algunos de ustedes son introvertidos y eso suena terrible! Eso está bien. Esto será diferente para el introvertido y para el extrovertido.

Si eres extrovertido, es posible que tus vecinos estén acostumbrados a hablar contigo, pero, ¿sienten que conocen a tu yo verdadero? ¿Y sienten que realmente les conoces? Muy a menudo los extrovertidos tienen cientos de amistades, pero pueden tener dificultad para profundizar. Mi esperanza es que para los extrovertidos, esta clase sea un desafío para profundizar, quizá con uno o dos de sus vecinos, de una manera que nunca antes lo habían hecho.

Si eres introvertido, es posible que tus vecinos no estén acostumbrados a hablarte, pero cuando decides abrirte, sienten que conocen a tu yo verdadero. En Romanos 12, Dios llama a todos los cristianos a ser hospitalarios. Es decir, amantes de los extraños. Mi esperanza para los introvertidos, es que esta clase sea un desafío para amar a quienes se encuentran fuera de su zona de confort por cómo Jesús les amó cuando eran extraños para él. Incluso si tienes un círculo de amigos más pequeño, usa ese círculo para mostrar cuán bueno y amable es el Dios al que servimos.

Para todos nosotros, comprometámonos a orar por todos estos vecinos todos los días durante las siguientes seis semanas. Ora para que puedas llegar a conocer a tus vecinos. Ora para que tengas la oportunidad de amarles y compartir el evangelio con ellos. Comenzaremos cada clase con las buenas conversaciones que has tenido con tus vecinos. Así que ora para que tengamos algo con lo que comenzar la próxima semana.

 

[1] Parafraseando a Darrell Bock en el  Comentario Exegético de Baker acerca del Nuevo Testamento, Lucas 9:51-24:53, página 1035.

[2] Calvino, Institutas, libro II, 1:306

[3]Esta puede ser una distinción usada comúnmente, pero la encontré en To Transform a City (Para transformar una ciudad) de Eric Swanson y Sam Williams.