Pastoreo

Algunas veces, la pasividad es señal de orgullo

Artículo
09.05.2019

Existe una forma de orgullo que puede estar presente en un pastor que aparenta ser muy humilde. El puede ser el primero en admitir que está equivocado, el primero en disculparse por impaciencia, y el más lento en criticar a los demás. Él es feliz otorgando oportunidades de compartir responsabilidades ministeriales a los hombres jóvenes e inexpertos, y puede aun ser muy abierto con su rebaño sobre sus luchas personales con el pecado. Él es accesible. A cada pregunta que se le hace es recibida con oído atento y un reconocimiento de no saberlo todo.

Y sin embargo, todo esto puede estar presente en un hombre que realmente es orgulloso, tan orgulloso como para liderar con convicción en cosas que le harán ser menos apreciado por los demás. Es una actitud que comunica una mentira: como pastor, lo más importante es que cumplas con lo que los demás quieren que seas. Y aunque no soy un anciano, veo esta forma de orgullo en mí mismo. No es exclusiva de aquellos que están en el liderazgo, y es un pecado que es muy engañador.

UN PASTOR PASIVO

No todos los pastores pasivos son orgullosos. Pueden actuar a partir de un deseo genuino por la autoridad congregacional, o un temor bien fundamentado a no ser autoritario. O han trabajado por tanto tiempo que han caído en una indiferencia hacia el futuro de la congregación. Pero ya sea por orgullo o por negligencia, los mandatos de Dios hacia los ancianos pueden ser pasados por alto a favor de los deseos del rebaño. En lugar de pastorear el rebaño (1 Pedro 5:2), el anciano comienza a seguirlo sin poder hacer nada hacia sus pastos favoritos. Él es enseñable, pero a expensas de poder enseñar (1 Timoteo 3:2). Cuando insta a la sana doctrina (1 Timoteo 6:2) cambia para sugerir buenas ideas. El obispo que debería cuidar las almas bajo su cuidado (Hebreos 13:17) y la enseñanza que le ofrece (1 Timoteo 4:16) pueden convertirse en el títere de esas almas, enseñándoles sólo lo que quieren escuchar porque sabe lo que quieren escuchar.

Si conociéramos al apóstol Pedro, nos sorprenderíamos de ver lo mucho que él, un compañero anciano, era tentado con esto mismo. Debajo de sus tendencias audaces y persona de rápido hablar, también amaba el aplauso de los hombres. Amaba la aprobación tanto como tú y yo. Si dudas de esto, considera su firmeza frente a la sirvienta de Pilato (Marcos 15:66-72), u observa cómo se sostuvieron sus principios fundamentados en el evangelio que afirmaban a los gentiles cuando los judíos entraron al lugar donde estaba (Gálatas 2:11-14). Y sin embargo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, observa cómo exhortaba a sus compañeros ancianos:

Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. (1 Pedro 5:1-3).

Fíjate en el mandato principal: pastorea el rebaño. Esa es una ilustración de la palabra de la que podemos aprender mucho. Cuando pensamos en ovejas, pensamos en decisiones con poca visión, imprudentes y una falta de discernimiento. Son propensos a deambular, estar asustadizos y ser rápidos para correr en el camino equivocado cuando hay peligro cerca.

Pero los pastores no menosprecian a las ovejas por su vulnerabilidad, sino que cuidan de ellas de manera proactiva. Consideran los peligros que hay alrededor, piensan en maneras de dirigirlas hacia nuevos pastos, ayudan a la débil, separan los matones, cuidan los corderos, y protegen de los predadores. No cumplen su responsabilidad siendo apreciados por los carneros, tocando sus arpas para las ovejas o entretener a los corderos. Más bien, ejercen cuidado para ayudar a sus ovejas a encontrar alimento, seguridad y salud. Saben que si vuelven al Pastor Principal habiendo perdido algunas ovejas, excusas como: «¡pero a ellas realmente le gusta ese pasto que estaba cerca del precipicio!» serán auto-condenadas.

¿QUÉ TIPO DE CUIDADO?

Pedro aclara que no se ejercerá cualquier tipo de cuidado. El cuidado de un pastor debe tener la actitud correcta: disposición, deseo, ejemplo. Y aquí es donde la analogía de un pastor llega a su límite, porque ninguna oveja nunca observó a su pastor y pensó, «quiero seguir su ejemplo. Creo que también comenzaré buscando el peligro». Una oveja no hace eso porque su pastor no es una oveja, sino porque un anciano es un ejemplo y aunque se le dado autoridad de parte de Dios, sabe que no es diferente a su rebaño. Él sabe que es un pecador en necesidad de la misericordia de Dios, en necesidad de la ayuda de su rebaño. Por tanto, ejerce la autoridad a partir de un amor sacrificial.

Piensa en el director de un coro que detiene el ensayo para decirle a uno de los cantores que está fuera de tono. No necesita haber escrito la música; sólo tiene que saber cómo leer la música para hablar con confianza y claridad. El motete de Bach no será interpretado mejor a través de un director tímido que rehúsa corregir al bajo, que por medio de un director autoritario que dice una y otra vez el porqué,  él pudo haberlo escrito mejor. Pero hay algo aquí: ambos directores están utilizando mal su autoridad. Uno es muy pasivo, mientras que el otro es dominante. De cualquiera de las dos maneras, el resultado es el mismo: todo el grupo sufre.

De la misma manera, el anciano que huye de ejercer cuidado hace a la iglesia un daño al igual que el anciano autoritario que gobierna con un dominio no santo. El autoritario puede hacer un daño más inicial y obvio, pero el anciano títere que es gobernado de manera silenciosa por las opiniones de los demás a la larga puede hacer más daño.

LA ALABANZA QUE ANHELAN LOS PASTORES

En resumen, la autoridad de un anciano debe ser llevada a cabo con confianza y humildad, debido a que es un obispo y un ejemplo, reconociendo tanto su papel dado por Dios como su profunda necesidad de ayuda de Dios. Y humanamente hablando eso es imposible, es por esa razón que un pastor debe tener a su Pastor Principal como la cabeza de la iglesia. Él debe permitir que la gracia de Dios llene su corazón de reverencia, y rodearse de personas que le recuerden su necesidad de gracia. Todo lo que hace para ayudar a otros a cambiar a través de la Palabra, debe venir de un corazón que sea cambiado continuamente por medio de esa misma Palabra.

Pero más que todo, el pastor pasivo debe darse cuenta de que la alabanza que anhela no puede venir de la gente. No es algo circunstancial, y no está basada en las opiniones cambiantes de los demás. En lugar de eso, la alabanza que anhela será otorgada por el Pastor Principal en el día final. Está ciertamente guardada en el cielo. Así que pastor, vive, enseña, y dirige como uno que un día será vindicado, juzgado y recompensado por el Rey de gloria que murió y resucitó.